Chile y la esperanza renovada | Cristóbal León Campos

La voluntad del pueblo chileno se ha expresado en las calles cubiertas de dignidad y conciencia arrebatando a la historia su lugar usurpado, el voto por una nueva Constitución es apenas el inicio de un camino largo que corona y significa en cierta forma el fin de otro oscuro sendero atravesado, Chile ha dado el gran paso para finalizar con los resabios legales de la dictadura de Augusto Pinochet sustentados en la vigente Constitución de 1980, y que sin importar cuantas reformas haya tenido, sigue representando a la estructura económica-social del capitalismo neoliberal. La demostración del poder popular que hemos presenciado con la Rebelión de Octubre iniciada en 2019 es en realidad continuación de la resistencia a la opresión cuyo saldo registra miles de vidas arrancadas por la represión, la pobreza y la desaparición forzada, el voto emitido significa cuestiones profundas que no se resumen con simplicidad pero que explican el anhelo y la esperanza renovada de una mejor sociedad.

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Chile rumbo a la constituyente | Cristóbal León Campos

El próximo 25 de octubre se realizará en Chile un referéndum con la intensión de determinar si la voluntad popular se inclina hacia el inicio de un proceso constituyente que desembocaría en la elaboración de una nueva Constitución, además de elegir cuáles se consideran los mecanismos adecuados para efectuar dicho proceso. Algo que no se habría alcanzado si no fuera por la fuerza del pueblo manifiesta desde hace un año cuando inició la Rebelión de Octubre en 2019.

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‘Desaparecido’: una película sobre el golpe de Pinochet filmada en Mixcoac | Óscar Fernández

Hacia los años 80, Chile continuaba bajo el gobierno dictatorial de Augusto Pinochet, que había convertido al país en un verdadero laboratorio de implementación de las políticas neoliberales que más tarde harían Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en Estados Unidos sobre la base de la derrota de importantes procesos de organización de la clase obrera a nivel mundial.

Ante la imposibilidad de filmar en Chile, debido a la censura y rigidez de la dictadura, el director griego Costa-Gavras se vio en la necesidad de usar a la Ciudad de México como sustituta de Santiago para filmar su película Desaparecido (Missing), estrenada en 1982, la cual habla sobre el caso del periodista Charles Horman.

El caso Charles Hormann

Charles Horman fue un periodista estadounidense nacido en 1942 en Nueva York, hijo único de Edmund Horman y Elizabeth Lazar. Estudió y se graduó con honores de Harvard, trabajando además para la revista de la universidad Pendulum.

Durante su vida tuvo una inquietud hacia los temas sociales, lo cual se vio reflejado en su carrera profesional. Cubrió eventos y organizó marchas contra la Guerra de Vietnam, organizó el documental Napalm que ganó el Gran Premio del Festival de Cine de Cracovia en 1967, cubrió la Convención Nacional del Partido Demócrata de 1968 —la cual se caracterizó por ser interrumpida por manifestantes antiguerra—, fue dado de baja honorablemente de la Guardia Nacional Aérea en 1969, además de trabajar para las revistas y periódicos (algunos marcadamente izquierdistas y progresistas) The NationChristian Science Monitor e Innovation.

Charles se comprometió con su novia Joyce Hamren y posteriormente estudiaron en un mes español en el centro Iván Ilych en Cuernavaca (Morelos), para luego hacer un recorrido por América Latina en 1971. Llegaron a Santiago a mediados de 1972, donde Charles trabajaría como periodista independiente, algunas veces publicando artículos en la agencia que fundaría con sus colegas, la Fuente de Información Norteamericana, desde la cual relataría sobre el proceso chileno para alertar a los lectores estadounidenses de la presencia e influencia de su gobierno en la política del país.

Varios agentes de la CIA que operan en Chile están implicados en las actividades de grupos abiertamente sediciosos, sin que esté libre de sospecha el embajador Nathaniel Davis.

Por esta serie de artículos es que la CIA tuvo a Charles y sus colegas en la mira, presuntamente firmando (sin saberlo) su sentencia al establecer conversaciones con el teniente coronel Patrick Ryan justamente el mismo 11 de septiembre, al quedar varados él y Frank Teruggi Jr. (seminarista de la Teología de la Liberación y militante de los Industrial Workers of the World) en el Hotel Miramar de Viña del Mar, que se había convertido en el centro de operaciones del golpe de estado y donde varios agentes del gobierno estadounidense, desde oficiales del ejército, funcionarios de la embajada y jefes de la marina, hablaban abiertamente de la conspiración contra el gobierno democráticamente electo de Salvador Allende.

El 17 de septiembre de 1973, Charles Horman fue apresado junto con Teruggi, siendo llevados al Estadio Nacional (hoy Estadio Nacional Víctor Jara) junto con miles más de prisioneros políticos y militantes de los partidos socialista y comunista, ambos siendo asesinados tres días después de su arresto. El cuerpo de Teruggi sería identificado por Joyce Horman, mientras que el de su esposo jamás sería encontrado.

Desaparecido

Al enterarse del arresto de su esposo, Joyce hizo todo lo posible por encontrarlo, pero fue infructuosa su búsqueda y tuvo que recurrir a su suegro, quien era marcadamente conservador. El caso resultó en un escándalo, una demanda de Edmund Horman al gobierno estadounidense y a la embajada en Chile y produjo numerosas investigaciones y libros, algunos escritos por la misma Joyce Horman.

Esto atrajo al director Costa-Gavras, quien retrató la angustia de la búsqueda de Charles en la película Desaparecido. Sin embargo, como dijimos líneas más arriba, la dictadura seguía reinando en Chile, por lo que filmar en Santiago era imposible (fue de hecho el mismo destino que sufrió la película franco-búlgara Llueve sobre Santiago), mucho menos podían recurrir a extras haciéndose pasar por soldados sin que fuesen cuestionados.

Es así que Desaparecido terminó filmándose entre 1980 y 1981 en las calles de la Ciudad de México, protagonizada además por Sissy Spacek en el papel de Joyce y Jack Lemmon como Edmund Horman.

Las tomas en Mixcoac

Alguien que conozca las calles de su colonia las sabrá identificar con facilidad. Quien escribe estas líneas se sorprendió al ver aquellos lugares que frecuenta cotidianamente aparecer en una película que supuestamente está ambientada (literalmente) en el otro lado del planeta. A continuación una descripción de las tomas identificadas, su contexto en la película y el contexto en el México de los años 80.

El Estadio Nacional

Supuestamente los protagonistas van al Estadio Nacional de Chile, en aquel entonces convertido en campo de detención. En realidad es la Plaza de Toros México, que aún contaba con los anuncios de alcohol que adornaban la orilla pintados.

La toma es hacia el norte desde la esquina de Augusto Rodín y Tintoretto. Si uno ve detenidamente la calle se dará cuenta de que la Avenida Tintoretto ya se había vuelto eje vial: los postes de luz cuadrados de Eje Vial se aprecian en la toma e incluso uno tiene uno de los viejos mapas que indicaban todos los ejes viales construidos hasta entonces, hechos por Carlos “Gengis” Hank González.

También es curioso observar que las estatuas de toreros y la estampida de toros que adornan la fachada de la entrada no están en la toma. También se aprecia la ausencia de la pequeña curva de la calle Rodín que incorporaba a los coches al Eje y que fue prolongada tras la construcción del Distribuidor Vial.

Actualmente ese cruce está bloqueado por la banqueta que construyeron tras la creación del Segundo Piso y hacia ella desciende la escalinata del puente peatonal construido en 2011.

Una vez dentro, los protagonistas entran al Estadio Nacional en busca de Charles (Jack Lemmon tiene el micrófono y Sissy Spacek da la espalda al público). En realidad es el actual Estadio Azul. La toma es hacia el sur y se alcanzan a ver las torres de oficinas de la avenida Tintoretto.

Mixcoac

Tras intentar encontrar sin éxito el cadáver de Charles en una morgue, los protagonistas salen de ella después identificar el cuerpo acribillado del periodista y colega de Charles, Frank Teruggi Jr. Al salir se ve un tanque en la esquina de la calle.

En realidad la toma está hecha en Mixcoac y los edificios actualmente pertenecen a la Universidad Panamericana. La toma es hacia el sur y en el fondo está el viejo palacio municipal del pueblo de Mixcoac (hoy Centro Cultural Juan Rulfo).

Un vecino de la colonia que prefirió dar su testimonio anónimo relató lo siguiente:

«Sí, yo vi cómo hacían las filmaciones. Los camiones de los actores estaban en la calle de Maximino Ávila Camacho, donde está el salón de fiestas El Ruedo. Los tanques que aparecen en las tomas son en realidad de madera.

‹Me formé en una fila porque me dijeron que era para ’conseguir unos Gansitos’ [marca de pastelillos, para el lector extranjero], pero cuando llegué, me preguntaron que qué hacía allí (pues apenas era un niño de 12 años). Dije que quería Gansitos y me explicaron que la fila era para la película.

‹Me preguntaron si quería estar y que tenía que ir al estadio para que me golpearan con macanas de plástico. Lamentablemente no pude participar porque mi mamá no me dio permiso, pero las escenas se veían bien hechas».

A pesar de que en la película no se menciona el nombre del país y solamente aparece nombrado Viña del Mar, fue censurada en Chile, lo que no evitó que ganara la Palma de Oro del Festival de Cannes y el Oscar al mejor guion adaptado. El cuerpo de Charles Horman fue repatriado por la insistencia de su familia y se encuentra sepultado en el cementerio de Green-Wood.

A más de cuatro décadas del criminal golpe de estado de Pinochet, no quedan dudas de quienes fueron responsables de su asesinato fue el propio gobierno estadounidense en colusión con los militares chilenos, quienes les hicieron el trabajo sucio. La lucha por la verdad y justicia de Charles, Frank Teruggi Jr., Víctor Jara y muchos miles más sigue vigente hasta que no se barra la podrida herencia de la dictadura.



FUENTE: LA IZQUIERDA DIARIO

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Chile a 49 años de Allende | Eduardo Contreras

«Sólo asesinándome a balazos podrán apartarme de mi compromiso con el pueblo», advirtió en su momento Salvador Allende tras su elección como presidente de Chile el 4 de septiembre de 1970, hace ya 49 años. Y así fue efectivamente.

El más grande líder de la Izquierda chilena de toda nuestra historia y el mejor presidente que jamás hayamos tenido, permaneció en su puesto de lucha hasta el último minuto y sólo acribillándolo a balazos por la patrulla que dirigía el general de ejército Javier Palacios en la toma del Palacio de La Moneda pudieron poner fin a su heroica resistencia al criminal golpe de Estado del 11 de septiembre del 73.

Es efectivo que Salvador Allende también se disparó un balazo con el fusil AKA que le obsequiara el comandante Fidel Castro. Pero es un dato de la historia que, al abrir la puerta de su oficina, los militares dispararon abundante y cobardemente sobre Allende que se encontraba sentado en su sillón de trabajo.

¿Cuál fue el disparo que en definitiva le causó la muerte? Tal vez nunca lo sepamos y las pericias hasta hoy son contradictorias y discutibles.

Lo objetivo es que ese mediodía se puso fin al mejor gobierno de la historia de Chile.

Las realizaciones del gobierno de la Unidad Popular llevaron alegría y entusiasmo a las chilenas y chilenos que, en la pampa, la cordillera o el litoral, en el norte centro y sur del país, en el campo, la fábrica, el liceo, la oficina, la universidad, por todas partes construíamos junto a nuestro presidente un Chile bien diferente.

Un gobierno que cumplía su palabra y sorprendía al mundo por el surgimiento de una nueva sociedad por medios legales y pacíficos. Se recuperaba las riquezas fundamentales del país hasta entonces en manos extranjeras, se realizaba una Reforma Agraria a fondo, se levantaban escuelas, hospitales, viviendas dignas para el pueblo, salarios justos.

Todo lo que era insoportable para las transnacionales y sus aliados locales y comenzó la conspiración, la sedición ese mismo 4 de septiembre; al punto que tres meses después se reunían Agustín Edwards con Richard Nixon y Richard Helms en las oficinas de la CIA, como relata el propio Senado de los Estados Unidos en su conocido Informe Church.

Hasta que lograron derribar a nuestro gobierno con el apoyo de los mandos de las Fuerzas Armadas y de los grupos empresariales y la prensa a su servicio.

Y vendrían los sangrientos años de la dictadura de ese general traidor, ignorante y cobarde llamado Augusto Pinochet bajo cuya gestión los Chicago Boys instauraron en el país el modelo de sociedad y la Constitución Política actuales.

Pese a la valiente lucha del pueblo que empleó todas las formas necesarias, Pinochet no fue derrotado. Y no lo fue porque su salida fue negociada en acuerdos vergonzosos por políticos burgueses, ya adaptados y felices con el modelo neoliberal impuesto mediante balazos y torturas. Era eso que llamaron Concertación de partidos por la democracia.

Si hasta un actual senador del Partido Socialista, en aquel tiempo ministro del gobierno que sucedió al dictador, viajó raudo a Londres para exigir la libertad del tirano cuando el juez español Baltasar Garzón había logrado su detención en Londres.

¿Alguien puede dudar todavía de la traición que implicaba negociar con Pinochet y no luchar hasta derrotarlo? ¿Qué más pruebas del miserable acuerdo que la circunstancia real de que hasta hoy Chile viva bajo el mismo modelo económico de la dictadura y con la misma Constitución Política?

Y ahí están los excomandantes en jefe de las Fuerzas Armadas procesados hoy por sus multimillonarios robos a los recursos estatales, mientras a la par decenas de oficiales han sido procesados y varios encarcelados como autores de crímenes contra la humanidad perpetrados en dictadura. ¿A estos son los que llaman «valientes soldados» y les aplauden en estas Fiestas Patrias?

Nuestro poder judicial tampoco ha sido un ejemplo de trasparencia. Al contrario: la Corte Suprema de la época apoyó con entusiasmo el golpe y durante años no se hizo justicia alguna y se abrió paso a una cruel impunidad que sólo se pudo romper con la querella que los abogados comunistas presentáramos junto a Gladys Marín el 12 de enero de 1998.

Esa fue la puerta que abrió paso a los más de mil procesos judiciales hasta hoy en curso por casos de detenidos desaparecidos, ejecutados políticos, torturados y secuestrados.

Sin embargo, ejemplos recientes demuestran que las cosas no han cambiado de modo radical y definitivo. Todavía falta justicia plena. Hay casos sin investigar y las condenas que se aplican son cada vez más leves. A lo que debemos sumar que las ‘prisiones’ en que cumplen su pena los asesinos y torturadores más bien parecen pensiones de lujo.

Por sus hechos del pasado, el Poder Judicial chileno carga con un peso enorme de responsabilidad respecto de lo sucedido en nuestro país desde el 11 de septiembre del 73 hasta nuestros días.

Baste recordar que la Corte Suprema del año 1973 fue parte de la sedición al declarar -sin que tuviera atribuciones para hacerlo- que el gobierno de Allende violaba el orden jurídico. Un acto determinante encomendado a esos golpistas supremos.

Y en cuanto al presente judicial agreguemos que a la víctimas que sobrevivieron, sea que vivan en Chile o en los países de su exilio, se les exige cumplir el llamado protocolo de Estambul, es decir acreditar con servicios médicos especiales si sufrieron daño físico o moral al ser violados, o mutilados, o colgados días enteros de los pies, o ser torturados en presencia de sus hijos o de sus padres, o sufrir que a las mujeres se les introdujeran arañas o ratones en su vagina, aquellos tratos pudieran haber causado daño físico o moral a quien los sufría.

¿Cómo a alguien le puede pasar por la mente que tales torturas no causarían daño alguno? Estas exigencias siguen demorando los procesos, pasan los años y muchos de los asesinos van falleciendo en sus casas. Es decir, se vuelve a la impunidad de los primeros años. Y, claro, no es casual que esto suceda en el marco del gobierno de un personaje como Sebastián Piñera, entusiasta y agradecido admirador de Pinochet.

Por lo mismo vale referirse al caso del llamado comandante Ramiro, es decir el exmiembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Mauricio Hernández Norambuena, condenado por su participación en la muerte de uno de los principales impulsores y protagonistas de la dictadura como fuera Jaime Guzmán y que ha sido recientemente extraditado desde Brasil a Chile.

Cabe preguntarse respecto de esta extradición, ¿por qué tanta súbita rapidez? ¿qué hay detrás de todo esto? Es indispensable plantearle al gobierno y al poder judicial y entonces ¿porqué no extraditan a Adriana Rivas, amante de Manuel Contreras y coautora entre muchos otros de los asesinatos de la dirección central del Partido Comunista de Chile, una delincuente que todos sabemos se encuentra hoy bajo arresto en Australia?

¿O por qué no extraditan al militar Pedro Barrientos que vive tranquilamente en Estados Unidos y que fue uno de los asesinos del inolvidable Víctor Jara?

Llega la hora de alzar la voz. ¿Hasta cuándo impunidad por los miles y miles de crímenes de Pinochet y de la derecha chilena? ¿Hasta cuándo la ciudadanía chilena hará posible gobiernos ultraderechistas como el actual? ¿Qué seguiremos esperando para conformar de nuevo la unidad del pueblo y luchar por un gobierno realmente de izquierda?

Chile necesita terminar con este modelo y además establecer otra organización política de la sociedad, es decir una nueva Constitución Política. Un gobierno que ponga fin a la dominación de los grupos económicos y financieros, extranjeros y nacionales, que democratice las Fuerzas Armadas y los medios de comunicación.

Hace unos cuantos años, en 1961, un joven estudiante de Derecho hizo su Memoria de Título bajo la denominación de La Concentración del Poder Económico y, ya concluyendo, escribió en la página 172:

«La única y verdadera solución es entonces la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción, los cuales deben pasar al Estado. En la medida que dicha propiedad subsista, todas las leyes que se dicten serán sólo paliativos que jamás conseguirán la eliminación definitiva de las diversas formas de concentración».

Ese joven abogado era Ricardo Lagos Escobar. Lamentablemente pocos años después habría de radicarse en los EE.UU. De regreso a Chile, hace otros tantos años, fue elegido Presidente. Pero para entonces había perdido la memoria de su Memoria e hizo exactamente lo contrario.

Lo he citado para finalizar esta nota porque creo que su afirmación sigue siendo correcta, pero a la vez para invitar a meditar a todos acerca de la consecuencia política y del autorrespeto que nos debemos los seres humanos.



FUENTE: PRENSA LATINA