Peter Handke, Premio Nobel a la tradición literaria

El Premio Nobel 2019 entregado al escritor austriaco Peter Handke se puede interpretar como el reconocimiento a una trayectoria literaria más allá del personaje de que se trate, del punto de la Tierra en la que escriba, de un estilo, una tradición escritural. Y es así porque más allá de las posiciones políticas del autor de El miedo del portero al penalti, sobre su país, sobre la guerra en los Balcanes, es un escritor con méritos para obtenerlo. Tiene al menos media centena de textos publicados, entre novelas cortas y largas, obras de teatro, ensayo y poesía, en las que ha demostrado ser un maestro del lenguaje, un perfeccionista, un estilista.

Se trata de un escritor que canonizó muy pronto, antes de los 30 años de edad, con una reconocida con traducciones a casi todas las grandes lenguas del orbe, países que cuentan con una industria editorial importante; quien cuenta historias, a través de relatos y novelas breves y de largo aliento que no admiten una clasificación sencilla y en las que destaca como un esgrimista de la lengua, alguien que puede ser utilizado perfectamente como ejemplo para aprender el alemán, señalan en charla por separado con Litoral el profesor universitario Herwig Weber y el escritor, ensayista y crítico literario Héctor Orestes Aguilar.

Coinciden en que al parecer se hizo a un lado ese obstáculo que parecía impedirle ser elegido al que es considerado el máximo galardón literario otorgado en el mundo, y que merecía desde hace años, por sus posiciones políticas, en particular su apoyo a los serbios en la guerra de los Balcanes que abarcó la década de 1990, en particular a su líder Slobodan Milosevic, a cuyo funeral incluso acudió, pero literariamente no es una sorpresa, él es un gigante de la literatura en lengua alemana y haberle otorgado el Nobel es un acto de justicia hacia la literatura.

Herwig Weber, profesor en la Universidad del Claustro de Sor Juana, recordó que el anunciado como ganador del premio 2019 el pasado jueves 10 de octubre, junto con la polaca Olga Tokarczuk como galardonada de 2018 –año en que el premio se suspendió por los escándalos de acoso sexual que sacudieron a la Academia Sueca-, empezó su trayectoria literaria poco después del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), perteneciente al llamado Grupo 47, que se propuso renovar la literatura en lengua alemana tras la conflagración, para diferenciarse de lo hecho durante y antes del nazismo.

En los años 60 y 70 escribió una literatura muy vanguardista, conceptual, justamente en esa búsqueda de aquello que lo diferenciara del pasado. En teatro de puede apreciar en obras como Gaspar e Insultos al público, cuyos montajes significaban hacer uso de efectos técnicos muy impresionantes para la época; en lugar de escenografía usaba todo el equipo de luces y de elementos técnicos de detrás del escenario como escenografía profunda, de una manera coreográfica, anota Héctor Orestes, mientras que en narrativa también destaca su preferencia por las novelas breves, complementa Weber.

Éste, recuerda que de 1970 es su novela corta El miedo del portero al penalti, que se volvió un éxito y con ello el escritor famoso y aclamado; una obra muy psicológica, con un uso del lenguaje muy fino, casi perfecto, poético, porque el autor es un estilista, cada frase está limpiamente estructurada, lo que convierte a esa publicación inicial una pequeña joya. Posteriormente escribió un guion para una película que también se volvió un éxito, El cielo sobre Berlín (1987), también conocida como Las alas del deseo, que dirigió Win Wenders y trata del destino de un ángel en la capital alemana que se enamora de una mujer y luego se vuelve humano. Este texto es igualmente muy poético.

Luego publicó una novela también corta, en la que habla de la muerte de su madre, hecho que le impactó mucho, titulada Desgracia impeorable (1972), y que es una obra muy triste y trágica. Al entrar la octava década del siglo pasado, Handke empezó a escribir novelas más grandes, voluminosas, casi naturalistas, como de la tradición del siglo XIX, en las que hace grandes descripciones de las cosas, de la naturaleza, de momentos, personajes, como se puede apreciar en títulos como La tarde de un escritor (1987) o El año que pasé en la bahía de nadie (1994), al mismo tiempo se vuelve un escritor más meditativo.

Al respecto, Héctor Orestes destaca su exquisita escritura en prácticamente todos los géneros literarios, aunque la principal es en la narrativa; es una gran prosista en lengua alemana que ha llevado a ciertos límites la descripción de asuntos de la memoria inmediata que son recuperados por el lenguaje de manera asombrosa, es un gran relator de la nostalgia instantánea, de acontecimientos muy recientes y eso le da su gran estatura internacional como escritor con un oficio increíble. Se trata, dice, de uno de los escritores que supieron conjugar la gran tradición de potentísimos narradores alemanes, austriacos y suizos con la cultura pop, en la que se formó. También resalta su aportación a la poesía.

Coinciden en que su ensayo de 1996 sobre la guerra de los Balcanes, Drina (Justicia para Serbia), y su asistencia al entierro de Milosevic, al que no fue ni la familia del serbio, y que fueron un escándalo en Europa, le alejó del Nobel, pero ahora se ha hecho justicia, al recordar que al recibir en 2004 el Nobel, la también austriaca Elfriede Jelinek declaró que más que ella lo merecía Handke.

Herwig Weber refiere que el ganador del Nobel 2019 es uno de los tres grandes escritores que ha tenido Austria en la posguerra, los otros dos son Elfriede Jelinek (1946), una magnífica novelista, poeta, dramaturga, ensayista, guionista, traductora y activista feminista que ganó el Premio Nobel de Literatura en 2004, y Thomas Bernhard (1931-1989), novelista, dramaturgo y poeta.

Los tres fundaron un género conocido como novela antipatria, que asume un postura crítica hacia Austria, de su impotencia para documentar y reconocer su colaboración con el nacionalsocialismo (nazismo), en particular Handke, quien reclama que su país siempre se ha presentado como agredido y no como colaborador o agresor durante la Segunda Guerra Mundial. No vive en su país sino en París.

En México, los libros de Hencke los publica Alianza, cuya directora editorial, Valeria Ciompi, coincide en que se trata de un acto de justicia porque reconoce por sobre todo a una trayectoria literaria sólida, a un autor con aportes indiscutibles a la literatura contemporánea, en particular en el terreno narrativo, una institución en las letras europeas que ya tenía varios años en las ternas.

Dice que son pocas las posibilidades de que el escritor visite América Latina en general y México en particular, pues se trata de una persona reservada, que desde ya ha dicho que no dará entrevistas y que todo lo concerniente al Nobel se trate desde la editorial, en cuya sede en España están por la traducción al castellano de su más reciente obra, La ladrona de frutas, que data de 2017, después de lo cual se publicará simultáneamente en todo el mercado de habla hispana, lo cual se espera sea en 2020.

Handke nació en 1942 en la pequeña localidad de Griffen, en el estado austriaco de Carintia, y como escritor se dio a conocer con el breve texto radiofónico La inundación (1963). Perteneciente al Grupo 47, formado por escritores y críticos alemanes y austriacos que buscan renovar la literatura en lengua germana, entre ellos los también ganadores del Nobel Heinrich Böll y Gunther Grass, son representadas sus primeras obras teatrales Profecía, Insultos al públicoEl pupilo quiere ser tutor y La cabalgada sobre el lago Constanza. En 1966 publica Los avispones, su primera novela, y cuatro años después El miedo del portero al penalti, la que le proporcionó trascendencia internacional. Desde entonces ha sido traducido a numerosos idiomas.

De acuerdo con críticos y conocedores, sus obras más destacadas son Los avisponesEl miedo del portero al penaltiCarta breve para un largo adiósEnsayo sobre el cansancio y Lento en la sombra.



FUENTE: LITORAL DE NOTIMEX



 

Olga Tokarczuk y Peter Handke ganan el Nobel de Literatura de 2018 y 2019 | Andrea Aguilar

La polaca Olga Tokarczuk y el austriaco Peter Handke han ganado el Nobel de Literatura 2018 y 2019, según ha anunciado este jueves la Academia Sueca. La institución vuelve a apostar por dos autores europeos frente a las quinielas que apuntaban hacia nacionalidades poco representadas en la historia del organismo. La academia ha concedido por primera vez en el mismo día los premios de dos años consecutivos, tras los escándalos de abusos sexuales y filtraciones que le llevaron a aplazar 12 meses la asignación del galardón de 2018. Aquella interrupción había convertido la jornada de hoy en una sesión excepcional, rodeada de gran expectación. Ambos Nobel serán entregados el próximo 10 de diciembre.

Tokarczuk es la 15ª autora —la segunda polaca, tras la poeta Wislawa Szymborska— que recibe el Nobel de Literatura, que cuenta con 116 galardonados en total. La Academia Sueca la ha reconocido por “una imaginación narrativa que representa, con pasión enciclopédica, el cruce de fronteras como una forma de vida”. “Construye sus novelas sobre una tensión entre opuestos culturales: naturaleza frente a cultura, razón frente a locura, hombre frente a mujer, hogar frente a alienación”, agrega el jurado. La escritora polaca (Sulechów, 57 años) ha sido publicada en España por las editoriales Proa, Lumen y Siruela, aunque apenas un puñado de sus obras se puede leer en castellano: a Sobre los huesos de los muertos y Un lugar llamado antaño se sumará, a principios de noviembre, Los errantes (Anagrama). Tokarczuk añade el premio más exclusivo de la las letras mundiales a un currículo que ya contaba con el Man Booker International de 2018.

Pensador, ensayista, novelista, poeta, dramaturgo y cineasta, Handke (Griffen, 76 años) es autor de libros como Desgracia impeorable, Carta breve para un largo adiós o El miedo del portero al penalty, de obras teatrales como Insultos al público o El pupilo quiere ser tutor y escribió los guiones de películas de Wim Wenders tan célebres como Falso movimiento y Cielo sobre Berlín. También dirigió filmes como La ausencia o La mujer zurda. Ha recibido el Nobel de Literatura 2019 “por un trabajo influyente que, con inventiva lingüística, ha explorado las periferias y la especificidad de la experiencia humana”, según el jurado. En España, su obra ha sido editada por sellos como Península, Nórdica, Alfaguara o Alianza, entre otros. “Handke se ha asentado como uno de los escritores más influyentes de Europa después de la Segunda Guerra Mundial”, agrega la Academia Sueca. 

Este octubre el académico Anders Olsson subrayó que la diversidad era una de las prioridades que se había marcado el comité. “Necesitamos ampliar nuestra perspectiva”, afirmó ante los medios de comunicación. “Hemos tenido una visión eurocéntrica de la literatura y ahora estamos mirando por todo el mundo. Anteriormente, estábamos más enfocados en los hombres. Ahora hay muchas mujeres que son realmente excelentes”.

Los números sirven para aclarar sus palabras: en 101 ocasiones la Academia ha premiado a un hombre, lo que supone el 87% del total. Además, 85 galardonados (más del 73%) proceden de Europa, incluidos los propios Tokarczuk y Handke. Francia es el país con más escritores encumbrados, 14. Norteamérica ocupa el segundo lugar, con 12 galardonados (el 10,5%): 10 de EE UU y dos de Canadá. Siete Nobel llegaron de Asia, seis de América Latina, cuatro de África y solo uno de Oceanía, el australiano Patrick White. Derek Walcott es originario de la isla caribeña de Santa Lucía, pero su obra está escrita en inglés, idioma oficial del país. 

En 11 ocasiones (el 10,6%) el premio ha reconocido a un autor en lengua castellana: cinco españoles (José Echegaray y Eizaguirre, Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre y Camilo José Cela), dos chilenos (Gabriela Mistral y Pablo Neruda), un colombiano (Gabriel García Márquez), un mexicano (Octavio Paz), un guatemalteco (Miguel Ángel Asturias). El peruano Mario Vargas Llosa, galardonado en 2010, es el último escritor hispanoamericano en obtener el reconocimiento. Aunque América Latina acumula ausencias muy polémicas en la historia del galardón, como la del argentino Jorge Luis Borges. Por comparar, Suecia cuenta con siete autores premiados y, en general, si se suman Noruega, Finlandia, Dinamarca e Islandia, el área escandinava suma 15 premios Nobel de Literatura.

La entrega del galardón correspondiente a dos años, inédita en la historia del premio, que se concede desde 1901, se debe al escándalo sexual y de presuntas filtraciones que sacudieron la institución en noviembre de 2017. El diario sueco de mayor tirada, Dagens Nyheter, publicó entonces un reportaje en el que 18 mujeres acusaban de abusos y acoso sexual a Jean-Claude Arnault, marido de la académica Katarina Frostenson, y él mismo muy próximo a la institución. Contra Arnault, ciudadano francés de 72 años, toda una celebridad en los ambientes culturales de Estocolmo y poseedor de alguna de las más altas distinciones suecas, se habían formulado ya algunas denuncias anónimas una década antes, en otro diario sueco, sin que la Academia se viera cuestionada por ello. Pero a finales de 2017, las denunciantes habían aumentado hasta 18 y el movimiento MeToo había llegado para cambiarlo todo.

Una investigación interna concluyó que Frostenson había incurrido en conflicto de intereses al ser copropietaria con su marido de Forum, una especie de club cultural influyente en Estocolmo, generosamente financiado por la institución. Y hubo de abandonar su puesto en la Academia ante las acusaciones de haber filtrado información reservada sobre los Nobel a su cónyuge. Arnault, mientras, cumple una condena de dos años y medio por dos delitos de violación (la mayoría de los hechos denunciados habían prescrito o no pudieron substanciarse) en un penal destinado a convictos por delitos sexuales.

El escándalo forzó un periodo de reflexión y un cambio profundo. Se precipitaron dimisiones en una institución cuyos cargos eran vitalicios. Varios periódicos informaron además de que Arnault había filtrado en distintas ocasiones los nombres de los ganadores. Pero aquella cotizada información debió de mantenerse en un círculo muy cerrado, porque para la gran mayoría la noticia del Nobel siempre cae como una sorpresa. “No se puede tener nada previsto porque son siempre muchos los que pueden ganar y muchos los que iban a ser seguros como Amos Oz y Philip Roth y nunca lo recibieron”, explica al teléfono Verónica García de Machado, grupo de distribución. “Nada más recibir la noticia contactamos con el editor para que mande todos los libros que pueda del ganador y empezamos a recibir pedidos. Es raro que haya más de 5.000 libros disponibles”.

Hoy muchos se acercarán buscando obras de los ganadores, pero puede que como ocurrió con Svetlana Alexiévich y su libro sobre Chernóbil, haga falta una serie de televisión para que despegue como fenómeno editorial.



FUENTE: EL PAÍS

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