Abren convocatoria a concurso de composición orquestal

Con un premio único de 50 mil pesos, la Universidad Panamericana y el Grupo SOHIN abrieron la convocatoria para participar en el Concurso Nacional de Composición #EstarMejor para orquesta sinfónica 2020.

Podrá participar el público en general enviando un proyecto antes del 1 de octubre próximo a las 14:00 horas. Los interesados deberán tener menos de 35 años cumplidos a esa fecha, ser mexicanos de nacimiento o extranjeros residentes en el país que acrediten legalmente una estancia en el país de por lo menos cinco años.

Los requisitos de la obra son los siguientes: ser inédita, es decir no haber sido interpretada ni grabada antes, ni podrá estar en espera del dictamen de otro concurso; tener un máximo de dotación orquestal de 3d1,2,2,2, -4,2,2,1 -2 timbales +3 percusionistas, cuerdas (violines I, violas II, violas, violonchelos, contrabajos), 1 arpa, 1 piano.

También, que la sección de cuerdas no excede 12 violines primeros, 10 segundos, ocho violas, seis violoncelos, cinco contrabajos y pueden ser subdivididas a un máximo de dos partes por sección. La duración deberá ser de entre ocho y 12 minutos y la obra podrá estar compuesta en uno o varios movimientos.

La obra y toda la información adjunta deberá ser enviada en un solo correo electrónico a la dirección bellasartes@up.edu.mx, en el que se puede pedir mayor información, y deberá ser desde otro que no sea el del autor para guardar el anonimato.

El fallo será inapelable y el jurado calificador estará integrado por los compositores Mario Lavista, Gabriela Ortiz y Francisco Cortés, así como el director de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Panamericana, Gabriel Pliego. Para conocer las bases completas se puede consultar la página electrónica del plantel (eba.up.edu.mx).



DESCARGAR LA CONVOCATORIA:

Hasta siempre, querido Óscar | Armando Pacheco

Conocí la música de Óscar Chávez (1935-2020) en mi primera juventud, esto es, a los 14 años en una primavera de 1995; dos años después, de manera incipiente en la guitarra, en una mezcla entre milonga uruguaya y bolero tradicional, apoyado del famoso Guitarra Fácil, estaría tocando El infierno es amor, canción conocida mundialmente como Por tí de la autoría del mismo Chávez.

Mientras «Los Chaques», el grupo de música de folclore latinoamericano donde inicié mi faceta de guitarrista popular, se enfocaba por piezas de la tradición latinoamericana y exploraba en grupos como Inti-Illimani y Calchakis, yo me identificaba más por la Nueva Trova Latinoamericana y fue que con mis pequeños ahorros me compré unos casetes de Óscar Chávez y Nacha Guevara.

Fue en esa misma época cuando escuché por primera vez las parodias musicales que Chávez hacía contra el régimen del expresidente Díaz Ordaz, alias, El Gorilita, Gorilón.

Sin duda, su fallecimiento es un duro golpe para todos sus seguidores, intérpretes, colegas y hasta figuras políticas como el mismísimo presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Hombre íntegro, congruente, nunca simpatizó con la derecha mexicana o internacional; fue crítico y contundente. Fue, asimismo, progresista y de ideas liberales, mismas que dejó plasmadas en sus composiciones.

No nos queda más que decir: Hasta siempre, querido Óscar Chávez.

Bebamos, soñadores, antes de quedar sedientos | Víctor Roura

1

Este jueves 13 de febrero el británico Peter Gabriel cumple 70 años de vida. Sin contar a Genesis, la banda con la que se diera a conocer, posee en su haber más de medio centenar de grabaciones de las cuales probablemente sólo una decena es de su total autoría, ya que los otros o son compilaciones o música para cine o audiciones en vivo o colaboraciones con varios músicos.

Pero Peter Gabriel es Peter Gabriel…

2

Después de haber grabado el álbum doble The Lamb Lies Down on Broadway, en 1974, Peter Gabriel abandonaría el grupo británico Genesis para dedicarse a su carrera como solista, misma que creció de manera desmesurada en cuatro décadas (desde mediados de los setenta a la fecha, con la debida advertencia que en un lapso de 20 años no ha producido una obra realmente suya) con apenas, y esto es lo relevante, un puñado de discos, acaso una decena, porque lo último, que no ha sido poca cosa: nada menos que la fundación de la orquesta New Blood para grabar sus composiciones sinfónicamente.

omo con Sting que dejara a Police para perfeccionar su camino musical, de modo similar Peter Gabriel (Surrey, Inglaterra, 1950) se ha introducido en sí mismo, en diferentes etapas, para definir su creación musical. Primero de manera ardua: cuatro discos de 1977 a 1982; luego espaciadamente: tres discos en tres lustros (de 1986 a 2002 grabó SoUs y Up): de modo intermitente sus dos pistas cinematográficas Passion y Birdy; sus sesiones en vivo como Secret World Live en 1994; su trabajo colectivo para despedir el milenio: Ovo, del año 2000, que más que una meticulosa labor individual consistió en un laboratorio de ideas improvisadas, trabajos con el fin de tratar de llegar hasta el fondo de su veta creativa, dejándolo prácticamente exhausto. (Y no hablemos de las generosas colaboraciones con múltiples artistas acorde a su propia ideología cultural como, digamos, Johnny Warman.)

3

Pero no sólo eso.

El compositor, además, se ha interesado por todas esas músicas, tradicionales o no, que se realizan fuera del orbe gravitacional de la centralizadora industria roquera, que no quiere sino recuperar y ganar con amplio margen, rápidamente, sus inversiones. De ahí que, a principios de los ochenta, Peter Gabriel organizara el Festival Womad, consistente en agrupar conjuntos instrumentales de los países no desarrollados —o en vías de— tales como los africanos, asiáticos e incluso (latino)americanos. El festival fue, evidentemente, un total fracaso económico, aunque no cultural. Fue precisamente su ex grupo Genesis, con un concierto solidario, el que lo ayudara a recuperar su cuantiosa pérdida financiera.

Otra actividad sorprendente de Peter Gabriel es su habitual participación en la programación escolar para un contacto permanente con las tradiciones musicales. Con el paso de los años, y viendo que, pese a su denodado empeño, las casas discográficas seguían ignorando las otras músicas del mundo, Peter Gabriel se construyó, en las afueras de Bath —en su natal Reino Unido—, los estudios de Real World, su propia compañía grabadora que ha dado a conocer a veintenas de magníficos, mas desconocidos y [¿ex?]anónimos, instrumentistas y compositores cuyo mercado no se halla en el descarado despliegue mercantilista de los centros comerciales establecidos a instancias de las discográficas transnacionales.

Es ingente esta labor, sin duda. En 2014 Peter Gabriel editó un álbum triple para celebrar el primer cuarto de siglo de su Real World Records que, a la fecha, ha grabado alrededor de medio centenar de discos. Su caso es señero, acaso sólo equiparable a las búsquedas sonoras que hace el californiano Ry Cooder (1947) respaldando a y respaldándose con diversos músicos del mundo

4

Ya desde 1980, con su tercer álbum personal, Peter Gabriel derrumbaba mitos y convenciones de la música financiada por las grandes empresas: con su pieza “Biko”, convertida en un clásico himno contra el apartheid en Sudáfrica, se internaba, con solvencia y esmero, en la independencia roquera. Pero sus decires no son nada más de palabra: no sólo se preocupa por las intervenciones ecologistas de Greenpeace sino, en 1992 (una década después de haber lanzado por vez primera su necesario Festival Womad), funda el programa Witness, el cual consiste en la entrega de videos a los activistas en favor de los derechos humanos para que sus denuncias sean objetivamente irrefutadas. También se sabe de sus colaboraciones con Amnistía Internacional. Al igual que Bono, el vocalista de U2, Peter Gabriel viaja por el mundo (vivió una temporada en Dakar para mirar de cerca los problemas de la miseria humana) no como turista ejecutivo, como lo hace Bono, sino como un ser afligido por el pesaroso desengaño político que tiene en la penuria al orgullosamente “globalizado” mundo. Pero lo hace con discreción, nunca con énfasis exhibicionista, como ya saben quién.

5

A fines de los setenta, cuando Peter Gabriel edita su primer disco solista, ya hay en él esa inquietud por las letras que digan algo, por la música perfecta (¡cuando se integra a la poderosa banda Genesis tiene apenas 16 años de edad!), por la sonoridad conceptual de un trabajo discográfico: en la canción “Moribund, the burgermeister” habla del caos en la plaza del mercado, de la fiera multitud, de algunos cuerpos que saltan al aire y de gritos que dicen que se ahogan en un torrente de agua, “otros se arrodillan mirando a un salvador que emerge del barro / oh, madre, me está devorando el alma: / destruyendo la ley y el orden voy a perder el control”.

En este mismo disco (sus cuatro primeras grabaciones se intitulan de idéntica manera: Peter Gabriel, volúmenes primero al cuarto), en “Here comes the flood”, también transmite su pesadumbre por la especie humana, asunto que ha hecho a lo largo de su carrera sin caer en la depresión: “Harto, el bajo mundo navegaba en las alturas. / Olas de acero arrojadas al cielo. / Y mientras los clavos se perdían en la nube, / la cálida lluvia empapaba a la multitud. / Señor, aquí llega el diluvio. / Diremos adiós a la carne y a la sangre / si de nuevo los mares quedan en silencio. / Si queda alguien vivo / será quien dio sus islas para sobrevivir. / Bebamos, soñadores, antes de quedar sedientos”.

Si ya desde sus primeros discos su escepticismo era demasiado visible (en la canción “Mother of violence”, del segundo álbum, decía que cada vez se hacía más difícil respirar y “creer en cualquier cosa”), cuantimás posteriormente, con un poco menos de 70 años de vida y la madurez en su cenit, que logra cristalizar, de forma paradójica, en hermosas piezas sonoramente complejas pero abiertamente accesibles: la absorción de los sonidos del mundo, y la disposición suya de ser copado por mentalidades musicales tan contrarias a su cultura, han hecho de Peter Gabriel un compositor y un instrumentista realmente sin par en la escala del rock contemporáneo.

Su vanguardismo, en un medio donde la vanguardia no es sino una etiqueta pop comercializadora más, es tan palpable que su propia música se distancia, en verdad, kilométricamente de los demás productos roqueros. Su Up del año 2002 (disco que ha tardado en salir una década, si tomamos en estricta consideración que su anterior trabajo en el estudio de grabación data de 1992: Us) es, artísticamente, una propuesta musical invaluable de principios del siglo XXI. Un disco perfecto, por donde lo quiera uno escuchar.

6

Es una verdadera lástima que las nuevas disposiciones auditivas digitales lo hayan distanciado bruscamente del acto mismo de grabar conceptos sonoros al percatarse, Peter Gabriel de que con una sola canción ahora los “artistas” consiguen ser reproducidos, sin necesidad de acudir a un disco completo (donde se puede, o podía, apreciar la propuesta creativa del autor), miles de millones de veces en impulsos espontáneos colectivos necesariamente transitorios…



FUENTE: NOTIMEX



 

Debussy, Guevara Ochoa y Tchaikovsky, cuerpos de agua musicales en el concierto de la OSY | Víctor Salas

El concierto de la OSY de los días 7 y 9 de febrero del año en gracia, podrían ser considerados un intercambio cultural entre dos países unidos por toda la raigambre histórica hispana, pues un intérprete, un director y un compositor de dicho país se presentaron en el teatro Peón Contreras, para, así, crear vínculos cognoscitivos de suma importancia para los melómanos meridanos. Además, las obras del concierto trajeron hasta los oídos de la asistencia el cuerpo de agua, el viento de antaño contenidos en la obra de Claude Debussy, hombre del sonido de la modernidad, primero de los impresionistas musicales y famoso por haber compuesto el Claro de Luna, aunque en esta ocasión se tocaron su Petit Suite, con cuatro secciones musicales entrañables, tan entrañables como las ejecuciones solistas de Joaquín Melo y Paolo Dorio, el uno en la flauta y el otro en el clarinete, quienes extrañamente, al concluir la obra, no fueron invitados a ponerse de pie y recibir los aplausos que se merecían. Eso no importó. Ellos sabían que habían hecho muy bien la tarea, y se dieron un fuerte y cómplice apretón de mano, rubricado con una sonrisa de placer y satisfacción por haber cumplido cabalmente su responsabilidad ante la partitura debusiana.

El peruano Jesús Puma entró al escenario trayendo entre las manos una especie de vírgula dorada y brillante: su saxofón, instrumento calificado de sensual, pero de cuya garganta brotan sonidos muy alejados de ese concepto y se acercan más a los que el propio músico calificó como exóticos. En tan sólo once minutos el joven intérprete supo dar a conocer la magnitud de su dominio al instrumento y nos paseó por una amplia gama sentimental, de manera sugerente, tan discreta como impecable. Su ejecución fue como los destellos de luz que salían del cuerpo del saxo que domina a la perfección. Al concluir la Rapsodia para saxofón alto y orquesta, el público y los músicos en el escenario se unieron en una sola y larga ovación, que lo comprometieron a regalar una pieza más que también fue muy gustada. Tranquilo, como si nada bueno hubiera hecho, salió del escenario para entre bastidores recibir la calurosa felicitación del director invitado de la noche.

Cuatro Estampas Peruanas, de Armando Ochoa Guevara, es una obra emblemática en el composicional peruano y con la que guarda una especial relación el director y compositor invitado por la OSY, Fernando Valcárcel, quien empleó un lenguaje ecuánime y de viva comunicación con los atrilistas para darle un auténtica veracidad musical a la obra de su paisano, dividida en cuatro partes con títulos muy notables y atractivos: Vilcanota, Qorikancha, Yaraví y Huayno y Danza Criolla.

Tchaikovski, es un compositor siempre del agrado del público, al que hace bailar desde sus asientos o marcar el compás con las manos y pies. El mueve y conmueve, sin importar si se escucha una de sus obras de ballet, sus sinfonías o conciertos. “Tchaikovski es Tchaikovski” dice la gente para reiterar lo especial de la obra del compositor ruso. En esta ocasión Fernando Valcárcel seleccionó la Suite del ballet La Bella Durmiente”, e hizo muy bien, porque la obra se posicionó en el otro extremo del concierto, encendió luces y agitó árboles y campanas sentimentales, y finalmente consiguió que el público, al abandonar el teatro lo hiciera tarareando alguna parte de las contagiosas melodías de la celebérrima obra del compositor ruso.

Sinfónica de Yucatán inicia homenaje a Beethoven; incluirá obras de Mozart y Dvořák

Con la interpretación este fin de semana  de la Obertura Egmont de Ludwig van Beethoven (1770-1827), la Orquesta Sinfónica de Yucatán y su público iniciarán la conmemoración y homenaje al compositor alemán en ocasión del 250º  aniversario de su nacimiento.

Además, la máxima agrupación musical del estado de Yucatán presentará los días  24 y 26 de enero, en el teatro Peón Contreras, el Concierto para piano no. 21 de Wolfgang Amadeus Mozart, con la participación como solista de Fernando Saint Martín para cerrar con Danzas Eslavas de Antonín Dvořák.

El Director general del Fideicomiso Garante de la OSY, Miguel Escobedo Novelo, y la Presidenta del Patronato de la Orquesta, Margarita Molina Zaldívar, se sumaron al entusiasmo del titular artístico, Juan Carlos Lomónaco, por interpretar el repertorio de uno de los más grandes compositores la historia de la música.

Sin duda Beethoven es uno de los compositores más influyentes en la historia de la música y lo será para las generaciones venideras, dijo en rueda de prensa Juan Carlos Lomónaco al referirse al contenido de la XXXIII Temporada de Conciertos Enero – Junio 2020, cuyo protagonista principal es precisamente el compositor alemán.

La Obertura Egmont es una obra de alcances épicos y heroicos a partir de un drama de igual título, escrita por Goethe en 1788, para representar escénicamente las desventuras del paladín de la independencia de los Países Bajos que sacrificó su vida en aras de un ideal patriótico.

La Obertura fue compuesta entre octubre de 1809 y junio del siguiente año, de tal manera que su estreno ocurrió en Viena el 15 de junio de 1810, es decir hace más de dos siglos y goza en la actualidad de una energía y lozanía imperecederas, afirmó Lomónaco.

Escobedo Novelo resaltó la aparición, con la Orquesta Sinfónica de Yucatán, del pianista mexicano Fernando Saint Martin, quien ha obtenido triunfos en diversos concursos de piano como el de la Escuela Superior de Música del INBA y La Fête de la Musique del Instituto Francés de América Latina, entre otros.

Además, ha tocado como solista con la Orquesta Northern Lights, la Juvenil Universitaria Eduardo Mata, la Sinfónica de Michoacán, la Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, la Sinfónica de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y la Sinfónica de Aguascalientes, entre otras.  Actualmente, es Director general de música de la UNAM.

Saint Martín será el solista invitado para la interpretación del Concierto para piano No. 21 de 

Mozart (1756-1791), una de las obras más conocidas del compositor, cuyo segundo movimiento, el Andante, es de gran aceptación entre los amantes de su música.

Se trata de una bella melodía que gustaba mucho al científico alemán Albert Einstein y que fue incluida como banda sonora en diversas películas, sobre todo en la sueca Elvira Madigan, nombre que ha sido usado con frecuencia como seudónimo o referencia de este concierto.

Como broche de oro de este programa, la orquesta y su director, Juan Carlos Lomónaco, programaron también la interpretación de Danzas Eslavas (del 1 al 8), obra con firma autoral de Antonín Dvořák (1841-1904) con apego a las ricas expresiones del folclor musical checo.

Las Danzas Eslavas están escritas según el modelo de las Danzas Húngaras de Johannes Brahms, con la diferencia de que en las primeras, Dvořák, sólo tomó los ritmos de la música popular eslava, por lo que las melodías son suyas y en las segundas, Brahms utilizó las melodías populares de Hungría.



FUENTE: Fideicomiso Garante de la Orquesta Sinfónica de Yucatán

El mariachi, referente de la música tradicional mexicana

Escuchar el inconfundible y rítmico rasgueo de la vihuela, la guitarra, el guitarrón, y las notas de violines y trompetas, ya sea en México o el extranjero, produce una sensación especial en la piel y provoca una mezcla de sentimientos de deleite e incluso nostalgia que solo la música del mariachi produce.

Pero más allá de estas emociones que pasan por expresiones de identidad y nacionalismo, pocos saben que el mariachi ha sido reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), por lo que este 21 de enero se celebra el Día Internacional del Mariachi.

Por ello, en distintos espacios públicos y programaciones especiales de medios de comunicación se celebra al mariachi cuya emblemática figura se ha convertido en lo más representativo de la escena musical en México.

De acuerdo con la UNESCO, el mariachi interpreta la música tradicional y un elemento fundamental de la cultura mexicana a través de la cual se trasmiten valores, historia y diferentes lenguas, por lo que se le reconoce como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Aunque se considera que la cuna del mariachi es Jalisco, “de Cocula es el mariachi y de Tecalitlán los sones”, reza la canción popular; también ha sido una figura relevante en estados como Colima, Michoacán y Zacatecas, donde su música es ejecutada en plazas públicas para deleite del turismo nacional y extranjero, así como en serenatas, para amenizar fiestas y reuniones o actividades en diferentes partes del mundo.

La influencia musical del mariachi ha trascendido fronteras, por lo que es altamente apreciada en Venezuela, Colombia, El Salvador, Estados Unidos, Viena, Japón y Francia, donde han integrado este tipo de agrupaciones con sus propios ciudadanos.  

La imagen del mariachi

La indumentaria del mariachi está inspirada en la ropa que usaban los campesinos con adornos de vestimenta española; llevan espuelas en los botines y usan sombreros largos, pantalones con botones o seguros de plata, corbata de moño y chaqueta; imagen que se popularizó en 1936 en la película Allá en el Rancho grande.

El mariachi se ha arraigado en la música tradicional mexicana a través de sus géneros ranchero, bolero, instrumental e incluso en versiones de música clásica, así como en arreglos y fusiones con acompañamiento de sinfónica, lo que le da un aire renovado.

Respecto al origen de la palabra mariachi, hay dos versiones. Una, que el vocablo viene del francés mariage (matrimonio); se comenta que en Jalisco durante la ocupación francesa se contrataban músicos para alegrar las bodas; sin embargo, no está fundamentado.

La segunda versión señala que el mariachi tuvo sus orígenes en la música popular y en los artistas de la Nueva Galicia, hoy Guadalajara.

Se afirma que el son que dio origen al mariachi surgió en Cocula y a finales del siglo XIX varios grupos se dieron a conocer en esa zona, después emigraron a la Ciudad de México.

Baluarte de la música autóctona

Antes de alcanzar la popularidad que ostenta en la actualidad, la música regional mexicana ha pasado por diferentes etapas de auge y declive en el gusto del público; no obstante, en el México contemporáneo el mariachi mantiene viva la música autóctona, así como diversas tradiciones en nuestro país.

Por otra parte, aunque los instrumentos pueden variar, según el tamaño de la agrupación, se cuenta siempre con el guitarrón, la vihuela, la guitarra, la trompeta y algún violín. Los conjuntos más grandes incluyen metales, cuerdas en varias tonalidades y, en ocasiones, arpa.

Además, la riqueza musical del mariachi es muy vasta. Un ejemplo son las fusiones que se han hecho alrededor de la música mexicana, en las cuales se une un conjunto sinfónico a esta agrupación tradicional.



FUENTE: SECRETARÍA DE CULTURA FEDERAL