Archivo de la categoría: Literatura

Día del maestro. De la península de Yucatán a la península de Baja California | Jesús Solís Alpuche

En honor al día, hoy quiero recordar a mi gran camarada: Jesús García Manriquez, «El Bobby». Luchador social bajacaliforniano, de letras como armas tomar, que inesperadamente me habló hace unos días, desde la paz, BCS, ya que como yo, hace mucho dejamos Santa Rosalía, Mulegé.

Ambos vamos a cumplir 82 años, pero la lucha sigue, y sigue para nosotros…

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Las inseparables | Capítulo 1 | Simone de Beauvoir

A los nueve años, yo era una niña muy formalita; no siempre lo había sido; en mi primera infancia, la tiranía de los adultos me causaba unas agonías tan furibundas que una de mis tías dijo un día, muy en serio: «Sylvie está poseída por el demonio». La guerra y la religión pudieron conmigo. Di pruebas enseguida de un patriotismo ejemplar al pisotear un muñeco llorón de celuloide «made in Germany» que, por lo demás, no me gustaba. Me informaron de que dependía de mi buen comportamiento y de mi devoción que Dios salvase Francia: no podía escurrir el bulto. Paseé por la basílica del Sacré-Cœur con otras niñas tremolando oriflamas y cantando. Empecé a rezar muchísimo y le cogí el gusto. El padre Dominique, que era el capellán del colegio Adélaïde, me animó en mi fervor. Con un vestido de tul y tocada con una cofia de encaje de Irlanda, hice la comunión en familia: a partir de ese día pudieron ponerme de ejemplo a mis hermanas pequeñas. El cielo me otorgó que a mi padre lo destinasen al Ministerio de la Guerra por insuficiencia cardíaca.

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Publicarán Letras en Rebeldía en formato impreso

Fue en el año del 2004 cuando surgió la idea de crear una revista literaria, pero el proyecto ya había sido planteado un lustro antes cuando un grupo de jóvenes se sentó a platicar sobre una publilcación. La aparición real de esta revista no sería sino hasta el año 2006, en el mes de febrero y en una plataforma digital a través de la WEB. El nombre de la publicación: Letras en Rebeldía.

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Tal vez pronto | Brenda Alcocer (Yucatán, México)

Ser libre, para correr y correr por el parque, pasando por los mismos lugares cien y mil veces, pasar a galope tendido entre los puestos, rodear la fuente en una vuelta infinita, subir, bajar, caer, levantarme para impulsarme de nuevo; continuar, brincando con un pie, con el otro, con los dos lados, a un lado, al otro; sentir la velocidad en el aire que desplazo, en el pelo, en la falda tratando de seguirme y los pies, que no quieren parar, vuelan, patinan, giran, se escurren y me llevan en vértigo incontenible, arrebatado, con esa sensación de caballo o de pájaro; cuando me elevo en el columpio, agarro fuertemente la cadena, camino hacia atrás, me dejo caer en el asiento, al mismo tiempo que levanto los pies, voy volando, cuando llego arriba doblo las piernas hasta pegarlas bajo la silla, regreso con una prontitud acelerada, uso piernas y pies como alas, extendidas, dobladas, extendidas, el cuerpo en rítmico movimiento, adelante, atrás, alcanzo una rosada nube, al poco tiempo me empalaga, la quería de piña y no de fresa, dejé un ángel sin almohada, mamá eleva un cometa de palabras para que yo descienda por su cuerda, dejo las piernas en una sola posición para ir perdiendo altura, de un salto escapo de unos brazos que me esperan, pongo en movimiento la pelota con una fuerte patada.

Abro los ojos, las tres paredes que me rodean las conozco de memoria, las he mirado por meses, en los momentos más intensos de mi estado de ánimo y en los más simples, la celosía de madera a cuadros verdes que hace las veces de pared la he recorrido hasta el cansancio, conozco todos sus rincones, sé en qué parte se confundió el carpintero y dejó los huecos más grandes o cuándo llegó la araña paracaidista a adueñarse de los cuadros del rincón derecho.

Nunca estoy completamente a oscuras, la celosía permite el paso de la luz, a través veo cuadricularse las nubes, tienen muy divertidas formas, a veces son canguros, otras conejos, elefantes o diablos, una sola puede ir tomando diversas caras, cambiando en pocos segundos; en algunas ocasiones, cuando en medio de muchas de ellas se abre un pequeño agujero y miro el cielo, se me imagina que por ahí me acecha Dios y me sonríe; algunas nubes se van desbaratando mientras se alejan y otra pasa a tomar su lugar en dirección a mis ojos.

A la araña la contemplo trabajando todo el día, ocupada en tejer y tejer afanosamente su tela, la construye de un transparente y mágico hilo, cuando le da el sol toma los colores del arco iris que entra por las rendijas después de un día de lluvia. Si mamá la descubre, la desbarata con un escobazo y ella corre a esconderse entre las tablas, pasado el peligro, vuelve a empezar el tejido. El otro día que no corrió a tiempo estuvo a punto de morir bajo el zapato de mi madre, grité asustada y eso le dio la oportunidad de salvarse.

Cuando me fastidio de este cuarto cierro los ojos y huyo al parque a disfrutar del sol, los juegos y los árboles. Pasan días enteros sin que recuerde que soy una piedra atada a este colchón, estoy clavada, atornillada, pegada, solidificada a él. El problema no es ése, sino que soy el motivo del drama que están viviendo mis padres; lloran por lo que me pasa, pero a mí no me sucede nada, es a ellos que no se conforman; mamá se debe cansar mucho, bañarme, vestirme, atenderme, siempre dejando todo para venir a mi llamado y gastando en mí hasta el último quinto de su sueldo. Pero él, me usa de pretexto para desaparecer en la cantina y luego viene con sus ayes alcohólicos a remacharme más en esta cama; sólo en estos momentos, cuando está hincado con la cabeza puesta sobre mis inmóviles piernas, llorando más que por mí por su vergüenza de haber tirado el dinero que gana, en parrandas, es cuando realmente me entra una ansiedad por no poder flexionar la rodilla y asestarle un golpe en la cuenca del ojo, así lloraría por él mismo.

Hay alguien que todas las mañanas me ayuda a aflojar el tornillo que me afianza al lecho, es la abuela, a ella no le importa mi invalidez, con sus cuentos me lleva a otros lugares, mientras vamos camino al hospital para hacer la terapia.

Cuento publicado originalmente en el libro A galope tendido de Brenda Alcocer; Ediciones Letras en Rebeldía; 2019; Pp. 11-14.

Esta publicación es sin fines de lucro y como promoción a la lectura. No monetizamos ni obtenemos ganancias por su difusión. Recomendamos adquirir el libro en formato digital o impreso.

Geografía de otras luces | Beatriz Rodríguez Guillermo (Yucatán, México)

Si uno sobrevive, la memoria tiene alas.

Recóndita oración que permanece donde los náufragos salvan el milagro —profundo e irrevocable mar— que verdadero es temible.
Y cómo pueden contar que cada noche una estrella se cuelga de un viajero que desconoce el rumbo
y sabe que no puede detener el paso haciendo malabares con el tiempo que no es su amuleto,
que no es permisivo
y muerde sin recato el alba en la absoluta oscuridad. Seguir leyendo Geografía de otras luces | Beatriz Rodríguez Guillermo (Yucatán, México)

Tinieblas | Rosario Sansores (Yucatán, México)

El doctor Hessel se pasó las manos por la frente; luego se restregó fuertemente los párpados. En sus pupilas, hasta entonces muertas, la visión resurgía. Como a través de una gasa los objetos iban perfilándose vagamente en retina. Una sombra se alzaba frente a él. Débilmente iba tratando de reconocerla. ¿Quién era esta mujer de rostro bondadoso y afable, de nevada cabellera rizada que le miraba con una dulce ansiedad? Extendió las manos trémulas y otras manos cordiales y tibias estrecharon las suyas mientras una voz familiar le interrogaba afanosa.

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