Luna negra (Celia Pedrero) | Entre el silencio y la ira (1992) | Narrativa Contemporánea de Yucatán (VV.AA.)

Y sintió que le asfixiaba la rutina de su vida, los recuerdos, el pasado, rostros de gusto ácido en la boca. Hijos y marido le habían descuartizado el lado pequeño del cerebro que le permitía pensar. Se sentía como alcancía llena, repleta de domingos, de lunes de clases; una cama para las cogidas, una sonrisa descongelada para los amigos de los sábados por la noche.

En el estómago se le revolvieron los pagos vencidos, la lista del súper, la invariable cara de su suegra…

Estaba asqueada. Se metió un dedo hasta el principio de la garganta… ¡Qué alivio! Qué bueno vomitar la mar de insatisfacciones. Sin embargo, aún así regresaron los mismos sentimientos, —quizá nunca se irían.

La piel quemaba. El cuarto se estrechaba más y más, ¡y ese dolor punzando su cabeza! Abrió la puerta. Caminó la breve distancia a la calle. Allí, respiró hondamente, pero sólo logró hacer palpitar sus sienes, al punto de sentir casi reventar las venas.

Pareció entonces que sus piernas cobraron voluntad propia y se encaminaron —con apresuramiento— sabrá Dios a dónde; caminaba a prisa, muy de prisa, más. Sus manos acariciaron su vientre, su pecho; los senos, alguna vez libres. Le ardía el cuerpo.

Desabrochó la blusa y tiró, con un solo jalón, el carcelero 32-«B». Luego, las manos actuaron nerviosamente, descorrieron el cierre de la falda, que cayó ondulándose. El bikini, por sorber acuosidad, quedó manchado de lodo al caer sobre un charco septembrino.

¡Qué sensación tan nueva mirar su cuerpo mojado, desnudo! Fue, por fin, cuando se dio cuenta que llovía. Besó las gotas. Miró las nubes cargadas, plenas de promesas de resurrección.

La agitación había pasado. De los dedos, del cabello, de los oídos, brotaba un desconocido júbilo, una impensable alegría. Así, aunque consciente de ser observada por los perplejos vecinos, no pudo contenerse, detener la risa, y se carcajeó. Lo hizo hasta extenuarse y sentir dolor en el centro del estómago. Le dolió, le dolió allí tan fuerte como aquellas —tantas— veces que no quería coger y él se la metía a la fuerza.

Fue precisamente al parar de reír cuando descubrió que ya no estaba en la calle; la acera era un piso marmoleado y las miradas de los vecinos eran paredes sin ventanas; su cuerpo era una bata con las mangas atadas por la espalda en un nudo gordiano. Pero no importaba, realmente no importaba. Sabía ya que después de una jeringa de diazepán volvería a ese mundo invertido que ella contenía, donde el sueño y la muerte son lo mismo.

Esta transcripción se realiza como parte del proyecto «Rescate Bibliográfico de Yucatán y de Autores Peninsulares», impulsado por Ediciones Letras en Rebeldía en coordinación con el Centro Yucateco de Escritores A.C. Este proyecto es sin ánimos de lucro, no recibe financiamiento público ni privado. Para donaciones económicas y/o aportes bibliográficos, mandar correo electrónico a arteyculturaenrebeldia.prensa@gmail.com

Transcripción, digitalización y edición para plataformas digitales: Armando Pacheco (Ediciones Letras en Rebeldía)

Acervo: Biblioteca Melba Alfaro Gómez (Colectivo Letras en Rebeldía)

Responsable del proyecto: Armando Pacheco

Nació en la ciudad de Mérida. Escribe cuento, ensayo, guión radiofónico y reportaje. Se desempaña en el ámbito del periodismo cultural y la radio. Integrante fundadora del Centro Yucateco de Escritores. Segundo lugar en el concurso de cuento convocado por el Instituto Mexicano del Seguro Social (1998). Becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en la categoría de Jóvenes Creadores (1994). Como escritora, formó parte de los talleres literarios de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY); cursó los de escritura creativa (UADY, 1996), crítica literaria (IQC, 1996), guión cinematográfico (Conaculta, 1997), de ensayo (Conaculta, 1997), literatura infantil (Conaculta, 1998), y poesía (Conaculta, 1999). Tiene el diplomado en Letras Hispanoamericanas por la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY. Como promotora cultural, estuvo en los talleres de organización de proyectos culturales, planeación cultural y organización de eventos artísticos (Conaculta / Culturas Populares, 1997) y en el diplomado de Planeación y Producción Editorial (IESY / Centro Avanzado de comunicación Eulalio Ferrer, 2000). Por ejercer la comunicación de manera ininterrumpida, la Asociación de Comunicadores 7 de Junio de Yucatán, le otorgó un reconocimiento en el año 1999. Ha fungido como asistente de dirección de la Acción Popular de Integración Social, promotora editorial del Diario del Sureste, corresponsal del periódico El sur de Campeche,  consejera editorial de la revista Navegaciones Zur, y reportera de la Revista Peninsular y del semanario Sur 50. En 1999 ocupó la corresponsalía del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Fue titular de la dirección de literatura del Instituto de Cultura de Yucatán (1996-1998), del departamento de medios audiovisuales del Museo de Arte Contemporáneo de Yucatán (1999-2000), así como responsable del Centro Cultural Olimpo (2001-2004) y el José Martí (2005-2007). Fue jefa del departamento editorial del Ayuntamiento de Mérida (2001-2007). Ha publicado en revistas y suplementos culturales como El Juglar, del Diario del SuresteNavegaciones Zur y el Diario de Yucatán. Actualmente realiza actividades independientes enfocadas a la promoción cultural en niños y jóvenes.

    

Antes y ahora (Carolina Luna) | Entre el silencio y la ira (1992) | Narrativa Contemporánea de Yucatán (VV.AA.)

Abandonamos la casa de techos altos un mediodía, sola quedó la terraza de ángulos perfectos e interminables, expuesta al sol, desnuda de pájaros y macetas.

Desde el umbral, intuía la próxima nostalgia mezclada con el entusiasmo de habitar una nueva casa.

Mi madre entraba y salía acarreando las últimas cajas. Me hice a un lado para no estorbar y permanecí en la sala. Desde ahí podía divisar parte de casi todas las estancias. La sala dominaba mi atención; los retratos amarillentos de los padres de mi abuela, unos muebles que nunca usé, el librero empolvado con menos libros que adornos; una vitrina semicircular, que entonces no sabía tan hermosa; y la araña de cristal, que a pesar de mis intensos deseos, nunca llegó a caer.

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Entre el silencio y la ira (1992) | Narrativa Contemporánea de Yucatán (VV.AA.) | Prólogo de Jorge Lara Rivera

Los acontecimientos mínimos del amor, la amistad, el dolor, lo vergonzoso y las irrelevancias que conforman este accidente al que llamamos vida, son la materia de la literatura, el sustento y motivo del narrador, que los rescata de un mareo de luces y sombras que conforman sus años, y las ofrece, a través de sus habladurías (o escrituras nada sagradas), al lector presentido o deseado.

Esas historias mínimas, sin embargo, reordenan la visión de que un lugar y una época se tiene, son la réplica irrespetuosa y necesaria a la gran Historia Oficial, que desdeña a los anónimos del tumulto y sólo enfoca su atención en paladines y principales del grupo.

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