Qué carajo es la Teoría Queer y por qué importa tan poco | Nuria Alabao

En esta discusión están en juego los derechos de las personas trans pero también la posibilidad de un feminismo anticapitalista y las alianzas que lo hagan potente

Quién nos iba a decir que «la Teoría Queer» acabaría en un argumentario del PSOE o llegaría a los programas de debate de televisión. La extrema derecha y los fundamentalismos cristianos hace tiempo que han construido a su alrededor un fantasma destinado a alentar los pánicos morales –sobre la educación de los niños, o alrededor de las identidades trans– y cuya función es movilizar a sus huestes. Lo novedoso es que el feminismo esencialista –ahora convertido en ideología oficial del PSOE– haya comprado buena parte de este argumentario y esté dando legitimidad a un discurso destinado a negar los derechos que la ONU promueve desde hace tiempo para las personas trans. Mediante esta complicada operación ideológica se oponen pues a las propuestas de ley que hay en discusión ahora mismo, que quieren la despatologización de la condición trans: que no obligan a hormonarse u operarse, ni a tener un diagnóstico médico para poder cambiar de nombre y sexo en el Documento Nacional de (DNI).

Sobre «la Teoría Queer» lo más importante es entender que en su origen era inseparable, o incluso iba por detrás, de las luchas queer. Para cualquier pensamiento que se diga destinado a cambiar el mundo, lo esencial es cómo cuaja en prácticas políticas y movimientos sociales, la academia siempre va detrás.

Primero fueron las calles

El contexto social es el Estados Unidos conservador de la época Reagan en un ambiente de desmoralización social y unos movimientos LGTB en ebullición, donde la pandemia del SIDA está provocando una masacre. El grupo Act Up surgió entonces –1987– como reacción contra la indiferencia frente a la crisis sanitaria pero también contra unos movimientos LGTB que discriminaban a los enfermos y tampoco parecían muy interesados en cambiar la sociedad. Como explica Javier Sáez, distanciándose de ambos extremos, Act Up rompía con la línea asimilacionista, de «buenos chicos» de muchos de los grupos de derechos civiles tradicionales que abogaban por una integración en el orden social negociando cuotas de poder. El movimiento LGTBI, alejándose de la radicalidad de sus orígenes, se estaba convirtiendo en un movimiento identitario del mainstream muy centrado en la creación de barrios que integraban únicamente a través del consumo y cada vez más vinculado con las estructuras de poder.

Como explica David Berna en esta charla, mucha gente se quedaba fuera de esta propuesta. Una multitud que no encajaba con la imagen del movimiento: las lesbianas que no se sentían representadas por lo gay ni por el movimiento feminista y sus demandas liberales, las trabajadoras sexuales y las personas trans, los chicanos, las afrodescendientes, los cojos, y sobre todo, los gays pobres, precarios, las excluidas. Una serie de seres raros que nunca podrían ser las nueras y yernos soñadas por nadie. Gente que simplemente no quería ser normalizada ni asimilarse a una sociedad que ven injusta, un pozo de infelicidad para la mayoría. Así surge el activismo queer, uno de los primeros y más fuertes movimientos sociales antisistema y anticapitalista, como movimiento de gente que no encaja. (Queer significa raro, abyecto.)

Estos movimientos, desde su origen y hasta hoy, también en nuestro país, no solo hablan de sexo, identidad, género y prácticas sexuales, sino también de pobreza, diversidad funcional, o de salud, de inmigración, fronteras, consumo… Sus prácticas se adaptan a los contextos y los conflictos locales. Así, colectivos queer como Black Laundry en Israel luchan activamente contra la ocupación de Palestina, mientras que en Madrid el Orgullo Crítico denuncia la situación de las personas migrantes LGTBQ o lucha por el derecho a la vivienda.

¿Pero no decías que ibas a explicarnos la teoría?

Estas teorías –habría que nombrarlas en plural– se han desarrollado en la intersección entre feminismo y luchas LGTBQ, uniendo esos dos ámbitos –como hace la práctica política queer y el feminismo más de base–. Aunque confieso que sí entiendo bien las acciones rabiosas de Act Up o Queer Nation –por ejemplo su apuesta por la desobediencia: robar en supermercados para financiar medicamentos o conseguir comida para los enfermos–, una buena parte de la filosofía queer producida desde el ámbito académico me parece extremadamente difícil y, también en ocasiones, creo que se ha separado de las luchas a las que debería de acompañar.

Lo que más parece molestar tanto al feminismo esencialista como a la Iglesia de estas elaboraciones es la «desnaturalización» del sexo, la crítica que hacen algunas teóricas queer a la diferenciación radical entre naturaleza y cultura. Se dice que el sexo no es natural en el sentido que la ciencia también construye una interpretación de los rasgos biológicos. Pero que sea construido no significa, por supuesto, que no tenga consecuencias materiales, todo lo contrario. Lo mismo sucede con la raza. Por supuesto, lo queer no dice que no existan características sexuales biológicas, sino que ordenar estas características del cuerpo en dos únicas categorías es una construcción sociopolítica. En este sentido, el sexo se ordenaría más como un espectro que como dos polos opuestos. No dicen en ningún caso que el sexo no exista, ni que no haya diferencias entre cuerpos que pueden gestar y cuerpos que no, pero lo que hacen las distintas sociedades con esas diferencias es profundamente político.

Lo que hay de fondo es un intento de radicalizar el feminismo, de desencializarlo: no, no hay nada «natural» en ser mujer y por tanto, nada significativo que las diferencie de las que se sienten mujeres o desean serlo aunque hayan nacido sin vagina. Y desde luego, nada que impida al feminismo establecer alianzas amplias con otros sujetos oprimidos. Así, lo que hace la teoría queer –como el activismo queer– es intentar abrir huecos a mayores ámbitos de libertad para autodeterminarse. Para ello, retan las imágenes sociales de las maneras estándares de ser gay, lesbiana o bi, hombre o mujer e incluso trans, y tratan de abrir puertas para que tengamos más opciones. Y no, no niegan lo material; precisamente el activismo queer, al menos el de base –y el menos identitario– introduce la cuestión de clase o de la raza y lucha desde ahí, pensemos por ejemplo en las pioneras Martha Johnson y Sylvia Rivera en las protestas de Stonewall Inn, dos mujeres racializadas, trans, trabajadoras del sexo.

En lo queer hay también una crítica al feminismo esencialista como política identitaria, al feminismo que opera bajo la premisa de que todos los hombres son de una forma, y las mujeres de otra y victimiza a las segundas. Judith Butler también hizo una crítica al feminismo mainstream que «asume, fija y limita a los propios “sujetos” a los que espera representar y liberar». Para Wendy Brown, las consecuencias de estas políticas que se basan en la creación de una identidad –en este caso la de «mujer»– cuando no se acompañan de una crítica al capitalismo, es que al final, lo que acaban pidiendo es su inclusión en la estructura social tal cual es. O sea, se agrupan como una identidad que se compara con un ideal: el de varón, blanco, burgués que estaría en la cúspide. La política que se deriva de ello es la de pedir al Estado medidas que las acerquen al nivel de vida de este ideal que «representa oportunidades educativas y laborales, movilidad ascendente, relativa protección contra la violencia arbitraria y recompensa en proporción al esfuerzo». Pero en este ideal no cabemos todas, porque se basa en que solo lleguen unas pocas y muchas otras se queden por el camino. Entre ellas, claro, las trans, con quienes no se quiere compartir las conquistas del feminismo. Casi como si ser mujer fuese un privilegio: «somos un grupo oprimido –estamos cómodas en nuestra condición de víctimas y consideramos las políticas públicas feministas como privilegios que no queremos compartir con otras que están peor»–.

La confluencia de luchas no es un debate abstracto

De la discusión teórica queer, lo más interesante pues, es un cuestionamiento del sujeto político. Un reto importante y que está presente en el debate feminista hace décadas. No es que se «desdibuje» a las mujeres, es que se amplía la posibilidad de hacer alianzas entre distintas luchas para un feminismo que exige profundas transformaciones sociales. 15.000 personas salieron a la calle hace poco en Nueva York bajo el lema “Las vidas trans negras importan –en Hollywood, 25.000– para protestar por el asesinato de dos mujeres. Precisamente, como explica Keeanga-Yamahtta Taylor, el movimiento Black Lives Matter ha sido impulsado de forma transversal por colectivos LGTBQ y protagonizado ampliamente por feministas negras. Este movimiento, según Taylor, articula una nueva política de clase que ya no es la de las «políticas de identidad», donde colectivos oprimidos demandaban al Estado su integración o el respeto de sus diferencias, sino que cuestiona la propia organización social y se propone transformarla para que sea más justa para todos. Es una política donde importa la clase.

Eso es en parte, lo más importante que nos jugamos en esta discusión. El feminismo esencialista más conectado con el poder dice que la Teoría Queer «desdibuja a la mujer», pero lo que en realidad dicen es que desdibuja a un cierto tipo de mujeres que han llegado o pueden llegar. O en otras palabras, saca del centro de la política feminista a ciertas mujeres de cierta clase social y sus problemas de techo de cristal. Les oímos decir que el feminismo va de igualdad, no de justicia social. Eso clarifica muchas cosas.

Otras feministas esencialistas que no serán nunca diputadas ni tendrán una cátedra en la universidad se agarran a estos discursos como lo hacen otros a las teorías de la conspiración de todo tipo: porque proporciona una causa, da un sentido moral y casi épico de su lugar en el mundo, en un mundo que se tambalea. Es suficiente pasearse por redes un rato buscando los argumentos para descubrir esos paralelismos: la Teoría Queer –inventada y fantasmática– como conspiración «para borrar a las mujeres». Judith Butler, las mujeres trans, Soros y quizás pronto, el propio Bill Gates. Las críticas que se están empezando a dar desde una izquierda de ámbito comunista con su nostalgia del sujeto político obrero también tienen algo que ver con los fantasmas y las idealizaciones. Con la nostalgia de un sujeto obrero que no existe, al menos como lo imaginan. La clase trabajadora hoy está hecha de un inmenso precariado formado principalmente por mujeres y migrantes, y por no pocos gays, lesbianas, trans y personas racializadas.

Para otras, las que tienen espacios de poder, estas son las bases que conviene agitar en este momento. (Para el PSOE, además, parte de su lucha contra Podemos.) No es baladí que, en medio de una crisis de cuidados brutal y en los albores de una crisis económica cuyas consecuencias sufriremos durante años, estén convirtiendo en la discusión central del feminismo estas cuestiones. Si ante este presente incierto eres capaz de posicionar esto como preocupación es que jamás tendrás problemas para pagar el alquiler. Por tanto, esta no es solo una batalla ideológica, aquí el feminismo esencialista se juega una defensa de su posición social. Esta es pues una cuestión de clase.

La Teoría Queer, por tanto, importa poco, para muchas es parte de una lucha por el poder: quien tiene el poder de decir qué es el feminismo –quién está dentro y fuera y cuáles son sus contenidos– tiene acceso a su capital político. Estar discutiendo sobre la Teoría Queer, a menudo sin haber leído ni medio párrafo, es una manera de distraernos de los problemas que tienen las propias mujeres, en un momento tan crucial como el vivido durante la pandemia y las medidas de confinamiento. Lo que hay de fondo en el ataque a las personas trans es una guerra al feminismo de base, buena parte de él anticapitalista, que ha ocupado el centro del escenario con las grandes manifestaciones del 8M y que ahora quieren devolver a los márgenes. Es decir, un ataque al movimiento de carácter asambleario, muchas veces con fuerte componente antiestatal, antirrepresivo, que piensa que la lucha feminista es la misma que la LGBTI, más capaz de alianzas transversales con otros movimientos –también con el de trabajadoras sexuales– y que tiene más que ver con lo queer que con el feminismo institucional.


Texto tomado del portal español Contexto y Acción [https://bit.ly/3g2brm2] publicado en su edición el 22 de junio del 2020 | Foto: DIANA DAVIES / THE NEW YORK PUBLIC LIBRARY

Matrimonio igualitario ya es legal en Costa Rica

Costa Rica se ha convertido en el primer país de Centroamérica y el vigésimo noveno del mundo donde las personas del mismo sexo pueden casarse; sin embargo, aún hay sectores de la sociedad que se oponen a este Derecho

Una boda transmitida en vivo por redes sociales desde el primer minuto de este 26 de mayo, dio la bienvenida al matrimonio homosexual en Costa Rica, donde a partir de hoy es legal por orden de la Sala Constitucional y en acatamiento a una opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Ataviadas de blanco, Alexandra Quirós y Daritza Araya contrajeron matrimonio frente a una notaria en una ceremonia que fue trasmitida en redes sociales por la organización “Sí Acepto” y con pocos testigos presenciales como consecuencia de las medidas restrictivas de eventos masivos a causa de la pandemia de la Covid-19.

Esta fue la primera ceremonia de matrimonio igualitario que se efectúa en Costa Rica tras su legalización, aunque otro medio centenar de estas uniones se encuentran desde hace semanas en el Registro Civil a la espera de que sean oficializadas a partir de este martes.

Este 26 de mayo se cumplió el plazo de 18 meses que la Sala Constitucional dio al Congreso para que legislara sobre el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, o de lo contrario quedarían derogados los artículos de las leyes que prohíben estas uniones.

El Congreso no tramitó ninguna ley al respecto y por lo tanto el matrimonio igualitario es legal desde este martes.

El fallo de la Sala Constitucional acató lo dispuesto por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en una opinión consultiva solicitada por Costa Rica y emitida en enero de 2018, en la cual afirma que los Estados deben garantizar los derechos de la población sexualmente diversa, entre estos la identidad de género y el matrimonio igualitario.

Costa Rica se convierte así en el primero de Centroamérica y el vigésimo noveno del mundo donde las personas del mismo sexo pueden casarse.

El presidente del país, Carlos Alvarado, abogó la noche del lunes en un mensaje en redes sociales por “una Costa Rica diversa, plural y unida, donde la empatía y el amor sean la brújula que nos permite salir adelante”.

Nuestro deber es combatir todo tipo de discriminación, sea por discapacidad, etnia, cultura, credo religioso, sexo, identidad y expresión de género, orientación sexual o cualquier otra. Y desde ese enfoque que procura la defensa de todos los derechos humanos, es el lugar donde hay que entender este paso”, manifestó el mandatario.

Alvarado declaró que las personas LGBTIQ buscan un espacio para el reconocimiento y la dignidad que se merece cualquier ser humano y que cuando decidan casarse, “lo harán por amor, por estabilidad y porque tienen un proyecto de futuro. Tienen las mismas motivaciones que podría tener cualquiera”.

La pandemia de la COVID-19 hizo que la población LGBTIQ no pudiera mantener actos masivos de celebración, pero sí hubo una trasmisión de tres horas de la televisión estatal en la que se recordaron las décadas de lucha por la igualdad de esta población y se festejó con un brindis la entrada en vigor del matrimonio igualitario.


FUENTE: EFE A TRAVÉS DE ELMUNDO.ES

ENLACE: https://bit.ly/36IDun6

LGBTI en Colombia: ¿tolerancia o tabú? | Un reportaje de Russia Today en Español

A nivel legislativo Colombia es uno de los países más liberales de Latinoamérica en lo que se refiere a la población LGBTI, puesto que la ley no establece distinciones respecto a la orientación sexual de sus ciudadanos, e incluso se han aprobado la adopción y el matrimonio entre homosexuales. Sin embargo, entre el papel y la calle hay una gran diferencia. ¿Cómo es ser gay en una sociedad tan conservadora como la colombiana?



En esta nueva edición de Cartas sobre la mesa, se analiza la situación del colectivo LGBTI en Colombia, un país donde se produjeron muchos avances legislativos para ampliar sus derechos, pero que en la práctica todavía necesita un gran cambio cultural para no discriminar a las minorías. 

El consultor y gestor cultural Carlos Fajardo señala que «es el tercer país más tradicional del mundo». Y suma: «En todas partes los gays se concentran en las grandes ciudades, pero en Colombia existen como dos países. El urbano, moderno, y la Colombia profunda, que es muy conservadora”. En ese tono, considera que se trata de una nación muy “religiosa y violenta», dos características «terribles para la comunidad» LGBTI.

Al respecto, la politóloga Alejandra Zuluaga opina: «Nuestra cultura tiende a ser mucho más tradicional de lo que dicen las leyes, hay una contraposición con la realidad en las calles». En ese tono, acota: «A todos los que nacemos en este país nos imprimen un código para defender el sistema patriarcal de familia». 

Con ese marco nacional, se destaca el rol de Claudia López, una dirigente lesbiana que hoy se desempeña como alcaldesa de Bogotá: «Nosotras ya estamos empoderadas, pero estas demostraciones de que las mujeres pueden ocupar lugares de poder, nos dan mucha esperanza». 

Para conocer más opiniones sobre el contexto de estos colectivos sociales en la nación sudamericana, no se pierda el último programa de Cartas sobre la mesa

Comunidad gay de Yucatán, nada qué celebrar | Armando Pacheco

2019 no dejó nada bueno para la comunidad homosexual de Yucatán. Los legisladores yucatecos, una vez más, en una actitud retrógrada, dijeron un NO al matrimonio igualitario en una entidad donde ya se demostró que las nuevas generaciones son más tolerantes e incluyentes.

Los políticos, que se autonombran representantes del pueblo, le quedaron a deber a esta comunidad que, dicho sea de paso, sigue en su lucha porque se respeten sus derechos humanos.

El año 2019 quedará para la historia por la actuación de los diputados locales y en el caso del dizque Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que se jacta de ser progresista, aún más, porque de los cuatro representantes en el Congreso, se presume que tres votaron en contra de la propuesta; lo que más se les rechaza es que hayan aceptado una votación por la vía de la cédula y no por la nominal.

Por su parte, para los activistas de la comunidad LGBTIQ+ de Yucatán, el titular del ejecutivo estatal, Mauricio Vila Dosal, no tiene interés en hacer frente a esta problemática, como tampoco lo tiene el Presidente, Andrés Manuel López Obrador que aunque se ha manifestado a favor de las libertades de este sector, tampoco ha dejado un mensaje claro y contundente al respecto.

La persecusión, el abuso de autoridad, el desdén de sectores conservadores continúan en Yucatán, en una época donde se pensaría que esas prácticas están por acabarse. Por ello, al finalizar este 2019, la comunidad homosexual no tiene nada qué celebrar y, por el contrario, sí mucho que luchar porque se respeten sus derechos.

Ya pasaremos la factura a los partidos políticos que demuestran su pensamiento retrógrada y servicial a los conservadores de la entidad.

¿La bisexualidad es un fetiche?; algunos creen que sí

«Siento que es como un secreto oscuro».

Así describe Matt, un joven graduado que vive en Cambridge, Reino Unido, cómo es ser una persona bisexual en una cita amorosa. «Me asusta cómo reaccionará la gente», cuenta a la BBC.

«Una chica con la que estaba saliendo me dijo que la sola idea de que yo estuviera con un hombre le daba vuelta el estómago. Luego me bloqueó en todo», cuenta.

Por eso Matt dice sentirse forzado a mentir sobre su sexualidad para poder simplemente empezar una relación.

«Cuando salgo con gente y menciono que soy bisexual, la relación termina. Cuando miento y oculto mi sexualidad, dura. Todavía no sé si debería revelarlo desde el principio o esperar, porque cuanto más espero, más ansioso me pongo, pero no quiero que la relación termine», explica.

«Siento que si termino en una relación heterosexual, parece que solo estuve experimentando todos estos años, pero si termino en una relación homosexual, la gente dirá que nunca fui bisexual. Y luego, si no tengo una relación monógama, la gente dirá que soy codicioso».

Matt es una de las personas con las que habló Ben Hunte, periodista de la BBC especializado en temas LGBT, en el marco del Día Internacional de la Visibilidad Bisexual, que se celebra cada 23 de septiembre.

Y si bien cada vez a nivel general existe una mayor aceptación de la comunidad LGBTI, aún persisten muchos mitos sobre la «B».

«En el acrónimo ‘LGBTI’, la ‘B’ a menudo se eclipsa, lo que lleva a la invisibilidad de las personas bisexuales y a la negación de los detalles sobre su experiencia», dice la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la ONU.

«Piensan que la bisexualidad es un fetiche»

Nichi Hodgson es una escritora que vive en Londres. Ella dice que salió «tarde» del armario, a los 26 años, y tuvo problemas para explorar quién era debido a las presiones de la sociedad para ser heterosexual u homosexual.

«Es un viaje loco debido a la cantidad de conceptos erróneos», cuenta. «La gente todavía no logra entender la bisexualidad».

Nichi también dice que ha tenido que ocultar su bisexualidad en los perfiles de citas online: «Tuve que tener uno heterosexual y uno gay, porque tener uno bisexual me generó serios problemas».

«Algunas personas piensan que la bisexualidad es un fetiche y una forma codificada de decir sadomasoquismo. Es como que estás dispuesto a lo que sea. Hay un verdadero estigma», opina.

Pero eso no es todo. Nichi dice haber escuchado decir «que las personas bisexuales no se casan, simplemente se ‘enderezan’ y se casan. Hay una presión social real para ser heterosexual y no bisexual».

«Mi exnovia solía bromear diciendo que tendría que desinfectarme antes de poder acostarse conmigo porque antes había estado con chicos», cuenta. «Estaba realmente perturbada. Es muy doloroso».

«Parece socialmente aceptable ser bifóbico»

Lewis Oakley es un activista y escritor bisexual que vive en Manchester y actualmente tiene una relación con una mujer.

Según Lewis, su novia es juzgada por estar con él y la gente hasta le advierte que él la engañará con un hombre.

«Parece que es socialmente aceptable que seas honesto sobre tu discriminación hacia los bisexuales. Nadie me ha dicho ‘Eww, eres de raza mixta, no podría salir contigo’, pero constantemente se me dice que mi bisexualidad no se ajusta a las necesidades de las personas», cuenta.

Lewis dice que cuando las personas se declaran bisexuales, inmediatamente quitan del abanico de opciones «tanto a los gays como a los heterosexuales, porque ambos los rechazan».

«Es cierto que muchos hombres homosexuales se declararon bisexuales para cambiar su sexualidad», explica. «Pero no se dan cuenta de que, aunque para algunas personas la bisexualidad es un trampolín, para otros es un destino».

Una «epidemia oculta»

Lo que Matt, Nichi y Lewis cuentan no son casos aislados.

«La existencia de personas bisexuales es constantemente cuestionada y, a veces, incluso negada. A menudo, la bisexualidad es calificada de inválida, inmoral o irrelevante», dice la CIDH.

«La bifobia, una de las causas principales de la violencia, discriminación, pobreza y peores niveles de salud mental y física experimentada por las personas bisexuales; se ve alimentada por la falta de visibilidad a menudo presente en comunidades de orientación sexual o identidad de género diversas», agrega.

De acuerdo con la ONG Stonewall, de Reino Unido, 32% de los bisexuales no son abiertos sobre su orientación sexual con ningún miembro de su familia, comparado con 8% de las lesbianas y los gays.

Por otra parte, un informe de la Universidad Abierta de Inglaterra encontró que las tasas de depresión, ansiedad, autolesiones y suicidio eran más altas entre los bisexuales que en los grupos de heterosexuales y homosexuales.

En el ámbito laboral, una encuesta de la empresa TUC realizada a 1.151 personas LGBT en Reino Unido, 30% de las personas bisexuales dijeron que en el trabajo vivieron tocamientos no deseados en lugares como la rodilla o la parte baja de la espalda.

A su vez, 21% dijo haber experimentado tocamientos no deseados en los genitales, senos o trasero, y 11% haber sufrido violación o acoso sexual en el trabajo.

De acuerdo con la secretaria general de TUC, Frances O’Grady, los resultados revelan una “epidemia oculta”.

«Las personas bisexuales deberían sentirse seguras y apoyadas en el trabajo, pero en cambio están experimentando niveles impactantes de acoso sexual», dice O’Grady.

«El acoso sexual no tiene lugar en un lugar de trabajo moderno ni en la sociedad en general».



FUENTE: BBC NEWS MUNDO

ENLACE: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49794758

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN SEPTIEMBRE DEL 2019 POR LA BBC; POR SU INTERÉS SE REPRODUCE EN DIARIO ARTE Y CULTURA EN REBELDÍA. 

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS DE LA BBC

REPRODUCCIÓN SIN FINES LUCRATIVOS 



 

¿Era Ricardo Corazón de León gay?

Las leyendas que corren sobre Ricardo I de Inglaterra son sólo equiparables al fervor religioso que demostró en la Tercera Cruzada (aquella que le enfrentó, a partir de 1191, a su mayor enemigo: Saladino). Más conocido como Ricardo Corazón de León, de él se ha llegado a afirmar -por ejemplo- que no tenía aprecio algunos por los franceses. Falacias. Así lo demuestra el que sus padres fueran galos y que supiera hablar esta lengua y la provenzal. Otros mitos, como el de su extrema rudeza y crueldad, sí parecen más reales. No obstante, existe dos enigmas que los historiadores no han podido desentrañar desde que este controvertido personaje falleciera en 1199 por culpa de las heridas sufridas durante un asedio: ¿era homosexual y mantuvo relaciones íntimas con el rey Felipe II Augusto?

De vez en cuando, cosas de la historia, este enigma regresa al presente. Y eso es lo que sucedió la semana pasada cuando el popular Thomas Asbridge (autor de «Las cruzadas» -Ático de los libros, 2019-) afirmó que, por mucho que nos duela que el enigma siga sin resolverse, resulta casi imposible conocer las respuestas a estas cuestiones. El experto sí llegó a señalar que la posible homosexualidad de Ricardo se había sugerido en los últimos años y que, probablemente, las presuntas relaciones con el rey de Francia sean una invención provocada por una mala traducción de los documentos originales. El debate sigue abierto. Así lo confirma al diario ABC la historiadora e investigadora especializada en historia de la monarquía, historia cultural e historia de género Iris Rodríguez Alcaide.

Pero Rodríguez va más allá. En sus palabras, la realidad es que las fuentes (pasadas y presentes) no solo dan a entender que Ricardo podría ser homosexual. «Si tenemos en cuenta el resto de fuentes disponibles, en conjunto, la idea de que en realidad fuera bisexual parece una hipótesis bastante sólida, dentro de lo complicado de demostrar que son siempre esta clase de temas», explica. Carlos Núñez del Pino, también historiador y editor de la revista recién alumbrada «Historia hoy», coincide con su colega en que es una tarea hercúlea demostrar las tendencias sexuales de alguien casi un milenio después. Aunque no niega que este tipo de enigmas pasados sirven para acercar la época de las Cruzadas hasta el gran público.

«Ricardo Corazón de León es una figura muy controvertida. Su enfrentamiento con Saladino caracterizó la Tercera Cruzada y, hoy en día, aún muchas personas conocen las Cruzadas por estas dos figuras», explica Núñez en declaraciones a ABC. El editor sabe de lo que habla. No en vano, escribió un profundo reportaje para el primer número de «Historia Hoy» sobre la marcha de los cristianos a Tierra Santa. En sus palabras, el tema sigue atrayendo a los lectores, por lo que no será extraño hallarlo en las siguientes entregas. «Hemos recibido opiniones muy positivas. Ahora tenemos el segundo número en la calle con temas muy interesantes: tenemos textos sobre la Guerra del Peloponeso, el enfrentamiento entre Atenas y Esparta por la hegemonía griega, sobre el ascenso de Felipe II al trono portugués o las consecuencias de la prohibición del alcohol en Estados Unidos», señala.

Irene Rodríguez: «Las fuentes sugieren que podría haber tenido relaciones con mujeres y hombres»

1-¿Cuándo y por qué comenzó la discusión sobre la homosexualidad de Ricardo?

La homosexualidad de Ricardo comenzó a ser académicamente discutida a partir de mediados del siglo xx, tras la publicación del libro “The Plantagenets” (1947) del arquitecto e historiador John H. Harvey. Posteriormente, algunas insinuaciones al respecto en las escenas finales de la película “El león en invierno” (1968) contribuyeron a su masiva difusión y aceptación; así lo recoge hasta la Enciclopedia Británica.

2-¿Qué argumentos hay a favor de su homosexualidad?

El primero tiene que ver con una lectura superficial de la Crónica del contemporáneo Roger de Hoveden, donde se dice que, en 1187, Ricardo y Felipe Augusto de Francia “comían del mismo plato y ni el lecho los separaba”, pues “se tenían un gran amor”.

La segunda tiene que ver con el gran desapego que, al parecer, sentía Ricardo por su esposa Berenguela de Navarra. Se casaron a toda prisa en Limasol (Chipre), de camino a la Tercera Cruzada, y una vez allí Berenguela permaneció en Acre junto a Juana, la hermana del rey, mientras este se centraba en sus campañas contra Saladino. En 1192 la pareja volvió a Europa por separado y, tras la liberación de Ricardo de su imperial cautiverio en 1194, apenas tuvieron tiempo para convivir juntos entre batalla y batalla por sus dominios en Francia. No tuvieron descendencia.

3-¿Y en contra?

Se sabe que Ricardo contó con numerosas amantes a lo largo de su vida (de hecho, tuvo un hijo ilegítimo, Felipe de Cognac, con una de ellas), así que parece claro que sus gustos no se reducían únicamente a los hombres.

4-Ha afirmado en otras ocasiones que a Ricardo se le atribuyen varias violaciones y relaciones con monjas…

Las supuestas violaciones cometidas por él y sus soldados siempre se mencionan en un contexto de guerra, tanto en sus contiendas en Francia como en Tierra Santa. Por otro lado, los escarceos con todo tipo de mujeres salpican su vida hasta el punto que, aun en su lecho de muerte, seguía pidiendo que le llevaran féminas para así demostrar que se encontraba en “plena forma” y no pensaba irse tan pronto.

5-¿Cree que podría ser bisexual? ¿Por qué?

El conjunto de las fuentes disponibles nos sugieren la posibilidad de que pudiera haber tenido relaciones tanto con mujeres como con hombres.

6-¿Cuál era su relación con Felipe Augusto de Francia?

Fue una relación tormentosa donde pasaron de ser grandes amigos a los rivales más odiados. Ricardo y Felipe Augusto se conocieron muy jóvenes, en la corte francesa, y juntos se enfrentaron en armas al padre del primero, Enrique II, por la sucesión del trono inglés y las ricas posesiones continentales de su familia, los Plantagenet.

Años más tarde, ambos monarcas se embarcaron, casi a la vez, rumbo a la Tercera Cruzada con sus respectivos ejércitos. Durante su estancia en Mesina (Sicilia) ya mostraron desavenencias importantes y, una vez en Acre (1191), tras saber que Ricardo había contraído matrimonio con Berenguela y no con su inicial prometida, Alix, hermana de Felipe Augusto, las relaciones se agriaron, especialmente cuando Ricardo acogió en su tienda a un tal Raifé de Clermont, joven caballero francés al que habría salvado de un ataque de los sarracenos.

Después de aquello, Felipe Augusto no se quedó en Ultramar más tiempo del necesario; en cuanto se rindió Acre, enfiló de regreso a Francia y, a partir de ese momento, la relación entre ambos quedó rota para siempre. Felipe Augusto incluso llegó a pagar una gran suma al emperador Enrique VI para que mantuviera prisionero a Ricardo el máximo tiempo posible en sus dominios. Entre 1195 y 1199 continuaron luchando uno contra otro en Francia, hasta la muerte de Ricardo durante el asedio a la fortaleza de Châlus. Hubiera lo que hubiese entre ellos, es inevitable que terminara afectando a la política internacional del momento.

7-¿Qué posibilidades reales hay de que mantuvieran relaciones sexuales?

En la monumental obra de Runciman (“Historia de las cruzadas”, 1951-1954) se recoge que, durante el sitio de Acre, ambos contrajeron una enfermedad al poco tiempo de la llegada de Ricardo al campamento cristiano. Mantuvo a ambos (y al parecer, solo a ambos) postrados en cama durante varios días, razón de que ninguno pudiera entrevistarse finalmente con al-Adil, el hermano de Saladino, en la llanura entre ejércitos, como estaba previsto. Los cruzados de la época se referían a esta enigmática enfermedad (que provocaba la caída de las uñas y el pelo) como “arnaldia” y, al parecer, no era vírica sino que solo se contagiaba por contacto directo, quizá de forma semejante a la llamada “fiebre de las trincheras”.

8-¿Cree, como Asbridge, que su posible homosexualidad pudiera tener que ver con una mala traducción de las fuentes?

En el caso de la de Hoveden, todo parece indicar que sí ha habido una mala interpretación de la misma, por demasiado literal. “Compartir el lecho” debe tomarse como una expresión, una fórmula de la época que indicaba cuándo dos reyes se aliaban o firmaban una paz.

Pero si tenemos en cuenta el resto de fuentes disponibles, en conjunto, la de que en realidad fuera bisexual parece una hipótesis bastante sólida, dentro de lo complicado de demostrar que son siempre esta clase de temas. Así parecen estar de acuerdo los dos máximos especialistas en la figura de Ricardo, John Gillingham y Jean Flori, que no dudan en calificar al personaje de “homosexual no exclusivo”, “lascivo polivalente”, “gozador” y “probablemente bisexual”.

«El conjunto de las fuentes disponibles nos sugieren la posibilidad de que pudiera haber tenido relaciones tanto con mujeres como con hombres»

9-¿Era Ricardo religioso?, ¿cómo influyeron sus creencias en sus posibles tendencias homosexuales?

Ricardo, que era un hombre de confesarse poco o nada -en Châlus (1199), tras ser gravemente herido por un proyectil de ballesta, tardó más de dos horas en ponerse al día con su capellán antes de recibir la extremaunción-, se sometió a lo largo de sus 42 años de vida hasta a dos actos de penitencia bastante severos al darse cuenta de la “fealdad repulsiva” de su existencia y de que “los matorrales espinosos de la libido” habían invadido su espíritu.

Que el pecado por el que Ricardo se sometió a una penitencia que incluía la flagelación era de índole sexual parece evidente tanto para Gillingham como para Flori. El primero toma la alusión a las ciudades bíblicas de Sodoma y Gomorra durante uno de estos severos actos de penitencia como un pecado más “general”, como el adulterio. Por el contrario, Flori sí piensa que la mención hace referencia expresamente a la sodomía, puesto que los constantes adulterios (e incluso pedofilia) del padre de Ricardo, Enrique II, no habían merecido excesivos reproches públicos. Sin embargo, esta clase de “pecados” era algo que a Ricardo, muy en el fondo, parecían atormentarle mucho.



FUENTE: ZONA GAY

ENLACE: http://bit.ly/2MKIi1J