Los turbantes | Jorge Lara Rivera

Más acá de sí mismo
Un estallido azul moja los dedos

Rompe el largo alarido de la carne sola
Tregua de humo sobre el sueño

En la piel llueve azoro

Cada hora es de llama
Cada instinto un instante
Vertiginoso plomo esperma
Astro o lunación fluída

Otra vez duna
Las arenas del tiempo se remontan
Laberintos, sarcófagos, besos
En vítreas cúpulas memorando

Marejada de alas oscuras
Con un temblor de sábanas
La noche a consolar al solo baja

Más tarde es el cuerpo oblación

Afuera el día escapa



Texto tomado de la revista Navegaciones Zur; Saulo de Rode, et al…; Número 1; Centro Yucateco de Escritores A.C.; Octubre de 1993.

Transcripción: Armando Pacheco

Archivo: Centro Yucateco de Escritores (Cristina Leirana Alcocer | Jorge Lara Rivera)

Proyecto de rescate del acervo: Cristina Leirana Alcocer

Venezuela: luces y sombras decembrinas | Jorge Lara Rivera

La detención lógica por autoridades de la república federativa de Brasil de 5 desertores del Ejército venezolano en Sao Marcos, Roraima, territorio del gigante suramericano, el 26 del mes en curso, luego de que el 22 atacaran a una unidad militar de Venezuela, ha dado pie a gestiones del gobierno bolivariano ante Brasilia para su entrega a Caracas. Sin embargo, no hay motivo para esperar respuesta positiva de Jahir Messia Bolsonaro, testaferro de la Casa Blanca, quien alcanzó el poder sólo por arte de vilezas encarcelando a opositores (el recién excarcelado Luis Inazio ‘Lula’ Da Silva, quien ya enfrenta acusaciones de corrupción y lavado de dinero que le endilga la vengativa oligarquía) y atropellos retorciendo la ley (para defenestrar a Dilma Rousseff) y cuyo hijo Flavio, ahora senador y quien no le salió gay pero con ambición desmedida, resultó tan chueco como su padre: si en enero se le vinculó con el asesinato (2018) de la concejala Marielle Franco y su asistente Anderson Gomes, en un caso de ¡lavado de dinero!, este diciembre la Fiscalía do Brasil lo acusó formalmente de blanqueo de dinero ilegal proveniente de la extorsión o ‘rachadinha’ (a asesores de diputados) –algo así como los ‘moches’ panistas– en la compra de 2 inmuebles en Copacabana, Río de Janeiro. Y no obstante, en semanas recientes se han conocido testimonios de la frustración que padecen otros militares venezolanos desertores que apoyaron la intentona golpista de Juan Guaidó, patrocinada por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea –con la ayuda servil de Luis Almagro en una sumisa OEA y el injerencismo del Grupo de Lima– y ahora viven duras condiciones en Colombia, Brasil y Perú.

Y es que el perfecto plan golpista hace agua. A inicio de este mes, se supo de un nuevo escándalo de corrupción en las filas opositoras encabezadas por Juan Guaidó (Previamente, en noviembre, Humberto Calderón Berti –su ‘embajador’ en Bogotá, Colombia– ‘balconeó’ que las propias autoridades colombianas le informaron cómo, ‘representantes’ de aquél derrocharon en “prostitutas y licor”, además de perpetrar otras irregularidades –no esclarecer origen ni destino, doble facturación de compras– los fondos para ayuda humanitaria destinada para el fracasado intento de ingresarla en febrero). Ahora, el portal ‘Armando.Info’ hizo de conocimiento público que diputados de diversos partidos opositores en la Asamblea Nacional –la discutible base legal de su ‘representatividad’ que elegirá nuevo presidente de la misma en enero y a la cual han reingresado diputados chavistas minoritarios– recibieron sobornos para interceder por empresarios ligados al oficialismo ante organismos internacionales relacionados con el sistema Clap (reparto de alimentos subvencionados) del régimen, lo cual pese a las declaraciones triunfalistas de medios afines al capitalismo transnacional y la oligarquía local, indica fisuras en su bloque. Paradójico: países que pretextando la “carta democrática” auspician la desestabilización y el golpismo en Venezuela, enfrentan crisis de credibilidad y erosión de autoridad moral en la materia frente al clamor de sus pueblos. Así en la injerencista Colombia, el pendenciero Iván Duque Márquez encara el abierto reclamo de los colombianos por su incapacidad para lograr la paz, sus posturas que torpedean la reconciliación nacional; en Ecuador, Lenin Moreno ha tenido que tragarse sus palabras sobre el socialismo “de siglo pasado” de Venezuela, porque sus abusivas medidas (quitar el subsidio a la gasolina) atentan contra la economía de la gente común y desembocaron en octubre en violentas protestas callejeras, ‘cacerolazos’ y paros laborales; en Chile las manifestaciones en la ‘Plaza de Italia’, de la capital chilena, continúan desde ese mismo mes, pese a la sanguinaria represión que Sebastián Piñera Echenique autoriza a los carabineros en Santiago para golpear y dejar ciegos a los jóvenes mientras con declaraciones contradictorias y negacionistas ofrece “mayor dureza” de la autoridad con los manifestantes, a la vez que investigar abusos y violaciones a derechos humanos, mientras alardea ante la comunidad internacional con el ‘plebiscito’ previsto para abril cuando los chilenos se pronunciarán acerca de sustituir la Constitución impuesta, camuflado como ‘presidente’, por el dictador Pinochet, con una nueva de cuya elaboración Piñera ha excluido deliberadamente a la oposición más combativa. Pese a los estertores de provocación a último momento de su régimen neoliberal, la suerte de Mauricio Macri en Argentina fue decidida en las urnas sepultándolo. Así, aunque Rusia retiró en el verano a su personal militar y China reconfigura sus proyectos de inversión en el país cuna del Libertador Simón Bolívar, pese a las presiones incesantes, la república bolivariana de Venezuela se mantiene en pie.



Texto publicado originalmente en el periódico Por Esto y reproducido en Arte y Cultura en Rebeldía con autorización de su autor


 

¿Otra hoguera en el Mediterráneo? | Jorge Lara Rivera

Mientras Arabia Saudita ha dado por concluido el amargo caso Jaamal Khashoggi –periodista árabe refugiado en Estados Unidos, a quien un comando asesinó en su consulado de Estambul, Turquía– con condenas a muerte y prisión para implicados en él, pese a la decepción de organismos internacionales defensores de derechos humanos y el escepticismo de países europeos (Previamente, siguiendo “la práctica tradicional de apoyo financiero a las víctimas de delitos violentos o desastres naturales” que forma parte de las costumbres de la cultura saudí-árabe, en 2018 cada uno de los 4 hijos –2 varones y 2 mujeres– del primer matrimonio de Kashoggi recibió 1 casa de 1 millón de dólares en Yedda y pagos mensuales de cientos de miles de dólares, o sea, decenas de millones de dólares hasta la reciente conclusión del juicio; y despidos de altos funcionarios y militares cercanos al príncipe heredero Salman Bin Salman). El deseo de aquella operación encubierta salpicó de modo irreparable a la Casa Real saudí, al grado de malograr el foro ‘Future Investment Initiative’ –el llamado ‘Davos del Desierto’– desairado por celebridades del mundo empresarial global y mandatarios y economistas de renombre mundial. Desprestigio al que contribuyó el gobierno turco con el perverso manejo que de la información sobre el asunto dio a través de filtraciones a los medios y declaraciones oficiales estentóreas –desde sus funcionarios relacionados con la materia hasta el propio presidente Recep Tayyip Erdogan–, evidenciando el cálculo político de Ankara y su determinación por erosionar la imagen del rey Salman Ben Abdelaziz al Saúd, cabeza del influyente reino rival de Turquía en la región y líder natural del Islam, quien recién retomó el control del gobierno e incluso autorizó la audaz medida de poner a cotizar en el mercado bursátil las acciones de ARAMCO, la mayor empresa petrolera del mundo.

Justo el expansionismo de Turquía, cuya hostilidad contra el pueblo kurdo le ha llevado a comportarse prepotente e invasivamente en las poblaciones de allende la frontera con Siria, buscando perseguir y exterminar a esa etnia (60 millones) despojada del Kurdistán, su patria ancestral milenaria, la cual fue botín de guerra de imperios diversos y luego de la I Guerra Mundial o Gran Guerra Europea dividida con el ‘Tratado de Lausana’ alevosamente en Irán, Iraq, Turquía y Siria, tras la traición al ‘Tratado de Sèvres’ que reconocía su independencia tras haber luchado junto a los aliados, pero que durante la guerra civil siria tuvo, de nuevo, la sensación de controlar un territorio mediante las Unidades de Protección Popular o Fuerzas de Autodefensa de la Federación Democrática del Norte de Siria, de nuevo traicionadas por europeos y estadounidenses. Y a la usanza desaprensiva e injerencista con que se conduce el Irán de los ayatolás respecto al atribulado Iraq postrero de la era Saddam Hussein (cuya estructura de gobierno ha infiltrado para su control desde las sombras al punto de provocar la rebelión de los patriotas en manifestaciones que son cruel y sangrientamente reprimidas, pero incesantes), Líbano (por medio de la corrupción de funcionarios vendepatrias y operando a través del grupo Hezbollá), Siria (donde tiene destacado equipo y personal militar de la llamada Guardia Republicana Islámica con miras a enfrentar a Israel), Yemen (a través de los hutíes, opuestos al gobierno constitucional de Saná y que tan útiles le han resultado para agredir encubiertamente a la Arabia Saudita –los ataques a refinerías y campos petroleros con ‘drones’, aviones no tripulados teledirigidos, lo ejemplifican–, a la cual esa teocracia chiíta disputa a los sunitas el liderazgo del mundo musulmán) y a la Franja de Gaza palestina, donde apoya a los fedayines de Hamas contra Israel (al cual por otra parte se acusa de buscar el derrocamiento del rey Abdulá II de Jordania para, de carambola, consumar la anexión de Gaza y quitarse de encima la ‘cuestión palestina’), mientras se acerca a Catar, rival de Arabia Saudita, buscando dividir a las monarquías del Golfo Pérsico, en tanto acuerda maniobras militares en el Índico con Rusia y China, adversarios de Estados Unidos; Ankara, que se distanció de Washington por la compra del S-400 ruso, ha resuelto en el neutral Túnez, a solicitud de Libia, intervenir en ese país de El Magreb enviando tropas por el Mediterráneo al África del Norte, en respaldo del gobierno de Trípoli, reconocido por la ONU (y apoyado por Catar, Italia y Turquía), enfrentado a la abierta rebelión que lleva más de 4 años del Gral. Jalifa Hafter (respaldado por Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Rusia, Francia y mercenarios de Sudán), aspirante a nuevo ‘hombre fuerte’ de ese país, tras la revolución que logró el derrocamiento del ajusticiado dictador Muhammar Kadafi, o sea: otro sangriento laboratorio de pruebas para potencias regionales y planetarias. Aquél es el pretexto oficial pero, tal vez, esté también detrás, tomar el control del petróleo libio.



Texto publicado originalmente en el periódico Por Esto y reproducido en Arte y Cultura en Rebeldía con autorización de su autor