El gran garrote de Trump y la derecha venezolana | Jorge Canto Alcocer

En el marco de una abismal crisis, provocada fundamentalmente por el cínico y criminal intervencionismo norteamericano, la autoproclamación de un títere como “presidente” en Venezuela nos muestra una vez más el verdadero cariz de la derecha latinoamericana y universal: sin el menor rubor, sin la menor consideración a leyes ni elecciones, la mitad de los gobierno latinoamericanos, así como una buena parte de los miembros de la Unión Europea, han reconocido la fantasiosa proclama de Juan Guaidó, un oscuro personaje al que hace unas pocas horas apenas y conocía su familia, y por quien, por cierto, nadie ha votado en elecciones populares para que se desempeñe como Jefe del Poder Ejecutivo.

Más aún: muchos de los líderes políticos de esa derecha rabiosa e irracional están haciendo encendidas declaraciones en favor de una invasión de Estados Unidos a Venezuela, una solución tipo “Panamá”, así como llamados a la milicia venezolana para que traicionen al gobierno constitucionalmente electo y encabecen un Golpe de Estado, reconociendo intrínsecamente que carecen del apoyo popular suficiente para hacerse del poder por las vías pacíficas y legales.

Es la misma derecha que entronizó a los fascistas de Mussolini en Italia y a los nazis de Hitler en Alemania; es la misma derecha que impulsó los sangrientos Golpes de Estado en toda Sudamérica en la década de 1970, y luego, ya en el siglo XXI, en Honduras. Es la misma derecha que aplaudió la represión a indígenas y opositores en México, Guatemala, Nicaragua y El Salvador en el pasado, y que realizó o aceptó fraudes electorales en todos esos países más recientemente. Se disfrazan de demócratas por ratos, cuando les conviene o no les perjudica, pero apenas las cosas se ponen difíciles, claman por la invasión yanqui, la bota militar y la dictadura conservadora y sin cortapisas.

Qué existen problemas en Venezuela es muy cierto, y problemas muy graves. El llamado socialismo bolivariano de Hugo Chávez y Nicolás Maduro ha cometido errores estratégicos fundamentales, uno de ellos haber mantenido la petrolización; otro, no haber combatido con fiereza la corrupción. Pero también nos queda claro que no han sido esos errores los factores principales de la crisis económica y política que viven nuestros hermanos, sino las estrategias de los halcones de Washington, en alianza con los sinvergüenzas traidores de la derecha, a quienes no les ha importado llevar la miseria y la muerte a su patria con tal de defender sus mezquinos intereses.

Hoy Venezuela se mantiene dividida, cruelmente dividida, sin que se pueda vislumbrar una salida pronta y pacífica a la crisis. La derecha ha optado por la traición, el rompimiento constitucional y la violencia; en tanto que los partidarios de Maduro y el propio gobierno galvanizan su resistencia ante la amenaza. Tristemente, el escenario va pareciéndose cada vez más al de Siria, donde los intentos imperialistas por derrocar al régimen de Bashar al-Ásad desencadenaron una temible guerra civil que aún sigue cobrando miles de víctimas anualmente, sin que el imperio haya logrado su cometido. Al contrario, la confrontación terminó por fortalecer la posición de Ásad, ahora incluso reconocido por quienes pretendieron tirarlo del poder.

La guerra, el caos, el sufrimiento, son los escenarios preferidos por esa derecha reaccionaria para imponer, por la vía de la más violenta represión, lo que llaman “el orden”. ¿Nos queda a todos más claro por qué el derechista e ilegítimo Calderón impulsó su “guerra estúpida”? La necesaria solidaridad de los pueblos de Nuestra América con Venezuela va mucho más allá de la coyuntura. Nuestra sobrevivencia como pueblos soberanos está de por medio.

FUENTE: DIARIO POR ESTO!

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