Archivo de la categoría: Gilberto Avilez Tax

Vicio académico: la “vampirización” de los conocimientos de los pueblos mayas | Gilberto Avilez Tax

Leyendo el ameno libro de Luis Ramírez Aznar, El saqueo del cenote sagrado de Chichén Itzá,[1] que describe la carroñera forma con que Edward H. Thompson, ese granuja pagado por el Museo Peabody, valido por malos yucatecos, sustrajo de Chichén Itzá un ingente patrimonio histórico y arqueológico del legado de los mayas (“un gigantesco saqueo”, apuntó Teobert Maler), me han surgido algunos comentarios que continúan lo que anteriormente he escrito en un precedente artículo.[2] Seguir leyendo Vicio académico: la “vampirización” de los conocimientos de los pueblos mayas | Gilberto Avilez Tax

De las mafias culturales meridanas | Gilberto Avilez Tax

La relación del PRI yucateco con la intelectualidad, o la gansada intelectual seudo izquierdista que mal escribe en el Por Esto! del cleptómano y terrorista Renato Menéndez Rodríguez, es muy conocida: ahora crean su burdo FicMaya y le dan cabida a sus amantes y a sus porros. Como son defensores de la satrapía cubana, el año pasado tuvieron como invitados de honor a tantos enfermos escribanos de la moridora isla. Ahora, no sé a quién les pagarán sus estancias vips, seguramente que a otros defensores de la estalinista isla. Seguir leyendo De las mafias culturales meridanas | Gilberto Avilez Tax

Nativo de una patria imaginada: de los estereotipos y “dialectos yucatecos” | Gilberto Avilez Tax

El historiador meridano, Emiliano Canto Mayén, contemporáneo mío aunque con temas opuestos a mis obsesiones historiográficas y hasta literarias (¡y qué bueno!), es el autor de un artículo para La Jornada Maya,[1] en donde hace gala y ostentación de ese “humor de los yucatanenses”, que por cubrirse de un “matiz tan terso”, a veces es desapercibido por la supuesta argucia  de los del centro del país, propiamente, de ese mar de “huaches” que comienza pasando Halachó.  El texto de Canto Mayén es de esos que se digieren con gusto, con admiración y gratitud.

Merida, Amer, Sep, no, 66, (Dresse par Ph, Vandermaelen, lithographie par H, Ode, Quatrieme partie, — Amer, sept, Bruxelles, 1827
Merida, Amer, Sep, no, 66, (Dresse par Ph, Vandermaelen, lithographie par H, Ode, Quatrieme partie, — Amer, sept, Bruxelles, 1827

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Palabras en honor a mi computadora caída | Gilberto Avilez Tax

escritorQuería empezar este artículo hablando sobre mis afanes por volverme escritor y no de cómo obtuve mi primera máquina de escribir Olivetti y mi primera computadora portátil, y fui feliz mientras escribía. Quería empezar por hablar de esos escritores fantasmas que dejan honda huella en los estantes polvosos de olvidadas y apocalípticas bibliotecas de los últimos tiempos en que nadie se atreve a entrar a las bibliotecas públicas porque los fantasmas de los escritores muertos pueblan sus recoletos pasillos.

No sé si fue en esa lejana infancia mía que ya no me acuerdo casi nada, o en esa adolescencia maldita donde lo único que sé, fue que me deshice de una patria incomprensible, o en esa licenciatura de errante frecuentador de bibliotecas chetumaleñas y de otras bibliotecas perdidas a lo largo del manso y desolado Hondo, lo cierto que un día me vi leyendo un libro de Paz, al otro día deletreaba los versos de los poetas malditos, y de ahí me incrusté a ser lector ferviente de la narrativa latinoamericana: leí a argentinos, a chilenos, a cubanos, centroamericanos y muchos mexicanos. Al principio la lectura fue difícil, tantas palabras desconocidas para el rupestre léxico que me habían heredado mis mayores, me hacían todavía más lenta la tarde con sus noches cálidas chetumaleñas, mientras un diccionario Larousse arreglaba el asunto y un cigarro atabacado de pringas de café me daba una tregua al sueño blanco de la madrugada desierta. Mi formación lectora comenzó a tan tarde edad, entre los 18 y los 25, años difíciles para la lectura sosegada cuando de vez en cuando ésta era interrumpida por una lejana voz femenina que llegaba y aparecía como fantasma. Seguir leyendo Palabras en honor a mi computadora caída | Gilberto Avilez Tax