Viena 1993, cuando las mujeres nos hicimos humanas* | Introducción y Los derechos de las mujeres en la formación de la ONU | Alda Facio

Introducción

Creo no exagerar cuando afirmo que la mayoría de las mujeres desconocemos las luchas que, en diferentes campos y niveles, se han dado a través de la historia por la defensa de nuestros derechos. Pero no voy a contar esta emocionante historia aquí. Voy a limitar este ensayo a un breve periodo de la larga lucha que hemos llevado adelante miles de mujeres por el respeto, defensa y disfrute de nuestros derechos. No es toda la historia, sino aquella que se relaciona con la Conferencia Mundial de Naciones Unidas (ONU) sobre Derechos Humanos (ddhh) celebrada en Viena en 1993, porque fue ahí donde por primera vez se explicitó que los derechos de las mujeres son ddhh. Es decir, no fue hasta finales del siglo XX que las mujeres alcanzamos la categoría de humanas para el derecho internacional.

Limito esta historia a esa conferencia por razones de espacio, pero la lucha no empezó ni terminó ahí. Después de Viena se organizaron muchas conferencias internacionales más, en donde las mujeres tuvimos que cabildear para darle un contenido a los ddhh que incluyera las muy diversas realidades de las mujeres del mundo. Mucho se ha hecho desde 1993, pero no todo ha sido favorable. Por eso, seguimos luchando dentro y fuera de la ONU para darle sentido al estribillo que se repetía por todo el mundo en los meses previos a la conferencia: «Los derechos de las mujeres son derechos humanos».

Uno de los logros de 1993 ha sido la creación, en 2010, de una nueva entidad dentro del sistema de la ONU tras años de negociaciones entre los Estados miembros y el movimiento de mujeres, para fortalecer y unificar el trabajo de la ONU en relación al logro de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. Ojalá que con esta nueva agencia la ONU pueda cumplir sus promesas de igualdad hechas hace más de sesenta.

II. Los derechos de las mujeres en la formación de la ONU[1]

En la Conferencia de San Francisco de 1945, dedicada a redactar la Carta de la ONU, hubo unanimidad en que la promoción de los ddhh debería ser uno de los fines esenciales de la nueva organización. A pesar de que no se logró que la Carta contuviera un listado de esos derechos, sí hubo un compromiso de los gobiernos de redactar una declaración en el futuro[2]. Aunque en casi ninguno de los documentos históricos sobre esta conferencia se habla del asunto, a esta Conferencia asistieron varias mujeres en delegaciones oficiales, así como en las de las de las ONG, que hicieron aportes cruciales tanto en la redacción misma de la Carta como en el hecho de que la protección de los ddhh fuera uno de los fines de la ONU. Estas mujeres lograron que la Carta contuviera el establecimiento de una Comisión de Derechos Humanos (CDH) que hiciera referencia explícita a la prohibición de la discriminación sexual.

Contrario a los argumentos de la mayoría de los delegados, quienes sostenían que una cláusula sobre igualdad sería suficiente garantía para los derechos de las mujeres, las delegadas de Brasil, República Dominicana y México[3], exigieron con éxito que la palabra “sexo” se agregara a la lista de las demás prohibiciones que la carta establecía para que los Estados y la misma ONU no hicieran distinciones basadas en esas categorías a la hora de respetar, proteger o garantizar los ddhh. Ellas insistieron en que agregar la palabra “sexo” a la lista de prohibiciones significaría que la discriminación sexual sería considerada tan atroz como la discriminación racial, política, religiosa u otra, idea que no era compartida por todos los delegados quienes aseguraban que la discriminación sexual era un mal menor y hasta inevitable. A pesar de la oposición, la palabra “sexo” quedó incluida. La importancia de este logro no sería comprendida hasta muchos años después, cuando el movimiento de mujeres se apoyó sobre este cambio de paradigma para exigir que los derechos de las mujeres fueran considerados ddhh y para hacer el vínculo entre igualdad y no discriminación. Vínculo imprescindible para entender la verdadera igualdad entre todos los seres humanos.

En 1946, el Consejo Económico y Social (ECOSOC)[4] decidió crear una subcomisión de la CDH para que se encargara de la condición jurídica y social de las mujeres, pero desde su primera reunión, la subcomisión recomendó que se la elevara al estatus de una comisión autónoma; y así fue como nació la Comisión de la condición jurídica y social de la mujer (CSW). Su objetivo principal es promover la implementación del principio de que hombres y mujeres deben gozar de derechos iguales[5]. Una de las primeras tareas de la CSW fue concentrarse en la discriminación contra las mujeres enfrentándola desde una perspectiva legal centrada en la igualdad. De haber seguido la CSW por este camino, la corriente androcéntrica de los ddhh habría tenido que enfrentar el reto de conceptualizar la igualdad desde el derecho a la no discriminación y tomando en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres. Pero no fue así; al poco tiempo, la CSW empezó a enfocar la igualdad de mujeres y hombres desde una perspectiva de “desarrollo”, alejándose más y más del enfoque de los ddhh.

Este alejamiento probó ser nefasto para la conceptualización de la igualdad desde una perspectiva de derechos humanos[6] y para la promoción y defensa de los derechos de las mujeres, ya que la CDH se lavaba las manos ante cualquier violación a los derechos de las mujeres arguyendo que eso era materia de la CSW[7], mientras que ésta insistía en que las violaciones concretas a los derechos de las mujeres no eran parte de su mandato. Así, mientras que la CDH fue desarrollando un número impresionante de mecanismos para monitorear las violaciones a los derechos del hombre, la CSW se conformó con un limitado mecanismo que se reduce a un procedimiento de queja-información-comunicación, utilizado por la CSW para sus propios estudios y para informar al ECOSOC sobre los patrones y tendencias que se desprenden de las violaciones[8].

A pesar de la relativa debilidad de la CSW, muchas personas piensan que la decisión de separar las entidades de ddhh de las de las mujeres en la ONU fue acertada porque la CSW logró crear normas y estándares legales importantes, y también porque la CSW ha sido el único órgano político de la ONU con una proporción importante y permanente de delegadas mujeres[9].

Una de las primeras cosas que hizo la CSW fue solicitar participar en la redacción de la Declaración Universal. El logro más conocido de sus delegadas fue convencer a los redactores de cambiar el artículo 1 que originalmente decía “todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos…” para que se leyera “todos las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Aquellas primeras delegadas sabían muy bien el impacto excluyente del lenguaje androcéntrico.

Durante los siguientes años, la CSW logró la adopción de varios tratados que garantizaban muchos derechos para las mujeres. En 1967, consiguió que la Asamblea General de la ONU adoptara la “Declaración sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer”, la cual consolidó muchos de los elementos que anteriormente la CSW había promovido en diferentes tratados. Al hacer un llamado a la eliminación de todas las prácticas y costumbres discriminatorias, así como también de leyes formales, esta Declaración adelantó de forma importante la conceptualización de la igualdad substantiva y la fijación de estándares para los derechos de las mujeres.

La Declaración también sirvió de base para la legalmente vinculante “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer” (CEDAW), adoptada en 1979. La CEDAW formalizó esta nueva manera de entender la igualdad, vinculada a la eliminación de todas las formas de discriminación, con lo que fortaleció inmensamente los derechos de las mujeres. La CEDAW fue, y sigue siendo, el primer y más importante tratado sobre los ddhh de todas las mujeres y si bien no era considerado un tratado de ddhh por la misma ONU, sino un tratado de derechos de las mujeres, después de 1993 pasó a ser uno de los ocho tratados principales del sistema de ddhh de la ONU.

Otro asunto enfrentado por la CSW en aquellos años fue cómo garantizar que las mujeres realmente pudieran ejercer sus derechos. Inicialmente, los programas para las mujeres se concentraban en sus derechos individuales y en la igualdad formal. A finales de los años sesenta, sin embargo, hubo un cambio de enfoque hacia el rol de la mujer en los procesos de desarrollo económico y social en el mundo entero. De esta manera el enfoque de ddhh quedó descartado.

El cambio de abordaje agrandó la brecha ya existente entre el sistema para el adelanto de la mujer y el de los ddhh de la ONU, ya que en este último el enfoque, aunque androcéntrico, partía de la documentación de violaciones concretas a los derechos, lo que llevaba a recomendaciones concretas para el mejoramiento de la sociedad. En cambio, para la CSW lo central era lograr el “adelanto” de las mujeres, que se traducía en lograr más participación de las mujeres en la sociedad sin cuestionarse esa sociedad y sin cuestionarse de dónde venían y por qué se daban las desigualdades entre mujeres y hombres. Esto la llevó a hacer recomendaciones que más que cambios en la sociedad, se concentraban en lograr la inclusión de las mujeres en sus diferentes ámbitos.

Otra función importante de la CSW ha sido fungir como organismo preparatorio de las cuatro conferencias internacionales sobre la mujer que organizó la ONU entre 1975 y 1995, así como las tres conferencias conocidas como Beijing +5, Beijing+10 y Beijing+15.

La primera conferencia se realizó en México en 1975, el Año Internacional de la Mujer. En esta conferencia los Estados adoptaron un “Plan de Acción de la Ciudad de México” que tuvo como resultado la proclamación por la Asamblea General de la ONU del “Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1975-1985). Es debido a esto que se dice que esta conferencia tuvo un carácter declaratorio. A pesar de la audacia del Plan, el documento es una lista de “asuntos” que tienen que ver con las mujeres, sin ninguna explicación de las causas que podrían ayudar a identificar políticas correctivas. Sin embargo, hay que reconocer que en la evolución de los ddhh, un primer paso siempre ha sido poder ver ciertos actos como violatorios. Por eso considero que esta conferencia fue indispensable, ya que en ella se reconocieron derechos que luego serían plasmados en la CEDAW.

La segunda conferencia tuvo lugar en Copenhague en 1980 y se organizó con el objetivo de evaluar el desarrollo del decenio. A partir de esta evaluación, los Estados aprobaron un Programa de Acción para la segunda mitad del Decenio en el que se puso énfasis en los temas relativos a la educación, el empleo y la salud. En mi opinión, lo más importante de esta conferencia fue que llevó la discusión sobre la igualdad un poco más lejos explicando que la igualdad no se reduce a la formal sino que incluye también la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades. En otras palabras, se empezaba a hablar de lo que hoy en día se conoce como la igualdad substantiva. En este sentido, se analizó la desigualdad de las mujeres como causada o relacionada con la falta de acceso a recursos y a la participación política. La conferencia hizo un llamado a los gobiernos no sólo para revisar y eliminar la discriminación legal, sino también para que informaran a las mujeres de sus derechos y sobre cómo exigirlos[10]. Esta estrategia es lo que se conoce en el mundo de las ONG como “educación legal popular”.

Aunque los gobiernos en Copenhague empezaron a discutir el tema de la violencia, cosa que no se había hecho en México, su enfoque no fue desde el marco de los ddhh sino más bien desde un enfoque de la salud. El Programa de Acción toca el tema de “las mujeres maltratadas y la violencia en la familia” e identifica la necesidad de mejorar la salud física y mental de las mujeres mediante el desarrollo de programas y políticas “dirigidos a la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres y niños y la protección de mujeres de todas las edades del abuso mental y físico resultante de la violencia doméstica, el ataque sexual, la explotación sexual y cualquier otra forma de abuso”[11].

Pero esta segunda conferencia será recordada, sobre todo, por haber sido el foro donde se realizó la ceremonia especial, el 17 de julio de 1980, en donde 64 Estados suscribieron la CEDAW y dos presentaron sus instrumentos de ratificación, Cuba y Guyana.

La tercera conferencia se realizó en Nairobi en 1985 y tuvo como objetivo evaluar los avances logrados y los obstáculos enfrentados durante el Decenio. A partir de este análisis, los Estados aprobaron por consenso el documento “Las estrategias de Nairobi orientadas hacia el futuro para el adelanto de la mujer hasta el año 2000”. Estas estrategias son un conjunto de medidas que los Estados deberían haber adoptado a fin de promover el reconocimiento social del papel de las mujeres y el ejercicio de sus ddhh. Gracias a la aprobación de este documento se dice que esta conferencia tuvo un carácter estratégico.

Comparada con las conferencias de México y Copenhague, ésta hizo menos énfasis en el lenguaje de los ddhh, en el sentido que dejó de lado las garantías de ddhh en relación con los temas económicos y sociales, tales como la educación y la salud, aunque mantuvo referencias al derecho al trabajo, libertad de asociación y el derecho a poseer o vender propiedades. Sin embargo, el documento final de Nairobi hizo un llamado a las mujeres para que ejercieran efectivamente sus derechos en asuntos concernientes a los intereses de la población, incluyendo el básico de controlar sus propias fertilidades, la cual forma una importante base para el disfrute de otros derechos. Nairobi marcó la primera vez que se reconoció que las mujeres individuales tenían derechos reproductivos, aunque no se nombraron de esta manera. La educación legal popular fue otra vez resaltada en Nairobi y se instó a los gobiernos para que garantizaran los derechos de las mujeres en poblaciones minoritarias e indígenas.

Nairobi fue la primera conferencia en la cual la violencia contra las mujeres (VCM) fue señalada en el contexto de los ddhh. Al caracterizarla como “obstáculo principal para lograr la paz y otros objetivos de la Década”, las Estrategias pidieron medidas para prevenirla, dar asistencia a sus víctimas y crear mecanismos nacionales para enfrentarla.

El éxito de estas primeras tres conferencias se debió en gran medida a las contribuciones de muchas ONG que asistieron en un número sin precedentes. Pero el acontecimiento que tuvo el mayor impacto en relación a lo que luego se llamarían ddhh de las mujeres fue el Foro de

ONG de Mujeres, Derecho y Desarrollo (el Foro MDD)[12]. En este foro se presentaron cincuenta y cinco ponencias concernientes a la situación de las mujeres en 32 países, lo que facilitó apasionadas discusiones entre las participantes, resaltando la creciente toma de conciencia entre las mujeres del tercer mundo de que las leyes no eran solamente un instrumento que apoyaba la discriminación tradicional contra las mujeres, sino que podían ser usadas como instrumento de transformación social.

La última y cuarta conferencia se realizó en 1995 en Beijing. Al comprobar que, a pesar de todas las medidas adoptadas, aún persistían los obstáculos para lograr la igualdad de oportunidades y derechos de las mujeres, esta conferencia adoptó “La Plataforma de Acción” que consta de una serie de medidas que los Estados estaban obligados a implementar en los quince años posteriores a la conferencia[13]. Se ha dicho que esta conferencia tuvo un carácter vinculante, en el sentido de que desarrolló las medidas que deben adoptarse para cumplir con lo estipulado en la CEDAW15. En este sentido, es la conferencia sobre la mujer que más explícitamente ha planteado sus temas desde un enfoque de género y de ddhh. Sin embargo, también es la conferencia que más se alejó de un lenguaje de ddhh en muchos de sus apartados al sustituir el término “igualdad” por el de “equidad”, sustitución que había sido promovida por el Vaticano precisamente para impedir que se consolidara el lenguaje de derechos humanos con relación a las mujeres y para reforzar la errónea idea de que la igualdad exige tratamiento idéntico al no reconocer las diferencias reales y construidas.

Después de estas conferencias, la CSW ha seguido reuniéndose cada año para discutir la implementación de la Plataforma de Acción de Beijing por áreas, y en el año 2000, 2005 y 2010 organizó las reuniones llamadas Beijing+ para evaluar los avances en la implementación de la

Plataforma. Es incuestionable que después de 1993 la CSW ha cambiado su enfoque hacia uno de ddhh, pero el creciente empoderamiento de regímenes fundamentalistas misóginos en todo el mundo, la siempre creciente participación de ONG de derechas y familistas en sus reuniones, y la falta de conocimiento sobre la CEDAW y su poco uso por parte del movimiento amplio de mujeres, ha dificultado muchísimo la plena incorporación de una perspectiva de ddhh en su accionar.


[1] The Unfinished Story of Women and the United Nations es una publicación del año 2007 del Servicio de enlace de Las Naciones Unidas con las Organizaciones No Gubernamentales (SENGONU), NGLS en su sigla en inglés. El libro cubre muchos años de historia de incidencia de las mujeres en el sistema internacional y de la ONU.

[2] Pacheco, Máximo, Los Derechos Humanos, Documentos Básicos, Editorial Jurídica de Chile, Santiago de Chile, 1987, p IX.

[3] Ver Connors, Jane, “NGO’s and the Human Rights of Women” en The Conscience of the World: The Influence of NGO’s in The UN System, Peter Williams, Ed., Washington D.C., The Brookings Institution, 1996.

[4] Siglas en Inglés para el Consejo Económico y Social. El ECOSOC es el principal órgano coordinador de la labor económica y social de la ONU y de los organismos e instituciones especializadas que constituyen el sistema de las Naciones Unidas. El Consejo, establecido por la Carta de Naciones Unidas tiene 54 miembros,

con mandatos de tres años. Cada miembro tiene un voto y el Consejo toma sus decisiones por mayoría simple.

[5] Derechos iguales no quiere decir derechos idénticos. Quiere decir que hombres y mujeres tienen derecho a disfrutar de todos los ddhh que sean necesarios para su existencia digna tomando en cuenta sus diferencias biológicas así como las estructuras de género que construyen tantas desigualdades para las mujeres.

[6] Que no exige tratamiento idéntico sino tratamiento que no resulte en discriminación.

[7] A pesar de que al día de hoy, el mandato original de la Comisión de ddhh incluye la prevención de la discriminación basada en el sexo.

[8] Schuler, Margaret y Thomas, Dorothy: Derechos humanos de las mujeres, paso a paso, edición en español, IIDH, San José, Costa Rica, 1999, pp. 49.

[9] Aquí es interesante acotar que cuando se creó la Sub-Comisión que luego se convertiría en la CSW, sólo fueron designadas delegadas mujeres por lo que el presidente del ECOSOC decidió nombrar a 3 miembros ex oficio para asegurar que la Sub-Comisión fuera mixta. Por otro lado, en la CDH, había una única mujer, y esto no molestó a nadie.

[10] Informe de la Conferencia Mundial de la ONU para el Decenio de la Mujer: Igualdad, Desarrollo y Paz U.N. doc. A/CONF.94/35 (1980).

[11] Idem. Resolución 5.

[12] The WLD Forum por sus siglas en inglés. La metodología WLD le sirvió luego a diferentes redes y ONG y de ahí nacieron.

[13] De ahí las conferencias conocidas como Beijing+5,+10 y +15.


[*] Este artículo está basado en un libro que está escribiendo la autora sobre la evolución de los derechos humanos de las mujeres en la ONU.

Texto tomado del libro Feminismo, género e igualdad, coordinado por Marcela Lagarde (UNAM) y Amelia Valcárcel (UNED); Colección Pensamiento Iberoamericano; publicado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Fundación Carolina; Madrid, España, 2011; Pp. 5-11

Alda Facio es una jurista feminista, escritora, docente y experta internacional en género y derechos humanos referente en Latinoamérica. Es una de las fundadoras del Caucus de Mujeres por una Justicia de Género en la Corte Penal Internacional. Desde 1991 es directora del Programa “Mujer, Justicia y Género” del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente (ILANUD) y vicepresidenta de la Fundación Justicia y Género además de ser fundadora de Ventana, uno de los primeros grupos feministas en el país en los años setentas en Costa Rica.​ Está considerada una de las promotoras de la Ley de Igualdad Social en los años ochenta, además de ser una de las 10 mujeres en el mundo que organizó el Tribunal en Viena sobre la violación a los derechos de las mujeres.

Qué carajo es la Teoría Queer y por qué importa tan poco | Nuria Alabao

En esta discusión están en juego los derechos de las personas trans pero también la posibilidad de un feminismo anticapitalista y las alianzas que lo hagan potente

Quién nos iba a decir que «la Teoría Queer» acabaría en un argumentario del PSOE o llegaría a los programas de debate de televisión. La extrema derecha y los fundamentalismos cristianos hace tiempo que han construido a su alrededor un fantasma destinado a alentar los pánicos morales –sobre la educación de los niños, o alrededor de las identidades trans– y cuya función es movilizar a sus huestes. Lo novedoso es que el feminismo esencialista –ahora convertido en ideología oficial del PSOE– haya comprado buena parte de este argumentario y esté dando legitimidad a un discurso destinado a negar los derechos que la ONU promueve desde hace tiempo para las personas trans. Mediante esta complicada operación ideológica se oponen pues a las propuestas de ley que hay en discusión ahora mismo, que quieren la despatologización de la condición trans: que no obligan a hormonarse u operarse, ni a tener un diagnóstico médico para poder cambiar de nombre y sexo en el Documento Nacional de (DNI).

Sobre «la Teoría Queer» lo más importante es entender que en su origen era inseparable, o incluso iba por detrás, de las luchas queer. Para cualquier pensamiento que se diga destinado a cambiar el mundo, lo esencial es cómo cuaja en prácticas políticas y movimientos sociales, la academia siempre va detrás.

Primero fueron las calles

El contexto social es el Estados Unidos conservador de la época Reagan en un ambiente de desmoralización social y unos movimientos LGTB en ebullición, donde la pandemia del SIDA está provocando una masacre. El grupo Act Up surgió entonces –1987– como reacción contra la indiferencia frente a la crisis sanitaria pero también contra unos movimientos LGTB que discriminaban a los enfermos y tampoco parecían muy interesados en cambiar la sociedad. Como explica Javier Sáez, distanciándose de ambos extremos, Act Up rompía con la línea asimilacionista, de «buenos chicos» de muchos de los grupos de derechos civiles tradicionales que abogaban por una integración en el orden social negociando cuotas de poder. El movimiento LGTBI, alejándose de la radicalidad de sus orígenes, se estaba convirtiendo en un movimiento identitario del mainstream muy centrado en la creación de barrios que integraban únicamente a través del consumo y cada vez más vinculado con las estructuras de poder.

Como explica David Berna en esta charla, mucha gente se quedaba fuera de esta propuesta. Una multitud que no encajaba con la imagen del movimiento: las lesbianas que no se sentían representadas por lo gay ni por el movimiento feminista y sus demandas liberales, las trabajadoras sexuales y las personas trans, los chicanos, las afrodescendientes, los cojos, y sobre todo, los gays pobres, precarios, las excluidas. Una serie de seres raros que nunca podrían ser las nueras y yernos soñadas por nadie. Gente que simplemente no quería ser normalizada ni asimilarse a una sociedad que ven injusta, un pozo de infelicidad para la mayoría. Así surge el activismo queer, uno de los primeros y más fuertes movimientos sociales antisistema y anticapitalista, como movimiento de gente que no encaja. (Queer significa raro, abyecto.)

Estos movimientos, desde su origen y hasta hoy, también en nuestro país, no solo hablan de sexo, identidad, género y prácticas sexuales, sino también de pobreza, diversidad funcional, o de salud, de inmigración, fronteras, consumo… Sus prácticas se adaptan a los contextos y los conflictos locales. Así, colectivos queer como Black Laundry en Israel luchan activamente contra la ocupación de Palestina, mientras que en Madrid el Orgullo Crítico denuncia la situación de las personas migrantes LGTBQ o lucha por el derecho a la vivienda.

¿Pero no decías que ibas a explicarnos la teoría?

Estas teorías –habría que nombrarlas en plural– se han desarrollado en la intersección entre feminismo y luchas LGTBQ, uniendo esos dos ámbitos –como hace la práctica política queer y el feminismo más de base–. Aunque confieso que sí entiendo bien las acciones rabiosas de Act Up o Queer Nation –por ejemplo su apuesta por la desobediencia: robar en supermercados para financiar medicamentos o conseguir comida para los enfermos–, una buena parte de la filosofía queer producida desde el ámbito académico me parece extremadamente difícil y, también en ocasiones, creo que se ha separado de las luchas a las que debería de acompañar.

Lo que más parece molestar tanto al feminismo esencialista como a la Iglesia de estas elaboraciones es la «desnaturalización» del sexo, la crítica que hacen algunas teóricas queer a la diferenciación radical entre naturaleza y cultura. Se dice que el sexo no es natural en el sentido que la ciencia también construye una interpretación de los rasgos biológicos. Pero que sea construido no significa, por supuesto, que no tenga consecuencias materiales, todo lo contrario. Lo mismo sucede con la raza. Por supuesto, lo queer no dice que no existan características sexuales biológicas, sino que ordenar estas características del cuerpo en dos únicas categorías es una construcción sociopolítica. En este sentido, el sexo se ordenaría más como un espectro que como dos polos opuestos. No dicen en ningún caso que el sexo no exista, ni que no haya diferencias entre cuerpos que pueden gestar y cuerpos que no, pero lo que hacen las distintas sociedades con esas diferencias es profundamente político.

Lo que hay de fondo es un intento de radicalizar el feminismo, de desencializarlo: no, no hay nada «natural» en ser mujer y por tanto, nada significativo que las diferencie de las que se sienten mujeres o desean serlo aunque hayan nacido sin vagina. Y desde luego, nada que impida al feminismo establecer alianzas amplias con otros sujetos oprimidos. Así, lo que hace la teoría queer –como el activismo queer– es intentar abrir huecos a mayores ámbitos de libertad para autodeterminarse. Para ello, retan las imágenes sociales de las maneras estándares de ser gay, lesbiana o bi, hombre o mujer e incluso trans, y tratan de abrir puertas para que tengamos más opciones. Y no, no niegan lo material; precisamente el activismo queer, al menos el de base –y el menos identitario– introduce la cuestión de clase o de la raza y lucha desde ahí, pensemos por ejemplo en las pioneras Martha Johnson y Sylvia Rivera en las protestas de Stonewall Inn, dos mujeres racializadas, trans, trabajadoras del sexo.

En lo queer hay también una crítica al feminismo esencialista como política identitaria, al feminismo que opera bajo la premisa de que todos los hombres son de una forma, y las mujeres de otra y victimiza a las segundas. Judith Butler también hizo una crítica al feminismo mainstream que «asume, fija y limita a los propios “sujetos” a los que espera representar y liberar». Para Wendy Brown, las consecuencias de estas políticas que se basan en la creación de una identidad –en este caso la de «mujer»– cuando no se acompañan de una crítica al capitalismo, es que al final, lo que acaban pidiendo es su inclusión en la estructura social tal cual es. O sea, se agrupan como una identidad que se compara con un ideal: el de varón, blanco, burgués que estaría en la cúspide. La política que se deriva de ello es la de pedir al Estado medidas que las acerquen al nivel de vida de este ideal que «representa oportunidades educativas y laborales, movilidad ascendente, relativa protección contra la violencia arbitraria y recompensa en proporción al esfuerzo». Pero en este ideal no cabemos todas, porque se basa en que solo lleguen unas pocas y muchas otras se queden por el camino. Entre ellas, claro, las trans, con quienes no se quiere compartir las conquistas del feminismo. Casi como si ser mujer fuese un privilegio: «somos un grupo oprimido –estamos cómodas en nuestra condición de víctimas y consideramos las políticas públicas feministas como privilegios que no queremos compartir con otras que están peor»–.

La confluencia de luchas no es un debate abstracto

De la discusión teórica queer, lo más interesante pues, es un cuestionamiento del sujeto político. Un reto importante y que está presente en el debate feminista hace décadas. No es que se «desdibuje» a las mujeres, es que se amplía la posibilidad de hacer alianzas entre distintas luchas para un feminismo que exige profundas transformaciones sociales. 15.000 personas salieron a la calle hace poco en Nueva York bajo el lema “Las vidas trans negras importan –en Hollywood, 25.000– para protestar por el asesinato de dos mujeres. Precisamente, como explica Keeanga-Yamahtta Taylor, el movimiento Black Lives Matter ha sido impulsado de forma transversal por colectivos LGTBQ y protagonizado ampliamente por feministas negras. Este movimiento, según Taylor, articula una nueva política de clase que ya no es la de las «políticas de identidad», donde colectivos oprimidos demandaban al Estado su integración o el respeto de sus diferencias, sino que cuestiona la propia organización social y se propone transformarla para que sea más justa para todos. Es una política donde importa la clase.

Eso es en parte, lo más importante que nos jugamos en esta discusión. El feminismo esencialista más conectado con el poder dice que la Teoría Queer «desdibuja a la mujer», pero lo que en realidad dicen es que desdibuja a un cierto tipo de mujeres que han llegado o pueden llegar. O en otras palabras, saca del centro de la política feminista a ciertas mujeres de cierta clase social y sus problemas de techo de cristal. Les oímos decir que el feminismo va de igualdad, no de justicia social. Eso clarifica muchas cosas.

Otras feministas esencialistas que no serán nunca diputadas ni tendrán una cátedra en la universidad se agarran a estos discursos como lo hacen otros a las teorías de la conspiración de todo tipo: porque proporciona una causa, da un sentido moral y casi épico de su lugar en el mundo, en un mundo que se tambalea. Es suficiente pasearse por redes un rato buscando los argumentos para descubrir esos paralelismos: la Teoría Queer –inventada y fantasmática– como conspiración «para borrar a las mujeres». Judith Butler, las mujeres trans, Soros y quizás pronto, el propio Bill Gates. Las críticas que se están empezando a dar desde una izquierda de ámbito comunista con su nostalgia del sujeto político obrero también tienen algo que ver con los fantasmas y las idealizaciones. Con la nostalgia de un sujeto obrero que no existe, al menos como lo imaginan. La clase trabajadora hoy está hecha de un inmenso precariado formado principalmente por mujeres y migrantes, y por no pocos gays, lesbianas, trans y personas racializadas.

Para otras, las que tienen espacios de poder, estas son las bases que conviene agitar en este momento. (Para el PSOE, además, parte de su lucha contra Podemos.) No es baladí que, en medio de una crisis de cuidados brutal y en los albores de una crisis económica cuyas consecuencias sufriremos durante años, estén convirtiendo en la discusión central del feminismo estas cuestiones. Si ante este presente incierto eres capaz de posicionar esto como preocupación es que jamás tendrás problemas para pagar el alquiler. Por tanto, esta no es solo una batalla ideológica, aquí el feminismo esencialista se juega una defensa de su posición social. Esta es pues una cuestión de clase.

La Teoría Queer, por tanto, importa poco, para muchas es parte de una lucha por el poder: quien tiene el poder de decir qué es el feminismo –quién está dentro y fuera y cuáles son sus contenidos– tiene acceso a su capital político. Estar discutiendo sobre la Teoría Queer, a menudo sin haber leído ni medio párrafo, es una manera de distraernos de los problemas que tienen las propias mujeres, en un momento tan crucial como el vivido durante la pandemia y las medidas de confinamiento. Lo que hay de fondo en el ataque a las personas trans es una guerra al feminismo de base, buena parte de él anticapitalista, que ha ocupado el centro del escenario con las grandes manifestaciones del 8M y que ahora quieren devolver a los márgenes. Es decir, un ataque al movimiento de carácter asambleario, muchas veces con fuerte componente antiestatal, antirrepresivo, que piensa que la lucha feminista es la misma que la LGBTI, más capaz de alianzas transversales con otros movimientos –también con el de trabajadoras sexuales– y que tiene más que ver con lo queer que con el feminismo institucional.


Texto tomado del portal español Contexto y Acción [https://bit.ly/3g2brm2] publicado en su edición el 22 de junio del 2020 | Foto: DIANA DAVIES / THE NEW YORK PUBLIC LIBRARY

El 9 de marzo un parteaguas histórico | Cristóbal León Campos

La fuerza del movimiento feminista ha quedado nuevamente demostrada con las manifestaciones y protestas masivas protagonizadas a lo largo del mundo este 8 de marzo, en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, miles de actos cargados de rebeldía, que preludian una coyuntura muy particular que puede ser un parteaguas en la historia contemporánea de México; el Paro Nacional de Mujeres convocado para efectuarse un día después, el 9 de marzo de 2020.

La consigna misma del decreto convocante “Un día sin mujeres” o “Un día sin nosotras”, es ya histórica por su excepcionalidad, pero en el contexto que vivimos ahora, su magnitud sobrepasa cualquier otra acción semejante efectuada hasta la fecha. La intención de hacer visible la importancia y los derechos de la mujer en todos los ámbitos de la vida, a través de la desaparición simbólica de millones de mujeres, tiene el fin real de que esa desaparición simbólica sirva como un detonante de conciencia para que ni una más vuelva a sufrir la violencia machista y feminicida, el Paro es en sí, una puesta en práctica de todos los reclamos acumulados a lo largo de la historia, pues por su repercusión económica, social y política, se busca impacte en la conciencia cultural de nuestra nación, aunque en realidad, desde su convocatoria, el Paro ha tenido ya una serie de efectos que procuran nuevos senderos en la gran revolución que plantea el feminismo.

Son conocidos los actos de oportunismo político que desde las primeras horas después del anuncio del Paro muchos partidos y grupos realizaron, llegando incluso, al grado de la suspensión de labores “autorizada” por gobiernos y empresas, hecho que en vez de ser una real muestra de solidaridad con el movimiento feminista, resultó ser un atentado contra el origen y finalidad primera de la convocatoria al Paro, debido a que en efecto contrario a la visibilización de la importancia de la mujer y de sus derechos, esos actos oportunistas, terminaron siendo una forma de ocultamiento de las razones reales de la lucha de la mujer y el feminismo, además, de que para quienes pretendieron hacer uso ilegitimo del movimiento, únicamente consiguieron desenmascarase como sectores insensibles a la real necesidad social de poner fin a los feminicidios y al machismo en su totalidad, pretendiendo sacar provecho particular en un en torno tan sensible como el que vivimos en estas fechas. Aunado a lo anterior, también estos actos de oportunismo, dejaron nuevamente en claro la necesidad de que todos los movimientos sociales (feministas, proletarios, indígenas, estudiantes y demás) mantengan siempre su independencia de partidos políticos y grupos de interés privado, por ser en realidad enemigos de la reivindicación de las consignas y demandas que enarbolan las clases sociales y sectores oprimidos, tan como se ha demostrado con la simulación de solidaridad que en efectos reales ha sido un descarado oportunismo por demás desvergonzado.

Si bien la historia registra grandes movilizaciones, huelgas, protestas y otros actos de resistencia y rebeldía de las mujeres, este 9 de marzo reviste importancia por su magnitud y por su naturaleza intrínseca, el simbolismo de desaparecer un día para que ni una más desaparezca o sufra violencia machista y feminicida, es una bofetada directa al corazón de la razón social machista, encargado de sostener el sistema patriarcal que hace desigual, injusto e inhumano, a las estructuras de nuestras sociedades, el desaparecer por un día ser convierte en una acción emancipatoria que visibiliza lo que se ha ocultado por siglos y todavía hoy se pretende seguir negando por parte de los sectores conservadores, retrógrados y machistas, este 9 de marzo queda muy en claro que el machismo asesina y violenta a la mujer en términos económicos, físicos, psicológicos, emocionales y se sostiene por un andamiaje social edificado por el patriarcado ahora capitalista, que reacciona de forma violenta al ser evidenciado por el feminismo, como ejemplo, sirva ver o leer las cientos de miles de expresiones descalificativas, agresivas, amenazantes y francamente violentas en contra de las mujeres, que han salido a la luz desde la convocatoria al Paro, el valor y la importancia de este acto se explica por sí misma en este sentido y alcanza su lugar en la historia como parteaguas de una nueva sociedad que paso a paso se reconstruye sobre las ruinas de la ya caduca estructura patriarcal.

En esta coyuntura tan transcendental que genera el Paro, resalta de igual forma, el viejo reclamo que permanece como urgente de que los hombres asumamos sin reparo nuestro papel en esta reivindicación histórica de las mujeres y ocupemos el lugar que nos corresponde, es decir, es tiempo ya de que los machos y el machismo sean suplantados por nuevos hombres con nuevas masculinidades despojadas de la soberbia y el ego que se funda en la supuesta supremacía cuya raíz es la violenta. Las tareas de los hombres son esas mismas que por siglos se han reusado a poner en práctica; generar una nueva masculinidad significa en primer término dejar de reproducir todos los patrones y conductas machistas que hasta este mismo instante los hombres hemos tenido, significa también, reconocer la desigual estructura social que ha edificado el patriarcado excluyendo de origen a la mujer y violentando sus derechos, dejar de reproducir el machismo, la violencia feminicida y sistémica sobre la mujer, decodificarnos y construir nuevas masculinidades son nuestro deber para sumar un granito a esta revolución que el feminismo ha generado, por que al fin de cuentas, el planteamiento y reclamo feminista de poner fin al machismo y al patriarcado con todas sus manifestaciones, es por naturaleza, una apuesta por el futuro de la humanidad, y nosotros los hombres, no podemos permanecer quietos o reacios ante el desafío que requiere un mundo mejor sin violencia feminicida, machismo ni patriarcado. Ahí entre otras cosas, radica la importancia histórica del 9 de marzo; un parteaguas histórico para el futuro de la humanidad.

Las putas somos mejores | Manifiesto puta | Beatriz Espejo

Acabo de quedar con Jordi. Nos conocimos hace varios años en un chat. Nos vimos por la web-cam y, bueno, nos gustamos. Quedamos para follar. Echamos un polvo y desde ese primer polvo nos hemos vuelto a ver esporádicamente. Cada vez que quedamos es para lo mismo, vamos calientes y cuando nos apetece quedamos, follamos y listo. Así de simple, sin compromisos, sin territorialidad, sin normas absurdas sobre la condición humana. Es el individuo con el que he mantenido una relación más dilatada en el tiempo; claro, en realidad no es el único, por algo me considero puta.
Las parejas estables que he tenido han sido un desastre, y no solo por ellos, que conste, sino porque el estereotipo no funciona. Pretender ser libre manteniendo los esquemas tradicionales como pretenden muchas feministas es, como mínimo, una contradicción.
El problema era precisamente el sentimiento de territorialidad que parece inevitablemente unido al concepto que tenemos de la pareja. «¡No te vistas así!». «¡¿Qué vas a hacer de comer?!». «¡¿Dónde vas con las amigas?!». «¡No quiero que mires a ese chico!». Argumentos donde el sentimiento de pertenencia empieza por anular el libre albedrío de cualquier persona y, con ello, la propia personalidad, en caso mantenerse dilatada en el tiempo esa dinámica.
Contrariamente a lo defendido por muchas feministas, la territorialidad no suele ser unidireccional del macho a la hembra, si no mutua y consentida. En esta dinámica se puede llegar a degenerar tanto que acabe volviendo irreconocible cualquier relación.
Nunca ha sido mi caso.
«Cariño, haz lo que quieras por ahí, folla con quien te dé la gana, pero usa condón. No lo hagas en mis propios morros porque no soy tan moderna. Y, sobre todo, no me des la vara porque lo mismo que no te preguntaré sobre el placer que das a otras, no pienso permitir que te entrometas y ejerzas ningún principio de propiedad sobre mi sexo».
Os aseguro que es rarísimo el tío que resiste una relación estable con mujeres así.
A los hombres les encanta la manga ancha para su sexualidad, y la exclusividad en la sexualidad de la pareja.
Por eso prefieren a las marujas y el pensamiento maruja estreñido carcamal y sexualmente tiranizante. Sencillamente es más fácil garantizar lo que esperan en la pareja, mientras tienen mecanismos en la sociedad para sus escarceos «extraoficiales».
El macho paritario, prototipo actualizado del príncipe azul, que comparte absolutamente todas las labores y es capaz en todos los roles, tal y como pretenden las neomarujas, es sencillamente una utopía inconveniente en términos prácticos, ¿por qué?
Sencillamente en la medida en que el hombre gane en autosuficiencia deja de necesitar el rol tradicional de la mujer y, por tanto, la supeditación y necesidad de pareja estable en los términos conocidos.
¿Para qué quiere un hombre a una maruja que no se comporta como maruja?
¿Acaso no le resulta más fácil follar con putas, estableciendo relaciones más libres, más respetuosas y dignas?
Esta reflexión, aun pareciendo capciosa, debería llevar a otra de pura lógica, y es que, detrás de la denuncia de tanta feminista sobre la falta de paridad en los hombres, existe una clara connivencia libremente asumida de dicha situación y por razones interesadas, obviamente. Nadie da nada a cambio de nada, y mucho menos en el amor, pese a lo que se pretende hacer creer.
El estatus monógamo de la pareja estable y sexualmente fiel se mantiene vigente gracias a los estereotipos sexistas. En la medida que esos estereotipos se democratizan, se hacen necesarias medidas deconstructoras de la pareja estereotipada: despenalización de la infidelidad, divorcio, derechos homo, estilo de vida single, etc.
Por tanto, es difícil imaginar que la paridad sexual hará aumentar las responsabilidades masculinas, mientras la mujer mantiene el territorio y la exclusividad femenina.
«Quiero que mi hombre friegue los platos, pero no que se ponga mis bragas».
Es obvio que a ninguna de esas marujas que defienden al príncipe paritario le apetece lo más mínimo estirar la paridad hasta que se difuminen los roles. Necesitan al marujo bien machista y estereotipado. Ambos forman parte de la bipolaridad. Tal para cual.
Las putas no necesitamos marujos, ni estamos supeditadas a intereses paritarios o no paritarios. Sencillamente vivimos de acuerdos con a nuestros principios más reales, donde los egoísmos con respecto al otro no son un handicap.
El hombre paritario suele ser autosuficiente, liberado y no se deja mangonear; es un puta y, como nosotras las putas, prefiere mantener relaciones gratificantes que no le generen problemas ni territorialidad ni sentimiento de pertenencia.
Las mujeres liberales viven más y mejor. Pueden progresar por sí mismas, cultivarse, tener aficiones, follar como locas cuando les da la gana, recrearse en las maravillas que la vida puede dar… Son cultas en materia de sexo y saben que ni los sentimientos ni los anhelos deben estar encerrados en un cliché. En definitiva, son grandes y maravillosas putas a las que no les gusta, por razones estigmatizadoras, reconocerse en dicho término. No deja de ser irónico que el estereotipo maruja tradicional, que está bien visto, acarree tantos problemas, mientras las putas —estigmatizadas y todo— pueden afianzar su autonomía en regímenes más o menos democráticos.
Porque las marujas siguen necesitadas de leyes de paridad, leyes contra la violencia de género, campañas para la concienciación del macho y un largo etcétera de medidas que cambien las relaciones que mantienen con sus parejas, hasta lograr construir el molde masculino idílico que se ajuste a los anhelos marujiles-machistas y estereotipados en los que hemos sido adoctrinadas las mujeres.
Pues se acabó, porque vamos a poner fin a toda valoración denigrante sobre nuestras legítimas decisiones.
PUTA = lista
MARUJA MOJIGATA = inculta sexual, ergo, tonta del culo.
Hacer la puta te permite abrirte a la sexualidad, experimentar, conocer el sexo que te gusta y también saber sus limitaciones. No estar supeditada a las relaciones estables con exclusividad no es síntoma de inmadurez, sino todo lo contrario. La experiencia sexual deviene en cultura vital imprescindible para saber circular y manejarse en nuestro complejo mundo. Al contrario, la falta de conocimiento facilita la vulnerabilidad y la instrumentalización ajena.
La cultura hiperproteccionista sobre el sexo de la mujer es un arma envenenada de catastróficas consecuencias. Sobre el conocimiento o el desconocimiento sexual se construyen las relaciones ulteriores que condicionan toda nuestra existencia. Es por lo tanto mucho lo que está en juego.
Practicar sexo facilita el conocimiento de tu cuerpo y del ajeno. Te permite cotejar comportamientos sexuales, elegir qué te gusta de ti misma y de lo que te proporcionan otras personas.
No te preocupes por los malos polvos que te tocará echar, porque es inevitable.
Un mal polvo es mejor que un polvo inexistente. Además, piensa que los malos polvos son habituales en las relaciones estándar y decentes, propias de marujos y marujas. Quédate con lo bueno de la experiencia y rechaza lo malo, que es la ignorancia.
Tampoco te preocupe el juicio de los demás. Ya sé que es difícil. A menudo, es gente cercana, padres, hermanos o amigos. Marca terreno. Haz saber donde están los límites y, en última instancia, si la presión es insoportable, mándalos a la puta mierda.
Gente que juzga a otra gente por cuestiones sexuales, y encima de forma beligerante, es sencillamente basura, gentuza vulgar y acomplejada que vierte sobre ti su mierda de prejuicios.
Gente a la que le gusta presumir de sus idioteces sexuales y que valoran las carencias como virtudes, y así les va.



TEXTO TOMADO DEL LIBRO MANIFIESTO PUTA DE BEATRIZ ESPEJO; 2009


La reproducción del texto se hace sin fines de lucro y es para la promoción de la lectura


 

#UNDÍASINNOSOTRAS: En marzo nueve ninguna se mueve: ¡Paro Nacional de Mujeres Mejicanas! | Edgar Rodríguez Cimé

Nunca imaginó el actor y director de cine Sergio Aráu, ni en el mejor “viaje” con cannabis, que la ficción desarrollada en su película Un día sin mexicanos (en California, Estados Unidos), sería posteriormente llevada a la realidad en el siglo XXI por indignadas féminas mejicanas al decir: ¡Basta de la perpetua violencia contra las mujeres!, por lo que el lunes 9 de marzo de 2020 realizarán el Paro Nacional de Mujeres Mejicanas: #Un Día sin Nosotras.

Al grito de: “Si las mujeres no valemos nada para México, que México se quede sin lo que producimos y sin lo que consumimos, este 9 de marzo de 2020: No salgas a trabajar / Las niñas no van a la escuela / No cargues gasolina ni gas / No compres Nada / No vendas Nada / No pagues Nada. Si no escuchan nuestros gritos / Si no escuchan nuestro llanto / Conozcan la economía que manejamos / y lo importante y valiosas que somos”.

Aludiendo metafóricamente al tremendo shock emocional causado al pueblo estadounidense de California al despertar un día y no encontrar a los millones de mejicanos que cotidianamente pueblan y mueven la economía popular de esta entidad, hasta 1847 mejicana, las féminas de nuestro país convocan a las más de 22 millones de mujeres que forman parte tanto de la fuerza laboral (40 %) como del potencial cultural y artístico de nuestro Méjico, para llevar a cabo un Paro Nacional de Mujeres Mejicanas: “¡En marzo nueve ninguna se mueve!”.

El paro nacional “Un día sin mujeres” o “Un día sin nosotras”, no solo se limita a la ausencia consciente de las mujeres en sus actividades educativas o laborales, sino que “también se invita a no realizar ninguna actividad económica de compra o venta de productos que genere movimientos en la economía nacional”.

Como los políticos, de tutti frutti, andan más desprestigiados que nunca, ¡cuidado!, porque quienes están liderando la convocatoria en las redes sociales de Un día sin nosotras, son nada más y nada menos que las semi diosas juveniles de los géneros musicales de hoy: la popera Natalia Lafourcade, junto con la prestigiada chilena Mon Laferte, que en el Festival Latinoamericano de Viña del Mar, en Chile, se puso literalmente -senos al aire- del lado de su pueblo luchador.

Creadoras, intérpretes y actrices mejicanas encabezadas por Lafourcade y Laferte, están anunciando en sus redes sociales su adhesión al movimiento contra las diferentes formas de violencia hacia las mujeres, con el fin de “visibilizar la importancia y el peso social de las mujeres en la sociedad mejicana”.

Entre las “amazonas” que levantan la voz feminista para defender sus derechos y contagiar a sus iguales en Todo Méjico, están: Vanessa Bauche, Rebeca Jones, Adela Micha, Dolores Heredia, Cecilia Suárez, Ariadne Díaz, Esmeralda Pimentel, Eréndira Ibarra, Tessa Ía y Tiaré Scanda.

El lunes 9 de marzo de 2020, por una vida libre de violencia:

¡Todas las féminas al Paro Nacional de Mujeres Mejicanas: # Un día sin Nosotras!



edgarrodriguezcime@yahoo.com.mx

Colectivo Cultural “Felipa Poot Tzuc”


 

Paro Nacional de Mujeres del 9M, legítimo; actores políticos, gandayas y oportunistas | Armando Pacheco

Duele. Duele y mucho. Cada vez que se prende el televisor para ver el noticiero matutino o se revisan los medios de información y se da la noticia de una mujer desaparecida, violada o asesinada, duele; duele mucho. Imaginar que una de mis sobrinas menores de edad pudiera ser ultrajada por el simple hecho de ser mujer, duele; duele mucho. Por ello, yo estoy a favor del Paro Nacional de Mujeres y con el hashtag #UNDÍASINNOSOTRAS

El enojo de las mujeres ante la poca atención que se da al tema y se priorizan otras políticas gubernamentales ha llevado al extremo a las feministas radicales, que en su legítimo derecho han salido a las calles a protestar realizando pintas y demostrando su molestia y toda su ira contra la inacción del Estado mexicano, en sus tres niveles de Gobierno.

Si bien el país no se paralizará del todo, un día sin las mujeres en México dará un claro mensaje a nuestras autoridades; se mostrará el poder que tienen nuestras féminas ante el soslayo de los que gobiernan y tienen la obligación de actuar INMEDIATAMENTE ante el llamado por una desaparición. Las horas, deben entenderlo, son cruciales y los protocolos, pueden ser el reflejo de la insensibilidad de los funcionarios públicos ante la llamada desesperante de una madre o familiar. ¡NO MÁS FÁTIMAS!

Sin embargo, este paro nacional legítimo está siendo usado por protagonistas políticos que han sido opositores a las luchas feministas; que se han manifestado en contra de la libertad de las mujeres en decidir por su cuerpo y que cuando fueron Gobierno, no hicieron nada relevante para detener los feminicidios. Hoy, Gobiernos de ultraderecha se unen al paro nacional y esa situación ha causado que exista otro llamado para no actuar. Considero, que estos personajes, bien conocidos, deben ser rechazados y exhibidos si acaso intentaran unirse a alguna manifestación, pues en vez de aportar a la lucha feminista, restarían legitimidad al movimiento.

Ojo, mucho ojo, como dijo el Presidente de México en su última mañanera. Y acá cabría dejar claro que él no se pronunció, en ningún momento, en contra del Paro Nacional pero advirtió de la gente infiltrada en este tipo de propuestas. Cabe a los ciudadanos, en este caso del género femenino, decidir si apoyan o no el paro.

Por mi parte, estoy con el Paro Nacional de Mujeres por ser totalmente legítimo y para que nuestros Gobiernos no sigan simulando a que las mujeres son su prioridad. BASTA YA DE MENTIRAS. PAREMOS EL ACOSO, MALTRATO, LAS VIOLACIONES Y ASESINATOS DE MUJERES. ¡NOS LAS ESTÁN MATANDO! ¡NI UNA MÁS, NI UNA MENOS!