¡Alto a la violencia de género!: Centro Yucateco de Escritores

En memoria de las luchas de nuestras colegas Elvia Rodríguez Cirerol, Brenda Alcocer Martínez, Beatriz Rodríguez Guillermo y Carolina Luna Benítez

Ante el recrudecimiento de la violencia en sus diversas formas en nuestra sociedad durante el confinamiento (de marzo a septiembre de 2020), quienes pertenecemos al Centro Yucateco de Escritores, asociación civil de integrantes de la diversidad humana dedicados al oficio literario queremos manifestar:

  • La violencia es atentatoria contra los derechos básicos del ser humano e inaceptable, en especial la perpetrada contra las mujeres, en su forma más extrema —el feminicidio— que se sustenta en la cosificación de ellas por un sistema de valores el cual normaliza la fuerza contra quienes no se apegan a los estándares impuestos por el prejuicio.
  • Invitamos a hombres y mujeres a asumir la paternidad y la maternidad educando a sus familias en igualdad de condiciones, fomentando en ellas vínculos de solidaridad y fraternidad.
  • Requerimos políticas educativas y comunicacionales en las cuales se promueva el respeto a la dignidad e integridad humana de toda persona sin importar su sexo, género, orientación sexual ni ideología, raza, clase social, credo, orientación política, ni alguna otra característica. Y deben alcanzar todos los niveles educativos sin importar áreas de especialización.
  • Exigimos a las autoridades de cualquier orden de Gobierno cumplir con la Constitución en cuanto la impartición expedita de justicia para las víctimas de violencia, desalentando la comisión por impunidad de nuevos crímenes y combatiendo todo tipo de violencia.

Seres pensantes en la convivencia asumamos cada quien la responsabilidad que nos toca para acabar con estas atrocidades (violencia de género, trata de personas, feminicidios, racismo, clasismo, explotación del trabajo esclavo de niños y otros delitos semejantes) que impiden nuestra realización plena en la humanidad.

Atentamente:

Alicia Alfaro
Carmen Simón Pinero
Carolina López Hernández
Cristina Leirana Alcocer
Landy E. Cortés Monforte
Leticia Achach Dájer de Dájer
Ligia Carolina Pérez
Lourdes Rangel Angulo
Melba Alfaro Gómez
Patricia Garfias Cáceres
Patricia Garma Montes de Oca
Reyna Echeverría Bobadilla
Rosa Guadalupe Gutiérrez Díaz
Silvia Rojas Sánchez
Teresa Ramayo Lanz
Yare Ávila Mena
Verónica García Rodríguez
Verónica Rodríguez
Adolfo Fernández Gárate
Alejandro Castro Escalante
Álvaro Chanona Iza
Armando Pacheco Barrera

Arnaldo Ávila Montalvo
Carlos Arcila Berzunza
Carlos Martín Briceño
Iván Noé Espadas Sosa
Jorge Luis Arquieta
Jorge Iván Canul Ek
Jorge Lara Rivera
Luis Alcocer Guerrero
Luis Alcocer Martínez
Luis Alberto Ortega Medina
Manuel Calero Rosado
Noé Castillo Sánchez
Oscar Sauri Bazán
Raúl Moarquech Ferrara-Balanquet
Reyes Pérez Rejón
Roberto Azcorra Cámara
Roger Metri Duarte
Saulo de Rode Garma Pool
Sergio Salazar Vadillo
Víctor Garduño Centeno
Will Rodríguez Manzanilla

Dicen que «defienden vida» | Cristóbal León Campos

Dicen que «ganó la vida», lo celebran con rosarios e injurias contra quienes llaman promotores de la desintegración social y moral, celebran, no es ingenuo imaginarlos ahogados en soberbia creyendo que su status quo nunca será derribado y que podrán «por los siglos de los siglos» seguir oprimiendo a la mujer y a la humanidad, con sus dogmas y prejuicios tan arcaicos que ni idean tiene en su mayoría de su origen y verdadero significado, olvidan, ignoran o descaradamente callan ante el hecho de que sus pensamientos petrifican una serie de violaciones a los derechos inalienables de los seres humanos y que reproducen la violencia simbólica y física sobre/contra la mujer, pero eso sí, celebran, diciendo que «gano la vida».

Desde el púlpito de las iglesias, templos y palacios del poder, todos anunciadores de confesos alegatos políticos-morales «llaman a defender la vida», no quieren que las mujeres ejerzan sus derechos, se oponen al aborto llamándolo crimen, crean imágenes demoniacas para describir al feminismo, su fuerza y sus reclamos, cual escenas ya vistas antes en las diversas conquistas espirituales registradas a lo largo de la historia humana, lanzan discursos de odio apelando al «amor a la vida» mientras danzan alrededor de la cruz y la Constitución, ambas bañadas en sangre por el genocidio cristiano-católico y de otras religiones en aras de una supuesta defensa del alma humana. Nuevamente el sistema se auto-protege, ya sea en Veracruz, en Yucatán o en cualquier otro rincón de México y el mundo, el patriarcado con sus formas machistas, violentas e injustas cree perpetuar sus privilegios y poder en una estructura claramente resquebrajada, caduca y en decadencia, olvidan que este sistema caerá por su propio peso tras el golpe certero de millones de seres humanos exigiendo un mundo mejor.

Celebran eso sí, celebran, despliegan a través de los medios de comunicación serviles al sistema su victoria, se persignan con la hipócrita mano que sojuzga, pagan desplegados y columnistas en diversos periódicos, páginas web, revistas y futuros libros best seller (pues serán editados y propagados como el verdadero humanismo), glorifican cual santos a los políticos plegados a sus intereses («esos son los buenos dicen») y criminalizan a los pocos que se atreven a formular iniciativas, levantar la mano para votar en reconocimiento de los derechos plenos de las mujeres y apoyar las causas populares, queman libros de texto en donde se propone una enseñanza abierta, crítica y con perspectiva de género, satanizan nuevamente al feminismo y a toda mujer que se reivindique feminista, claro, a las mujeres del «feminismo sistémico» light-moderado y políticamente correcto las engrandecen como ejemplos de las futuras santas, desde luego aquello no es feminismo verdadero, pero contra las mujeres que resisten, se organizan, denuncian, se sobreponen al acoso y a la violencia sistémica, exigen sin temor sus derechos, los ejercen sin necesidad de pedir permiso, mantienen la dignidad en alto sin importar lo duro de la batalla, a ellas el sistema las busca invisibilizar, criminalizar, demonizar y desaparecer.

Hablan hasta el cansancio proclamándose «defensores de la vida» y lo celebran, eso sí, lo celebran, pero por alguna razón, una de esas suculentas ironías de la vida y curiosidades del acontecer cotidiano, esos alaridos tan abiertamente efectuados en los púlpitos, en los cenáculos del poder y en el seno de organizaciones religiosas o «civiles», se guarda un silencio sepulcral a la hora de denunciar los cientos y miles de feminicidios que se padecen en México, nada dicen del acoso y la violencia en todas sus formas y manifestaciones que las mujeres tienen que sortear en su vida cotidiana, de las violaciones tan normalizadas que además de destrozar la vida de la víctima en muchos casos genera embarazos no deseados y enfermedades venéreas, criminalizan a la mujer libre y callan obedientemente sobre las muchas otras formas en que la vida peligra en nuestra sociedad mexicana y en el mundo, por alguna razón, otra de esas curiosidades de la vida, aún no logran darse cuenta que hay millones de niños en las calles mendigando por hambre o trabajando (a pesar que la Constitución prohíbe el trabajo infantil) para poder comer un poco o ayudar en el hogar (si lo tienen) los cuales no tienen o tendrán acceso a la educación o servicios de salud, tampoco se han enterado de la trata de humanos que prostituye a millones de niñas y niños, o de la violencia que sufren en los hogares de la «familia tradicional», nada saben de las difíciles condiciones económicas para sobrellevar el hambre, pero eso sí, ellos «defienden la vida» y lo celebran.

El ideal que aún sustenta sus principios arcaicos y ultraconservadores va cayendo, poco a poco, sin importar que hoy celebren bañados en soberbia y por encima de millones de mujeres violentadas de infinitas formas, además de las ya mencionadas condiciones de vida de millones de infantes en el mundo y de muchas otras formas de injusticia y violencia sistémica, celebran sí, y lo harán un poco más, pero ese canto que hoy entonan mañana callará, no se olvide que entre el hoy y el mañana solo hay unos instantes, las grietas en la estructura patriarcal son evidentes, ahora, sin importar cuánto celebren, las mujeres son libres y ejercen sus derechos más allá incluso de cualquier constitución, ley o decreto; la verdadera dignidad en el pleno ejercicio de sus derechos volverá como marea verde para hacer a la primavera florecer llena de humanidad.

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Cristóbal León Campos es Licenciado en Ciencias Antropológicas con Especialidad en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán. Integrante fundador de la Red Literaria del Sureste México-Nuestra América. Es editor de Disyuntivas. Cuaderno de Pensamiento y Cultura. Colaborador de Por Esto!, La Jornada Maya, Novedades de Yucatán, De Peso y diversos medios impresos y digitales. Coautor del libro Héctor Victoria Aguilar. Esbozo para una biografía (SEGEY. 2015), coeditor del libro Migración cubana y educación en Yucatán. Actores, procesos y aportaciones (SEGEY, 2015), autor de En voz íntima (Disyuntivas ediciones, 2017). Miembro de la Asociación Mexicana de Estudios de la Caribe (AMEC) y del equipo de promoción de Archipiélago. Revista cultural de Nuestra América (UNAM-UNESCO), miembro de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Fue coordinador académico de la Casa de la Historia de la Educación de Yucatán de 2010 a 2019. Actualmente es Coordinador de la Cátedra Libre de Pensamiento Latinoamericano «Ernesto Che Guevara».

Hambre y pobreza, duro castigo que deja la pandemia tras de sí | Ivette Fernández

El azote de una pandemia que se cobra cientos de miles de muertes, combinado con las desigualdades que aún en el siglo XXI prevalecen, empuja hoy a millones de personas hacia la pobreza y el hambre.

Pese a que antes de la epidemia, según cálculos de la FAO, se perdían o desperdiciaban entre un 15 y un 30 por ciento de los alimentos producidos anualmente, Naciones Unidas divulgó recientemente que el hambre castigó a 690 millones de personas en todo el orbe durante el pasado año, unos 10 millones más que en 2018.

Ahora, cuando el virus letal conmociona a cuanto proceso productivo existe, altera el comercio internacional y llena de escepticismo y temor a los mercados, el panorama es más que preocupante.

Según la agencia no gubernamental Oxfam, para fines de año podrían producirse hasta 12 mil muertes relacionadas con el hambre cada día como resultado de las consecuencias sociales y económicas de la pandemia.

Un vaticinio igualmente catastrófico divulgó el Programa Mundial de Alimentos.

De acuerdo con las estimaciones del organismo, el impacto de la enfermedad puede empujar a la inseguridad alimentaria grave a otros 135 millones de personas, las que se sumarían a los 821 millones de individuos que ya se encontraban en esta situación.

Todo esto fue en parte generado por las restricciones de movimientos y los cierres de fronteras y mercados adoptados para prevenir la propagación del virus, lo que condujo a serias afectaciones del suministro y la disponibilidad de alimentos.

Esto, además, generó inestabilidad de los precios, que registran subidas considerables.

Para América Latina, la región que ostenta la mayor inequidad del mundo, la situación es tremendamente desafiante en materia de seguridad alimentaria.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura(FAO) no edulcoró la noticia cuando reveló que la región incumplirá la meta de hambre cero para 2030 porque tendría 67 millones de hambrientos para esa fecha.

Sin embargo, el más reciente informe no incluye los perjuicios de la Covid-19.

«Con el impacto del coronavirus la realidad será peor que la que proyectamos en este estudio. Necesitamos una respuesta extraordinaria de los gobiernos, del sector privado, la sociedad civil y las organizaciones multilaterales», dijo el representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, a propósito de la presentación del informe.

Lo cierto es que al cierre de 2019 el hambre castigó a casi 48 millones de latinoamericanos, hilvanando así cinco años seguidos de aumento de ese lastre en la región de acuerdo con la ONU.

Para esta zona continental las proyecciones son muy desalentadoras.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), se espera que la tasa de desocupación regional se ubique en el 13,5 por ciento al cierre de 2020, lo que representa una revisión al alza (dos puntos porcentuales) de la estimación presentada en abril, y un incremento de 5,4 puntos porcentuales frente a 2019 (8,1 por ciento).

Así, los desocupados llegarían a 44,1 millones de personas, lo que representa un aumento de 18 millones con respecto al nivel de 2019 (26,1 millones).

Esta cifra, argumenta la Cepal, son significativamente mayores que las observadas durante la crisis financiera mundial, cuando la tasa de desocupación se incrementó del 6,7 en 2008 al 7,3 por ciento en 2009 (0,6 puntos porcentuales).

La caída del nueve por ciento del Producto Interno Bruto, y el aumento del desempleo, tendrían un efecto negativo directo sobre los ingresos de los hogares y su posibilidad de contar con recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas.

En ese contexto, la Cepal proyecta que el número de personas en situación de pobreza se incrementará en 45,4 millones en 2020, con lo que el total en esa condición pasaría de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones en 2020, cifra que representa el 37,3 por ciento de la población latinoamericana.

Dentro de este grupo, abundó, el número de personas en situación de pobreza extrema se incrementaría en 28,5 millones, pasando de 67,7 millones en 2019 a 96,2 millones en 2020, número que equivale al 15,5 por ciento del total.

En medio de este contexto urgen las respuestas, sobre todo aquellas relacionadas con la cooperación internacional para ampliar el espacio de política a través de mayor financiamiento en condiciones favorables y alivio de la deuda.

Para el control eficaz de la pandemia, y para una recuperación económica sostenible en América Latina y el Caribe, afirmó entonces Bárcena, es fundamental avanzar en la tan necesitada y distante igualdad, la misma por cuya ausencia cayó esta zona continental en los niveles de indefensión que hoy la caracterizan.

Texto tomado del portal web de Prensa Latina [https://bit.ly/39GrN1M] y publicado en la sección de opinión del medio de información cubano