Kenzaburo Oé: ‘El grito silencioso’ y ‘Cartas a los años de nostalgia’ | Gonzalo Torné

La lectura de estas dos novelas revela una concepción circular del entendimiento, el recuerdo y la interpretación

Si bien casi todo el mundo sabe que Kenzaburo Oé es japonés (un dato infalible en las reseñas dedicadas a sus libros), quizás menos lectores estén al corriente de que bajo el mismo nombre escriben dos novelistas distintos. No me refiero a que Oé alterne dos estilos o dos tonos. El efectismo (asumido) de la frase contiene una clave de su escritura: el Oé posterior a la concesión del premio Nobel ha escrito variaciones sobre los temas abiertos por sus novelas anteriores —de las que no se esperaban «ampliaciones»—, muchas veces para alterar, desmentir o completar el sentido del libro precedente.

En el caso de Oé, el premio Nobel (1994) sirvió sin duda para que disfrutase de ventas y aplausos (y entrevistas, actos sociales, homenajes políticos e invitaciones para cursos), pero, al tratarse de un autor al que le quedaban varias décadas de esfuerzos y publicaciones, el aura de broche para una carrera ya jugada que suele tener el premio quizás haya cortado el diálogo crítico con la obra posterior, resuelta con elogios rutinarios y de cortesía: una suerte de embalsamamiento en vida.

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La poética de la movilidad | Marina Centeno

La poesía actual posee una tendencia en romper los esquemas convencionales con el fin de brindar alternativas dentro de las propuestas hechas por cada escritor. Mismas que van desde temáticas que construyen y constituyen como piezas claves para modificar los registros referenciales de los receptores de lectura, así como para movilizar las estructuras del texto que pueden ser desde una métrica lineal hasta una polimetría general.

La inherente presencia del autor dentro de la temática pasa a formar parte de un «yo» que permanece a todo lo largo del contenido. Es así que se perciben las intenciones de que el receptor (lector), tenga a bien enfatizar las características predominantes en un texto para colocarse dentro del texto mismo y hacer de ese «yo-autor» una soga en la cual ata sus emociones y se aferra a los recovecos que se forman a todo lo lago del poema.

En Laberintos para guardar el Alma, el autor, Manuel Gamboa, intencional o no intencionalmente, coloca de forma estratégica ciertos signos y símbolos como señuelos de sus acertijos. Un poemario breve en construcción (10 poemas), pero amplio, intrínseco y áspero donde los versos tienen una movilidad impresionante por lo que compromete a la lectura a más de dos veces, lo que viene a enfatizar la alegría de Enrique Vila-Matas: «Yo siempre siento una gran alegría cuando no entiendo algo y al revés cuando leo algo que entiendo perfectamente» (París no se acaba nunca).

Siendo la metáfora un recurso preponderante en la construcción temática del contenido los versos pasan dentro del laberinto formando así un corredor de palabras que, metafóricamente, según su significado, atrapan, seducen y juegan entre la imaginación y la realidad. Una certeza que Gamboa vierte en su poética y la hace movilizar cada verso hasta comprometer, como dije anteriormente, la interpretación a más de dos lecturas.

Otra característica importante de Laberintos para guardar el alma es la forma oscilatoria de los versos en su estructura ósea. Ya que desde el título ofrece un endecasílabo puro y pulcro que desde el inicio levanta un cimiento versal sumamente firme. Familiarizado con las rupturas, Gamboa, desata una serie de esquemas que ordena de tal forma que facilita la lectura, ya que cada verso tiene su ritmo y pausa para la presuposición del contexto en el cual se ejecuta. Ya que esto último cobra vital importancia en la interpretación del receptor y da forma al mundo interno creado por el autor. Ese mundo esquemático del que pocas veces se habla y que es un registro innegable en toda obra poética.

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El cenote está inundado de cascabeles zoomorfos
pardos jaguares
peces de ocre y santuarios
monos de cera perdida
geometría sagrada
entre subterráneos silencios.

El corazón antropomorfo
constelaciones de un cenote
bajorrelieve oscurísimo

Tengo un dardo de recuerdos
como un gancho cónico que perfora el alma
en la cara frontal de la historia

Hablaremos ahora de la edición y el diseño. De entrada la portada ofrece una obra figurativa del artista visual Alexey Camilo Meriño Tellez. Cubano, radicado en Mérida, Yucatán. Una imagen ríspida que otorga la seguridad de encontrar en el contenido seres huraños y movibles; animales humanizados y humanos animalizados; confrontación entre la fantasía y la realidad; etimología de la soledad; en la edición original se puede apreciar las tonalidades y la fortaleza que esta obra brinda y representa visualmente la poética de Manuel Gamboa. La edición general realizada por Ediciones Letras en Rebeldía de Armando Pacheco, es una muestra del compromiso artístico y cultural que viene forjando Pacheco desde años atrás y que a partir del año 2019 se ve reflejado en ediciones literarias firmadas por escritores de Yucatán.

Para concluir, esta obra viene a demostrar el mosaico actual de la poesía hecha en Yucatán, bajo expectativas propias, construcciones originales con una gran perspectiva hacia la literatura hecha bajo compromiso y tesón. La libertad de un escritor que escribe por el simple y natural hecho de escribir.

Gamboa es un digno representante de la perseverancia y la tenacidad. Un escritor de poesía que ha sabido forjar su camino de letras con honradez, representando así a las letras jóvenes de Yucatán que, sin empujar, sobresalen en el amplio mosaico de la literatura actual.

Progreso, Yucatán a 13 de marzo de 2020


Marina Centeno es oriunda de Progreso, Yucatán, México. Es miembro de la Unión de Escritores de las Naciones Unidas desde junio del 2020; sus poemas han sido publicados en diversas antologías y traducidos al inglés, rumano, italiano, árabe, húngaro, portugués, francés y catalán. Aparece en la Enciclopedia de Literatura en México (Fundación de Letras Mexicanas) de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México. Ha publicado Stillness, Mi bolsa de poemas, Erosión, Tres Líneas, Poemas del Mar (edición rumana-española), DÉCI (MAS), Instantes de Marea y La Patria se convirtió en un espejo.


Un toque de realismo mágico en ‘Mediocre’ de Joaquín Filio | Armando Pacheco

Allá estaba echando raíces, empolvado, sobre la antigua mesa construida por el cuñado de la tercera mujer de mi bisabuelo materno; el libro tenía meses asentado esperando su turno, o quizá que yo tuviera ganas de leer una serie de cuentos. Porque eso sí, leer a la mala, como que no. Siempre he considerado la lectura como un disfrute antes que cualquier otro eufemismo de esos que se crean los «intelectuales» de la «alta cultura». Así que por fin me decidí por el cuentario de Joaquín Filio, mismo que fuera producto de un trueque editorial en el año 2019.

Y allá estaba el libro, esperándome, mirándome como el zopilote que aguarda con mucha paciencia a su presa. Ya de entrada el título me daba pavor: Mediocre. ¿Se refería a mí?, ¿sus protagonistas serían patéticos?; ¿me causaría dolor de cabeza su lectura? En fin, los prejuicios que se forma uno por el simple eslogan publicitario.

Ya tomado el valor, al igual que un espartano yendo a la guerra, lo cogí de la mesa y me fui al cuarto de lectura para que no me interrumpiera el ruido de los pájaros matutinos ni el sonido emitido por los vehículos de la mañana que, vehementes, transitan por la calle 75 rumbo al primer cuadro de la ciudad de Mérida.

De golpe y porrazo, de una sola sentada, sin dejar de leer, valió la pena el no haber prendido el televisor ese inicio de semana. Los ocho cuentos, las ocho historias, me hicieron el día: me borraron por varias horas las imágenes caóticas que los noticieros de las diversas cadenas televisivas muestran atendiendo a su público morboso.

No pretendo en este modesto texto dar cátedra de mis conocimientos literarios, déjole esa tarea a aquellos ansiosos de la fama a costillas de quienes trabajan por tener un estilo propio y experimentan con sus vivencias reales, lectoras o ficticias. La crítica y sus cánones no es algo que se me dé con frecuencia, mucho menos en el género de cuento al que tanto pavor le tengo en mis terrenos de creación.

Pues leí Mediocre sin parar; una a una me fui consumiendo sus páginas. Por ratos reflexionaba sobre las anécdotas de los personajes, por ratos me reía de las peripecias que, de manera ingeniosa, Joaquín supo darles ese sentido del humor tan negro y ácido que me recordó a los grandes maestros del boom latinoamericano.

Decir que los cuentos caen en el realismo mágico no es tarea mía, pero sí me recordó uno que otro cuento de Julio Cortázar y otros de Alejo Carpentier, autores, que debo reconocer, me atraen más que Gabriel García Márquez, tomando, por supuesto, las dimensiones pertinentes a estos tres monstruos de la literatura universal.

Si he de ser sincero con Filio, los textos que más me marcaron del cuentario fueron Guardadito, Esther y Vegetal. La simple idea de tener un hermano que vomite dinero, el de estar enamorado de alguien que se va desdibujando hasta quedar en el recuerdo y un abuelo que muta en un árbol y huye con su nieto para no ser incinerado, me parece verdaderamente creativo. No hay, en mi opinión, «paja» literaria y cada momento narrado está plenamente justificado, a lo que hay que agregar que sus personajes aún los llevo en la memoria, o sea, son entrañables, requisito indispensable para el cuento según Agustín Monsreal.

Mediocre fue producto del taller de cuento que coordinaba (antes de la pandemia de la covid-19) el escritor Víctor Garduño y, como me dedica el mismo Joaquín, «tienen más o menos lo que (ha) aprendido en los últimos años».

Estoy seguro que este primer paso editorial de Hipogeo marcará el rumbo de la nueva generación de narradores en Yucatán y Joaquín Filio nos volverá a sorprender en un futuro muy cercano. Mientras tanto, no me queda más que recomendarles ese breve pero contundente conjunto de cuentos. ¡Enhorabuena!

Mediocre; Joaquín Filio; Colección: Hipogeo Taller de Cuento; Acequia Casa Editorial; Primera edición, 1999