La prostitución del teatro regional, versión 2.20 | Alicia García

Mucho se ha comentado acerca de las nuevas generaciones de actores que dicen hacer teatro regional. El uso de las palabras «bravas» que a menudo se escuchan en los espectáculos de mediodía, también ha sido llevado a los escenarios de los teatros de la ciudad, trasladando de esta manera, el show de restaurante, bar o cantina,  a otro recinto en donde es anunciado como teatro regional. La mala información, la mercadotecnia y la falta de investigación,  han generado, entre los mismos espectadores, serias confusiones acerca de lo que es el teatro regional yucateco. Una de las partes más confundidas es el turismo nacional; visita la capital yucateca asistiendo a restaurantes de mediodía, donde ofrecen espectáculos diversos, entre ellos, shows regionales divertidos,  que atrapan al público con la comicidad yucateca, aunque esto no es teatro regional. En algunas ocasiones, parte de estos mismos espectadores acude a un teatro y escucha las mismas rutinas que presenció en los restaurantes. Algunas de estas secuencias carecen de gracia, por lo que tienen que estar saturadas de insultos, gritos y leperadas, con la finalidad de provocar una carcajada en la gente. Entonces, ¿qué es el teatro regional? ¿Cuál es la diferencia con el show de mediodía? ¿Por qué restringir los insultos en el teatro regional si hay gente que los aplaude? ¿Por qué en algunas obras de teatro serio, muchas veces escuchamos las «palabras bravas» que ocasionan polémica al ser usadas en el teatro regional?

Existen diferentes géneros teatrales como la comedia, el melodrama, la tragedia, etcétera, los cuales poseen diferentes características estructurales.  Las obras de teatro se clasifican en «a», «b» o «c», según la temática y el lenguaje que utilizan. Si la violencia, el sexo o las palabras «bravas» forman parte del contenido, sería incongruente que la obra se anunciara para niños. Esto es, que así como el lenguaje utilizado en la obra es coherente para los personajes (no me gusta usar el término «justificado»), también lo es la clasificación de la obra teatral.

En la vida cotidiana todos somos distintos y tenemos diferentes formas de expresarnos. En una obra de teatro sucede lo mismo con los personajes,  no podría expresarse de la misma manera un presidiario que un religioso, por mencionar un ejemplo. Esta es una de las razones del por qué el dramaturgo en su obra de teatro coloca las palabras en un lenguaje adecuado a sus personajes, no para justificar el lenguaje, sino para darle la coherencia que antes mencioné.

Está también el show de mediodía en donde hay la total libertad de realizar el espectáculo como se desee. Si en la presentación hay hipil, terno, guayabera o filipina, bombas, jaranas y comedia yucateca, estamos ante un show regional, en donde el principal atributo del artista es la «chispa» que tenga con el espectador, ese talento con el que se nace o esa habilidad que se adquiere de captar la atención del público,  tan difícil de manejar ante tantos factores distractorios que imperan en un restaurante, bar o cantina, donde ofrecen este tipo de comedia.  No olvidemos que el espectáculo de mediodía es una rama del teatro, así como el cine y la televisión.

Cuando acudimos a un recinto en donde se presenta una obra de teatro que contiene crítica social, que cuenta una historia, que refleja parte de nuestra cultura yucateca, forma de expresarse del mestizo, de vestir, de reaccionar ante determinadas situaciones, de usar nuestros peculiares modismos, independientemente de la temática que se trate en la obra, del género, o de si se usa alguna «palabra brava» que encaje dentro de un contexto y que sea coherente con el personaje y la situación,  estaremos ante una obra de teatro regional yucateco. Si por el contrario, nos topamos ante un espectáculo en donde el llamado «libreto», carece de una historia ante la ausencia de dramaturgia, no tiene una estructura ni un tema y en donde la única finalidad es hacer reír al público por medio de un lenguaje altisonante, palabras soeces y chistes fáciles, aunque hayan actores vestidos de mestizos y hayan anunciado la obra como «teatro regional», estaremos ante un espectáculo de prostitución del teatro regional. Cabe mencionar que el significado de la palabra «prostitución» a la cual hago referencia, es al de la segunda acepción de la Real Academia de la Lengua Española, esto es: Dicho de una persona: Deshonrar, vender su empleo, autoridad, puesto, etcétera,  abusando bajamente de ella por interés o adulación. Tal es el caso de algunos comediantes que sin ser actores ni mucho menos dramaturgos, llevan el espectáculo de mediodía a los teatros y tienen la osadía de llamarlo «teatro regional», cuando ni siquiera se han dado a la tarea de leer e investigar acerca de lo que es el teatro regional o teatro de revista (el cual tiene una estructura definida en donde interviene el chiste político, números musicales, sketch menor, sketch mayor, etcétera). Estos «pseudo» actores venden su arte en pro de abarrotar los teatros usando la mercadotecnia, con la finalidad de llevarse unos pesos más a sus carteras.

El espectáculo de mediodía tiene su lugar en los restaurantes, cantinas, bares, botaneros, etcétera. Por favor, dejemos que el teatro mantenga su lugar en los teatros.

Quiero aclarar que mi postura acerca del teatro comercial, es totalmente a favor, siempre y cuando no se anuncie como teatro regional, y, de esta manera generar menos confusiones en el público.

Podríamos partir desde el punto de comenzar a diferenciar entre un comediante y un actor de comedia, aunque existen varios artistas con ambos talentos, y, algunos atrevidos, con ninguno. El comediante tiene su linaje en cada aplauso del público que asiste a los restaurantes, bares o cantinas; la casa de un actor es el teatro.

Quiero, por último, mencionar un aspecto, en mi opinión, importante del teatro regional. Estamos acostumbrados a relacionar este tipo de teatro con lo cómico, lo chusco, lo que nos hace reír; sin embargo, el teatro regional puede ser mucho más que eso. Aunque la mayoría de los grupos de actores dedicados a este tipo de arte, lo hacen en comedia, también existen algunas compañías (muy pocas, quizás una o dos), que hacen teatro regional serio. El teatro regional puede ser una pieza, una farsa, una comedia o incluso un melodrama; aunque este último, por ser uno de los géneros más difíciles de actuar y de dirigir, si no se hace de la manera correcta, puede resultar en una farsa barata. El teatro regional es un estilo, como lo es el teatro contemporáneo o el clásico, no es un género.

En mi opinión, todos tenemos derecho de buscar la manera de vivir realizando la actividad que más nos guste. Si el camino que se ha elegido es el teatro comercial, es decir, hacer a un lado el arte, el buen contenido y el teatro de calidad, es válido, porque el teatro comercial junto con la mercadotecnia, abarrotan los teatros de la ciudad y pues unos buenos «centavos» no caen mal al bolsillo, sin embargo, hay que saber reconocer la diferencia entre el buen teatro y lo que solamente deja dinero. Si nos vamos a dedicar a las parodias, al teatro comercial, al show de mediodía o solamente a subirnos al escenario de un teatro para insultarnos sin sentido y escuchar las ovaciones del público, por favor, lo mínimo que podemos hacer, es no anunciarlo como teatro regional, ya que, al anunciarlo como tal, se convierte en prostitución del mismo.

Alicia García nace en la ciudad de Mérida. Es Dramaturga, cuentista, guionista, actriz y directora teatral. Realizó el diplomado en formación literaria por la escuela de escritores «Leopoldo Peniche Vallado». Dos obras de su autoría han sido publicadas por la revista veracruzana de teatro Tramoya. Forma parte del equipo de dramaturgos en el sitio «Dramaturgia mexicana», y de la muestra Nacional de dramaturgia 2019 y 2020 con dos obras de su autoría en un canal de YouTube llamado Teatro de cámara, que realiza lecturas dramatizada de teatro breve de autores mexicanos. Sus obras son: Tres boletos a Disneylandia y ¿Un solo camino? El relato del tío soberbio, recibió mención honorífica y fue publicado por la revista Poemame.