Nueva estrategia de resistencia: cooperativismo y transformación económica | Jesús Solís Alpuche

El nuevo régimen de la 4ª Transformación ha desmantelado casi totalmente al sector social, como se le conocía. El viejo corporativismo agrario y sindical está en vías de desaparición o transformación, hasta ahora no sabemos si para bien o para mal de las grandes mayorías de obreros, campesinos y pueblo indígenas en general.

El nuevo régimen está exigiendo reordenar todos los sistemas administrativos en el servicio de suministración de sus servicios, dentro de ellos el eléctrico y sobre todo de la extracción de agua. Por eso un grupo de 40 a 50 campesinos de la Unidad Citrícola ‘’Bobadilla’’ convocados por las autoridades municipales y ejidales realizamos una asamblea anoche, para integrar una Sociedad Cooperativa de Producción Agropecuaria.

En esta reunión expuse la necesidad de otra forma de organizarse a los campesinos citricultores que laboran en el ejido de Kinchil, y de acuerdo a la Convocatoria emitida por sus autoridades, y los artículos 1, 2 y 3 de la Ley general de Sociedades Cooperativas, se decidan libremente asociarse y constituirse legalmente, con base a sus intereses comunes, y los principios de solidaridad, esfuerzo propio y ayuda mutua, con el propósito de satisfacer sus necesidades individuales y colectivas, ASOCIARSE a través de esta figura de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, para resistir a los nuevos embates del sistema. 

Surgen nuevas formas de organización corporativa como la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México, CATEM, -en lugar de la CTM-, manejada por la nueva clase política en el poder como es el dirigente Pedro Haces Barba. En el sector agrario, de hecho, se insiste en desmantelar a las llamadas organizaciones de productores campesinas independientes de la CNC que estaban en el Congreso Agrario Permanente, con el cambio de reglas de operación quedamos abandonándolos a la suerte en la DESLEAL competencia con los industriales agrícolas subsidiados en el sistema neoliberal, que los sigue protegiendo.

Todo parecen indicar que hay una estrategia para continuar des-agrarizando el campo, para que los campesinos que producen y se mantienen con mucho esfuerzo en la producción, como autoempleo se obliguen a buscarse un empresario-patrón y un salario de subsistencia. Y aun algo más, vender sus derechos agrarios, que es lo único que les queda y emigrar en busca de un mundo mejor.

Este proceso de asalarización de la población rural se ha dado con tal velocidad y bruralidad con el impacto de la globalización que no logramos vislumbrar sus verdaderas consecuencias. Mientras el proceso de construcción del campesinado mexicano duró por lo menos unos sesenta años, del inicio de la reforma agraria a su término efectivo durante la década de 1980, el actual proceso de desconstrucción del campesino y transformación de la población rural tomó menos de dos décadas. La notable disminución de los hogares campesinos se debe a la crisis de la agricultura y a la consecuente concentración de la producción que no podemos medir con mucha certeza por la ausencia del censo agropecuario de 2001 que no se levantó, pero es una tendencia ineludible cuyas consecuencias no se han tomado debidamente en cuenta.

En el poniente del Estado de Yucatán, o ex zona henequenera, en los años 80s se implementó la citricultura, de acuerdo con las condiciones del terreno -tzekel-, como estrategia productiva. Con la reforma en materia agraria 1993, la ley de Crédito ejidal fue abolida, así como la Ley del Seguro Social en materia de pensiones para ajidatarios; los derechos ejidales se flexibilizaron con el Programa de Certificación que permite la transferencia de derechos y, la táctica neoliberal es muy clara para favorecer la privatización de los territorios a manos de los capitalistas industriales.

Pero Kinchil, y una docena más de ejidos resistieron el embate neoliberal de las privatizaciones y, NO entraron al PROCEDE, por lo que las Unidades citrícolas siguen parcialmente en producción, en manos de los campesinos, aunque otras han sido abandonadas, por la presión que ejerce la CFE por causa de los convenios y la amenaza de cobro de tarifas imposibles para un campesino de ser pagable.

Uno de los factores fundamentales para la producción agraria, es la extracción de agua del subsuelo para el riego de las plantaciones; para esto se necesita energía e instalaciones eléctricas procedentes de la Comisión Federal de Electricidad, CFE. Para que la CFE preste este servicio, que mantiene un subsidio con la tarifa 09 Cargo Único, preferencial para la producción agrícola, se requiere para este tipo de servicios y convenios la autorización de la Comisión Nacional del Agua, -CNA- que controla el registro de los pozos, y un supuesto control periódico, de la cantidad de agua que se extrae del subsuelo para riego exclusivamente.

Que tipo de transformación queremos… Tenemos que empezar a caminar juntos, e ir hacia donde SI queremos y no donde pretende seguirnos llevando el sistema de privatizaciones, arrebatándonos el patrimonio. Así se inscribieron 29 productores para constituirse en citricultores cooperativistas. chantzacan@hotmail.com  

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