Geografía de otras luces | Beatriz Rodríguez Guillermo (Yucatán, México)

Si uno sobrevive, la memoria tiene alas.

Recóndita oración que permanece donde los náufragos salvan el milagro —profundo e irrevocable mar— que verdadero es temible.
Y cómo pueden contar que cada noche una estrella se cuelga de un viajero que desconoce el rumbo
y sabe que no puede detener el paso haciendo malabares con el tiempo que no es su amuleto,
que no es permisivo
y muerde sin recato el alba en la absoluta oscuridad.

***

Quién da cuenta en los años
de la señal de mariposa y pájaro.

Quien puede salvarse en una calle
cuando las campanas alaban la claridad
celebrando los puntos cardinales del miedo,
desde un país del que no soy residente
escribo, puntualizo el discurso del tiempo.
Nada será suficiente
es viernes
imagino cómo será acercar a mis manos la muerte
retenerla por decreto del mar
gustar las letras de su espalda.
El reloj tiende la cama
puedo vaticinar el sol del sábado
pronosticar mejores condiciones atmosféricas
para el puerto del alma.

***

Paralela esta lluvia

sigue la recurrencia de las olas
agua sedienta de su espejo
sol ensimismado en una página.

La mirada en otro árbol
desterrado de un cielo afín
abrazo-precipicio
ritual del aire que oficia el tiempo
intacto de todos los lugares.

Sitiando alguna tarde
los fantasmas revelan conjuros
proclaman la nostalgia
custodia anochecida
levantan la memoria
atizan una hoguera.
¿Arden?

***

Aquí, todas las horas
afuera el aire
secundando la provisional trascendencia de las hojas.
Aquí, los barcos y los trompos en madera
traicionando al silencio.
Porque las manos aparecen un día con un presagio inscrito
recurren a la noche.
Aquí, la hoguera recorriendo los espejos
afuera la inmanente premura de la llama.
Aquí, la geografía de las cuatro estaciones
cayendo en un vaso de agua
mientras reviso el mapa de los sueños…
¿Qué ruta y qué destino?

***

Alguien siempre nos mira
el aire revuelve la metáfora de la angustia
ciñe la corona de la noche y los insomnes buscan…
hallan el presagio mortal de la lujuria
un pozo oculta el misterio
sorprende la pertinencia del olvido
alguien siempre nos mira cuando cerramos los ojos
y un pañuelo se tiende sobre los sueños
que no nos pertenecen.

***

Angelina:

No volvimos a reunirnos, las palabras quedaron dispersas en los cuadros infinitos de la terraza. Nos quedamos con el silencio «enriqueciendo el vocabulario» que se hace hoja en el blanco de la sal, en la mano que no se puede asir porque ha dejado una desolación esperanzada colgando de los cristales donde todo es abismo y no te hallamos y todo es tierra enverdecida y luna que no se termina de contar.

Ahora cuando miro las puertas, su alta soledad, llega el apunte de una pregunta que no descifro y sé que está ahí, doblando el corazón que es agua, como sitiando la memoria y te digo y te repito cualquier cosa, las veces innecesarias para hacer algo con el desasosiego que aparta los árboles y los sillones sin presencias a las seis los miércoles y no es posible atisbarte y regresar, regresar, saber cuál es la pregunta.

Qué hago yo con la infinitud de este pronombre que me contiene y qué con el silencio, con esa desbandada de pájaros que me persigue cuando el sol se hace pausa oscurecida y las estrellas de todas las voces hurgan los resquicios de las palabras para armar un pregunta, mientras la flor de mayo huele y en su olor anuncia que otra vez es tarde o tal vez no y sólo lo parece porque regreso al ajedrez del otro año y a La vida en rosa con la Callas y a los vaticinios y a la luz que venía de tus manos trashumantes de todas las edades.

Qué sola sin estarlo, qué sola y qué absurda esa pregunta que no apareció cuando era hora. Enmudeció el árbol hasta la última gota de viento y qué repuesta en este trozo de silencio que se levanta obcecado para decir no hay nadie, no toques a esa puerta nadie abrirá y yo sin tener una pregunta, una sola pregunta heráldica para horadar el tiempo y hallar una respuesta.

Descifrar la pregunta que permanece susurrando en tu nombre.

Nada. El aljibe, otros árboles, otros. El tapanco antiguo, ¿verde, por qué?

***

A Frida Kahlo

La palabra —alebrije— de tu nombre

describe la forma de la lluvia en el nudo abierto de la noche.

Fecundas la tarde y la nostalgia vespertina excita los sentidos

como niña que despierta al filo verde entre las piernas.

Debo decir en la dura batalla del silencio

que te amo como se ama la llama en el deseo.

***

Por Elvia

Nosotras los supimos cuando fundamos el mar

cuando el país de la tarde era territorio

para encender todas las batallas.

Lo supimos al recorrer las calles de los pueblos

que revelaban antiguos secretos a la sangre

mientras las grutas y las piedras custodiaban la espiral de la historia.

Lo supimos al llegar a las páginas de los hermanos

en tanto la música y el vino

acercaban la eternidad.

Lo supimos todas las veces

en paisajes devotos de sí mismos,

en el olfato y el gusto atendiendo los dones de la mesa.

Lo supimos en los días de la ciudad,

cómo ahora pretendo olvidarlo

somos arena en un reloj que ata nuestros huesos

*

lo gasta hasta hacernos llorar

*

y los devuelve a la tierra,

*

                                                 entonces el principio enciende en otra llama.

***      

(Por Mary Carmen Martínez)

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar a la vida.

Ernesto Cardenal

 

Qué hacer con este río de sombra,

que inventa en la luz un pretexto a las palomas.  

Cerca del silencio amanece la nostalgia,

lo sabes hermana de la lluvia,

el verde se desangra con el fuego

y seguimos obsesivas huellas.

En el tiempo el encuentro se retrasa a propósito,

la afilada navaja rasga las palabras.

Cercana a la noche

contradicción del sueño

despierta infatigable la ternura.

La arena se hace huésped de todos los sentidos;

y vuelan en la piel los pájaros,

el poema que siempre nos callamos

sucede que un día amanecen los árboles encendiendo la tarde

y justo como los ríos vamos al lugar del viento

que es el mismo donde estuvimos siempre

la primera vez que nos miramos diferentes

con una lágrima de más en el espejo.

***

I

Última noche

                               —en eclipse—

de veintinueve pasos alrededor del agua

que bien no deber explicaciones

ni adeudar sueños a la luna.

 

II

Decir luna en este tiempo

es colgar estériles promesas a los días por venir

pero luna, palabra literalmente llana

permanece deseo legal en una hoja

profecía alentadora para infieles

pretexto recurrente en los suicidas

cuatro letras temerarias para amantes obsesivos

evocación innecesaria para extraviar la calle.

***

I

El alba: recóndita lujuria que olvidé donde fundó mi nombre el agua.

    Sólo mi madre entonces armaba la ciudad desde sus ojos. Otra emergió de mí, con rostro oscuro miró sin conmoverse la luz que venía de atrás de la memoria

Dijo la otra:

—Me pertenecen el patio de tu casa, los árboles, las voces tutelares que salvaron el tiempo, la humedad de los muros, el lado en sombra de la calle.

La claridad es tuya.

    Colgué la luz en todos los rincones para hallar a la otra, que partió de mi sangre llevándome consigo. Velé entonces la noche.

II

Como en la noche primera, trazó la luna su avidez de sombra. Trashumante trasladé mi casa a la orilla del aire, negué al fuego, desdije las señales lascivas de la lluvia allanando la tierra, puse aldaba a la puerta, di la bienvenida a parábolas impenetrables.

Hermana de mí misma me repetí la historia de este páramo.

Los días me ungieron de silencio.

III

Recorrí la ciudad armada con la noche, la herrumbre de mis pasos se adueñó del camino. Una niña soltaba hilo a la luna, astillas de silencio retenían el alba.

Hirió el caos la muerte, mansamente se desdobló la luz, naufragó el rojo en las piedras.

Los hombres violentaron la calle, heredaron ruinas del país que habían inventado.

IV

Tanto mar en los ojos embalsamó la memoria. Huir era consigna, pero por todas las rendijas se deslizaban fantasmas. ¿Quién les contó de mí que me hablaban amiga como a vieja?

—Escucha… Ese día las mujeres conocieron la soledad, comprendieron la historia de la sombra.

Abatidas cerraron los ojos para olvidar la luz, nunca fue tan cierta la casa de la muerte.

V

Un camaleón se apropió del otoñó, transmutó al ocre la palabra, la historia de los árboles se difundió en secreto.

Nosotras visitamos las montañas escondiéndonos una de la otra.

Mi hermana custodiaba la noche.

Yo aguardaba en la luz la nave que me llevara a su casa.

VI

Sé que en algún sitio los geranios crecen hermosos, mientras niños dejan blancas señales en los charcos.

Cómo descifrar el mapa para llegar donde junio es con la lluvia, cómo voltear el mantel de la noche para tender la luz sobre mi nombre.

VII

Quién poblará esta tierra, habitará mi casa y mirará en las fotografías mis recuerdos.

    Alguien, lo sé, llegará un domingo, intentará deshacer el nudo de silencio y a las seis, dejará bajo llave la imagen de mi espejo.

VIII

No verterás sobre la tierra palabras que acrecienten el frío páramo de la memoria.

Escucha hermana mía, sé que ocultas mi rostro donde habita la noche, por eso no puedo descifrar las señales que conduzcan el viaje.

Sólo la luz me pertenece. En el día recorro parques infinitos, detengo las manos en los árboles, para tocarte en su corteza, y otra vez has partido, pasajera de un juego inscrito en el aire la brújula de mi sangre no me lleva conmigo.

IX

Josefa:

Hablo estas letras cuando el recuerdo de los lagartos ha salido de todas las historias que me contaste esa noche, mientras el trópico esplendía y lloraban en mí los niños que un día me acompañaron.

¿Por qué miro en este mar todos los mares y abordo en este barco todos los barcos?

***

Crónicas pendientes    

Mirabas desde otro sitio el tiempo

conjurando la levedad del patio

yo desdoblaba sueños hasta la hora de salir donde la tarde

para que las palabras fueran con nosotros,

aprendí a salvar la luna.

Recuerdo la fuente haciendo el parque

la ciudad, cada árbol de mi calle.

Pájaros exiliados retornan conmigo

es de noche, sé que la primavera llegó por algún sitio

y aguarda hasta que otros regresen

a escribir en mi cuaderno

la crónica del país de nunca jamás

que ha quedado inconclusa.

(Por Josefa… mi abuela)

***

Es madrugada en el universo. Una voz sigilosa acompaña la hora de la lluvia.

Recuento los paisajes conocidos.

Enumero las fotografías.

   1959  El mar y ella, palomas consignaban la calle

   1962  Un pájaro quebrado entre las manos. ¿Quiénes eran los dueños de la tarde?

   1970  Cualquier camino, Hernández o Neruda asaltando la memoria de un dios adolescente que dibujaba el mundo.

   1978  La desolación del aire. Desprotegido el nombre de este pueblo donde habitan mis manos se desvanece. Una espada resuelve acertijo de palabras.

Sobreviene al mar, mi muerte

permanezco

la bruma envuelve mi cintura.

Alguien rehace el parque de los sueños. Otra vez soy fantasma que reseña la humedad, el sonido del árbol y escribe estas letras para olvidar el verano, que en otro sitio espera.     

***

Mi nombre ocupa la ventana vacía de promesas,

no es necesario hablar al mar de las gaviotas,

recuerdo

la luz en todas las paredes de la casa,

una plática informal con los floreros

el afán cotidiano propiciando la voz de las cosas triviales

                                               febrero como una astilla en las manos

derrama letras y es posible creer que un día

llegará el domingo en las campanas

la conciencia en un vuelo de palomas

la verdad en la hierba.

***

El silencio, desierto en que se aguarda el alba

calle que aparece con precisión de arena

en el pesado espejo de una espada,

provisional hoguera en la insomne virtud de una certeza.

Yo

                desgajo la fruta,

                dices la nostalgia y nadie escucha

porque el silencio mansamente se levantó perfecto

qué paz en no entendernos, en perseguir a nadie

puede el reloj gotear por las paredes.

Bienamada la ausencia.

Poemario publicado originalmente en el libro Crónica de ángeles y de ciudad de Beatriz Rodríguez Guillermo; Ayuntamiento de Mérida; 2009; Pp. 31-53; transcripción y edición para versión web: Armando Pacheco (Ediciones Letras en Rebeldía)      

Esta publicación es sin fines de lucro y como promoción a la lectura. No monetizamos ni obtenemos ganancias por su difusión. Recomendamos adquirir el libro en formato digital o impreso.

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