Sube y baja de la beberecua (II) | Guillermo Samperio

La Navidad desde la cámara

Alrededor de 1974, cuando tenía y unos 25 o 26 años, trabajaba en el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y era la época en que estaba pegando fuerte el hipismo al menos en el DF. Yo no sólo bebía (mezcal o coñac, o sea de lo bueno), sino también fumaba marihuana de la doradita de Guerrero o verde limón de Morelos y, desde luego, mezclaba bebida con fumada, lo cual daba una sensación como de viaje, siempre y cuando no te pasaras de la dosis.

Pues llegó la Navidad al IMP y siempre se hacía un brindis que podía durar de mediodía a las 4 o 5 de la tarde. Los que combinábamos líquido con hierba éramos un buen grupo (casi todos dibujantes técnicos industriales) y aprovechábamos baños, algunas oficinas o el campo de futbol para fumar la hierba santa para la garganta, como se le decía. Aquella ocasión, como las anteriores, me metí varios churros (como se le decía al cigarro armado con papeles de abuelito); además bebí algo del ron que dieron las autoridades y el sindicato.

Como a la una de la tarde nos salimos y nos fuimos a la casa de una amiga sobre la que yo andaba, pero la casa estaba hasta la casa del carajo (yo tenía un Fiat 1100 blanco, de los cuadraditos, donde, apretujados, cabíamos unos 8) Yo había quedado con mi entonces cónyuge de estar para la cena a las 20:30 horas lo más tarde. Así que despedí a los gañanes como a las 19:30; fui a dejar a su casa a otro, a un lugar todavía más desconocido. El caso es que, de pronto, me perdí, daba vueltas por aquí y por allá; preguntaba cómo salir para ir a la colonia Roma y cada vez me perdía más. Hasta que, al fin reconocí una avenida y, más que pronto, ya estaba y por la zona de la colonia Juárez; me eché otro churrito antes de llegar, pero me di cuenta de que ya iban a dar las 22:00 horas.

El festejo era en la casa de mi cuñado y mis suegros, o exsuegros, habían venido desde Delicias, Chihuahua, a celebrar la Noche Buena que, a mi parecer, bajándome del Fiat frente a la casa, iba a ser la Noche Mala. Toqué el timbre, me abrió la bruja, es decir la madre de mis hijos, y no me dirigió la palabra; entré a la casa directo a la sala, y el comedor estaba más flamante que el árbol de Navidad. Todos, excepto mi exsuegro (muy, pero muy buena gente), tenían una jeta que les llegaba hasta la parte de atrás del cuello.

Decidieron que luego-lueguito nos tomáramos las fotos en grupos y de conjunto y me eligieron de fotógrafo con la intención de quedar fuera de las instantáneas; la segunda foto era de todos en grupo, cargando mi suegro a mi hijo con su cara bonachona, pero en las demás seguían las jetas de los delicienses, en especial en la cara de la madre de mis hijos. Los miré a cada uno a través del visor y me di cuenta de que las jetas del público les iban a dar fotos motivo para arrepentirse. Al mismo tiempo, yo me iba encabronando cada vez más, pensando incluso en irme a otra parte a celebrar de verdad.

Así que para que no se arrepintieran a futuro y no irme y a otro lado a ponerme más pedo y más crucheco (término que indicaba beber y fumar hierba a una vez), bajé la cámara; la aventé sobre un sofá (no sabía de quién era la Polaroid) y fui viendo a la cara uno por uno y les dije:

—Qué chingaos pasa aquí. O quitan esa maldita cara de haber comido mierda o este festejo se va a la chingada.

Me volví a poner mi chamarra de mezclilla mediocrota y me dirigía a la salida hacia un pasillo al aire libre, cuando mi excuñado me alcanzó y me dijo:

—No te preocupes; espérame tantito. Ahora hablo con ellos y vengo por ti.

Al rato salió y me dijo «Vente», entramos en la casa y me encontré con un montón de caras sonrientes y ahora sí empezó la fiesta. Nunca supe lo que les dijo. Después de la cena, ya que estaban medio borrachos, me salí al jardín a fumarme un churro; me alcanzó la madre de mis hijos y me pidió un toque (nombre con el que se designaba a una fumada de hierba).

Texto tomado del libro Aguas santas de la creación. Congreso Internacional Bebida y Literatura. Volumen III; Edición de Sara Poot Herrera; Bravo Arriaga, María Dolores, et al…; Ayuntamiento de Mérida; Primera edición, 2010; Pp. 339-341

Esta transcripción se realiza como parte del proyecto «Rescate Bibliográfico de Yucatán y de Autores Peninsulares», impulsado por Ediciones Letras en Rebeldía en coordinación con el Centro Yucateco de Escritores A.C. Este proyecto es sin ánimos de lucro, no recibe financiamiento público ni privado. Para donaciones económicas y/o aportes bibliográficos, mandar correo electrónico a arteyculturaenrebeldia.prensa@gmail.com

Transcripción, digitalización y edición para plataformas digitales: Armando Pacheco (Ediciones Letras en Rebeldía)

Acervo: Biblioteca Melba Alfaro Gómez (Colectivo Letras en Rebeldía)

Responsable del proyecto: Armando Pacheco

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