Vania Bachur demuestra que vivir del dibujo es posible | Víctor Jesús González

La ilustradora Vania Bachur realizó una videoconferencia durante la cual reflexionó sobre el proceso creativo y la historia de vida que la motivó a crear el libro 15 consejos malvados para ser tu propia superheroína.

«Aunque estoy muy triste porque ayer (por el 10 de mayo) perdí a un familiar que quería mucho, hoy les quiero hablar un poquito de mi libro que también está relacionado en la construcción de mi carrera profesional y los retos que implicó vivir de lo que siempre soñé que fue dibujar», expresó Bachur desde la redes sociales de una reconocida cadena de librerías a nivel nacional.

Comentó que desde niña tenía el impulso de dibujar, incluso, dijo, una de sus primeras obras la realizó en la pared de su casa, «la cual, en ese momento me pareció el mejor lienzo para darle vida a una fila llena de gatos de los más diversos colores, tamaños y formas que vivían en mi imaginación y me costó el regaño de mi vida».

Después, en la adolescencia, la autora mencionó que las cosas no mejoraron: «todos me decían que vivir del dibujo en México era imposible, que pensara en otra cosa más real, más práctica; de lo contrario, según ellos, mi vida profesional se iba encaminar derechito al terrible y pantanoso mundo fracaso».

Vania Bachur señaló que un día que ya estaba harta de escuchar puros comentarios negativos decidió usar «ese lodo, esa tierra para cultivar mi sueño del dibujo; así, empecé por estudiar diseño y luego, poco a poco, me fui especializando, tomando cursos y diplomados de ilustración que era lo que más deseaba».

Para concluir, consideró que «los consejos» fueron el resultado de reflexionar «que pase lo que pase y, en cualquier circunstancia, lo más importante es perder el miedo de aceptar nuestra vocación y después generar una estrategia para vencer todo lo que estorba para llegar a nuestros sueños».



FUENTE: NOTIMEX

Los turbantes | Jorge Lara Rivera

Más acá de sí mismo
Un estallido azul moja los dedos

Rompe el largo alarido de la carne sola
Tregua de humo sobre el sueño

En la piel llueve azoro

Cada hora es de llama
Cada instinto un instante
Vertiginoso plomo esperma
Astro o lunación fluída

Otra vez duna
Las arenas del tiempo se remontan
Laberintos, sarcófagos, besos
En vítreas cúpulas memorando

Marejada de alas oscuras
Con un temblor de sábanas
La noche a consolar al solo baja

Más tarde es el cuerpo oblación

Afuera el día escapa



Texto tomado de la revista Navegaciones Zur; Saulo de Rode, et al…; Número 1; Centro Yucateco de Escritores A.C.; Octubre de 1993.

Transcripción: Armando Pacheco

Archivo: Centro Yucateco de Escritores (Cristina Leirana Alcocer | Jorge Lara Rivera)

Proyecto de rescate del acervo: Cristina Leirana Alcocer

Mamma Roma | Cine italiano | Dirección de Pier Paolo Pasolini (1962)

Mamma Roma es una película italiana dirigida por Pier Paolo Pasolini que se estrenó en Venecia en 1962. Fue censurada por más de un mes y duramente criticada por las autoridades conservadoras de la época. [Ver la película a través de Facebook]

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LA DIFUSIÓN DE ESTE VÍDEO ES CON EL OBJETIVO DE OFRECER UNA ALTERNATIVA CULTURAL DEL SÉPTIMO ARTE PARA NUESTROS LECTORES Y ES SIN FINES DE LUCRO.


 

Salman Rushdie: «A pesar de los tiempos que corren, sigo siendo optimista» | Eduardo Lago

Todo empezó hace apenas unos días, con un correo electrónico en el que el autor de Hijos de la medianocheLos versos satánicos y Harún o el mar de historias, entre otros títulos memorables, aludía a su novela más reciente, Quijote. De no haber sido por la pandemia del coronavirus, Salman Rushdie habría viajado a España para hablar de ella. Quijote es una audaz propuesta narrativa inspirada por su relectura de la obra de Cervantes, que el autor anglo-indio adapta a su manera a la situación por la que atraviesa Estados Unidos en la actualidad. El correo se abría con una nota inquietante: «Tiempos extraños. Me atrapó La Cosa. Estuve muy mal durante dos semanas largas, pero me he recuperado así que me puedo contar entre los afortunados».

Imposible mencionar el nombre de Salman Rushdie sin recordar la condena a muerte dictada contra él por el ayatolá Jomeini, lo cual le obligó a vivir en angustiosa reclusión durante más de una década bajo la protección de Scotland Yard. Contra todo pronóstico, sobrevivió, y cuando por fin se levantó la condena que pesaba sobre él, lejos de arredrarse, Rushdie se dedicó a luchar por la libertad de expresión, fundando iniciativas como el festival Voces del Mundo, que se sigue celebrando anualmente en Nueva York. La noticia de que el escritor, de 72 años, había superado la enfermedad que ha puesto fin a la vida de tanta gente, dio lugar a una propuesta: ¿estaría dispuesto a hablar de la novela que debería estar presentando estos días en España en el contexto de los estragos que está causando la pandemia? «Preferiría atenerme a cuestiones literarias», contestó. Inevitablemente, el cuestionario que recibió hacía referencia a la difícil situación que acaba de dejar atrás. Con su característica bonhomía, el escritor tuvo a bien no eludir ninguna pregunta.

Pregunta. ¿Qué le llevó a escribir un libro como Quijote?

Respuesta. Mi intención era escribir una suerte de alegoría sobre Estados Unidos, recorriendo los distintos estratos de la sociedad norteamericana, tratando de atrapar el momento por el que atraviesa en la actualidad. Cuando se celebró el cuarto centenario de las muertes de Cervantes y Shakespeare, releí el Quijote y vi surgir en mi cabeza pícaros a los que puse el nombre de los personajes inmortales de Cervantes. Para mí esta novela es un poco lo que fue Hijos de la medianoche: una especie de compendio de todo lo que quiero ser y decir como artista.

P. ¿Qué hacen personajes como Don Quijote, Sancho y Dulcinea en los Estados Unidos de hoy?

R. El tema de la novela es el optimismo. Mis amigos se ríen de mí porque en los tiempos que corren sigo siendo optimista. Mi Quijote es una versión exagerada de esa visión. Don Quijote es optimista hasta extremos absurdos. Siempre intenta ver lo mejor de la gente aunque tenga los defectos más deplorables y persigue un amor imposible en contra de toda evidencia. Necesitaba que un personaje así emprendiera un viaje por un país que atraviesa un momento nefasto. Sancho surge directamente de su imaginación, y en medio de la novela loca que he escrito, es quien tiene más necesidad de realidad. Mi Dulcinea, Salma R, es otra proyección de mis obsesiones, y como personaje es muy problemático.

P. ¿Se siente satisfecho del resultado?

R. El libro es exactamente como yo quería que fuera.

P. ¿Cómo ha sido su recepción?

R. En conjunto, excelente y muy gratificante. La respuesta de los lectores ha sido genuinamente maravillosa. Muchos me escriben diciendo que es mi libro más divertido. Por supuesto, no faltan detractores que me acusan de haber escrito un libro superficial y sin sustancia.

P. ¿Le afectan ese tipo de críticas?

R. Las reseñas negativas hacen que los lectores no se acerquen al libro. Siempre es desagradable tropezarse con una crítica maliciosa, pero yo sé perfectamente bien qué estoy haciendo y por qué y, aunque haya gente que no esté de acuerdo con el camino que he elegido, yo tengo que seguir por él.

P. ¿Puede hablar de la importancia de la fantasía en sus libros?

R. La palabra fantasía remite a escapismo, y a mí no me interesa la literatura escapista. Me parece más útil hablar de «ficción especulativa», como hace Margaret Atwood. Lo cierto es que el mundo y la vida humana no son en realidad «naturalistas». El surrealismo es cada vez más real que el realismo. De la expresión «realismo mágico», me quedo con «realismo».

P. El mundo se ha paralizado como consecuencia del coronavirus. ¿Cómo le ha afectado a usted?

R. El coronavirus también me paralizó a mí. Contraje la enfermedad a mediados de marzo y pasé dos semanas largas verdaderamente difíciles. Afortunadamente estoy plenamente recuperado. Cada día que pasa doy gracias por lo afortunado que he sido.

P. ¿Dónde se encuentra? ¿Cómo es su día a día? ¿Escribe?

R. Estoy en mi casa de Manhattan, viviendo día a día. Acabo de terminar una colección de ensayos (nada que ver con el coronavirus) que saldrá a la luz el año que viene. Todo el mundo me dice: ‘Este debe de ser un momento estupendo para escribir’, a lo que respondo: ‘¡Sí, claro; miles de personas mueren a diario, pero lo importante es que es un momento estupendo para ser novelista!’. Pasará mucho tiempo antes de que vuelva a escribir ficción.

P. ¿Qué opinión tiene de la respuesta que han dado los responsables políticos de los tres países que son importantes en su vida, la India, el Reino Unido y los Estados Unidos?

R. En los tres países la respuesta de la clase política ha sido un fracaso calamitoso.

P. ¿La humanidad es culpable de haber maltratado al planeta?

R. Espero que este desastre nos convenza de que tenemos que ser más considerados con el planeta. Cuando la naturaleza se expresa por medio de un tsunami, un terremoto o una pandemia, es cuando comprendemos lo precario que es nuestro dominio del mundo. No quiero pecar de antropomorfismo: la naturaleza no es una persona, de modo que esto no es una venganza, pero no estaría de más que nos lo tomáramos como una advertencia.

P. Su vínculo con Nueva York es muy fuerte. Es el epicentro del epicentro de la pandemia a escala mundial. El sufrimiento y la muerte son algo omnipresente. ¿Cuáles son sus sentimientos con respecto a la ciudad?

R. El impacto de la pandemia ha sido brutal, pero esto es Nueva York y los neoyorquinos son muy fuertes. Algunos han huido y han buscado refugio fuera, pero yo he querido quedarme a afrontar la situación con mis conciudadanos.

P. Algunos artistas y escritores hablan de un cambio de perspectiva en su escala de valores. ¿Es su caso?

R. No creo haber cambiado. Lo que sí sé es que no quiero centrar mi atención en lo que está pasando porque todos lo estamos viviendo día a día y creo que los escritores tenemos poco que añadir; prefiero pensar en los valores humanos más profundos, la belleza, la ética, la imaginación, la percepción, la verdad, el coraje, la amistad… Esos son los verdaderos temas de la literatura.



FUENTE: EL PAÍS (ESPAÑA) 

ENLACE: https://elpais.com/cultura/2020-05-09/salman-rushdie-a-pesar-de-los-tiempos-que-corren-sigo-siendo-optimista.html

A machete contra la sexualidad: 40 años de ‘Viernes 13’ y sus advertencias moralistas | Ignasi Franch

1978. Noche de Halloween. Un joven realizador, John Carpenter, impresionó con un filme de terror de presupuesto ínfimo ambientado en un barrio suburbial de una pequeña (y ficticia) localidad estadounidense. Un asesino fugado de un hospital psiquiátrico asediaba y mataba varias personas. El planteamiento era minimalista: se renunciaba al suspense y se confiaba en una narrativa visual de imágenes flotantes y fluidas, en la presencia desasosegante de una amenaza quietista y silenciosa, en el atractivo de una banda sonora sencilla pero memorable.

Con unos pocos elementos astutamente mezclados, Carpenter consiguió un clásico, La noche de Halloween, que terminó de definir un género prefigurado a través de obras como Navidades negras o Masacre en el autocine: el cine slasher. Con ello, llegaban a Hollywood y su periferia los asesinatos seriados que llevaban años concibiendo directores italianos como Dario Argento o Mario Bava, en ocasiones con un pie en el misterio hitchcockiano, siempre sangrientos y liberados de la nueva censura (en forma de aplicación restrictiva del sistema de clasificación por edades) imperante en Hollywood desde 1968.

El resultado artístico y comercial de la obra impresionó a Sean S. Cunningham, un cineasta que había firmado varias películas eróticas y comedias familiares. Hasta ese momento, el punto álgido de su carrera había sido coproducir La última casa a la izquierda, una versión libre y contemporánea de la bergmaniana El manantial de la doncella. La había firmado el futuro autor de Pesadilla en Elm Street o El sótano del miedo: Wes Craven.

Cunningham quería realizar una imitación del éxito carpenteriano, así que publicó en la revista Variety un póster para captar inversores. Solo contaba con un título atractivo y una linea destacada en su currículo: “Del productor de La última casa a la izquierda llega el filme más terrorífico que nunca se ha hecho: Viernes 13”. La treta funcionó, el dinero llegó, y había que escribir un guión que todavía no había sido siquiera esbozado.

El Eros que conduce al Tánatos

A la carrera, Cunningham y compañía partieron del modelo fijado por La noche de Halloween. Replicaron la estructura empleada por Carpenter. La acción comienza con un primer asesinato, filmado con una cámara subjetiva de connotaciones voyeurísticas, que tiene lugar años antes del resto de la acción. Una vez se había saciado el primer ansia de shock y violencia de los aficionados, tenía lugar la presentación de los personajes-víctimas que irían siendo ejecutados por etapas… salvo la heroína resilente que sobrevive los embates del criminal.

Viernes 13 llevaba la acción lejos de las cuadrículas urbanas de la América suburbial. Nos presentaba a un grupo de monitores que están preparando la reobertura de un campamento de verano, de aspecto bucólico pero marcado por un pasado truculento. Los diferentes personajes, más bien ligeros de ropa, trabajan poco, juegan mucho, se hacen bromas, fuman porros, practican un Monopoly nudista y flirtean. Era todo lo que se podía esperar de los exponentes más hormonales del cine de campamentos, con el añadido de que los personajes ignoran que un asesino les acecha.

En realidad, se seguían las normas del audiovisual exploitation (y androcéntrico) de toda la vida: dosis periódicas de Eros y de Tánatos, de exhibición de cuerpos femeninos y de violencia letal. Voluntariamente o no, el resultado recordaba a las hipocresías de unas propuestas que vestía el sensacionalismo con los ropajes de la advertencia moral, como tantas películas sobre consumo de drogas o trata de blancas rodadas en los años 20 y 30. No se elevaba una moraleja impostada como hacía el infame Dwain Esper (Marihuana), pero la tendencia a ejecutar al sexualmente activo dotaba al espectáculo de un cierto aire a pesadilla adulta sobre la conducta libertina de los jóvenes alejados de supervisión parental. Y de fantasía de castigo de estos.

Las connotaciones moralistas de ambas obras se reprodujeron de manera más bien inercial en decenas de imitaciones. Posteriormente, llegaría el debate metalingüístico, especialmente en el ciclo de terror adolescente de los años noventa compuesto por obras como Scream (con su personaje consciente de los códigos del cine de terror, y de la vinculación entre sexualidad activa y muerte abrupta) o Sé lo que hicisteis el último verano (su heroína habla de los cuentos de terror “creados para advertir a las chicas jóvenes de los peligros de practicar sexo prematrimonial”).

La también posmoderna Cherry Falls ensayó una jocosa subversión al fabular sobre una comunidad estudiantil impactada por el asesinato de jóvenes vírgenes: las chicas y los chicos se veían empujados a copular para salvar sus vidas. Más allá del juego con las normas informales del slasher, la propuesta de Geoffrey Wright podía servir como plasmación metafórica de un subtema del género: el apremio sexual. Las conductas lindantes con el acoso, los deseos de doblegamiento de la castidad de la persona supuestamente amada, aparecerían en imitaciones de Viernes 13 como La quema, también ambientada en un campamento de verano donde abunda el derramamiento de sangre, y serían uno de los ejes de la primera Scream.

La película mala que generó una saga peor

Más allá de la desigual capacidad profesional de los diversos actores, y de las evidentes limitaciones de un planteamiento formulario materializado a toda prisa, el bajo presupuesto de Viernes 13 tuvo algún efecto positivo. La filmación sencilla de los acontecimientos, sin posibilidad de aplicar grandes artificios, posibilitaba un cierto aspecto de autenticidad. Y la conservación de una cierta dosis de misterio alrededor de la identidad del asesino, con ecos (invertidos) de Psicosis, decoraba el conjunto. Estas modestas virtudes no convencieron ni a la misma co-protagonista Betsy Palmer, quien declaró que el guion le pareció “un montón de basura”.

En realidad, la saga Viernes 13 ilustra las elevadas dosis de improvisación y azar que pueden impactar en la creación cinematográfica. Un susto final planteado en clave onírica sería el débil hilo al cual se agarrarían los responsables de la obra para plantear una secuela. Y la mitología de la saga se iría fijando sobre la marcha a lo largo de los filmes posteriores: primero cambiaría la identidad del asesino, posteriormente se transformaría el aspecto de este, y más adelante se produciría una escala progresiva (y y nada planificada) hacia territorios sobrenaturales.

El Jason Voorhes que tropezaba con el mobiliario o que caía tras una patada en la entrepierna en Viernes 13: 2ª parte iría convirtiéndose en un matarife invulnerable… ¿e inmortal? Una vez eliminada de la ecuación el misterio, la sucesión de asesinatos con técnicas rebuscadas y visualizados de manera gráfica tomaron el control de la saga. En un momento del documental Crystal Lake memories, elefantíasico repaso de toda la saga, el polifacético Tom Savini (creador de los efectos especiales de la primera parte) recordaba que la escenificación gore de las muertes es un elemento tan central del slasher como la visualización de eyaculaciones en la pornografía.

Más allá de trucos como la filmación en 3-D de Viernes 13: 3ª parte, sus responsables raramente aprovecharon los pequeños filones de los que dispusieron (como la potencialmente carismática heroína que protagonizaba la segunda entrega). Con la vertiente dramática reducida al mínimo, se optó por añadir efectismo en forma de resurrecciones y posesiones, extraños cruces de personajes (en Freddy contra Jason, el enmascarado del machete coincidía con el antagonista de Pesadilla en Elm Street) e incluso traslados a estaciones espaciales del futuro (véase la descacharrante Jason X). La ocurrencia desplazó a la creatividad y los aficionados no podían mostrarse demasiado decepcionados: la primera entrega ya no había sido muy buena.



FUENTE: ELDIARIO.ES 

ENLACE: https://bit.ly/2YShGDS

El tango en Buenos Aires: el sensual abrazo que la pandemia interrumpió | Cecilia González

El tango es una danza, pero también un símbolo cultural de Argentina. Una industria que genera millones de pesos y que quedó sumida en el colapso porque su hechizo se basa en un la intensidad de un abrazo que, por ahora, está vedado.

La pandemia modificó de manera radical el universo tanguero, erigido como uno de los principales atractivos turísticos de Buenos Aires y reconocido como patrimonio de la humanidad. Y que tiene rituales ajenos por completo al distanciamiento social que será obligatorio, por lo menos hasta que se encuentre la vacuna contra el coronavirus.

El tango sólo adquiere sentido con una pareja y en colectivo. Se baila de a dos, abrazados, con una cercanía extrema que no demandan otros ritmos que, aun en cuarentena, pueden sobrevivir. Moverse solo, sola, al compás de una salsa, un reguetón, un merengue e incluso un rock and roll, es posible. El tango en soledad es inviable.

Parte de su encanto radica en la coreografía que cientos de parejas forman para moverse en círculos, siempre en sentido contrario a las agujas del reloj, en las pistas de milongas tradicionales y no tanto. Las sonrisas, los efusivos besos en las mejillas que se dan las y los tangueros asiduos son una postal permanente. El amontonamiento, los roces de los cuerpos, las manos entrelazadas, los empujones involuntarios en las pistas, también.

Pero ahora nada de eso puede hacerse porque pone en peligro la salud, en especial de las personas mayores de 60 años, que representan gran parte del público milonguero y que integran uno de los grupos de mayor riesgo de la pandemia, al igual que la masa de turistas extranjeros que cada año viajan a Buenos Aires con el único propósito de bailar tango y disfrutar las milongas hasta la madrugada. Los maestros y bailarines argentinos que tienen en sus giras al exterior su principal fuente de ingresos, tampoco pueden viajar.

¿La muerte del tango?

“El tango momentáneamente está muerto. No es posible respetar la sana distancia, no se puede bailar”, afirma a RT la bailarina y docente Viviana Parra, quien evalúa que el impacto negativo de la pandemia en la industria es absoluto porque la danza implica respiraciones cercanas y distancias mínimas que hoy son imposibles.

La consecuencia es que alrededor de 2.000 trabajadores, tan solo en esta capital, se quedaron sin fuentes de ingresos porque el tango es un mercado precarizado en el que participan docentes, bailarines, músicos, organizadores de milongas, programadores, productores, cocineros, baristas, meseros, fotógrafos, porteros, musicalizadores, agentes turísticos y fabricantes y vendedores de ropa y zapatos, entre otros, que en su inmensa mayoría carecen de salarios y de prestaciones sociales por parte del Estado.

“Ha sido terrible. Nosotros desde el 11 de marzo, antes de que se decretara la cuarentena obligatoria, decidimos suspender nuestras actividades porque poníamos en riesgo a las personas mayores, una de las principales franjas etarias de nuestro público. Fue una decisión de responsabilidad solidaria con nuestra comunidad”, dice Julio Bassan, presidente de la Asociación de Organizadores de Milongas (AOM).

Esto implica que hace ya dos meses que la industria cultural del tango no trabaja y carece por completo de ingresos, ya que es una actividad que, salvo escasas excepciones, se remunera día por día.

“Nuestro trabajo no está valorado a pesar de que mueve millones de dólares para el sector turístico, pero ni siquiera hay cifras oficiales de la derrama económica que genera, lo que invisibiliza su aporte a la economía. No estamos incorporados al Sistema de Información Cultural Argentino, ni participamos en el Mercado de Industrias Culturales. Es una vergüenza”, lamenta.

Tampoco hay censos oficiales para precisar el número de personas del sector, explica, pero en un registro organizado por la AOM y la Asamblea Federal de Trabajadores del Tango se anotaron alrededor de 3.000 ciudadanos a nivel nacional, más del 60% de ellos ubicadas en Buenos Aires, en donde, entre clases, bailes, espectáculos y conciertos, las milongas realizan alrededor de 1.000 actividades cada mes en las que participan alrededor de 1,4 millones personas.

La crisis precede a la pandemia. Por eso, el ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires creó el Bamilonga, un programa de apoyo económico al que el año pasado se inscribieron 50 milongas. Para 2020, la cifra creció a 130. Debido a la emergencia sanitaria, las autoridades anunciaron la semana pasada un aumento del 50 % en este subsidio, por lo que pasó de 161.000 a 241.791 dólares.

El problema fundamental es la subsistencia de los trabajadores, pero está también el vacío que deja la obligada abstinencia del baile porque, como define Bassan: “los tangueros somos los caprichosos del abrazo, somos los fanáticos del querer”.

Somos tangueros, queremos trabajar… y bailar

Rodrigo Calvete, docente y miembro de la organización Trabajadores de Tango Danza, confirma que la situación para la comunidad tanguera es crítica por la paralización e incertidumbre total del sector. “No tenemos ninguna perspectiva de continuidad de nuestro mercado laboral, ninguna certeza respecto de cuándo se podrán reiniciar las actividades. Creemos que, con la mejor de las suertes, podría ser para fin de año”, dice.

Al igual que el resto de los trabajadores del tango, reconoce que las medidas sanitarias para prevenir los contagios son imposibles porque no hay forma de no abrazar a tu pareja, además de que, por no ser considerada esencial, ya saben que será una de las últimas actividades en reactivarse. “La cuestión es que no tenemos idea de cómo planificar la ayuda y dar contención al sector. Hasta ahora no ha habido apoyos específicos a trabajadores del arte o a personas que están en situación crítica”, señala.

María Plazaola, bailarina y docente de prestigio internacional, coincide en que el tango es abrazo y es de a dos. No hay otra forma. Por ahora, cuenta, la única herramienta que ha encontrado es dar clases virtuales de técnica femenina, con la cámara en el piso, lo que permite que las alumnas vean detalles que en las clases presenciales se pierden.

“Me resistí mucho, pero descubrí que esto era útil. Se puede trabajar la técnica individual y, en el caso de parejas, en algunas clases privadas online puedo dar devoluciones. No veo más alternativas. Es sólo un paliativo económico porque pido contribuciones voluntarias. La ventaja es que puedo trabajar con gente de acá y de afuera, obvio nada de esto reemplaza las clases presenciales, ni mucho menos el tema de milonguear”, explica.

Los encuentros en red, advierte, jamás van a sustituir la cercanía física que es indispensable en el tango y no sólo por el baile, sino por los espacios de socialización. “Mi mamá hizo una milonga virtual. Fue muy emotivo y muy hermoso, había como 70 personas por Zoom y mi hermana pasaba las tandas. Fue muy lindo verse, pero más allá de un reencuentro, que es necesario, no reemplaza nunca la magia y el ritual de la milonga“, dice.

Con respecto al futuro inmediato, Plazaola piensa que, si las fronteras siguen cerradas y no pueden viajar más extranjeros durante algún tiempo, la alternativa es construir una comunidad tanguera local. “En Vietnam, en donde estuve a fines de noviembre, hay una comunidad de tangueros muy chiquita, pero ya volvieron a bailar. Me mandaron videos de ellos bailando porque allá ya se levantó la cuarentena. En Japón vi que bailaban separados y con barbijos. Eso me parece inviable, pero quizá tengamos que hacer una transición así. Me parece terrible”, lamenta.

José Díaz Diez, bailarín, docente y organizador de milongas, está más resignado a que durante algún tiempo solamente habrá bailarines locales y que los extranjeros, que para esta industria son muy importantes, volverán con suerte el año que viene. “Así que veremos milongas con menos público, y sobre todo, sin ese atractivo que le da la heterogeneidad de idiomas y costumbres en un solo lugar. Supongo que después del sufrimiento del encierro sin baile, sin sol, sin poder trabajar, tomaremos más conciencia de protegernos y cuidar al otro”, confía.

Eso sí, al igual que todos los habitantes de este universo paralelo basado en el devoto amor a una danza, advierte: “el tango es un abrazo o no será nada”.



FUENTE: RT ACTUALIDAD

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