Los cuarenta y uno: novela crítico-social | Fernando Muñoz Castillo

«Se dice que dos o tres -de los 41- que ocupan buena posición, no serán enviados a Yucatán, pues se les aplicará una multa fuerte.» [El País,  22 de noviembre de 1901]

Cinco años después del escándalo que significó la fiesta en la cuarta calle de La Paz, de la Ciudad de México, donde arrestaron a un grupo de hombres, unos vestidos de mujer y otros no, que bailaban y libaban muy alegres, se publicó una novela.

 El que la policía haya invadido el predio, se debió obviamente a alguien que dio el aviso.

Este tipo de fiestas tanto de hombres como de mujeres homosexuales, eran muy comunes en la ciudad de los palacios. La gran mayoría de estas fiestas, sobre todo, si quienes las organizaban pertenecían  a las clases privilegiadas, no sucedía gran cosa, se pagaba una multa y ya. Nos los sacaban a barrer las calles como le hicieron a los famosos 41.

Pues bien, aunque nunca se les hizo un juicio a los arrestados, y sí se sabe, que muchos por la prominente posición económica de sus familias, no sólo dieron nombres falsos, sino pagaron buena sumas de dinero para salir lindos y orondos.

 Pero otros, no tuvieron esa suerte. Entre ellos el efebo, de nombre Pepito, que sería subastado esa noche.   

Como decía, a los 5 años del suceso, apareció una novela sui géneris por su tema: Los cuarenta y uno: novela crítico-social, firmada por Eduardo A. Castrejón (Seud.). La recepción de la novela, la desconocemos, lo único comprobable, es que fue única edición. Aunque el escritor prometía una segunda parte, ésta nunca se publicó y tal vez, ni siquiera se escribió.

 Robert McKee Irwin, el coordinador y rescatador de esta novela, lanza la hipótesis de que el verdadero nombre del autor es Gral. Mariano Ruiz Montañéz (1846-1932).

 Si tomamos esto por cierto, al imaginarnos al general describiendo vestidos y toda la parafernalia de los travestidos, resulta muy minucioso y teniendo en cuenta el machismo de los militares de la época, pienso en que es una jotería total. Ya que al solazarse en hablar de los goces por los vestidos sentimos un gran placer del escritor, y al describir la belleza del efébico Estrella, el placer de un  pederasta consumado.

 La novela tiene otro interés muy especial y radica en la descripción del obrero que se casará con la burguesa, ya que lo describe como honesto, trabajador, sindicalista y anarquista, esto último no como un prurito, sino como una cualidad.

 La vehemencia con escribe, hace pensar en cuál era realmente la postura en 1906, de este general, podemos entender que glorifique a la clase media mexicana como preservadora de los grandes valores morales, sociales y económicos del país. Pero no muy entendible, la exaltación épica del anarquismo mexicano.

La novela vale la pena leerla, aunque nos resulte excesivamente descriptiva y fastidiosa, pero, bueno, hay datos chistosos, y datos duros como decirnos del itinerario de los 19 que salieron condenados a Yucatán, para combatir en el territorio de Quintana Roo a los mayas rebeldes.

 Los roles que ejercieron en el ejército que fueron de cocineros para el rancho de la soldadesca y otros como ayudantes para edificar fortificaciones.

 Los chistoso es la conversión de homosexual transgénero a heterosexual de uno de los chicos, y que cuando es «sacado» de ese infierno, llega a vivir al puerto de Progreso y ahí se enamora de una yucateca clasemediera, educada y sencilla. Si poseemos un poco de ironía, pensaremos que la tradición yucateca de que los homosexuales se casen y tengan hijos para «taparle el ojo al macho» y poder seguir su vida gay libremente, se reafirma con esta novelita como eso, una tradición, porque tiene más de cien años que es una realidad de la sociedad yucateca. Al decir esto, no estoy exonerando a ninguno de los estados de la República Mexicana, porque todo es lo mismo en todos lados, sino, que estoy hablando específicamente de la península de Yucatán.

Bien, ahora pasemos a la realidad de ese escándalo en 1901, en la que todos los periódicos de la época, atacaron y se cebaron en la noticia, de una manera que vista a la distancia, resulta un mucho exagerada, que la torna sospechosa.

 ¿Cuál fue el verdadero motivo del arresto? ¿A quién realmente querían encarcelar y sacar de la ciudad? ¿Por qué nunca se realizó un verdadero juicio?

 Una fiesta así, no era materia de tanta represión y dureza a los detenidos.

 En El Hijo del Ahuizote del 1 de diciembre de 1901, se lee: «la depravación de los “41” no está calificada de delito en el Código; la falta a la moral que cometieron no fue pública y no hubiera llegado a las proporciones del escándalo sin la intervención de la política que la reveló haciéndola notoria.

 »El gobernadordel Distrito Federal se encargó de “procesarlo” –sin que los acusados tuvieran ninguna oportunidad de buscar representación legal o defenderse-, tomando la decisión de sentenciarlos a expulsión de la ciudad a Yucatán y un servicio militar obligatorio.»[1]

 Esto nos hace ver algo que ya sabíamos, el cómo se manejaban las sentencias de los enemigos del sistema porfirista.

 Quintana Roo, es considerado algo tan terrible como la Siberia de los zares rusos. Esto está escrito en una obra de teatro de Marcelino Dávalos: La sirena roja, donde este territorio, es conocido como la Siberia mexicana, esta obra de un acto se supone se escribió entre 1907 y 1908. 

 Socorro Merlín en Teatro y política en la obra de Marcelino Dávalos, escribe en las páginas 38-47:

 «Como testigo de las atrocidades de Quintana Roo y afín a las ideas del Partido Liberal Mexicano, Dávalos hace suyas las palabras, intenciones e ideología, inscritas en los periódicos clandestinos, que seguramente le llegaban a través de correos encubiertos y las cuales utilizaba para plasmar en sus obras el deseo de libertad de un pueblo oprimido. No solamente empleaba las ideas del PLM, sino otras del mismo tenor venidas del extranjero. Jesús Silva Herzog así lo testimonia, dice que muchos revolucionarios tenían influencias socialistas y anarquistas de Flores Magón, así como de Bekunin y de Prökoptin; este último con su obra La conquista del pan, que incita a los trabajadores a la revolución, leída ampliamente por los anarquistas mexicanos.

(…)

 La sirena roja consta de un acto pequeño dividido en tres cuadros, escenas con mucha acción y un discurso cargado de símbolos y significaciones políticas, donde el pueblo- a través de los personajes que lo representan pertenecientes a un nivel social bajo- es el olvidado, el injuriado, el que sufre inequidad, el sediento de libertad y de justicia- El personaje de La sirena es una alegoría que representa la conciencia de este pueblo y su deseo de libertad; es una figura retórica confirmada en las palabras del personaje que dice “Treinta años llevo en cadenada”, es decir, los treinta años del poder de Díaz. Es una obra difícil de representar en cualquiera de los teatros de la época –incluso Virginia Fábregas, que tanto apoyaba al teatro mexicano y a Marcelino su amigo, no iba a atreverse a poner ni La sirena…, ni La gaviota muerta. Así que su puesta en escena, si no imposible, sí era muy difícil. Los escritores opuestos al régimen eran perseguidos, exilados o asesinados, como sucedió con tantos escritores de revista mexicana, donde se burlaban del líder en turno.»

 Si a estos comentarios el de El Hijo del Ahuizote y el de la obra de Dávalos, unimos por ejemplo, que Emiliano Zapata, también leía a estos autores anarquistas, así como ciertos periódicos y revistas, y sabemos que su secretario de confianza era homosexual: Manuel Palafox,  comenzaremos a unir hilos para lograr entender que entrañaba esa fiesta de la cuarta calle de La Paz, quien o quienes se encontraban allí divirtiéndose y tal vez porque no, pasándose información anarquista en contra del sistema de Porfirio.

 Aquí comenzaríamos a ver esta historia «gay», como algo más.

 Recuerdo que conversando con el Dr. Fausto Trejo sobre este tema, a tratar de desentrañar esta maraña, porque era tan sencillo denostar a alguien diciéndole sodomita y desacreditarlo socialmente, que quien se quejaría o lucharía por sus derechos como ser humano a tener la signación sexual que fuere, cuando la mayor parte de la sociedad no sabía a ciencia cierta, si era una enfermedad, una degeneración, un pecado o algo normal.

 Esto hace más fácil para entender que entre los antiporfiristas, existían homosexuales politizados y militantes, revisemos la historia de la revolución y nos sorprenderemos de lo que vamos a encontrar.

 Bueno, prosigamos con la historia.

  A Yucatán llegaron sólo 19 de todos los detenidos en la fiesta de la ignominia.

 Buscando por allí y por acá, rescaté unos cuántos nombres, los otros habrá que rastrearlos para saber a quiénes enviaron a Quintana Roo, y de ellos cuántos pudieron regresar y reinsertarse de nuevo a la vida libre, así como quienes fallecieron.

 Es seguro que al subir Francisco I. Madero a la presidencia, muchos de estos presos políticos fueron liberados. Digo presos políticos, porque bien pudieron quedarse en la cárcel de Belem en la Ciudad de México, o en San Juan de Ulúa en Veracruz, un lugar cercano, digámoslo así para que pudieran visitarlos sus familias, y no exilarlos a la Siberia mexicana.    

Los nombres rescatados son: Jesús Solórzano, Jacinto Luna, Carlos Zozaya, Pascual Barrón, Felipe Martínez, Joaquín Moreno, Alejandro Pérez, Raúl Sevilla, Juan B. Sandoval, Jesús M. Rábago, Alejandro Redo y Jesús Solórzano.

 Esta historia entraña preguntas mucho más profundas que el simple hecho de estar en una fiesta homosexual a principios de siglo XX mexicano.


[1] Eduardo a. Castrejón (Seud.). Los cuarenta y uno: novela crítico-social. Difusión Cultural UNAM, México, Primera Reimpresión 2013, p.8.

Este artículo está bajo la licencia Creative Commons     

Fernando Muñoz Castillo nació en la ciudad de Mérida. Es dramaturgo, ensayista, teatrista, investigador y crítico. Medalla Yucatán (2013); Premio Nacional de Teatro Histórico del INBA (1985); Premio Nacional Vicente T. Mendoza del INHA (1986); Premio Iberoamericano Plural de Teatro (1989); Premio Estatal de Teatro Wilberto Cantón (1991); Premio de Teatro Infantil Yucatán (1992); Premio Estatal de Literatura Justo Sierra O’Really (1995); Premio Wilberto Cantón (1996);  Premio CANIEM al Arte Editorial, en el género de Biografía (1998); y Premio Estatal de Literatura Antonio Mediz Bolio (2000). Como director de escena, inició su carrera en 1969 con un espectáculo de música y poesía; al año siguiente, montó, con un grupo de universitarios, su obra Eugenio. Dirigió las compañías de teatro de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (1975); la de La Escuela Normal de Mérida Rodolfo Menéndez de la Peña (1976); y la Estatal Infantil de Quintana Roo.En 1971 escribió y dirigió Historia de amor, adaptó Variaciones sobre el tema de amor y Homenaje a León Felipe. En 1972 puso en escena  Mutación de solsticio de verano. Trasladó su residencia a la capital de la república dedicándose al teatro y a la investigación. Ha sido maestro de diferentes disciplinas teatrales, así como guionista de radio e investigador del cine mexicano. En 1977 presentó Temporada en el infiernoLos niños prohibidos y Noche de bandidos. Fue director del suplemento cultural El Búho del Diario del Sureste hasta su desaparición (1978-1981) y asesor cultural de la II Asamblea de Representantes de la Ciudad de México. Ha colaborado para revistas nacionales y extranjeras. En mayo del 2010, el grupo de teatro El caballero inexistente, bajo la dirección de Juan Ramón Góngora, estrenó, en el Museo de Arte Popular de la ciudad de México, la obra Soy Jasón, tengo 28 años; en julio, el Instituto de Cultura de Yucatán, le organizó un homenaje por sus 40 años de trayectoria. Actualmente trabaja en una obra para cabaret: El hastío es pavo real…

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