Los finados en Yucatán: U janal pixanoob | José Iván Borges Castillo

Cada año los yucatecos, desde la privacidad de sus casas y hogares, realizan la ofrenda que encierra la conmemoración en recuerdo de los muertos. Los yucatecos llaman a este tiempo como «de los santos finados» o simplemente finados y evoca un tiempo especial para los muertos. Es todo un rito de profundo respeto y envuelve las actividades que se realizan durante todo un mes, extendiéndose hasta los últimos días del mes de octubre.

Dos grandes religiones se enfrentaron: la maya nativa y la religión católica que llego con la conquista; la primera tenía establecido ya una conmemoración del recuerdo de sus muertos en fechas distintas distribuidas a lo largo del calendario maya, en tanto que la iglesia católica —esa que venía a extender su catecismo después del gran concilio de Trento— establecía para orar por las almas de los muertos el dos de noviembre, presidido desde el 1 de noviembre con la conmemoración de todos los santos, de esos hombres y mujeres que llegaron a la patria celestial pero que por evidentes razón no fueron canonizadas.

De los tres siglos de dominación española los mayas coloniales nos dejaron testimonio de esa resistencia forjada para mantener sus creencias mayas, aunque con el velo de la función de la religión católica oficial. Así, el Chilam Balam de Chumayel dicta: «Gemirán las almas de los muertos, desde los socavones de la ciudad de piedra de los Itzaes.» Y el Chilam Balam de Ixil contiene en su calendario: «1 de noviembre. Día de todos los santos (y) 2 Conmemoración de los difuntos».

La función ritual de honrar a los muertos se nutrió con toda seguridad con las religiones africanas y asiáticas que se establecieron en la Península; los libros sacramentales de las parroquias antiguas yucatecas, nos muestran el alto número de afrodescendientes, los pardos, que engrosaban la larga lista de esclavos, sirvientes, libres y pobladores dispersos. 

Mientras los mayas coloniales hablaban de la existencia de las almas que habitan en las cuevas subterráneas como los socavones de la tierra de los Itzaes, los católicos profesos imploraban al cielo por el descanso eterno de las almas de sus familiares, que como marca el catecismo, con toda probabilidad se encontraban en el purgatorio y había que hacer penitencia por ellas, pagar Misas, fundar obras pías, entre otras cosas para que las almas fueron liberadas del purgatorio —especie de lugar de castigo— para limpiar sus almas que tras quedar inmaculadas se iría al cielo a descansar.

Impulsado por la Iglesia en el orar por las almas de los muertos, los mayas ajustaron el calendario de sus ofrendas comenzando a realizarlo muy a propósito en los días que la Iglesia ya establecía en su santoral; así, lejos de levantar sospechas de idolatría o superstición, se unirían a la celebración litúrgica y copiando a lo que los españoles hacían en sus casas: colocar ofrendas o altares con calaveras, vinos, frutas —en evidente enseñanza de lo pasajero y fugaz de la vida y que todo debe enfocarse a la edificación cristiana— los mayas, desde lo privado, comenzaron a ejecutar sus ofrendas, pero muy distinto a los españoles y criollos católicos. Ellos, también venían de un mestizaje, donde los panes en calaveras, huesos, era parte accesoria de su celebración.

Ya para el siglo XIX, las crónicas nos hablan de la ejecución de este rito entre los mayas yucatecos. Los cronistas no hablan de esto como meras supersticiones. El viajero norteamericano John L. Stephens, que visitó Yucatán en 1839, en su bitácora de viaje escribió: «Era la gran fiesta de Todos los santos… además de las ceremonias que usan en la Iglesia Católica en todo el mundo, hay una que es peculiar en Yucatán, deriva de la costumbre de los indios…» y va describiendo el uso de velas benditas que se encienden en honor de los difuntos, así como la elaboración del «mucbipollo» cocido bajo la tierra, de igual forma habla de la ofrenda al ánima sola y de la creencias entre los mayas yucatecos de que las ánimas vienen de visita.   

Y en 1860 el periódico La Burla, publicado en Mérida, saca a la luz un poema al «Janal Pixán», así con J, en cuyos laudos hablara del «mucbi-pollo», del Tanchucua, de los atoles, del anís, del «mucbi-xpelón», y del mucbi o pib de conejo, gallinas y pollos. También Manuel Barbachano y Tarrazo en su artículo Día de todos los Santos, publicado en 1894 nos hablara de las mismas particularidades de la celebración entre los mayas que han descrito los anteriores.

En la primera mitad del siglo XX, los escritores yucatecos como Santiago Pacheco Cruz y Luis Rosado Vega hablarán con detalles de la celebración de finados entre la comunidad maya. Rosado Vega en su libro Amerindmaya refiere con detalles todo el rito, señal a los pibes, la colocación de bebidas, la quema de velas de cera, y la entrega de toda la ofrenda con los rezos de un sacerdote maya, un Yum Men.

El día de finados en el Yucatán actual y con sus múltiples manifestaciones, según sea la región de la Península y pueblo, comisaría o hacienda donde se realiza, se expone con sus propias particularidades y características; no hay un patrón a seguir de lo que debe o no llevar los altares. Todo se ajusta según las posibilidad de cada familia y de cada cual, debe prevalecer siempre la buena voluntad de realizarlo, de tener el sentimiento y la creencia, consta por los testimonios recogidos que hasta un vaso de agua con un pan en la mesa del altar es suficiente, si se realiza con verdadera voluntad.

Recogiendo los testimonios de los abuelos con más de ochenta años de mi comunidad Tekal de Venegas, las ánimas llegan para permanecer todo el mes de noviembre. Por lo tanto, el día 31 de octubre llegan desde temprano las ánimas de los niños difuntos. Ese día el altar luce con panes en forma de muñecos, las velas serán de colores y se pueden colocar juguetes y trompitos en el altar. Ese día se coloca de bienvenida, chocolate caliente y panes.

Al mediodía se puede colocar una comida no condimentada, puchero de pollo, sopas de gallina, o bien por la tarde, poner «vaporcitos», como se le dice a los tamales de espolón con manteca o de cool y carne de gallina.

En ese mismo altar se recibieran a las ánimas de los adultos ya fallecidos. El día primero se les da la bienvenida con panes y chocolate caliente, al medio día se coloca la comida grande como mechado de pavo, relleno negro, chirmole de puerco, encebollado de pavo, o comida especialidad de la casa. Las velas serán blancas; sin embargo, en algunos pueblos colocan velas negras.

La piadosa tradición señala que se debe rezar en la mañana para darles la bienvenida a las ánimas. Se canta el rosario y de igual forma se debe rezar al medio día o cuando se coloca la ofrenda.

El altar se adorna con flores de xpujuc, amor seco, árnica, y otras flores de la región, así como hojas olorosas de ruda y albahaca. En la noche víspera del 31 y 2 de noviembre se colocan velas o veladoras encendidas en al puertas de la casa para darles la bienvenida, así como ramos de flores.

Los preparativos de recibir a las ánimas comienzan desde las últimas semanas de octubre, con la limpieza de la casa y el solar. Compras de velas, tablillas y demás enseres necesarios. Se dice que desde el 25 de octubre algunas ánimas comienzan a salir del purgatorio por eso es necesario que a los niños les pongan un cordón negro o rojo en el pulso para que las ánimas no las lleven. Se dice que las lluvias postreras de octubre son señal de que las ánimas están limpiando su camino para llegar a sus pueblos.

Desde que llegan los primero días de noviembre, las ánimas permanecerán por el tiempo de treinta días, que son lo que corresponden al mes de noviembre; por tanto, si la familia no celebro la llega y ninguno de los días establecidos, en cualquier odia del mes puede hacer su ofrenda, ya que las ánimas están aquí.

El 7 u 8 de noviembre se realiza el ochovario en algunos pueblos yucatecos, es entonces cuando aparece el pib como ofrenda en el altar y se reza solemne para que la ofrenda sea tomada.

El 30 de noviembre tiene lugar el bix mes, o sea, la despedida de las ánimas. Ahora será en la noche cuando se realiza todo un rito establecido: se coloca una nueva ofrenda pero ahora de alimentos sólidos: panes, tamales, o pibes, que serán envueltos con servilletas y dejados en el altar por toda la noche para que las ánimas al retirarse lleven esos alimentos.

Se dice que las ánimas de las personas que fallecieron en el año no salen para venir a descansar por un mes, solamente vienen el 30 de noviembre para cargar los pibes y velas que serán llevadas. Los cabos de velas serán encendidos en los caminos o en las albarradas para alumbrar el camino de regreso de las ánimas al purgatorio, entonces comenzara la espera del próximo noviembre.

Termino citando al maestro Rosado Vega, en lo que escribe: «Sí; sí vuelven los muertos a este mundo que nunca abandonan por completo. Vuelven sus almas y, a veces, hasta con sus propios  cuerpos que dejaron; vuelve a ver a sus familiares y amigos…»

Miembro fundador de la Unión de Escritores Comunitarios. Historiador e investigador de temas histórico-religiosos y de la vida cotidiana de las comunidades yucatecas. Ha realizado rescate de tradición oral en su comunidad y publicado artículos, leyendas y cuentos en el periódico Por Esto! Es autor de Historia de una reina (Cepsa, 2006), Arzobispo mariano Tritschler y córdova (Salettianas, 2013) y Leyendas de Tekal (20014).

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