La muerte en Yucatán | Janal Pixan (Alimento de las ánimas) [1999] | Valerio Buenfil; et al…

En la cultura yucateca todo es vida y la muerte es parte de ella. No es final, es inicio perpetuo. Ella nos precede y sucede; sin el deceso de nuestros ancestros no tendríamos vida. En Yucatán, la muerte es vista como continuidad, permanencia y renovación. Todos la cargamos, es nuestra compañera de viaje, nos alerta ante el peligro recordándonos a cada momento nuestra naturaleza mortal y limitada.

El antropólogo José Tec Poot (1949-1985), fundador de la Unidad Regional de Culturas Populares de Yucatán, rescató de la tradición oral este hermoso poema:

Tucul in cab u yahal cab

tucul in cab u yocol kin

tech tun in tuculé

tech can a bis in pol chikin.

(Pensando estoy cuando amanece,

pensando estoy cuando cae el sol,

entonces tú, pensamiento mío,

has de llevarme hasta la muerte.)

Estas palabras ilustran claramente el por qué nos relacionamos con la muerte con naturalidad.

Los yucatecos nos revaloramos en el Janal Pixan, reconocemos nuestras sólidas raíces mayas y todas las influencias culturales que lo matizan. Recordemos que los españoles trajeron un catolicismo híbrido por el que se infiltraron a América desde las prácticas más antiguas de los pueblos celtas e iberos, hasta las medievales de musulmanes y judíos. Y que la población africana esclavizada también trajo su equipaje de creencias y dioses que acabó entretejido con el de los nativos. Por su ubicación estratégica en el Golfo y el Caribe, Yucatán es, y ha sido, un enclave en la economía internacional al que arribaron, además de europeos y africanos, chinos, coreanos, siriolibaneses, cubanos, mexicanos de todo el país y norteamericanos.

Por ello el Janal Pixan en estas tierras ya no es una manifestación cultural homogénea sino una práctica llena de matices familiares, étnicos y de grupo. Tiene lugar los días 31 de octubre para las almas infantiles; 1 de noviembre para las adultas; el 2 para los Fieles Difuntos, y se prolonga por ocho días en algunas comunidades.

Desde unos días antes, panaderos, alfareros, comerciantes, carniceros y agricultores seleccionan y preparan para su venta los artículos y productos agrícolas que la tradición exige; las lores en los mercados encienden el ambiente de fiesta, mientras los marchantes los invaden para comprar hojas de plátano, xpéelon o frijol tierno [Phaseolus Vulgaris], masa nueva, carnes, condimentos, velas, incensarios, frutas y dulces tradicionales.

Las iglesias fortalecen sus actos litúrgicos y sus servicios. Las escuelas y los centros culturales de la capital y los municipios organizan concursos y muestras de altares del Janal Pixan. Y los centros comerciales, las tiendas de electrodomésticos, las empresas transnacionales y los hoteles adornan sus espacios con globos de colores negros y naranjas, brujas, calabazas y búhos, característicos del Halloween, celebración norteamericana que ha adquirido mucha popularidad en Yucatán.

Con días de anticipación, los familiares de los muertos acuden a los panteones para arreglar las tumbas; las limpian, les encienden velas, arreglan las cruces y las adornan con flores típicas de la temporada, predominando los colores amarillo y morado. Y dan comienzo los preparativos para hacer las ofrendas, cuya esencia nutrirá a los muertos. En mesas de uso cotidiano cubiertas con manteles limpios y bordados se pone la tradicional Cruz Verde, los retratos de los difuntos y la comida y bebidas que más apetecían en vida, acompañándolas con frutas, flores, velas, panes, cigarrillos, sal y un vaso con agua. Esto último es indispensable, pues el ánima viene sedienta de tan largo viaje y deberá ser alimentada para resistir tan duro esfuerzo.

Por ello la ofrenda es generosa; además de los mucbil pollos o pibes se ofrecen platillos tradicionales como relleno negro, relleno blanco, frijol con puerco, escabeche oriental, mechado, puchero, tamales, chachak, waaje, chile habanero, naranjas dulces, mandarinas [Citrus Nobilis], plátanos, yuca [Manihot Esculenta], camote [Ipomea Batatas], jícama [Pachyrhizus Erosus], makal [Discorea Alata], dulces de coco, de pepita de calabaza [Cucurbita Mastacha], de cocoyol [Acrocomia Mexicana Karw], ciricote [Cordia Dodecandra] en almíbar, calabaza melada, melcochas, arepas, panes dulces y miel.

En algunas comunidades del sur, centro y oriente del estado, es costumbre colocar velas en las albarradas para iluminar el trayecto de las ánimas, e impedir que sean molestadas por los demonios. En la víspera de la celebración se cree que cae una ligera llovizna porque los muertos lavan sus ropas para venir a la Tierra. Asimismo, se considera que los cazadores de venado no deben ir a la cacería, pues corren el peligro de dispararle al alma de algún «tirador» difunto; y las bordadoras de huipiles no deben trabajar en esos días, pues pueden coser la piel de algún muerto. A los niños recién nacidos se les anudan hilos de color negro en las muñecas para protegerlos de los malos espíritus que rondan en esos días. Las mujeres limpian muy bien las casas, y con agua y hojas de ciricote, lavan los banquillos, las mesas, jícaras y hamacas; los hombres, por su parte, barren los solares para que las ánimas no se encarguen de hacerlo.

Para que los Pixanes acudan a recibir las ofrendas es preciso rezarles, quemar incienso, y entregar los alimentos con oraciones y rosarios de cinco a quince misterios, con cantos y letanías que se acompañan con música de serafina (armonio).

El Janal Pixan o Comida de Ánimas es un ritual especial y en su realización interviene toda la familia. Las mujeres son las encargadas de elaborar los alimentos y colocar el altar para las ofrendas. Los hombres excavan el agujero y realizan el muuk para hornear los mucbil pollos, platillo especial para esta ocasión.   

Texto tomado del libro Hanal Pixán. Alimentos de las ánimas. The Meat of the spirits; Buenfil, Valerio; Ramayo, Teresa; y Rodríguez, Juan Carlos; Instituto de Cultura de Yucatán; Primera edición, 1999; Pp. 29-34

Esta transcripción se realiza como parte del proyecto «Rescate Bibliográfico de Yucatán y de Autores Peninsulares», impulsado por Ediciones Letras en Rebeldía en coordinación con el Centro Yucateco de Escritores A.C. Este proyecto es sin ánimos de lucro, no recibe financiamiento público ni privado. Para donaciones económicas y/o aportes bibliográficos, mandar correo electrónico a arteyculturaenrebeldia.prensa@gmail.com

Transcripción, digitalización y edición para plataformas digitales: Armando Pacheco (Ediciones Letras en Rebeldía)

Acervo: Biblioteca Melba Alfaro Gómez (Colectivo Letras en Rebeldía)

Responsable del proyecto: Armando Pacheco

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s