Trascendental noche para nuestra América | Cristóbal León Campos

El 3 de octubre de 1965 es una fecha significativa para la historia de la Revolución cubana y de las luchas de liberación latinoamericanas, ese día Fidel Castro anunció el surgimiento del Partido Comunista de Cuba tras largo camino evolutivo revelando a su primer Comité Central. En el mismo acto, el Comandante evocó a una figura central de la revolución cuya repercusión en ideas-ejemplo continua vigente, con carga emotiva aludió: “Hay una ausencia en nuestro Comité Central de quien posee todos los méritos y todas las virtudes necesarias en el grado más alto para pertenecer a él y que, sin embargo, no figura entre los miembros de nuestro Comité Central”, refiriéndose a Ernesto Che Guevara, quien había partido rumbo al Congo y posteriormente a Bolivia. Instantes después, dio lectura a la “Carta de despedida” que el Che dejó para él y para el pueblo cubano.

La lectura de Fidel preserva en las grabaciones heredadas a las nuevas generaciones un gran sentimiento mediante el tono y pausas acostumbradas en sus alocuciones públicas, la voz quebrada es muestra humana del Comandante que al fin pudo a hablar de su amigo sin arriesgar la misión pactada. El Che se había marchado a cumplir uno de sus grandes ideales: “luchar contra el imperialismo donde quiera que esté”, tal y como lo concibe el internacionalismo. Despojado de todo y provisto únicamente de su convicción marxista-revolucionaria por el socialismo, el “soldado de América” anduvo organizando la resistencia anticolonialista en África y la emancipación definitiva de América Latina. En esa misma efeméride, se dio a conocer el acuerdo unánime para la fusión de los periódicos Revolución y Hoy dando lugar al Granma como símbolo de la concepción ideológica del proceso cubano.

La misiva del Che, más que el cúmulo de palabras-sentimientos expresados, es en lo fundamental una declaración de principios revolucionarios y fidelidades humanas que marcaron su actuación en la Revolución cubana, así como la demostración puntual de que la relación entre ambos líderes revolucionarios rebasó la mera coincidencia de ideas convergiendo en una amistad profunda, algo que imperialismo quiso manipular propagando leyendas falsas, pero que al final de cuentas la grandeza de la verdad histórica ha demostrado que Fidel y el Che sostuvieron desde los primeros días de conocerse un profundo respeto y admiración convertido en cariño al paso del tiempo. La posterior mitificación sobre la figura del Che tras su asesinato en Bolivia, lo pretendió convertir en ícono inocuo-rebelde, alejado del marxismo y los preceptos socialistas, pero nuevamente la historia ha mostrado la fuerza del pensamiento revolucionario, antiimperialista y socialista que identificó a Ernesto Che Guevara.

Entre los planteamientos que el Che legó en su misiva, destacan su convicción por un mejor porvenir de la humanidad, la confianza puesta en los ideales emanados del proceso cubano, así como su concepción del “hombre nuevo” que ya había desarrollado en otra carta-artículo del 12 de marzo de 1965, publicada en la revista Marcha bajo el titulo “El socialismo y el hombre en Cuba”, pues cuando refiere en su mensaje de despedida “aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor”, no hace otra cosa que referirse al “hombre nuevo”, ya que para el Che el revolucionario es ante todo un constructor. El abrazo con “fervor revolucionario” del Che retumbó aquella noche en todo el continente y aún lo hace en quienes luchan por un mundo mejor.

Cristóbal León Campos es Licenciado en Ciencias Antropológicas con Especialidad en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán. Integrante fundador de la Red Literaria del Sureste México-Nuestra América. Es editor de Disyuntivas. Cuaderno de Pensamiento y Cultura. Colaborador de Por Esto!, La Jornada Maya, Novedades de Yucatán, De Peso y diversos medios impresos y digitales. Coautor del libro Héctor Victoria Aguilar. Esbozo para una biografía (SEGEY. 2015), coeditor del libro Migración cubana y educación en Yucatán. Actores, procesos y aportaciones (SEGEY, 2015), autor de En voz íntima (Disyuntivas ediciones, 2017). Miembro de la Asociación Mexicana de Estudios de la Caribe (AMEC) y del equipo de promoción de Archipiélago. Revista cultural de Nuestra América (UNAM-UNESCO), miembro de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Fue coordinador académico de la Casa de la Historia de la Educación de Yucatán de 2010 a 2019. Actualmente es Coordinador de la Cátedra Libre de Pensamiento Latinoamericano «Ernesto Che Guevara».

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