Viena 1993, cuando las mujeres nos hicimos humanas* | Introducción y Los derechos de las mujeres en la formación de la ONU | Alda Facio

Introducción

Creo no exagerar cuando afirmo que la mayoría de las mujeres desconocemos las luchas que, en diferentes campos y niveles, se han dado a través de la historia por la defensa de nuestros derechos. Pero no voy a contar esta emocionante historia aquí. Voy a limitar este ensayo a un breve periodo de la larga lucha que hemos llevado adelante miles de mujeres por el respeto, defensa y disfrute de nuestros derechos. No es toda la historia, sino aquella que se relaciona con la Conferencia Mundial de Naciones Unidas (ONU) sobre Derechos Humanos (ddhh) celebrada en Viena en 1993, porque fue ahí donde por primera vez se explicitó que los derechos de las mujeres son ddhh. Es decir, no fue hasta finales del siglo XX que las mujeres alcanzamos la categoría de humanas para el derecho internacional.

Limito esta historia a esa conferencia por razones de espacio, pero la lucha no empezó ni terminó ahí. Después de Viena se organizaron muchas conferencias internacionales más, en donde las mujeres tuvimos que cabildear para darle un contenido a los ddhh que incluyera las muy diversas realidades de las mujeres del mundo. Mucho se ha hecho desde 1993, pero no todo ha sido favorable. Por eso, seguimos luchando dentro y fuera de la ONU para darle sentido al estribillo que se repetía por todo el mundo en los meses previos a la conferencia: «Los derechos de las mujeres son derechos humanos».

Uno de los logros de 1993 ha sido la creación, en 2010, de una nueva entidad dentro del sistema de la ONU tras años de negociaciones entre los Estados miembros y el movimiento de mujeres, para fortalecer y unificar el trabajo de la ONU en relación al logro de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. Ojalá que con esta nueva agencia la ONU pueda cumplir sus promesas de igualdad hechas hace más de sesenta.

II. Los derechos de las mujeres en la formación de la ONU[1]

En la Conferencia de San Francisco de 1945, dedicada a redactar la Carta de la ONU, hubo unanimidad en que la promoción de los ddhh debería ser uno de los fines esenciales de la nueva organización. A pesar de que no se logró que la Carta contuviera un listado de esos derechos, sí hubo un compromiso de los gobiernos de redactar una declaración en el futuro[2]. Aunque en casi ninguno de los documentos históricos sobre esta conferencia se habla del asunto, a esta Conferencia asistieron varias mujeres en delegaciones oficiales, así como en las de las de las ONG, que hicieron aportes cruciales tanto en la redacción misma de la Carta como en el hecho de que la protección de los ddhh fuera uno de los fines de la ONU. Estas mujeres lograron que la Carta contuviera el establecimiento de una Comisión de Derechos Humanos (CDH) que hiciera referencia explícita a la prohibición de la discriminación sexual.

Contrario a los argumentos de la mayoría de los delegados, quienes sostenían que una cláusula sobre igualdad sería suficiente garantía para los derechos de las mujeres, las delegadas de Brasil, República Dominicana y México[3], exigieron con éxito que la palabra “sexo” se agregara a la lista de las demás prohibiciones que la carta establecía para que los Estados y la misma ONU no hicieran distinciones basadas en esas categorías a la hora de respetar, proteger o garantizar los ddhh. Ellas insistieron en que agregar la palabra “sexo” a la lista de prohibiciones significaría que la discriminación sexual sería considerada tan atroz como la discriminación racial, política, religiosa u otra, idea que no era compartida por todos los delegados quienes aseguraban que la discriminación sexual era un mal menor y hasta inevitable. A pesar de la oposición, la palabra “sexo” quedó incluida. La importancia de este logro no sería comprendida hasta muchos años después, cuando el movimiento de mujeres se apoyó sobre este cambio de paradigma para exigir que los derechos de las mujeres fueran considerados ddhh y para hacer el vínculo entre igualdad y no discriminación. Vínculo imprescindible para entender la verdadera igualdad entre todos los seres humanos.

En 1946, el Consejo Económico y Social (ECOSOC)[4] decidió crear una subcomisión de la CDH para que se encargara de la condición jurídica y social de las mujeres, pero desde su primera reunión, la subcomisión recomendó que se la elevara al estatus de una comisión autónoma; y así fue como nació la Comisión de la condición jurídica y social de la mujer (CSW). Su objetivo principal es promover la implementación del principio de que hombres y mujeres deben gozar de derechos iguales[5]. Una de las primeras tareas de la CSW fue concentrarse en la discriminación contra las mujeres enfrentándola desde una perspectiva legal centrada en la igualdad. De haber seguido la CSW por este camino, la corriente androcéntrica de los ddhh habría tenido que enfrentar el reto de conceptualizar la igualdad desde el derecho a la no discriminación y tomando en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres. Pero no fue así; al poco tiempo, la CSW empezó a enfocar la igualdad de mujeres y hombres desde una perspectiva de “desarrollo”, alejándose más y más del enfoque de los ddhh.

Este alejamiento probó ser nefasto para la conceptualización de la igualdad desde una perspectiva de derechos humanos[6] y para la promoción y defensa de los derechos de las mujeres, ya que la CDH se lavaba las manos ante cualquier violación a los derechos de las mujeres arguyendo que eso era materia de la CSW[7], mientras que ésta insistía en que las violaciones concretas a los derechos de las mujeres no eran parte de su mandato. Así, mientras que la CDH fue desarrollando un número impresionante de mecanismos para monitorear las violaciones a los derechos del hombre, la CSW se conformó con un limitado mecanismo que se reduce a un procedimiento de queja-información-comunicación, utilizado por la CSW para sus propios estudios y para informar al ECOSOC sobre los patrones y tendencias que se desprenden de las violaciones[8].

A pesar de la relativa debilidad de la CSW, muchas personas piensan que la decisión de separar las entidades de ddhh de las de las mujeres en la ONU fue acertada porque la CSW logró crear normas y estándares legales importantes, y también porque la CSW ha sido el único órgano político de la ONU con una proporción importante y permanente de delegadas mujeres[9].

Una de las primeras cosas que hizo la CSW fue solicitar participar en la redacción de la Declaración Universal. El logro más conocido de sus delegadas fue convencer a los redactores de cambiar el artículo 1 que originalmente decía “todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos…” para que se leyera “todos las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Aquellas primeras delegadas sabían muy bien el impacto excluyente del lenguaje androcéntrico.

Durante los siguientes años, la CSW logró la adopción de varios tratados que garantizaban muchos derechos para las mujeres. En 1967, consiguió que la Asamblea General de la ONU adoptara la “Declaración sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer”, la cual consolidó muchos de los elementos que anteriormente la CSW había promovido en diferentes tratados. Al hacer un llamado a la eliminación de todas las prácticas y costumbres discriminatorias, así como también de leyes formales, esta Declaración adelantó de forma importante la conceptualización de la igualdad substantiva y la fijación de estándares para los derechos de las mujeres.

La Declaración también sirvió de base para la legalmente vinculante “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer” (CEDAW), adoptada en 1979. La CEDAW formalizó esta nueva manera de entender la igualdad, vinculada a la eliminación de todas las formas de discriminación, con lo que fortaleció inmensamente los derechos de las mujeres. La CEDAW fue, y sigue siendo, el primer y más importante tratado sobre los ddhh de todas las mujeres y si bien no era considerado un tratado de ddhh por la misma ONU, sino un tratado de derechos de las mujeres, después de 1993 pasó a ser uno de los ocho tratados principales del sistema de ddhh de la ONU.

Otro asunto enfrentado por la CSW en aquellos años fue cómo garantizar que las mujeres realmente pudieran ejercer sus derechos. Inicialmente, los programas para las mujeres se concentraban en sus derechos individuales y en la igualdad formal. A finales de los años sesenta, sin embargo, hubo un cambio de enfoque hacia el rol de la mujer en los procesos de desarrollo económico y social en el mundo entero. De esta manera el enfoque de ddhh quedó descartado.

El cambio de abordaje agrandó la brecha ya existente entre el sistema para el adelanto de la mujer y el de los ddhh de la ONU, ya que en este último el enfoque, aunque androcéntrico, partía de la documentación de violaciones concretas a los derechos, lo que llevaba a recomendaciones concretas para el mejoramiento de la sociedad. En cambio, para la CSW lo central era lograr el “adelanto” de las mujeres, que se traducía en lograr más participación de las mujeres en la sociedad sin cuestionarse esa sociedad y sin cuestionarse de dónde venían y por qué se daban las desigualdades entre mujeres y hombres. Esto la llevó a hacer recomendaciones que más que cambios en la sociedad, se concentraban en lograr la inclusión de las mujeres en sus diferentes ámbitos.

Otra función importante de la CSW ha sido fungir como organismo preparatorio de las cuatro conferencias internacionales sobre la mujer que organizó la ONU entre 1975 y 1995, así como las tres conferencias conocidas como Beijing +5, Beijing+10 y Beijing+15.

La primera conferencia se realizó en México en 1975, el Año Internacional de la Mujer. En esta conferencia los Estados adoptaron un “Plan de Acción de la Ciudad de México” que tuvo como resultado la proclamación por la Asamblea General de la ONU del “Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1975-1985). Es debido a esto que se dice que esta conferencia tuvo un carácter declaratorio. A pesar de la audacia del Plan, el documento es una lista de “asuntos” que tienen que ver con las mujeres, sin ninguna explicación de las causas que podrían ayudar a identificar políticas correctivas. Sin embargo, hay que reconocer que en la evolución de los ddhh, un primer paso siempre ha sido poder ver ciertos actos como violatorios. Por eso considero que esta conferencia fue indispensable, ya que en ella se reconocieron derechos que luego serían plasmados en la CEDAW.

La segunda conferencia tuvo lugar en Copenhague en 1980 y se organizó con el objetivo de evaluar el desarrollo del decenio. A partir de esta evaluación, los Estados aprobaron un Programa de Acción para la segunda mitad del Decenio en el que se puso énfasis en los temas relativos a la educación, el empleo y la salud. En mi opinión, lo más importante de esta conferencia fue que llevó la discusión sobre la igualdad un poco más lejos explicando que la igualdad no se reduce a la formal sino que incluye también la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades. En otras palabras, se empezaba a hablar de lo que hoy en día se conoce como la igualdad substantiva. En este sentido, se analizó la desigualdad de las mujeres como causada o relacionada con la falta de acceso a recursos y a la participación política. La conferencia hizo un llamado a los gobiernos no sólo para revisar y eliminar la discriminación legal, sino también para que informaran a las mujeres de sus derechos y sobre cómo exigirlos[10]. Esta estrategia es lo que se conoce en el mundo de las ONG como “educación legal popular”.

Aunque los gobiernos en Copenhague empezaron a discutir el tema de la violencia, cosa que no se había hecho en México, su enfoque no fue desde el marco de los ddhh sino más bien desde un enfoque de la salud. El Programa de Acción toca el tema de “las mujeres maltratadas y la violencia en la familia” e identifica la necesidad de mejorar la salud física y mental de las mujeres mediante el desarrollo de programas y políticas “dirigidos a la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres y niños y la protección de mujeres de todas las edades del abuso mental y físico resultante de la violencia doméstica, el ataque sexual, la explotación sexual y cualquier otra forma de abuso”[11].

Pero esta segunda conferencia será recordada, sobre todo, por haber sido el foro donde se realizó la ceremonia especial, el 17 de julio de 1980, en donde 64 Estados suscribieron la CEDAW y dos presentaron sus instrumentos de ratificación, Cuba y Guyana.

La tercera conferencia se realizó en Nairobi en 1985 y tuvo como objetivo evaluar los avances logrados y los obstáculos enfrentados durante el Decenio. A partir de este análisis, los Estados aprobaron por consenso el documento “Las estrategias de Nairobi orientadas hacia el futuro para el adelanto de la mujer hasta el año 2000”. Estas estrategias son un conjunto de medidas que los Estados deberían haber adoptado a fin de promover el reconocimiento social del papel de las mujeres y el ejercicio de sus ddhh. Gracias a la aprobación de este documento se dice que esta conferencia tuvo un carácter estratégico.

Comparada con las conferencias de México y Copenhague, ésta hizo menos énfasis en el lenguaje de los ddhh, en el sentido que dejó de lado las garantías de ddhh en relación con los temas económicos y sociales, tales como la educación y la salud, aunque mantuvo referencias al derecho al trabajo, libertad de asociación y el derecho a poseer o vender propiedades. Sin embargo, el documento final de Nairobi hizo un llamado a las mujeres para que ejercieran efectivamente sus derechos en asuntos concernientes a los intereses de la población, incluyendo el básico de controlar sus propias fertilidades, la cual forma una importante base para el disfrute de otros derechos. Nairobi marcó la primera vez que se reconoció que las mujeres individuales tenían derechos reproductivos, aunque no se nombraron de esta manera. La educación legal popular fue otra vez resaltada en Nairobi y se instó a los gobiernos para que garantizaran los derechos de las mujeres en poblaciones minoritarias e indígenas.

Nairobi fue la primera conferencia en la cual la violencia contra las mujeres (VCM) fue señalada en el contexto de los ddhh. Al caracterizarla como “obstáculo principal para lograr la paz y otros objetivos de la Década”, las Estrategias pidieron medidas para prevenirla, dar asistencia a sus víctimas y crear mecanismos nacionales para enfrentarla.

El éxito de estas primeras tres conferencias se debió en gran medida a las contribuciones de muchas ONG que asistieron en un número sin precedentes. Pero el acontecimiento que tuvo el mayor impacto en relación a lo que luego se llamarían ddhh de las mujeres fue el Foro de

ONG de Mujeres, Derecho y Desarrollo (el Foro MDD)[12]. En este foro se presentaron cincuenta y cinco ponencias concernientes a la situación de las mujeres en 32 países, lo que facilitó apasionadas discusiones entre las participantes, resaltando la creciente toma de conciencia entre las mujeres del tercer mundo de que las leyes no eran solamente un instrumento que apoyaba la discriminación tradicional contra las mujeres, sino que podían ser usadas como instrumento de transformación social.

La última y cuarta conferencia se realizó en 1995 en Beijing. Al comprobar que, a pesar de todas las medidas adoptadas, aún persistían los obstáculos para lograr la igualdad de oportunidades y derechos de las mujeres, esta conferencia adoptó “La Plataforma de Acción” que consta de una serie de medidas que los Estados estaban obligados a implementar en los quince años posteriores a la conferencia[13]. Se ha dicho que esta conferencia tuvo un carácter vinculante, en el sentido de que desarrolló las medidas que deben adoptarse para cumplir con lo estipulado en la CEDAW15. En este sentido, es la conferencia sobre la mujer que más explícitamente ha planteado sus temas desde un enfoque de género y de ddhh. Sin embargo, también es la conferencia que más se alejó de un lenguaje de ddhh en muchos de sus apartados al sustituir el término “igualdad” por el de “equidad”, sustitución que había sido promovida por el Vaticano precisamente para impedir que se consolidara el lenguaje de derechos humanos con relación a las mujeres y para reforzar la errónea idea de que la igualdad exige tratamiento idéntico al no reconocer las diferencias reales y construidas.

Después de estas conferencias, la CSW ha seguido reuniéndose cada año para discutir la implementación de la Plataforma de Acción de Beijing por áreas, y en el año 2000, 2005 y 2010 organizó las reuniones llamadas Beijing+ para evaluar los avances en la implementación de la

Plataforma. Es incuestionable que después de 1993 la CSW ha cambiado su enfoque hacia uno de ddhh, pero el creciente empoderamiento de regímenes fundamentalistas misóginos en todo el mundo, la siempre creciente participación de ONG de derechas y familistas en sus reuniones, y la falta de conocimiento sobre la CEDAW y su poco uso por parte del movimiento amplio de mujeres, ha dificultado muchísimo la plena incorporación de una perspectiva de ddhh en su accionar.


[1] The Unfinished Story of Women and the United Nations es una publicación del año 2007 del Servicio de enlace de Las Naciones Unidas con las Organizaciones No Gubernamentales (SENGONU), NGLS en su sigla en inglés. El libro cubre muchos años de historia de incidencia de las mujeres en el sistema internacional y de la ONU.

[2] Pacheco, Máximo, Los Derechos Humanos, Documentos Básicos, Editorial Jurídica de Chile, Santiago de Chile, 1987, p IX.

[3] Ver Connors, Jane, “NGO’s and the Human Rights of Women” en The Conscience of the World: The Influence of NGO’s in The UN System, Peter Williams, Ed., Washington D.C., The Brookings Institution, 1996.

[4] Siglas en Inglés para el Consejo Económico y Social. El ECOSOC es el principal órgano coordinador de la labor económica y social de la ONU y de los organismos e instituciones especializadas que constituyen el sistema de las Naciones Unidas. El Consejo, establecido por la Carta de Naciones Unidas tiene 54 miembros,

con mandatos de tres años. Cada miembro tiene un voto y el Consejo toma sus decisiones por mayoría simple.

[5] Derechos iguales no quiere decir derechos idénticos. Quiere decir que hombres y mujeres tienen derecho a disfrutar de todos los ddhh que sean necesarios para su existencia digna tomando en cuenta sus diferencias biológicas así como las estructuras de género que construyen tantas desigualdades para las mujeres.

[6] Que no exige tratamiento idéntico sino tratamiento que no resulte en discriminación.

[7] A pesar de que al día de hoy, el mandato original de la Comisión de ddhh incluye la prevención de la discriminación basada en el sexo.

[8] Schuler, Margaret y Thomas, Dorothy: Derechos humanos de las mujeres, paso a paso, edición en español, IIDH, San José, Costa Rica, 1999, pp. 49.

[9] Aquí es interesante acotar que cuando se creó la Sub-Comisión que luego se convertiría en la CSW, sólo fueron designadas delegadas mujeres por lo que el presidente del ECOSOC decidió nombrar a 3 miembros ex oficio para asegurar que la Sub-Comisión fuera mixta. Por otro lado, en la CDH, había una única mujer, y esto no molestó a nadie.

[10] Informe de la Conferencia Mundial de la ONU para el Decenio de la Mujer: Igualdad, Desarrollo y Paz U.N. doc. A/CONF.94/35 (1980).

[11] Idem. Resolución 5.

[12] The WLD Forum por sus siglas en inglés. La metodología WLD le sirvió luego a diferentes redes y ONG y de ahí nacieron.

[13] De ahí las conferencias conocidas como Beijing+5,+10 y +15.


[*] Este artículo está basado en un libro que está escribiendo la autora sobre la evolución de los derechos humanos de las mujeres en la ONU.

Texto tomado del libro Feminismo, género e igualdad, coordinado por Marcela Lagarde (UNAM) y Amelia Valcárcel (UNED); Colección Pensamiento Iberoamericano; publicado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Fundación Carolina; Madrid, España, 2011; Pp. 5-11

Alda Facio es una jurista feminista, escritora, docente y experta internacional en género y derechos humanos referente en Latinoamérica. Es una de las fundadoras del Caucus de Mujeres por una Justicia de Género en la Corte Penal Internacional. Desde 1991 es directora del Programa “Mujer, Justicia y Género” del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente (ILANUD) y vicepresidenta de la Fundación Justicia y Género además de ser fundadora de Ventana, uno de los primeros grupos feministas en el país en los años setentas en Costa Rica.​ Está considerada una de las promotoras de la Ley de Igualdad Social en los años ochenta, además de ser una de las 10 mujeres en el mundo que organizó el Tribunal en Viena sobre la violación a los derechos de las mujeres.

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