Entre el silencio y la ira (1992) | Narrativa Contemporánea de Yucatán (VV.AA.) | Prólogo de Jorge Lara Rivera

Los acontecimientos mínimos del amor, la amistad, el dolor, lo vergonzoso y las irrelevancias que conforman este accidente al que llamamos vida, son la materia de la literatura, el sustento y motivo del narrador, que los rescata de un mareo de luces y sombras que conforman sus años, y las ofrece, a través de sus habladurías (o escrituras nada sagradas), al lector presentido o deseado.

Esas historias mínimas, sin embargo, reordenan la visión de que un lugar y una época se tiene, son la réplica irrespetuosa y necesaria a la gran Historia Oficial, que desdeña a los anónimos del tumulto y sólo enfoca su atención en paladines y principales del grupo.

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Hasta hace unos diez años, la visión de los escritores sobre la realidad yucateca era nebulosa y poco comprometida con los hechos más desagradables del entorno: prostitución, corrupción política y moral, y otros muchos problemas. Aunque se había superado la visión idílica del «Mayab resplandeciente» y de la tierra tropical que aguadaba a viajeras de cabellos rubios, ni la poesía ni la narrativa presentaban versiones cabales del entorno.

Así, la idealización folclórica fue sustituida por textos de tono mesiánico que se adherían a revoluciones nonatas, proletariados difusos y otros giros retóricos favoritos de una «literatura comprometida» (que se hacía desde la comodidad de un sitio en las cúpulas o una mansión solariega).

Pero la década de los ochenta vio surgir trabajos de autores que, sin más pretensiones que registrar la realidad cotidiana, transformaron poco a poco la expresión del Yucatán actual. No hubo, en la mayoría de los autores, una conciencia política clara de lo que estaban develando. Casi todos eran jóvenes de menos de veinticinco años que se encontraban con que, en Yucatán, «poesía» era sinónimo de canción romántica, y «relato» no podía ser otra cosa que exaltación del pasado.

En la ciudad de Mérida y en el medio rural yucateco ocurrían —y ocurren— cosas que impedían hablar, con honradez, de la tradición maya, de la confianza en la liberación del pueblo, y de la grandeza cultural de los habitantes de un estado cuya noción de literatura se reducía a dos libros: La Tierra del Faisán y del Venado y Canek.

Los nuevos autores surgidos en esa década dejaron las consignas mesiánicas de discursos que se pretendían «socialistas», y rechazaron con inflexibilidad la idealización folclórica de la «provincia» separatista.

Los poetas han elegido seguir el camino de la introspección y la exploración de los infiernos del pensamiento, cuando no se enfrascaban en una imprecación agresiva contra las injusticias sociales. Las tendencias de la nueva poesía yucateca han motivado que la lectura de sus exponentes sea impopular, o bien, políticamente riesgosa.

Los narradores, por su parte, se han orientado a exponer los sucesos de la vida urbana y del medio rural semiurbanizado, con una voluntad crítica que pone en tela de juicio no sólo la descomposición moral de una sociedad, sino también sus sueños de renovación.

Irónicos o amargos, la mayoría de los narradores surgidos en la década pasada han afinado sus recursos expresivos para manifestar los cambios de una sociedad que perdió su engañosa tranquilidad provinciana para lanzarse hacia los caminos desapacibles y fascinantes de la modernidad.

Esta antología agrupa a la mayor parte de esos autores que cuestionan por igual sueños provincianos y mesiánicos. Ya no es posible creer, al leer a estos nuevos narradores, en el mito de que basta para cambiar el mundo con sólo una consigna o un velo de romanticismo. Sin embargo, la expresión literaria de estos autores, si bien dura, no es desgarradora. Pesimistas, sí, pero no desesperanzados, han elegido indicar los problemas de su entorno sin patetismo ni grandilocuencia. Su expresión no asume la forma del grito, el denuesto o el llanto, sino la ironía o la desconfianza del que ve cómo un mundo se pulveriza inexorablemente. Inclusive los que no abrazan una narrativa realista, sino simbolista, comparten esa visión angustiante de una tranquilidad que está a punto de desquiciarse.

Esta antología pretende conjuntar textos que ejemplifican suficientemente las nuevas tendencias de la narrativa yucateca.

Algunos de los autores incluidos aquí no nacieron en Yucatán, pero han pasado la mayor parte de su vida en el estado y, en ocasiones, presentan una visión aun más penetrante de la realidad local que la de los yucatecos por nacimiento. Por ese motivo aparecen en estas páginas, ya que su aportación complementa el panorama de la nueva literatura en la entidad.

*****

Existe una correspondencia secreta e inalterable entre el espíritu de la comunidad y el lenguaje del inconsciente, el cual emplea la literatura para describir y registrar la realidad, comunicándosela a los individuos que conforman aquélla.

No es posible ni aconsejable desinterarse de esa dimensión psicoafectiva del hombre. Así se explica que los mass media incluyan entre sus aspiraciones la de ocuparse del acontecer en la cultura y el arte.

El periodismo también está preocupado por la realidad, por los hechos; el más sinceramente interesado en servir a los hombres, profundiza en las motivaciones y las causas que acechan tras los hechos fríos. La verdadera función del periodismo es ampliar, en los lectores, la percepción de la realidad inmediata, sea informando, pronunciándose sobre algún aspecto de la vida, o propiciando la formación de opiniones en el público.

El Diario del Sureste, en cuyo suplemento «El Juglar» colaboran periódicamente los autores incluidos, continúa con este volumen una tradición de apertura que le ha permitido, a través de sus 61 años de existencia, reunir en sus páginas a varias generaciones de valiosos escritores nacionales.

En décadas pasadas, el Diario del Sureste fue tribuna de autores como Octavio Paz, Efraín Huerta y Ermilo Abreu Gómez, cuyo prestigio ha trascendido las fronteras. Asimismo, en sus páginas colaboraron asiduamente escritores yucatecos que forman parte de la mejor tradición literaria regional como Clemente López Trujillo, Leopoldo Peniche Vallado, Raúl Renán, Joaquín Bestard y Roldán Peniche Barrera. Con esta antología, el Diario del Sureste, a través de su suplemento cultural «El Juglar», continúa una tradición necesaria: reunir a los mejores exponentes de la literatura yucateca actual en una publicación abierta a todas las tendencias y manifestaciones artísticas.

Jorge Lara Rivera

Año de 1992  

Esta transcripción se realiza como parte del proyecto «Rescate Bibliográfico de Yucatán y de Autores Peninsulares», impulsado por Ediciones Letras en Rebeldía en coordinación con el Centro Yucateco de Escritores A.C. Este proyecto es sin ánimos de lucro, no recibe financiamiento público ni privado. Para donaciones económicas y/o aportes bibliográficos, mandar correo electrónico a arteyculturaenrebeldia.prensa@gmail.com

Transcripción, digitalización y edición para plataformas digitales: Armando Pacheco (Ediciones Letras en Rebeldía)

Acervo: Biblioteca Melba Alfaro Gómez (Colectivo Letras en Rebeldía)

Responsable del proyecto: Armando Pacheco

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