Hambre y pobreza, duro castigo que deja la pandemia tras de sí | Ivette Fernández

El azote de una pandemia que se cobra cientos de miles de muertes, combinado con las desigualdades que aún en el siglo XXI prevalecen, empuja hoy a millones de personas hacia la pobreza y el hambre.

Pese a que antes de la epidemia, según cálculos de la FAO, se perdían o desperdiciaban entre un 15 y un 30 por ciento de los alimentos producidos anualmente, Naciones Unidas divulgó recientemente que el hambre castigó a 690 millones de personas en todo el orbe durante el pasado año, unos 10 millones más que en 2018.

Ahora, cuando el virus letal conmociona a cuanto proceso productivo existe, altera el comercio internacional y llena de escepticismo y temor a los mercados, el panorama es más que preocupante.

Según la agencia no gubernamental Oxfam, para fines de año podrían producirse hasta 12 mil muertes relacionadas con el hambre cada día como resultado de las consecuencias sociales y económicas de la pandemia.

Un vaticinio igualmente catastrófico divulgó el Programa Mundial de Alimentos.

De acuerdo con las estimaciones del organismo, el impacto de la enfermedad puede empujar a la inseguridad alimentaria grave a otros 135 millones de personas, las que se sumarían a los 821 millones de individuos que ya se encontraban en esta situación.

Todo esto fue en parte generado por las restricciones de movimientos y los cierres de fronteras y mercados adoptados para prevenir la propagación del virus, lo que condujo a serias afectaciones del suministro y la disponibilidad de alimentos.

Esto, además, generó inestabilidad de los precios, que registran subidas considerables.

Para América Latina, la región que ostenta la mayor inequidad del mundo, la situación es tremendamente desafiante en materia de seguridad alimentaria.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura(FAO) no edulcoró la noticia cuando reveló que la región incumplirá la meta de hambre cero para 2030 porque tendría 67 millones de hambrientos para esa fecha.

Sin embargo, el más reciente informe no incluye los perjuicios de la Covid-19.

«Con el impacto del coronavirus la realidad será peor que la que proyectamos en este estudio. Necesitamos una respuesta extraordinaria de los gobiernos, del sector privado, la sociedad civil y las organizaciones multilaterales», dijo el representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, a propósito de la presentación del informe.

Lo cierto es que al cierre de 2019 el hambre castigó a casi 48 millones de latinoamericanos, hilvanando así cinco años seguidos de aumento de ese lastre en la región de acuerdo con la ONU.

Para esta zona continental las proyecciones son muy desalentadoras.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), se espera que la tasa de desocupación regional se ubique en el 13,5 por ciento al cierre de 2020, lo que representa una revisión al alza (dos puntos porcentuales) de la estimación presentada en abril, y un incremento de 5,4 puntos porcentuales frente a 2019 (8,1 por ciento).

Así, los desocupados llegarían a 44,1 millones de personas, lo que representa un aumento de 18 millones con respecto al nivel de 2019 (26,1 millones).

Esta cifra, argumenta la Cepal, son significativamente mayores que las observadas durante la crisis financiera mundial, cuando la tasa de desocupación se incrementó del 6,7 en 2008 al 7,3 por ciento en 2009 (0,6 puntos porcentuales).

La caída del nueve por ciento del Producto Interno Bruto, y el aumento del desempleo, tendrían un efecto negativo directo sobre los ingresos de los hogares y su posibilidad de contar con recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas.

En ese contexto, la Cepal proyecta que el número de personas en situación de pobreza se incrementará en 45,4 millones en 2020, con lo que el total en esa condición pasaría de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones en 2020, cifra que representa el 37,3 por ciento de la población latinoamericana.

Dentro de este grupo, abundó, el número de personas en situación de pobreza extrema se incrementaría en 28,5 millones, pasando de 67,7 millones en 2019 a 96,2 millones en 2020, número que equivale al 15,5 por ciento del total.

En medio de este contexto urgen las respuestas, sobre todo aquellas relacionadas con la cooperación internacional para ampliar el espacio de política a través de mayor financiamiento en condiciones favorables y alivio de la deuda.

Para el control eficaz de la pandemia, y para una recuperación económica sostenible en América Latina y el Caribe, afirmó entonces Bárcena, es fundamental avanzar en la tan necesitada y distante igualdad, la misma por cuya ausencia cayó esta zona continental en los niveles de indefensión que hoy la caracterizan.

Texto tomado del portal web de Prensa Latina [https://bit.ly/39GrN1M] y publicado en la sección de opinión del medio de información cubano

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