Dicen que «defienden vida» | Cristóbal León Campos

Dicen que «ganó la vida», lo celebran con rosarios e injurias contra quienes llaman promotores de la desintegración social y moral, celebran, no es ingenuo imaginarlos ahogados en soberbia creyendo que su status quo nunca será derribado y que podrán «por los siglos de los siglos» seguir oprimiendo a la mujer y a la humanidad, con sus dogmas y prejuicios tan arcaicos que ni idean tiene en su mayoría de su origen y verdadero significado, olvidan, ignoran o descaradamente callan ante el hecho de que sus pensamientos petrifican una serie de violaciones a los derechos inalienables de los seres humanos y que reproducen la violencia simbólica y física sobre/contra la mujer, pero eso sí, celebran, diciendo que «gano la vida».

Desde el púlpito de las iglesias, templos y palacios del poder, todos anunciadores de confesos alegatos políticos-morales «llaman a defender la vida», no quieren que las mujeres ejerzan sus derechos, se oponen al aborto llamándolo crimen, crean imágenes demoniacas para describir al feminismo, su fuerza y sus reclamos, cual escenas ya vistas antes en las diversas conquistas espirituales registradas a lo largo de la historia humana, lanzan discursos de odio apelando al «amor a la vida» mientras danzan alrededor de la cruz y la Constitución, ambas bañadas en sangre por el genocidio cristiano-católico y de otras religiones en aras de una supuesta defensa del alma humana. Nuevamente el sistema se auto-protege, ya sea en Veracruz, en Yucatán o en cualquier otro rincón de México y el mundo, el patriarcado con sus formas machistas, violentas e injustas cree perpetuar sus privilegios y poder en una estructura claramente resquebrajada, caduca y en decadencia, olvidan que este sistema caerá por su propio peso tras el golpe certero de millones de seres humanos exigiendo un mundo mejor.

Celebran eso sí, celebran, despliegan a través de los medios de comunicación serviles al sistema su victoria, se persignan con la hipócrita mano que sojuzga, pagan desplegados y columnistas en diversos periódicos, páginas web, revistas y futuros libros best seller (pues serán editados y propagados como el verdadero humanismo), glorifican cual santos a los políticos plegados a sus intereses («esos son los buenos dicen») y criminalizan a los pocos que se atreven a formular iniciativas, levantar la mano para votar en reconocimiento de los derechos plenos de las mujeres y apoyar las causas populares, queman libros de texto en donde se propone una enseñanza abierta, crítica y con perspectiva de género, satanizan nuevamente al feminismo y a toda mujer que se reivindique feminista, claro, a las mujeres del «feminismo sistémico» light-moderado y políticamente correcto las engrandecen como ejemplos de las futuras santas, desde luego aquello no es feminismo verdadero, pero contra las mujeres que resisten, se organizan, denuncian, se sobreponen al acoso y a la violencia sistémica, exigen sin temor sus derechos, los ejercen sin necesidad de pedir permiso, mantienen la dignidad en alto sin importar lo duro de la batalla, a ellas el sistema las busca invisibilizar, criminalizar, demonizar y desaparecer.

Hablan hasta el cansancio proclamándose «defensores de la vida» y lo celebran, eso sí, lo celebran, pero por alguna razón, una de esas suculentas ironías de la vida y curiosidades del acontecer cotidiano, esos alaridos tan abiertamente efectuados en los púlpitos, en los cenáculos del poder y en el seno de organizaciones religiosas o «civiles», se guarda un silencio sepulcral a la hora de denunciar los cientos y miles de feminicidios que se padecen en México, nada dicen del acoso y la violencia en todas sus formas y manifestaciones que las mujeres tienen que sortear en su vida cotidiana, de las violaciones tan normalizadas que además de destrozar la vida de la víctima en muchos casos genera embarazos no deseados y enfermedades venéreas, criminalizan a la mujer libre y callan obedientemente sobre las muchas otras formas en que la vida peligra en nuestra sociedad mexicana y en el mundo, por alguna razón, otra de esas curiosidades de la vida, aún no logran darse cuenta que hay millones de niños en las calles mendigando por hambre o trabajando (a pesar que la Constitución prohíbe el trabajo infantil) para poder comer un poco o ayudar en el hogar (si lo tienen) los cuales no tienen o tendrán acceso a la educación o servicios de salud, tampoco se han enterado de la trata de humanos que prostituye a millones de niñas y niños, o de la violencia que sufren en los hogares de la «familia tradicional», nada saben de las difíciles condiciones económicas para sobrellevar el hambre, pero eso sí, ellos «defienden la vida» y lo celebran.

El ideal que aún sustenta sus principios arcaicos y ultraconservadores va cayendo, poco a poco, sin importar que hoy celebren bañados en soberbia y por encima de millones de mujeres violentadas de infinitas formas, además de las ya mencionadas condiciones de vida de millones de infantes en el mundo y de muchas otras formas de injusticia y violencia sistémica, celebran sí, y lo harán un poco más, pero ese canto que hoy entonan mañana callará, no se olvide que entre el hoy y el mañana solo hay unos instantes, las grietas en la estructura patriarcal son evidentes, ahora, sin importar cuánto celebren, las mujeres son libres y ejercen sus derechos más allá incluso de cualquier constitución, ley o decreto; la verdadera dignidad en el pleno ejercicio de sus derechos volverá como marea verde para hacer a la primavera florecer llena de humanidad.

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Cristóbal León Campos es Licenciado en Ciencias Antropológicas con Especialidad en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán. Integrante fundador de la Red Literaria del Sureste México-Nuestra América. Es editor de Disyuntivas. Cuaderno de Pensamiento y Cultura. Colaborador de Por Esto!, La Jornada Maya, Novedades de Yucatán, De Peso y diversos medios impresos y digitales. Coautor del libro Héctor Victoria Aguilar. Esbozo para una biografía (SEGEY. 2015), coeditor del libro Migración cubana y educación en Yucatán. Actores, procesos y aportaciones (SEGEY, 2015), autor de En voz íntima (Disyuntivas ediciones, 2017). Miembro de la Asociación Mexicana de Estudios de la Caribe (AMEC) y del equipo de promoción de Archipiélago. Revista cultural de Nuestra América (UNAM-UNESCO), miembro de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Fue coordinador académico de la Casa de la Historia de la Educación de Yucatán de 2010 a 2019. Actualmente es Coordinador de la Cátedra Libre de Pensamiento Latinoamericano «Ernesto Che Guevara».

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