La prensa del terror | Armando Pacheco

Incrementan los muertos por Covid-19; Se satura la capacidad hospitalaria; La pandemia no cede; y Pandemia sin control son algunos ejemplos de los titulares alarmantes que a diario nos encontramos en los medios de comunicación, tanto convencionales como independientes al servicio de algún «manager» o patrocinador.

La situación no queda allí. Se aprovechan las páginas de papel y digitales, así como a los medios audiovisuales y electrónicos para difundir el coraje, ira, decepción, recriminación (por no tener pautas publicitarias o inserciones periodísticas oficiales) contra el Gobierno, cualquiera que sea el orden, y, no obstante, se descalifica cualquier acción sin hacer un balance serio de los hechos.

Los más cínicos mandan a sus reporteros a «buscar información» entre la cloaca de la pandemia. Escarban en el «basurero de la verdad» para entrevistar a gente desafortunada que ha vivido un calvario por la desesperación de un enfermo grave, quizá no diagnosticado por la Covid-19 sino por otro mal.

Los más balanceados combinan sus negras políticas informáticas con el parte oficialista y hasta se «echan» las conferencias completas de los funcionarios de salud u otra dependencia; en su barra de opinión ofrecen espacio tanto a defensores del Gobierno como los eternos inconformes y se avientan debates que no llevan a nada positivo y deja entrever lo patético de los moderadores.

Esa prensa, a la que a partir de ahora llamaré del Terror, se ha caracterizado por sumar a sus noticieros la nota roja, que ya sin tapujos, tienen hasta sus horarios, nada nocturnos, para mostrar imágenes deprimentes de crímenes, secuestros, persecuciones, detenciones, violencia y muestreo del manejo de la droga.

Y la lista sigue y sigue sin que nadie les haga un frente por temor a que salgan con las tan celebradas frases «Censura a la prensa», «Coartan la Libertad de Expresión», «Peligro, la prensa en riesgo, y otras tantas oraciones, eslóganes y condenas que no priorizan el derecho de las audiencias sino algunos intereses ocultos no del periodista sino de la empresa en la que el reportero (periodista de a pie), articulistas, «intelectual orgánico» y/o columnista presta su servicio.       

La prensa «chaira» no se queda atrás pero siempre preponderando la información agradable como las estadísticas de personas «curadas» o fuera de peligro; la actuación de los médicos y enfermeros; aprovecha, no sin repercusión mediática, denunciar a empresarios, reporteros, políticos y expresidentes oportunistas que utilizan la desgracia ajena para «sacar sus demonios» de la manera más vil.

La «prensa del terror» está por todos lados y, por ello, es necesario medios en resistencia que le den a los lectores, televidentes o escuchas, un mejor rostro de lo que es la humanidad.

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