Naturaleza del cuento | W. Somerset Maugham

Poe decía que un buen cuento es una obra de ficción que se refiere sólo a un incidente, material o espiritual, y puede ser leído de una sentada; es original, debe brillar, ser estimulante o impresionante, debe tener unidad de efecto y moverse en una sola línea, desde su planteamiento hasta su conclusión.

De acuerdo con lo que he leído, me fui volviendo consciente del hecho de que existen muchísimos cuentos excelentes que, según esos cánones, deberían ser rechazados. Ahora el crítico no dicta leyes al artista; toma nota de su práctica común y de ésta deduce reglas, pero cuando un talento original las rompe, el crítico, aunque brinque como un diablo, finalmente se ve forzado a modificar sus reglas para adoptar la novedad. Es evidente que hay modos de escribir un cuento distintos de los de Poe.

Pero escribir un cuento de acuerdo con los principales establecidos por Edgar Allan Poe, no es tan fácil como algunos piensan. Se requiere inteligencia, quizá no de muy alto nivel, pero sí de una clase especial; se necesita sentido de la forma y no poca inventiva. el cuento moderno ya no convence. El cuento moderno satisface una necesidad espiritual del lector actual, que el cuento antiguo no podía satisfacer. La técnica y el punto de vista del escritor de hoy, difiere mucho de los maestros del siglo XIX. Antes de ocuparme de esto, debo mencionar algo que salta a mi vista y me causa cierta perplejidad, y es que muchos de los cuentos modernos podían haber sido escritos por la misma pluma. Pareciera que en el método del cuento moderno hay algo que ahoga la personalidad del autor. Los cuentos de Henry James, de Maupassant o de Chéjov sólo podían haber sido escritos por ellos. Auno pudiera no gustarle la personalidad de esos autores, pero está ahí, evidente aun para el entendimiento menos sagaz, en cda una de sus páginas. Yo siempre ha pensado que precisamente la personalidad del creador es lo que da un interés perdurable a la obra de arte, no importa que sea un poco absurda, como en Henry James; o un tanto vulgar, como en Maupassant; o gris y melancólica como en Chéjov; en la medida en que pueden presentarla inconfundible y genuina, su obra tiene vida. Los cuentistas actuales parecen carecer de esa fueza. Violentos como son con frecuencia, duros, despiadados y vacíos de sentimentalismo, rara vez se las ingenian para plasmar su individualidad en sus obras. Parecen escritores comunales. Nos recuerdan a los pintores decorativos del siglo XVIII, que pintaban cuadros de flores para colgar sobre las puertas o cubrir paneles sobre las chimeneas; es un arte agradable, pero debe su mérito más a una época que al talento personal.

El cuento en chéjov da una sensación de realidad que Maupassant no alcanza ni en sus mejores cuentos, porque el molde que éste les impone nos impide abandonarnos del todo; en el subconsciente algo nos dice que después de todo se trata de una ficción. En cambio, en los mejores cuentos modernos percibimos la vida real como casi nunca se había logrado. Así, dice uno, es como las cosas suceden, creo en esta gente, reconozco las calles donde caminan y el olor de sus casas. Pero en la ficción, como en la vida, rara vez se obtiene algo si no es a cambio de algo, y tengo la idea de que estos escritores, para obtener un efecto particular, ha tenido que sacrificar lo que frecuentemente se considera el mayor recurso del cuentista: el deseo entusiasta del lec tos por saber cómo ha de evolucionar lo narrado. El escritor moderno puede interesar y aun dar motivos de reflexión, pero no estremece. La sangre no se acelera en la lectura ni se da vuelta a las páginas con la ansiedad de saber qué sucede en la próxima. Los escritores modernos ponen para atención a la trama, por eso son mejores cuando son breves, y en tanto el cuento se alarga necesitan una trama que les dé coherencia. Son muy hábiles para dar un final con las cosas en el aire, de modo que el lector debe responderse lo que pregunta. son tímidos frente a lo dramático o lo inspirado. Chéjov, al defender su oficio en una de sus cartas, dice que la gento no va al Polo Norte a acabar con los icebergs; van a las oficinas, discuten con sus mujeres y comen sopa de col.
El hombre siempre se ha entusiasmado y ha escuchado con placer cuentos sobre lo maravilloso. Después de todo, uno de los mejores y más conmovedores cuentos del mundo, es el de José y sus hermanos en el Génesis.

Los escritores de hoy están más interesados en las circunstancias sociales, en la injusticia, en la relación de las personas con su medio y de uno con otro. El resultado es que sufren cierta escasez de temas, grave desventaja para estos especialistas, que hoy abundan. Agotan la curiosidad de los lectores o caen en el silencio. Dejan de ser escritores de ficción, para volverse reporteros, movidos por la piedad y la indignación.

Para mí, la única prueba de la excelencia de un cuento, es que sea interesante. Y creo que el cuento morirá si es derrotado en su propio juego por la verdad desnuda.

Traducción de J. A. Ascencio


Texto tomado de la revista El cuento; Bernal, Rafael, et al…; Tomo XXX, año XXXIV; Enero-Diciembre; Año de 1998; Pp. II-VI

Transcripción: Armando Pacheco

Enlace a fuente original: https://bit.ly/3fn9yRI

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