Voz a dos tiempos | Obra de teatro | Tomás Ceballos

(Del lado derecho del escenario algunos elementos que reproduzcan un pequeño camerino de teatro de revista en una gran capital. Del lado izquierdo algunos elementos que representen un hotel de ínfima categoría en una ciudad pequeña del interior. En el lado derecho Irene sentada frente a una mesita cosiendo un saquito, sobre una silla, una caja-estuche abierta, en ella se puede ver su muñeco. Ambos son ventrílocuos. Héctor tiene cuarenta y dos años pero parece veinte años mayor, viste modestamente. Irene tiene treinta y cinco años, viste una bata floreada. Está ensayando parte de su número.)

Irene: Oye Sabás, si yo te dijera que tienes cabeza muy grande ¿tú que medirías?

Sabás: Que la uso para pensar.

Irene: ¿Y qué piensas?

Sabás: En cómo hacerle para que ya no me metas mano.

Irene: Por favor Sabás, el público puede creer que eso es cierto.

Sabás: ¿Y no?

Irene: Bueno, esas son verdades a medias.

Sabás: ¿A ver?

Irene: ¿A ver, qué?

Sabás: Las tuyas.

Irene: Sabás, no empecemos.

Héctor: Tienes que estar muy elegante para la función de mañana, volveremos a ser…

(De la caja sale la voz del muñeco imitando un tambor.)

Próculo: Ta-ca-ta-ca-ta-ca-ta-ca, ta-ca-ta-ca-ta-ca-ta-ca-tan, ta-ca-tan, ta-ca-tan, Héctor y don Próculo el que tiene un grano en el…

Héctor: Don Procu, no vamos a trabajar en un cabaret, sino en una fiesta infantil.

Próculo: ¿Y por qué no es un cabaret?

Héctor: NO hay contratos, no tenemos nada qué enseñar, pero una fiesta de niños es muy importante.

Próculo: ¿Ah, sí… y por qué?

Héctor: Porque los niños son lo mejor del mundo.

Próculo: ¡Ah chingaos!

Héctor: Próculo, nada de malas palabras.

Próculo: Es que antes no pensabas así.

Héctor: Bueno, es que además nos van a pagar. (Ha terminado su tarea y coge al muñeco para ponerles el saco.)

Irene: (Ha dejado a Sabás en su estuche abierto para retocar su maquillaje) Al fin llegamos a donde queríamos Sabás, ¿viste la marquesita? No te quejes que tenemos buen crédito. ¡Irene y Sabás!…

Sabás: (Desde la caja) El muñeco que sabe más.

Héctor: Con lo que ganemos podemos abonar algo de lo que debemos al hotel.

Próculo: Más te vale no agarrar la jarra y ponerte hasta las manitas, porque si no, ¡adiós, chamba!

Héctor: ¡Cállate Próculo! Me molesta que quieras ser mi conciencia, yo sé cuándo debo tomar y cuándo no. Hoy y mañana, por supuesto que ningún trago.

Próculo: Espero que lo cumplas.

Héctor: A ver qué chismes blancos te sabes para una audiencia inocente.

Próculo: Yo ninguno, todos mis chistes son subidos de color, pero ya se me ocurrirá alguno. A ensayar Héctor. Ta-ca-ta-ca-ta-ca-tan. Ta-ca-tan. Ta-ca-tan.

Héctor: Niños y niñas. Buenas tardes tengan todos ustedes, al igual que sus papás y sus mamás.

Próculo: Mamacitas. Hm. Hm. Hm.

Héctor: don Procu. ¿Qué pasó?

Próculo: ¿Pues no son las mamacitas de los muchachones y muchachonas?

Héctor: sí, pero todo está en la forma de decirlo.

Próculo: Bueno, empecemos. ¡Otra vez! Ta-ca-ta-ca-ta-ca-tan. Ta-ca-ta-ca-ta-ca-tan. Ta-ca-tan.

Héctor: Sólo chistes blancos ¿entendiste?

Próculo: No voy a poder. (Llora.)

Héctor: ¿Por qué?

Próculo: Porque Sabás era el de los chistes blancos.

Irene: (Que tiene otra vez el muñeco en las manos.) Sabás tienes que estar brillante, de ti depende que hoy afiancemos nuestra carrera. Hay una serie en televisión en puerta. Dales un triple sentido a tus chistes.

Sabás: No sé si pueda.

Irene: ¿Por qué?

Sabás: (Pausa, después muy rápido.) Porque era Próculo el de los chistes gruesos.

Héctor: Pues hay que intentarlo.

Próculo y Sabás: Haré lo que esté de mi parte.

(Irene deja a Sabás y va a lavarse las manos.)

Próculo: ¿Dónde quedó Sabás?

Héctor: Con Irene.

Próculo: ¿Por qué nos separaste, Héctor?

Héctor: Cállate Próculo, no sabes lo que dices.

Próculo: Sí lo sé. Sé que un día ya no vi más a Sabás, el muñeco que sabe más. Mira, salió en verso y sin esfuerzo. Irene tampoco estaba.

Héctor: Irene se fue para no volver. ¿Qué le hice?

Próculo: Enseñarla, eso fue lo que hiciste. Y bien que te lo dije. No la enseñes porque nos quita la chamba, ella es joven y bonita y tú eres un viejo conejo.

Héctor: Era necesario Próculo. Nuestros bonos estaban bajando, necesitábamos el atractivo visual.

Próculo: Pues valiente fichita te fuiste a buscar, malagradecida, malparida, malnacida, eso es la tal Irene. Nunca me cayó bien, la soportaba sólo por ti. Además se llevó a Sabás, mi mejor amigo.

Héctor: Ella lo hizo.

Próculo: Sí, pero tú la enseñaste.

Irene: (Secándose las manos.) ¡Don Próculo! Era simpático el vejete, ¿verdad, Sabás?

Sabás: Bastante, siempre apestaba a ron, pero era mi amigo.

Irene: El que apestaba a ron era Héctor.

Sabás: Es igual, son tal para cual. Héctor el borracho, el borrachote. ¡Qué bueno que se fue! ¿O nos fuimos nosotros? Eso nunca me lo dijiste Irene, ¿quién dejó a quién?

Irene: ¿Qué importa ahora?

Sabás: Si me importa porque ya no veo a Don Próculo. Puaff, cómo apestaba. ¡Borrachote!

Irene: La de veces que tuvimos que salir a trabajar solos, había que improvisar.

Sabás: Ta-ca-ta-ca-ta-ca-tan. Ta-ca-ta-ca-ta-ca-tan, ta-ca-tan, ta-ca-tan. Señoras y señores, atención por favor. Esta noche no saldrán Don Próculo y Héctor porque…

Irene: Porque están indispuestos los dos, quedaron afónicos.

Sabás: Tomaron demasiado hielo.

Irene: Pescaron un resfriado Sabás.

Sabás: Sí, un resfriado con mucho hielo.

Irene: Sabás, ¿qué le puedes contar al público para entrar en calor, para que no hables de hielo?

Sabás: Hmmm, de tus amoríos.

Irene: El público no tiene por qué saber nada de eso. ¡Impertinente!

Sabás: ¿verdad que sí les gustaría saber quién es el amor de Irene?

Irene: Por favor Sabás, ya es suficiente.

Sabás: Míralo, míralo, el señor de la última fila dice que sí. Irene está enamorada de Don Próculo Angulo el…

Irene: Damos y caballeros, les suplico disculpen a Sabás, pero no sabe lo que dice. Pescó una insolación.

Sabás: Oye, yo no conozco a ninguna Asunción, Encarnación ni Concepción, pero sí sé que estabas enamorada. ¡Cuéntalo todo! ¿Lo querías mucho?  

(Irene se dirige lentamente al centro arriba del escenario, después de dejar al muñeco en la silla, cambia su actitud, ahora es más jovial.)

Irene: Héctor, Héctor, ya llegué.

(Héctor se dirige también al mismo sitio, ahora se ve más joven.)

Héctor: No grites, no grites, tengo una cruda espantosa.

Irene: Te tengo una sorpresa.

Héctor: Luego me la dices, me voy a duchar, mientras, prepárame un gran jugo de tomate.

Irene: No te vayas, antes de que te lo diga.

Héctor: Después, después. Ve por el jugo. Anda.

(Héctor comienza a retirarse.)

Irene: ¡Estoy embarazada!

(Héctor se detiene en seco.)  

Héctor: ¿Y quién te dio permiso? So bruta, bestia, animal. ¿Quién te dio permiso?

Irene: Es que sucedió.

Héctor: ¿Qué no sabías cuidarte? No eres ninguna nena. ¿Ahora qué voy a hacer? ¿Deshacer los contratos?

Irene: No se me nota todavía. Ni se me notará en tres meses más. Me puedo fajar. Después, con ropa más amplia.

Héctor: Infeliz. Eso no puede ser.

Irene: Y, ¿qué quieres entonces?, ¿que lo tire?

Héctor: Sería lo mejor.

Irene: ni lo esperes, no cuentes con eso.

Héctor: Óyeme bien, te lo digo en serio, no quiero a ese engendro, no voy a arriesgar lo más por lo menos.

Irene: Pues seguirá conmigo lo quieras o no.

Héctor: Loca, demente. Cuando menos te lo esperes, rodarás por las escaleras.

(Héctor regresa a su sitio, transformándose otra vez. Irene hace lo mismo de manera lentísima. Se quita la bata y queda con un traje de show.)

Próculo: ¡Qué mujer, qué mujer, qué mujer!…

Héctor: Próculo, ¡ya basta!

Próculo: No me negarás que estaba muy bien. ¿Y a propósito, dónde está? ¿Dónde anda? ¿Se fue hace cinco o seis años?

Héctor: No sé, el tiempo no cuenta.

Próculo: Sí cuenta, se fue embarazada.

Héctor: Cállate, no hables de eso

Próculo: ¿Te molesta?

Héctor: Sí.

Próculo: Entonces hablo.

Héctor: ¡No!, no es una historia para niños.

Próculo: Sí que lo es, nuestros amiguitos querrán saber de un niño de su edad.

Héctor: Ahora debe tener cinco años. Yo no quería que naciera, Próculo, por eso se fue. Teníamos un buen año, lleno de contratos, estábamos enfilados al éxito. ¿Por qué no podía esperar un poco más para tener hijos?

Próculo: Así son las mujeres. Su sentido maternal está antes que el marido, el triunfo y todo lo demás, qué bueno que se fue. Te lo mereces por cretino, por borracho, por espanta cigüeñas.

Héctor: ¿Cómo carajos no me puteaste antes Próculo? ¿Por qué no me advertiste que ya no tomara? ¿Por qué teníamos que quedarnos solos? (Mientras se saca el muñeco, repite.) Irene, Irene… (Va a servirse un vaso de agua.)

Sabás: Tú has tenido otros amores Irene?

Irene: Amores no. Compañías pasajeras. Nada importante.

Sabás: Entonces sí lo quieres mucho.

Irene: No sé, tal vez sí. Pero también le guardo rencor.

Sabás: No sirve de nada andar cargando el costalito de rencores. ¿Qué le dirías si lo encontraras?

(Cambio de luz. Irene dirige su mirada al área de Héctor. Él siente la fuerza de su mirada y voltea a verla, el rostro se le ilumina, avanza al centro abajo del escenario, Irene hace lo mismo.)

Héctor: Irene. (Pausa.) Estás bellísima, qué guapa y elegante. Los años no pasan por ti.

Irene: Lamento no poder decir lo mismo.

Héctor: (Se mira y también mira a Don Próculo que lleva en la mano.) Sí, no puede decirse que nos haya ido muy bien. La camisa de Don Próculo está llena de remiendos. Hola Sabás. Tú también estás muy elegante. (Pausa.) ¿Cómo está el niño?

Irene: Con mi madre, esperando que yo regrese.

Héctor: ¿Está bien?

Irene: Sí, muy bien.

Héctor: ¿Cómo le pusiste?

Irene: Héctor no.

Héctor: Claro. (Pausa.) ¿Le has hablado de mí?

Irene: Hoy, por primera vez me preguntó por su papá.

Héctor: ¿Y?

Irene: No tienes derecho a saber nada de él; él es sólo mío. Soy una madre soltera.

Héctor: Todavía estamos casados.

Irene: Ya no. Te acusé de abandono de hogar. Si hogar se puede llamar a los hoteles donde vivíamos.

Héctor: Eres cruel.

Irene: Qué mala memoria tienes.

Héctor: Me creí fuerte, poderoso; creí que me amabas.

Irene: No más que a mi hijo.

Héctor: Si pudiera regresar el tiempo… ¿Podrás perdonarme alguna vez?

Irene: Ya te he perdonado. Me costó trabajo, pero lo hice. Trabajé mucho para borrar tu recuerdo.

Héctor: En cambio yo…

Irene: Por tu egoísmo.

Héctor: Estoy acabado.

Irene: Pues levántate y lucha. Eras el mejor, el único gran Héctor… ¿No decías eso?

Héctor: Sí, tienes razón, debo recuperar mi trabajo, mi prestigio, mi nombre.

Irene: ¿De qué vives?

Héctor: Un trabajo aquí, otro allá. (Pausa.) No, no te puedo mentir. De cantina en cantina, Próculo hace chistes obscenos y nos ganamos algunos pesos. Así la vamos pasando. Pero voy a cambiar, mañana tenemos una fiesta infantil, si gustamos, puedo conectar otras fiestas, puedo volver a empezar, todo lo haré, por él, para que un día puedas decirle lo importante que soy. (Pausa.) O que fui.

Irene: Sí, hazlo.

Héctor: No me guardes rencor. ¿Andas con alguien?

Irene: Sí, alguien a quien quiero tanto como a mi… como a nuestro hijo; a ése no lo dejaré por nada del mundo, y él no me dejará a mí. Nos queremos desde siempre. Se llama Sabás. ¿Verdad que me quieres mucho Sabás?

Sabás: Sí Irene, mucho.

Irene: Creo que estoy completa.

Héctor: Puedo darte un beso.

Irene: Mejor no.

Próculo: ¿Y a mí no me besas?

(Irene va a besarlo cuando unos golpes a la puerta del camerino, irrumpen la acción.)

Voz en off: Irene, prevenida. Usted es la próxima.

Irene: Voy.

(Regresa a su lugar, se mira al espejo y sale. Héctor se siena en su silla con Próculo que mueve la boca y la cabeza pero no se escucha nada.)



Texto tomado de la revista Navegaciones Zur; Muñoz Castillo, Fernando, et al…; Número 12; Centro Yucateco de Escritores A.C.; Diciembre de 1995.

Captura y corrección: Armando Pacheco

Archivo: Biblioteca de Ediciones Letras en Rebeldía (Biblioteca «Melba Alfaro Gómez»)

Acervo: Revistas literarias y bellas artes


Tomás Ceballos es licenciado en Actuación por la Escuela de Arte Teatral, con más de 30 años de trayectoria artística. Ha dirigido más de 50 obras de todos los géneros y estilos. Director del Teatro de Héctor Herrera “Cholo”, 1985-2009. Director y realizador del Primer Festival de Teatro Erótico, 2013. Diplomado en expresión corporal, École Jacques Le Coq, Francia. Diplomado en Pedagogía de la Actuación, Casa del Teatro, México. Diplomado en Pedagogía en Dirección Escénica, Casa del Teatro,Méx. Diplomado en Dramaturgia, escuela de Oswaldo Dragún, de Latinoamérica y el Caribe. Labor docente en CEDART: 35 años. Maestro fundador del CEDART Diego Rivera, México. D.F. Actualmente es profesor de la Licenciatura de Teatro en la Escuela Superior de Artes de Yucatán.

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