Olas de Polvo (poemario inédito / segunda entrega) | Saulo de Rode

ALTAVOZ                                                                                                                        4

Donde nadie es la desnudez se renta el agua

y la vestimenta de los insectos despiertan vidrios prisioneros

nombres de nombres cien veces nombres desnudos

como espejos sobre sustancias de sangre

subterráneas contemplaciones de muros y adobes.

 

Impalpables se enseñaron azogues y ventiscas

efímeras manos que se obstruían agónicas y pétreas

hechas ya tiempo y conciencia tardía

cifra del nombre de alguien en silencio

inconfundible pesadumbre ya lenta en la herida

y tímida en la orilla de precipicio frente al espejo

 

Ya nada es impalpable como vació y horror.

Inmóvil la puerta y el muro es ausencia y prometida sed

inmortal latido todo es oscuro, desierto y luz

conjuro por muerte y silencio por sepulcro.

 

SORPRESAS DE ASOMBRO    

La diminuta muerte lleva otra muerte y nada salta.

Nada ablanda la espuma de la sangre.

Sortilegios efímeros gritan mientras diluvios navegan

y todo sea cubierto por incontables gotas de lágrimas

 

Niégame y todo se oculta porque existo

y deja que se recuerde y sueñe la inmovilidad

que por antifaz hambriento es el silencio de la memoria

follaje inconfundible que se dilata y se rompe

semejante al hilo de la cicatriz inconclusa de la voz.

 

Toda tierra y naufragio sueña el canto de los ausentes.

La enmienda del extravío extraviará constelación de epígrafes moribundo

y las cenizas de los humos inconfundibles:

salivas como agua en los poros de la tierra

y fosforescentes mareas abreviarán al instante de la luz esperanzas efímeras

por primera vez inerme páramo obtusos son sus espejos y sus lavas iracundas

y surgirá el evangelio de las sombras como noches coléricas atravesando pantanos

perennes revieras tatuadas de fuego como diminutos apéndices de tortura

que recorren por donde quiera la redentora voz de la ladera bajo la ahogada sangre

cartografía extraviada en inmensa flama hecha incertidumbre ofídica

páramos celestes del silencio alguno.

 

LUMINOSAS HERIDAS     

Moribunda ala enmohecida

la hora del llanto precipita.

Lenguas hambrientas de abismos envuelven el silencio

arrojan bajo el fuego las cenizas que no tienen rostros

ni garfios entre ausencias colindantes de los muros carcomidos por el olvido

 

Cada mañana vuelve la sed y la trampa del paraíso

como si fuera el último pez del aura y del amarillo vacío

que perenne e inconcluso vierte escasos abismos sumergidos en gritos

por promesas de alientos y memorias incoloras ajenas a las semillas de los árboles

que día a día pierden el nombre de la puerta que se abre siempre lejos de los ojos.

 

De las trampas se cuelgan alaridos.

Esa sal eleva cada noche al sueño y al día que aún aguarda

y ahonda el viento profundo desiertos que no tocarán nunca al silencio

como rapiñas que hospedan migajas de los ojos y huesos de alguna pared.

Revertida descendencia el follaje de la luz sepulta siempre nombre alguno

y busca entre las manos escasos pedazos de piedra sin tierra

espejos desnudos que pierden el día y abrazan las sombra como luz y habla.

Este hemisferio es un diluvio que no pesa:

acrecienta episodios detestables del odio

ojos de sombras y biseles roídos.



 

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