Poemas de Guadalupe «Pita» Amor (selección)

Despojo civil

Es despojo civil de las edades
el lánguido deseo que poseo,
el ávido deseo que deseo
por el eterno mar de tempestades.

Son despojo civil mis ansiedades,
es despojo civil lo que yo veo,
es despojo civil lo que yo leo,
y despojo civil son las ciudades.

Es despojo civil mi pensamiento
y es despojo civil mi entendimiento.
Es despojo civil lo que yo pienso

y es despojo civil este descenso.
Son despojo civil todas mis venas
y despojo civil todas mis penas.

Décimas a Dios (poemas escogidos)

No tengo nada de ti,
ni tu sombra ni tu eco;
sólo un invisible hueco
de angustia dentro de mí.
A veces siento que allí
es donde está tu presencia,
porque la extraña insistencia
de no quererte mostrar,
es lo que me hace pensar
que sólo existe tu ausencia.

Oculto, ausente, baldía,
hermético, inalterable,
asfixiante, invulnerable,
absorbente, extraño y frío,
así te siento, Dios mío,
cuando sola y angustiada
me consumo alucinada
por lograr mi plenitud,
rompiendo esta esclavitud
a la que estoy condenada.

Harás, con mi carne, lodo;
con mi corazón, simiente;
con mi sangre, nuevamente
vida le darás a todo.
Pero, dime, ¿qué acomodo
a mi angustia le hallarás?
¿en dónde colocarás
mi abismo de soledades?…
¡Sólo inventando oquedades
que no terminan jamás!

No, no es después de la muerte,
cuando eres, Dios, necesario;
es en el infierno diario
cuando es milagro tenerte.
Y aunque no es posible verte
ni tu voz se logra oír,
¡qué alucinación sentir
que la propia sangre habitas,
y en el corazón palpitas,
mientras él puede latir!

La búsqueda

Yo voy por la Zona Rosa
y entro yo a una joyería
de ópalos y platería,
de aretes de mariposa…

Luego me siento en un bar.
No me permiten pagar.

En la casa de papeles
me regalan los pinceles.

Y los mimos de la tarde
me aplauden con gran alarde.

Inventario de Arrugas

Esos besos que nunca tú me diste,
esas caricias casi clandestinas,
esas caricias tuyas, asesinas,
y tu recuerdo que cual roto embiste.

Ya ni el demonio tétrico me asiste,
recorro en vano todas las cortinas.
Mis noches son de sombra y de morfina,
desde una tarde en que sin fin partiste.

Desde esa tarde miro cada tarde
una montaña lila y transparente,
una montaña de aluminio eterno.

Mi corazón de vidrio es muy cobarde.
Terribles, los conflictos de mi mente,
soy la dueña absoluta del infierno.

La poetisa portentosa

A mí me ha dado en escribir sonetos
como a otros les da en hacer sonatas
lo mismo que si fueran corcholatas
etiquetas, botones o boletos.

A mí me ha dado en descubrir secretos
A mí me ha dado por volar veletas
A mí me ha dado en recortar siluetas
y en medir la luz de los abetos.

A mí me ha dado en alumbrar la rosa
y medir el listón de la violeta
la rosa que se vuela en mariposa

la rosa desmayada tan secreta
la rosa de la flor maravillosa,
y en quebrar el fulgor de la ruleta.

Yo soy mi propia casa

I

Casa redonda tenía
de redonda soledad:
el aire que la invadía
era redonda armonía
de irrespirable ansiedad.
Las mañanas eran noches,
las noches desvanecidas,
las penas muy bien logradas,
las dichas muy mal vividas.
Y de ese ambiente redondo,
redondo por negativo,
mi corazón salió herido
y mi conciencia turbada.
Un recuerdo mantenido:
redonda, redonda nada.

II

Escaleras sin peldaños
mis penas son para mí,
cadenas de desengaños,
tributos que al mundo di.
Tienen diferente forma
y diferente matiz,
pero unidas por los años,
mis penas, o mis engaños,
como sucesión de daños,
son escaleras en mí.

III

De mi esférica idea de las cosas,
parten mis inquietudes y mis males,
pues geométricamente, pienso iguales
lo grande y lo pequeño, porque siendo,
son de igual importancia; que existiendo,
sus tamaños no tienen proporciones,
pues no se miden por sus dimensiones
y sólo cuentan, porque son totales,
aunque esféricamente desiguales.

IV

Me estoy volcando hacia fuera
y ahogándome estoy por dentro.
El mundo es sólo una esfera,
y es al mundo al que pidiera
totalidad, que no encuentro.
Totalidad que debiera
yo, en mí misma, realizar,
a fuerza de eliminar
tanta pasión lastimera;
de modo que se extinguiera
mi creciente vanidad
y de este modo pudiera
dar a mi alma saciedad.

V

De mi barroco cerebro,
el alma destila intacta;
en cambio mi cuerpo pacta
venganzas contra los dos.
Todo mi ser en pos
de un final que no realiza;
mas ya mi alma se desliza
y a los dos ya los libera,
presintiéndoles ribera
de total penetración

VI

Yo soy cóncava y convexa;
dos medios mundos a un tiempo:
el turbio que muestro afuera,
y el mío que llevo dentro.
Son mis dos curvas-mitades
tan auténticas en mí,
que a honduras y liviandades
toda mi esencia les dí.
Y en forma tal conviví
con negro y blanco extremosos,
que a un mismo tiempo aprendí
infierno y cielo tortuosos.

A la eternidad ya sentenciada

Al dueño del desierto americano,
del llanto desolado y devastado,
a Rulfo, que del llano enamorado,
arrasó el continente americano.

A Arreola, el florentino mexicano
que a Salaíno su gorra le ha bordado
con alamares de festón plateado
que dibujó con tinta de su mano.

A la grave y contrita Emma Godoy
que practica la misa ayer y hoy.
A Guadalupe Dueñas, la infernal

y a su pluma celeste y terrenal.
A Guadalupe Amor, la mexicana
que es dueña de la tinta americana.



Textos tomados de los libros Pita Amor. La Undécima Musa de Michael Karl Schuessler; Editorial Diana; Primera edición año de 1995, y Décimas a Dios; Guadalupe Amor; Editorial Fournier; Cuarta edición;  año de 1975; material bibliográfico-literario de Ediciones Letras en Rebeldía.



FICHA BIOGRÁFICA: 

Una de las más inusitadas, si no polémicas, figuras de la poesía mexicana de la segunda mitad del siglo xx fue Guadalupe Amor (1918-2000). Desde su primer libro de poesía Yo soy mi casa, de 1946, la vida y la obra de Guadalupe –“Pita” para sus amigos– ha estado rodeada de controversia: por una parte el –si bien efímero– reconocimiento de su talento literario, y por otra, el estigma como símbolo de decadencia y excentricidad generado por su voluntad de no seguir los atavismos de la mujer en México, carga que hoy más que nunca pesa sobre ella y su obra poética.

Se trata de la mayor cultivadora del soneto, la décima y la lira en la poesía del siglo xx en México a tal punto que los títulos de muchos de sus poemarios fueron publicados bajo los nombres de estas formas poéticas. En alrededor de treinta libros, predominaron la angustia metafísica centrada en las debilidades humanas y en un acercamiento heterodoxo a dos figuras de la trinidad cristiana, la figura de dios padre y Cristo. Este último rasgo la vinculó con la tradición mística de la poesía castellana, sobre todo en Décimas a Dios (uno de sus libros más reconocidos), Sirviéndole a Dios de hoguera o Ese Cristo terrible en su agonía.

El lenguaje que cultivó fue directo y afincado en las figuras retóricas de pensamiento en libros como Puerta obstinadaCírculo de angustiaPolvoOtro libro de amor (en este título cambió la temática de su obra) y Todos los siglos del mundo. Al final de los años cincuenta del pasado siglo, incursionó en la prosa narrativa con la novela semiautobiográfica Yo soy mi casa –título homónimo al de su primer poemario– y un libro de difícil clasificación, Galería de títeres.

Su particular presencia en los medios de comunicación como difusora de la poesía, la gran cantidad de cuadros en que fue celebrada su belleza física por los principales pintores de la época, así como su figura ligada a la Zona Rosa de la Ciudad de México, la convirtieron en un personaje legendario, cargado de mitologías e historias. (ELEM)

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