El vampiro de Vergel Hills | Carlos G. Herrera

¡Quiero ser vampiro! Fueron las palabras con las que Dark Martín entraba a la pubertad, el día en que decidió cubrir su famélico cuerpo con trapitos negros a veces estampados con cruces invertidas y leyendas cuyo significado le era desconocido pero que lo hacían sentir muy malo, además se realizó más de una perforación  en el rostro cuya frente cuidaba de traer siempre fruncida. Basado en los comentarios de sus correligionarios empezó a hacer una selección de autores malditos, buscando otorgar a su culto personal, un libro sagrado. Comenzó leyendo a Baudelaire, gustaba apartarse del grupo para leer las letanías a Satán, levantando con clara intención la portada del libro para que todos los pendejos, como el los llamaba, vieran como se recreaba con las flores del mal, a pesar de que había reprobado el curso de literatura. En la escuela, más de uno compartía la identidad de Dark Martín y todas las tardes se reunía con ellos en el patio más visible sentándose en forma de círculo en un aquelarre de metal y Lovecraft.

Después de Baudelaire, continuó leyendo la Metamorfosis y se propuso de ser necesario, vender su alma al príncipe de la tinieblas con tal de llegar a ser vampiro. Yo le platiqué acerca del Necronomiko, un extraño libro del que según se cuenta contiene un sortilegio para lograr lo que el tanto deseaba: convertirse en vampiro.

Enajenado con la idea, Dark Martín se volcó a todas las librerías de la ciudad preguntando por el material recomendado, sin tener éxito en esta empresa recurrió a las bibliotecas, hurgó en los cómicos volúmenes de ciencias ocultas, pero nada. Visiblemente frustrado y con algunos pesos que estaba ahorrando para adquirir música estridente, me invitó a ir con él a Smog City esperando correr ahí con mejor suerte. Así fuimos a las grandes librerías y durante 2 días y más de 100,000 títulos tampoco logró su propósito. Resolvió que lo mejor sería que regresáramos a nuestra ciudad y abandonar la idea de ser vampiro. Decidido me lo haría saber, yo me encontraba revisando anaqueles en un último intento. Caminando por el pasillo para salir fuimos interceptados por un hombre que parecía un guardia de seguridad con la intención de revisarnos entre las ropas en busca de algún libro, pues habíamos pasado muchas horas desordenando sin comprar algo.

El extraño dijo a Dark Martín:

– Tengo el libro que has estado buscando.

Lleno de curiosidad extrema Dark Martín fue detrás del sujeto hasta que llegaron a una sección donde inmediatamente le extendió un ejemplar del Necronomiko. Dark Martín no podía contener la emoción, ni ocultar su beneplácito, entonces el extraño vendedor le dijo con tono de advertencia:

– Ese libro está maldito.

Realmente no prestó atención, tomó el libro, atravesamos el pasillo e hicimos fila para pagar, después de permanecer algunos minutos en ella, pensó que lo apropiado sería llevar al menos otros dos ejemplares, por si era el caso que se perdieran o deteriorara alguno, así que regresó hasta la zona de la librería donde hacía tan solo unos instantes el extraño vendedor le había ofertado el ejemplar del Necronomiko.

Al llegar al lugar lo encontró clausurado y con telas de araña que pendían del techo, al preguntar a otro vendedor del sitio, este le respondió que hacía mucho tiempo que esa sección no estaba abierta al público.

Antes de que Dark Martín dijera que ya había estado ahí, etcétera, apareció el vendedor extraño de la primera vez diciendo:

– Es correcto, por aquí está lo que buscas, solamente es parte de la ambientación propia de esta sección de ocultismo y los vendedores tenemos instrucción de cerrar esta parte cada vez que sale un cliente y repetir este mismo cuento.

– Como sea, quiero otros dos ejemplares del Necronomiko.

El vendedor cambió abruptamente su tono de voz y dijo:

– Te vuelvo a advertir que ese libro está maldito.

Pero retomando el habla habitual terminó:

– Pero si te llevas tres ejemplares sólo pagas dos de ellos.

– De acuerdo- dijo Dark Martín.

Luego de aprovechar la promoción y visiblemente satisfechos con la compra, nos dirigimos en metro como Dios o el diablo nos dio a entender, a la estación de autobuses. Dentro de este, Dark Martín retiró la envoltura de uno de los tres ejemplares, percibiendo el siniestro aroma de las hojas nuevas y picoteó fragmentos del libro, en la primera página se advertía de su lectura.

Justamente en la número 666 halló lo que tanto esperaba encontrar, la receta para ser inmortal, en el encabezado se podía leer: – “Cómo convertirse en vampiro”.

Dispense el lector que no mencione en este punto el contenido de la fórmula, pues tratándose de un conjuro demoníaco es menester no contribuir a su difusión pues el cronista no quiere ser culpable que otras personas corran con la misma suerte que se cree aconteció a Dark Martín.

Una vez en su casa, no pudo esperar más tiempo para culminar su obra, esa misma noche realizaría el ritual de iniciación detallado en el Necronomiko.

Para la ocasión, se vistió de lo mas gótico, con traje, capa y los atavíos propios de un vampiro. Repasó una última vez el conjuro para estar seguro:

“A la media noche te convertirás en mosca, creación de Satán, te posarás en el mayor reloj de la ciudad, entonces dueño de la noche y el tiempo al transcurrir exactamente dos horas serás transformado en vampiro”.

Resuelto a pasar de mosca a vampiro, Dark Martín recitó el sortilegio y envuelto en una bruma espesa  reapareció convertido en mosca, en una mosca grande y verde que agitaba sus alas con ruido infernal.

Con esta forma voló hacia la torre donde se ubicaba el mayor reloj de la ciudad, justo a la media noche posándose sobre el número dos. Cuando el reloj marcó esa hora, fue cubierto nuevamente por una bruma y apareció convertido en vampiro, aquella noche voló y desangró a cuanta persona pudo dejándoles una marca en el cuello.

Pronto todo Vergel Hills comentaba lo sucedido, se decía que un extraño ser atacaba a los trasnochados para chuparles la sangre.

Lo cierto es que Dark Martín convertido en mosca llegaba al reloj de la torre a la media noche, y cuando marcaba las dos de la mañana se convertía en vampiro, volaba por la calles y chupaba la sangre de los incautos.

Así fue hasta que un día, acostumbrado como siempre a recitar la fórmula para convertirse en mosca, volar al reloj, posarse sobre el número dos y a la hora marcada pulular por la ciudad convertido en vampiro, sucedió algo que en nada se parecía a lo antes ocurrido, pues la bruma oscura y difusa se tornó de los colores del arco iris transformando a Dark Martín en frágil mariposa, la cual como si se tratara de la mosca, voló hasta la carátula del acostumbrado reloj, solamente que en esta ocasión en vez de posarse sobre el número dos, lo hizo en la afilada punta del número uno, en una zona por las que no es posible presumir exactamente de su deceso, aunque después de que las agujas marcaron la sodomita primer hora de la mañana, la bruma de colores desapareció para siempre a Dark Martín.

Nunca volví a verle como tampoco al vampiro, pero no estamos seguros en Vergel Hills pues actualmente se cuenta acerca de una aparición a la que llaman la Marta Pink, quien sale por las noches a las calles para chupar la sangre concentrada y sin coagular de sus clientes compenetrándose con ellos al marcar la una.

A la mañana no están muertos pero nada es igual para ellos.



Este texto forma parte del libro-antología La otredad compilado por la escritora Melba Alfaro y publicado en el año 2006 bajo los sellos del ICY, CYE, CRIPIL y CAIYAC. 

Arte y Cultura en Rebeldía agradece las facilidades brindadas para hacer realidad la reproducción del trabajo realizado por la compiladora.


 

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