Bonifaz Nuño para niños | Julián Crenier y Vicente Quirarte

Actualmente se piensa poco en la poesía como un género idóneo para acercar a los niños al placer de la lectura. La subestimación de su inteligencia es evidente, pero también carece de sentido. A lo largo de los años se han lanzado múltiples campañas, tanto públicas como privadas, para intentar incrementar el número de lectores en el país. Pero son realmente pocas (o quizá ninguna) las que han tenido un éxito visible. Más que una estrategia bien calculada con un trabajo estadístico detrás, quizá sería más efectivo apostar por la sensibilidad, la creatividad y la misma inteligencia innata de nuestros pequeños.

Con esto en mente fue que nació la colección “Poesía para niños” de la coordinación Alas y Raíces de la Secretaría de Cultura (antes Conaculta). Una serie de libros de arte para niños a partir de breves fragmentos de la poesía de varios poetas mexicanos. El primero que se publicó, en el año 1998, fue Brochazo de sol / Pellicer para niños. El más reciente es Cuando hablaba era contigo / Bonifaz Nuño para niños, publicado el año pasado por Alas y Raíces en conjunto con el Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Con un trabajo comunitario, artístico y creativo, que cuenta con la participación de niñas y niños, de poetas y artistas plásticos de Chiapas, Tabasco, Guanajuato, Jalisco, Coahuila, Zacatecas, Colima, Oaxaca, Veracruz y la Ciudad de México, la colección es un proyecto integral que ha sembrado en el público infantil los versos de grandes poetas mexicanos como Carlos Pellicer, Jaime Sabines, Enriqueta Ochoa, Efraín Huerta, Octavio Paz, Ramón López Velarde y, ahora, Rubén Bonifaz Nuño.

II

Cuando hablaba era contigo / Bonifaz Nuño para niños es resultado del trabajo de Lola González Casanova y de Lorena Crenier. Una antología que pone breves fragmentos del poeta veracruzano al alcance de los niños, lo que podría denominarse como “el poema dentro del poema” para quienes se acercan quizá por primera vez a este género. Los fragmentos de Bonifaz Nuño (1923-2013) que conforman esta antología permiten entrever otra de sus características menos señaladas, la cual refiere el poeta Víctor Manuel Mendiola como “una sencillez iluminada de las percepciones, accesible a todos los lectores”.

Para ilustrar esta edición se organizaron dos talleres: uno con niñas y niños de Córdoba, ciudad natal de Rubén Bonifaz Nuño, y otro en la escuela Doctor Porfirio Parra de la Ciudad de México, la primaria que albergó al niño Rubén hace casi cien años. En estos talleres dirigidos por José González Casanova, Roberto Martínez Martínez y Alifie Rojas Candanedo, expertos en artes plásticas, los niños leyeron fragmentos de la poesía de Bonifaz Nuño seleccionados por Lola González Casanova y Lorena Crenier, los discutieron, platicaron de cómo pudo haber sido la vida del poeta, su contexto, lo imaginaron caminando por las mismas calles que ellos recorren ahora, conversaron sobre alguna anécdota, y después se pusieron a pintar, empapados de su personaje, realizando las sorprendentes viñetas que acompañan cada miniatura poética.

Ahora toca poner en manos de más niñas y niños estos poemas, pues como bien dice el escritor Alberto Manguel: “Esa incorporación del texto, ese sentirlo en carne propia, ese vivir a través de la crónica de vivencias ajenas a la suya, ese ver el mundo a través de los iluminados ojos de un poeta […] es lo que se llama arte de leer”.

III

De no haber sido por el confinamiento que atravesamos a causa de la pandemia del Coronavirus, Cuando hablaba era contigo / Bonifaz Nuño para niños hubiera sido presentado hace una semana en la Fiesta del Libro y la Rosa de la Máxima Casa de Estudios, y hubiera contado con la participación de los niños de la escuela Doctor Porfirio Parra. Con esta entrevista a Lola González Casanova recordamos, de alguna manera, el empeño y esfuerzo que han puesto todos los niños en esta colección, quizá los partícipes más importantes de la serie de libros.

—¿Cómo nace la colección “Poesía para niños”?

—La colección empezó con los libros que hizo Lorena Crenier de Carlos Pellicer y después de Jaime Sabines [Al téquerreteque / Sabines para niños (2002)]. De hecho, antes nadie le decía “colección”, pero al final tuvo que ser así porque ya contamos con más de diez títulos publicados. Hace 21 años trabajaba en Alas y Raíces, y cuando conocí el primer título que hizo Lorena yo quise hacer el Bonifaz Nuño para niños. En aquella época aún vivía Rubén e incluso se lo comenté y le hizo gracia. De hecho, como lo menciono en el prólogo del libro, él era muy cercano a los niños y los trataba muy al tú por tú. No tenía el pensamiento de ay, los niñitos, hay que ser gentil con ellos.

“En ese momento no se pudo hacer el libro y pasaron los años. En 2014 volví a pensar en hacerlo y se lo comenté a Susana Ríos Szalay, quien en ese entonces era la coordinadora de Desarrollo Cultural Infantil del Conaculta. Ella accedió y me dijo que lo fuera haciendo. Y así fue: comencé a hacer una selección que me costó muchísimo trabajo porque era muy larga y porque de pronto leía un poema que me gustaba mucho a mí pero que se me hacía muy erótico para los niños. Ese año hice un corpus enorme que se quedó ahí. Luego, en 2017 o 2018, platicando con Lorena Crenier, le comenté que tenía muchas ganas de concluir el libro, a lo cual ella me contestó que lo hiciéramos juntas. Gracias a eso se pudo hacer. Ella, con la experiencia que ya tenía de los otros libros, había desarrollado una metodología para ir rescatando los fragmentos de los poemas que podrían resultar atractivos para los niños”.

—¿Cómo es ese proceso de selección? Creo que Bonifaz Nuño podría considerarse como un poeta difícil incluso para adultos, y ahora para trabajarlo con niños… considero que es una labor difícil.

—Habría que hablar un poco acerca de la colección en general para entender cómo es. Cuando se hizo el libro de Pellicer también dijeron que no era una poesía para niños, pero la idea de la colección es justamente ésa: acercar a los niños a la poesía de poetas que no se dedican a la literatura infantil. Al leer los fragmentos de estos poetas, ellos se van adentrando poco a poco en la poesía, tanto de estos poetas como en general. La idea original, y lo sigue siendo con el libro de Bonifaz, es darles una probadita. Son libros hechos con mucho rigor que incluso podrían considerarse como académicos. En cada verso, cada fragmento, se da la referencia de qué poema es y en qué libro está, todo con el objetivo de darle la posibilidad a los niños y jóvenes de ir al poema o al libro original a que lean más. No es un libro para decirle a los niños “aquí está Bonifaz Nuño”, no. Es darles una probadita de Rubén para interesarlos en que busquen sus libros y que sigan leyendo sus poemas desde este punto hacia el futuro.

—Es tejer un puente, ¿no es así? En lugar de hacer una disociación entre literatura infantil y literatura adulta.

—Exactamente…

IV

—Entiendo que para hacer el libro leyeron prácticamente toda la bibliografía de Rubén Bonifaz Nuño. ¿Cómo es que escogieron los versos y cómo decidieron qué se iba a poder trabajar con los niños y qué no?

—Primero hicimos una selección grande, cerca de 300 fragmentos. Leímos montones de libros y además tuvimos la fortuna de contar con primeras ediciones, lo cual fue muy emocionante a la vez. Leímos libros como Los demonios y los días [1956], El manto y la corona [1958], Fuego de pobres [1961], La flama en el espejo [1971], As de oros [1981], Del templo de su cuerpo [1992], Trovas del mar unido [1994], y Calacas [2003]. También revisamos varias antologías que se han hecho sobre Bonifaz y leímos De otro modo el hombre: retrato hablado de Rubén Bonifaz Nuño [2013], de Josefina Estrada, donde están varias entrevistas que ella tuvo con Rubén. De ahí obtuvimos datos que no conocíamos, corroboramos los que sí, y se hizo el retrato del poeta que le presentamos a los niños.

—En el momento de armar una metodología de trabajo para el taller, ¿qué aspecto poético fue el que les interesó trabajar? ¿El elemento sonoro, el lenguaje, las temáticas, el significado?

—Un poco de todo. Primero encontramos los versos que nos parecían atractivos para los niños, los más divertidos, por decirlo de alguna manera, aunque no sea la palabra más exacta. Me parece que Lorena y yo nos divertimos mucho a la hora de hacer la recopilación. Primero leíamos por nuestra cuenta, cada una hacía su selección, y luego nos reuníamos para hacer comparaciones. En algunos versos coincidía, en otros no, y así los fuimos escogiendo de acuerdo a lo que podían significar.

“Hicimos una selección que fuera lo más cercana a los niños, como la naturaleza y los animales. Luego escogimos versos que fueran pasando por su vida dentro de la casa, su vida cotidiana, y así hasta llegar a conceptos como el honor, la honestidad, y los distintos valores morales. Así fue como los fuimos buscando y escogiendo. La primera selección sí fue basada en el sonido, en lo que nos sonaba bien o que pensábamos que estaba escrito de una manera muy bella”.

—Por lo que veo, los versos que seleccionaron son fragmentos que ustedes mismas disfrutan a la hora de leerlos. De esa manera es un libro que no sólo los niños pueden disfrutar, también los adultos pueden hacerlo.

—Sí. El poeta no escribe para un público en específico, ¿por qué tendría que hacerlo? A partir de esa premisa es que pensamos que la poesía de Bonifaz es para todos, tanto para quienes se acercan a él por primera vez como para los que lo hacen por enésima vez.

V

—Para adentrarnos un poco en los talleres que hicieron con los niños, me imagino que no les interesaba plantarse como la autoridad moral máxima, con una verdad única y absoluta, ¿cómo hicieron para ser más bien las mediadoras que facilitaron la reflexión colectiva realizada por ellos mismos?

—Tienes toda la razón. Como las dos ya hemos trabajado con niños y tenemos un respeto enorme por su trabajo, por lo que sienten y su manera de interpretar las cosas, no queríamos imponer nuestro criterio moral. Eso fue algo que cuidamos mucho y nos parecía que no los podíamos tratar como meros maquiladores. El libro tuvo dos talleres de ilustración: uno en Córdoba, donde nació Bonifaz Nuño, y otro aquí en la Ciudad de México con los niños de San Ángel de la escuela Doctor Porfirio Parra. Entonces empezamos por ahí. Llegamos primero platicándoles eso: “En esta escuela estudió un niño que después se convirtió en Rubén Bonifaz Nuño, poeta, traductor e investigador”. Les platicamos un poco sobre su biografía, cómo había crecido y, al igual que con los libros anteriores, los niños se van identificando con el poeta, porque Bonifaz Nuño corría por esos mismos patios y caminaba esas mismas calles.

“Primero se genera esa identificación y esa idea de que quizá en 50 años uno de esos niños puede llegar a ser un poeta destacado. Luego les enseñamos fotografías de Rubén a lo largo de su vida. Les encantaba ver las imágenes del poeta de niño y les causaba mucha risa verlo de bebé. Ya después se leían algunos de los fragmentos de los poemas y se les preguntaba qué es lo que habían entendido y se realizaba un intercambio de ideas. Algunos de los conceptos fueron muy difíciles de ilustrar por lo abstractos que eran, pero la verdad es que los niños nos sorprendieron mucho por la manera en que lo resolvieron”.

—¿Hubo cosas que ellos advirtieron en los fragmentos que a ustedes jamás se les hubiera ocurrido?

—Claro. Y así como hay unos poemas de la naturaleza, los animales, la casa, la ciudad, también había unos sobre el mero acto de escribir. El poeta como poeta y su metalenguaje. En esa parte de la antología hay un dibujo de un corazón que sale de un libro. Con ese tipo de versos también pensamos que los niños se iban a dar cuenta que lo que hacen es importante, porque mucho del proyecto es para generar la autorreflexión, la autoconfianza y la seguridad en sí mismos.

—Hay algo que se me hace muy interesante dentro del proyecto: la desarticulación de la figura enaltecida de Rubén Bonifaz Nuño. Uno de los intelectuales más encumbrados de la cultura mexicana vuelve a sus raíces para llegar a la vida de unos niños que, casi cien años después, ocupan el mismo espacio que él a pesar de que no sean las mismas condiciones de hace un siglo.

—Justo eso lo que platicamos mucho antes de iniciar los talleres. En realidad el que escribe y los que pintan, en este caso Bonifaz Nuño y los niños, están entablando un diálogo, casi cara a cara, del tú a tú. Incluso los niños, al referirse al poeta, no lo llamaban Bonifaz Nuño, sino Rubén. Lo veían más como un compañero, un ex alumno de su escuela, y no como usualmente miramos a los “intelectuales” o a las personas de la “alta cultura”. Hablaban de él como si realmente lo conocieran. Eso se nos hizo muy bonito.

—¿Entonces de ahí viene el título Cuando hablaba era contigo?

—El título viene de unos versos de Fuego de pobres que nos parecieron muy directos, dirigidos a ellos. Es como si Rubén les dijera: “Esto que escribo y estoy diciendo aquí, te lo digo a ti, te lo cuento a ti, y me interesa saber qué opinas al respecto”. Ese es el diálogo con los niños. Los versos del poema dicen:

 

Estoy hablando solo cuando escribo.

A como soy, ajusto, mido y borro.

Pero a la hora que me leas

sabrás que cuando hablaba era contigo.

Y que no era yo solo.

 

“Tiene mucho que ver con toda esta idea clásica de la lectura de que una vez que los libros están publicados, ya son del lector. Como ya te comenté, hay una sección que es una reflexión sobre el arte de escribir, sobre el escritor a solas. Y creo que los niños al leer y recrear lo que leyeron, están escribiendo con color”.

—Usualmente la unión entre disciplinas artísticas, especialmente la plástica y la poética, me resulta un poco difícil de lograr. La mayoría de las veces se me hace muy forzada. ¿Tenían un objetivo en mente o comenzaron sin un rumbo definido?

—El objetivo era que los niños pudieran recrear y reinterpretar esta poesía a su modo, al hacer su propia expresión plástica. Siempre hemos dicho que estos libros son libros de arte hechos por niños y para niños.

—¿Cree que a través del dibujo los niños absorbieron mejor la poesía de Bonifaz Nuño?

—Sí. Fue muy conmovedor ver cómo recibieron el taller y cómo cuando finalizamos nos pedían que no nos fuéramos. También fue conmovedor comprobar lo que ya sabíamos: los niños se pueden expresar maravillosamente a través del arte. Muchas veces se les menosprecia y pensamos que no van a entender o que se van a aburrir. Pero no, ni una cosa ni la otra. Lo que no comprendían lo preguntaban muy interesados. Creo que quienes desestimamos a los niños somos los adultos, y lo valioso de este libro es que los talleristas los tomamos como seres humanos que pueden entender todo. Sí, es Rubén Bonifaz Nuño para niños, pero también es para jóvenes y adultos, ¿por qué no? Es un hecho que el libro también les encanta a ellos. Es una probadita que los invita a salir de esta antología a leer los libros completos.

—¿Qué diferencias encontraron entre los dibujos de Córdoba y los de la Ciudad de México?

—Los niños de Córdoba hicieron ilustraciones muy ricas y llenas de colores en toda la parte de la naturaleza. Por su parte, los niños de la Ciudad de México hicieron ilustraciones muy fuertes cuando se hablaba de los interiores de la casa y, evidentemente, de la ciudad.

—A pesar de que ya tienen una metodología de trabajo desarrollada a lo largo de los años, siempre hay una nueva anécdota que contar surgida del trabajo con los niños. ¿Cuál sería la de este libro?

—Un niño, por ejemplo, nos dijo que nunca sentía nada. Decía que no sentía ni felicidad, ni enojo, y que no entendía por qué los poemas eran o tristes o felices. De pronto, al leer uno de los fragmentos, se acordó de un tío suyo que había fallecido, empezó a contar la historia, y comenzó a llorar. Por eso mismo decimos que es importantísimo que los niños tengan acceso a la poesía, a la música, a las artes plásticas, porque esa educación sentimental y emocional comúnmente se deja de lado.

—Sobre todo en este país que cada día ve la cultura más como un estorbo que como una necesidad vital.

—Sí. Además, conforme este taller fue progresando, los mismos niños se iban relajando, comenzaban a platicar entre ellos de cosas serias, importantes e íntimas, y fueron incluso agarrando una hermandad. Se generó una comunicación que ellos no conocían. Discutían entre ellos las decisiones que tomaban al pintar y sus interpretaciones de los poemas. Eso es increíble.

—Además de los dibujos de los niños, el libro cuenta con unas fantásticas fotografías de Bonifaz Nuño. ¿Cómo reunieron estas imágenes?

—Como todos los libros, esta antología no podría existir sin toda la gente que estuvo detrás. Desde el apoyo y el texto de Susana Ríos Szalay, el de Vicente Quirarte, el impecable diseño editorial hecho por Chac, hasta la gente que nos ayudó a realizar los talleres. Las fotografías y los derechos de los poemas nos los cedió Paloma Guardia, la albacea de Rubén y la directora del Recinto Rubén Bonifaz Nuño que se encuentra en la Biblioteca Central de la UNAM, el cual está abierto al público. También me gustaría recordar y agradecer a los directores y los maestros de las escuelas de Córdoba y la Ciudad de México. Tristemente el Coronavirus no nos dejó hacer la presentación en la Fiesta del Libro y la Rosa, donde los niños de la Doctor Porfirio Parra iban a estar presentes para participar en un taller, pero pronto haremos algo para compensarlo.

—¿Qué diría Rubén Bonifaz Nuño, hoy, de este libro?

—Yo me lo puedo imaginar sentado en un sillón, ojeando el libro y echando una carcajada de las que solía soltar. Creo que mucha de la gente que lo conocía habla de su risa, porque era una muy sonora, explosiva y expresiva. A lo mejor diría una ironía sobre alguno de los dibujos, pero quiero creer que le encantaría.

VI

Todos los libros de la colección “Poesía para niños” fueron puestos a disposición del público de manera digital, gratuita, y abierta a descargas en la página de Internet de Alas y Raíces.

VII

Rubén por nosotros | Vicente Quirarte

La fotografía que ves aquí muestra a Rubén Bonifaz Nuño en el antiguo pueblo de San Ángel, donde pasó la mayor parte de su vida. Alguna vez fue niño como tú lo eres ahora. Viste pantalón de peto, usado por los obreros para el trabajo rudo. Por lo mismo, fue una prenda de vestir popular entre los niños que al jugar se enfrentaban a la tierra y los raspones: todo lo que en ellos despertaba alegría. Rubén lleva además consigo el arma invencible que jamás lo abandonó: la sonrisa. Ríe para la cámara pero sonríe para nosotros y contra el tiempo. La risa es la mejor espada contra la tristeza. Cuando dejamos de reír somos amargos y hacemos más pesada nuestra vida. En cambio la risa, como la poesía, nos hace libres, nos pone alas y nos vuelve ángeles eternos.

Hay adultos que nunca fueron niños. Y adultos que conservan toda su vida la frescura de la risa de su existencia infantil. Quien escribe estas líneas tuvo la fortuna de ser amigo de Rubén y, todavía mayor privilegio, entrar en la cueva donde guardaba sus tesoros que compartía con sus amigos: libros y sus otros juguetes que lo conservaban niño: caleidoscopios que ofrecían todos las formas y colores del arcoriris, muñecos de peluche, un barco vikingo, cochecitos de todos tamaños y colores, espadas para defender las causas nobles: “No me saques sin razón. No me guardes sin honor”.  Y una despensa llena de todos los chocolates y dulces existentes, más brillantes que las joyas.

Rubén enfrentó tristezas y amarguras, pero siempre tuvo para los otros una sonrisa solidaria. Ayudó al prójimo, sin hacer ostentación de ese justo orgullo. Incluso se reía cuando hablaba de la Muerte –la Pelona o la Flaca, le decía en tono festivo- de la misma forma en que lo hacemos al comerla en una calaverita de azúcar que lleva nuestro nombre. Era el jefe indiscutible de un grupo de amigos llamado Cofradía de los Calaca, que se juntaba para comer tacos y contar chistes.

Todo niño sueña con ser héroe o mago. De ser posible, ambas cosas. Rubén Bonifaz Nuño no fue la excepción. Leal a su infante interior, lector tanto de Homero como de Harry Potter, con el paso de los años siguió siendo mago y héroe. Los modelos del niño Bonifaz fueron aquellos seres de excepción que por medio del valor, el conocimiento o la integridad se elevaban por encima de sus semejantes, eran rechazados por ellos y devolvían las bondades de mundo: por eso admiraba las aventuras de los tres mosqueteros y las releyó toda su vida. Ir a la compra de la leche o el pan era una aventura. Estudió en la escuela primaria oficial Porfirio Parra. Más tarde, las facultades de Química, Derecho y Filosofía y Letras de nuestra Universidad lo recibieron y fueron testigos de la manera en que deseaba ejercitar sus armas: los misterios de la materia y sus transformaciones, la defensa de las causas justas, las letras que ilustran y liberan. El Bonifaz defensor, que demuestra su disciplina de abogado, ofrece las pruebas necesarias para establecer la relación entre hombres y serpientes. Sin su conocimiento de los grandes misterios, no existiría el hermetismo luminoso de La flama en el espejo o de El corazón de la espiral.  Sin su prodigiosa capacidad verbal y su autenticidad expresiva no sería el más clásico y el más mexicano de nuestros poetas contemporáneos.

Rubén Bonifaz Nuño nos enseñó también el heroísmo del buen humor, el modo en que la angustia se oxigena en lugar de dolernos. Repasar los versos de Rubén nos lleva a leer de otra manera a Linus y su cobija de seguridad, al pianista Schroeder en fuga de todo aquello que lo separe del arte; a Charlie Brown, apegado a una mascota de la que siempre se queja, sin la que no puede vivir, y de la que tiene que decir, tarde o temprano: “¿Por qué no puedo tener un perro que sea como el de todos?” Tengo un perro y algunas cosas mías, escribe el poeta. Snoopy no es, por fortuna, un perro como todos y por eso despertaba la simpatía de Rubén, quien en una ocasión tuvo dos canes, que creían llamarse Quítate y No estés molestando, palabras con las que su amo se dirigía a sus animales y que en realidad significaban, como sucede en el discurso del verdadero amador de los perros: “Nunca dejes de estar y moléstame todo lo que quieras”. De ahí que Rubén Bonifaz Nuño sea Charlie Brown, heroico en su resistencia, siempre enamorado, siempre en apariencia derrotado. Pero más profundamente es Snoopy, el beagle que caminaba en cuatro patas y al hacerlo en dos se integró de manera más estrecha a los humanos, al tiempo que pasaba a ser su conciencia.

Snoopy sueña con ser un gran estudiante, un gran abogado, un gran escritor, un gran piloto admirado por las mujeres, un patriota de la guerra de Independencia. Rubén Bonifaz Nuño fue todo eso. Los actos de su existencia ejemplar estuvieron dedicados a defender y enaltecer a la especie humana y pelear por ella.

 

Para los que quieren mover el mundo

con su corazón solitario,

los que por las calles se fatigan

caminando, claros de pensamientos;

para los que pisan sus fracasos y siguen;

para los que sufren a conciencia

porque no serán consolados,

los que no tendrán, los que pueden escucharme;

para los que están armados, escribo.

 

¿Quiénes son los armados? Naturalmente, los que, como tú, están armados con su curiosidad, su frescura e inocencia para enfrentar el mundo. Los que nada tienen y por eso lo tienen todo. En los fragmentos de estos poemas aparecen la lluvia y el sol, el árbol y la nube, la ciudad con su ritmo vertiginoso y su crecimiento a veces agobiante, pero donde también podemos hallar la armonía y la hermandad. Rubén era un solitario solidario que amaba a las mujeres y los hombres, y quería lo mejor para ellos. Un poeta no escribe para complacer a los otros, pero aunque esté solo nunca deja de pensar en ellos. Rubén escribió estos poemas y los escribió para ti. Más importante aún: los escribió contigo.



FUENTE: NOTIMEX

Un pensamiento en “Bonifaz Nuño para niños | Julián Crenier y Vicente Quirarte

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