La Xmahaná | El viejecillo de las narraciones de animales míticos mayas (I) | Armando Pacheco

Hace mucho tiempo vivió, en lo que antiguamente era la ciudad maya de T’hó, un anciano que solía relatar historias sobre animales que tenían poderes sobre el ser humano; este anciano, del que no se sabe su nombre, pero que muchos creen enviado de los dioses antiguos mayas para perpetuar el legado de éstos con relación a sus creaciones, vivía en una casita hecha de paja, cerca, se cuenta, de una de las múltiples cuevas que existían antes de que la modernidad llegara a lo que hoy se le denomina como Mérida, la Ciudad Blanca.

De cabello canoso, moreno, de facciones muy marcadas en el rostro, la nariz ancha, los labios gruesos, el viejecillo, de pequeña estatura, se sentaba todas las tardes en la puerta de la humilde casita, junto a él, un enorme perro peludo llamado Tzul que tenía una mancha negra alrededor de su ojo derecho y el hocico chato; el animal sacaba constantemente su enorme lengua y se cree que los niños le tenían miedo, aunque era dócil y fiel a su dueño.

Por aquel entonces no existía la televisión ni la radio, tampoco había luz por las noches como ahora, así que se aprovechaba a lo máximo la vida del sol durante el día y el anciano gustaba de contar sus experiencias y conocimientos con los niños que habitaban cerca de su casa.

Una tarde les contó cómo a la casa de un vecino entró una mariposa de grandes alas, muy negra que revoloteaba de un lugar a otro sin parar, golpéandose entre las estructuras de palos y paja; el dueño de la casa, un anciano igual que él, sintió mucho miedo ante la presencia de esa mariposa. Se escucharon gritos de desolación y tristeza; el señor gritaba que la mala suerte le había llegado con la visitante nocturna: ¡Una Xmahaná, una Xmahaná! Días después, el pueblo acudiría al entierro del anciano que se le conocía como una persona que no quería a los niños y por eso los dioses lo habían castigado con la muerte.

La mariposa negra o Xmahaná, dijo el anciano a su pequeña concurrencia, no siempre anuncia la muerte, a veces es presagio de alguien que habrá de llegar o un ser querido que ya no está con nosotros y nos visita desde el Xilbabá.



Este texto forma parte del cuentario El viejecillo de las narraciones de animales míticos mayas escrito con el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) 2016-2017.


Armando Pacheco en el Malecón de Telchac, Puerto, en Yucatán, México en agosto de 2015 | Foto: LIGIA CHAN BRITO

Armando Pacheco (Nezahualcóyotl, Edomex, 1980). Radica en Mérida desde 1985. Es escritor, periodista y músico de folclore latinoamericano. Integrante del Centro Yucateco de Escritores. Primer Lugar del Premio Regional de Poesía «Syan Ca’an Bakhalal» 2016. Tercer Lugar, en la categoría B del II Premio Nacional de Poesía Joven «Jorge Lara Rivera» 2010. Primer Lugar del Premio Estatal de Poesía Joven «Jorge Lara Rivera», ediciones 2003 y 2006. Mención de Honor en el Premio Regional de Poesía «José Díaz Bolio», ediciones 2005 y 2006. Becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán (Foecay) 2007. Cooeditor, junto con el escritor Adán Echeverría, del Mapa Poético de México, edición 2008. Autor de las plaquetas: Entidad en el exilio y otros poemas de añoranza (Ediciones Zur, Catarsis El Drenaje Literario e ICY, 2007) y Memorial del poeta errante (Ediciones Letras en Rebeldía, Editorial El gato bajo la lluvia, 2015). Autor del cuentario breve El viejecillo de historias de animales mayas (El gato bajo la lluvia, 2018). Antologado en La Otredad (2006), Palabrando (2006), Nuevas voces en el laberinto (2007), Cultura de Veracruz (2008), Mapa Poético de México (2008); El canto del silencio (Ediciones Letras en Rebeldía, 2018) y Entre juegos y garabatos, antología para niños Vol. 1 (Ediciones Letras en Rebeldía, 2019). Publicado en las revistas Navegaciones Zur, Cantera Verde, Cultura de Veracruz, Letralia, entre otras. Actualmente es director general de Arte y Cultura en Rebeldía. Es fundador y editor de Ediciones Letras en Rebeldía. Está próximo a publicar Memorias de un poeta errante.

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