Olas de Polvo (poemario inédito / primera entrega) | Saulo de Rode

DESPUÉS DEL SILENCIO                                                                                         

Donde el sol invoca

pájaros, serpientes, águilas, tigres

aún la luz es el mar

esa infinita flecha relámpago y piedra

pedernal del corazón y los silencios

libros sordos de espumas esperando filosas flechas

que por inercias son estrellas y máscaras

utensilios de las lanzas

desecación del tiempo y las hojas  

ceiba en silencio esperando las semillas de la luz   

inconfundible respiración del árbol

intemperie al miedo sin prisa

razón que vuelve a las sílabas

sin nombre y sin herida

y sólo siempre la espiga.

 

ESFERA DE CHIPRE                                                                                               

 

El agudo verso que escribe el miedo

respira y naufraga como si fuera la sangre entre las sombras

búsqueda del conjuro en la carne que deletrea el cuerpo.

ladera en la deriva incandescente del obsceno manantial.

Y está sílaba nada mueve: sólo es el árbol

de promiscuo rostro y efímera clemencia

 

Y todo este instante vida verdadera y muerte.

El que comienza anterior el sustento de lo visible

como invisible espuma en pedazos del sueño

del polvo y de la mezquita incurable

vagamente en la esfera primordial de la presencia.

Esa desnuda piedra cubierta de jardines colgante

y nada como la memoria y precipicio anudado al silencio.

 

Y todo está cubierto de dioses y burdeles

de pájaros, tardes de buitres y cuervos

si no dijera nada el santuario que padece el tiempo.

Esta encarnación áspera del polvo y del ladrillo y la sal

del mendigo que guarda en la mano su palabra y su vida.

La lleva del árbol donde nadie trepa para mirar la luz

el comienzo entre principio y fin y nada.

 

TIERRA, TIERRA, TIERRA                                                                                            

La ofrenda, el pillaje entre las semillas y lluvia.

La piedra entre el silencio y la ira tardía

como presente y perpetua la puerta y el laberinto

ironía precisa del día que salta y ata la nombradía

entre precipicios errantes que cantaron el vidrio y la forma

el atardecer que tomó la mano entre actos irreales que atraviesan las hojas

la caballería de los codos dormidos en las alhajas palpitantes.

 

Quién diría que no somos nadie en estas transparentes agonías

que se abren y cierran como blancas nubes y puertas que saltan

y nada se dilata, todo se rompe en mil pedazos

como silencios que vienen cayendo sin tiempo y sin erráticos rumores. 

No miro la infancia ni las hojas que ayer se desvanecían.

Derritió el espacio y el humo indaga la superficie

la difícil travesía de las higueras que navegan frente al barco.

 

Qué serán los actos irreales de los párpados

si está clemencia está ahoga en la cuerda y es una piedra

un solo instante y un solo cuerpo

y cuantiosas muertes que se mira en Andalucía

y son un pronombre de mezquitas añejas

que por hábitos conocemos con ojos cerrados

y nada y todo es mi cuerpo encerrado dentro de otro inmenso:

el camino entre las huellas del sol y del agua: antigua muerte: bendita luz.

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