La represión de la «Casta Divina» a socialistas yucatecos en los años 10, 20 y 30 del Siglo XX | Edgar Rodríguez Cimé

El socialismo olvidado de Yucatán (1915-1924)

Oposición, represión, asesinatos y olvido ha sido el método utilizado por la Casta Divina: oligarquía criolla yucateca, para acabar con las luchas por los derechos del explotado pueblo maya, encabezada por los socialistas de la época de Felipe Carrillo Puerto en la década de los años 10, 20 y 30 del siglo XX, antes, durante y después del periodo en que éste fue gobernador de Yucatán.

Basta enumerar los sucesos opuestos a las demandas promovidas por la Revolución Mexicana de 1910-1917: cómo entonces Yucatán estaba separado geográficamente del país porque no existían las vías férreas para enlazarnos con el centro, nunca se enteró el pueblo maya de la victoria revolucionaria contra los latifundistas, por lo cual el gobierno federal envió al general Salvador Alvarado con tropas bajo su mando para notificar y obligar a los hacendados henequeneros a cumplir con los postulados revolucionarios, comenzando con la liberación de los peones de las haciendas.

Cuenta la historia: Alvarado es comisionado en 1915 por el general Venustiano Carranza para rescatar Yucatán del golpe de Estado «castidivino» del general Abel Ortiz Argumedo contra el gobernador carrancista Toribio de los Santos, así como para dirigir el proceso revolucionario en la península. Alvarado derrota a Ortiz Argumedo en la batalla de Blanca Flor, Campeche.    

Posteriormente, en 1919, durante las elecciones para diputados estatales y presidencias municipales, las tropas federales del general Isaías Zamarripa, en sustitución del general Luis Hernández, quien sustituyó a Salvador Alvarado como comandante militar en Yucatán, reprimen a miembros de las Ligas Socialistas de Resistencia, continuando con la obstrucción de logros de la revolución alvaradista en temas como Tierra y Trabajo, como señala José Ángel Koyok Kú, en mayapolitikon.com.

Como en el campo yucateco las Ligas Socialistas pronto se convirtieron en «células» donde la población maya, mayoritaria pero marginada en las décadas previas a la revolución: artesanos, campesinos y peones, encontró espacio para la participación política activa, el mismo presidente Carranza (quien era revolucionario pero también empresario) ordenó a los militares detener el crecimiento del socialismo en Yucatán en sus secciones locales en pueblos, villas y ciudades.

Si en 1915, la milicia de Salvador Alvarado supervisó que las demandas revolucionarias se cumplieran en pueblos y haciendas, tres años después el ejército comandado por Hernández se alió con el sector conservador de la Península de Yucatán: los dueños de las haciendas del noroeste henequenero, cuyos peones descontentos: mayas, mestizos y braceros mejicanos llegados en 1916, habían tomado plantaciones o ejercido su derecho de huelga para mejorar sus condiciones de vida.

Al sustituir Zamarripa a Hernández a fines de 1919, éste concluye la consigna carrancista: aplastar a los socialistas. Apoyando descaradamente la candidatura de Bernardino Mena Brito, los soldados de Zamarripa atacan las secciones municipales del Partido Socialista del Sureste (PSSE). Con fusil y sable en mano, saquean las cooperativas de producción y consumo, e intervienen inconstitucionalmente en las elecciones confiscando boletas en pueblos de filiación socialista o armando a grupos de choque liberales, así como protegiendo sus fechorías.

En Bokobá, pueblo de la zona henequenera, los soldados asesinan al delegado socialista Joaquín Valdez, según dio a conocer el diario El Correo, en noviembre de 1919. En otros pueblos, acompañados de grupos de liberales armados, apresan a autoridades socialistas. Por todo eso, no fue extraño que al final de las elecciones los liberales hayan ganado y los socialistas tuvieran que huir de sus pueblos y de la ciudad, incluyendo a su candidato: Felipe Carrillo Puerto, quien se exilia en New Orleans.

Aunque posteriormente los socialistas lograron tomar el poder ejecutivo, con Carrillo Puerto como gobernador, sería -finalmente- otro golpe militar en 1924 el que precipitara el fin de la etapa socialista en Yucatán, pero esta vez con el apoyo de militares rebelados bajo el mando del general Adolfo de la Huerta.

A partir del asesinato de Carrillo Puerto, la casta divina retoma el poder político, porque el económico y el ideológico nunca lo perdió, para terminar de eliminar las ideas socialistas. El Partido Nacional Revolucionario callista, antecedente del PRI, «absorbe» al PSSE permitiendo una feroz campaña anti socialista religiosa y periodística entre el pueblo maya.

Asesinados tanto Salvador Alvarado (el Hormiguero, Tabasco, en 1914) como Carrillo Puerto (Mérida, Yucatán, en 1924), el mismo PNR-PSSE se encarga de impedir reformas sociales del presidente Lázaro Cárdenas a favor del pueblo maya en Yucatán, «mediante los asesinatos de Ignacio Mena y Adalberto Sosa, en enero de 1936 en Temozón, Abalá; Felipa Poot Tzuc, en Kinchil, en marzo de 1936; y Rogerio Chalé, presidente del PSSE, cerca de Xocempich, Dzitás, en septiembre de 1936», quienes luchaban por el reparto de tierras, obstaculizado en Yucatán por políticos y pistoleros de los terratenientes de la casta divina.   



edgarrodriguezcime@yahoo.com.mx

Colectivo cultural «Felipa Poot Tzuc»



 

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