A cien años de la publicación de la novela “Eugenia”, de Eduardo Urzaiz Rodríguez | Ariel Avilés Marín

El último tercio del S. XIX en Cuba, está marcado por la llamada Guerra de los Diez Años o Guerra de los Mambises, que fue el primer intento de independencia de Cuba de España; este noble movimiento no alcanza el objetivo soñado y la represión española a los patriotas fue terrible. A consecuencia de esta feroz persecución llega a Yucatán una importante migración que habría de revolucionar la educación y la cultura. En especial, en el campo de la educación, la migración cubana llevó a cabo una verdadera revolución pedagógica sin precedentes. Los hermanos Rodolfo y Antonio Menéndez de la Peña y Doña Ángela González, esposa de Antonio, pusieron la educación del Estado de Yucatán en un nivel que no había tenido antes a lo largo de su historia. En la década de los 90’s, de ese mismo siglo, llega una segunda migración cubana, en ésta llega, siendo un niño, Eduardo Urzaiz Rodríguez, quien también habrá de hacer grandes aportes a la educación local, el más importante, la fundación de la primera universidad en Yucatán.

Eduardo Urzaiz Rodríguez fue un profundo reformador de la educación de Yucatán, es el pionero de la educación universitaria en el estado. Fue pedagogo, médico ginecólogo, psiquiatra, escritor y destacado pintor y dibujante. Entre sus publicaciones más importantes están: “Historia de las Religiones”, “Del Imperio a la Revolución”, “Psiquiatría”, “Biología” y “Antropología”, para estudiantes; su espectacular “Reconstrucción de Hechos”, con el pseudónimo de Claudio Meex, y fue el creador de un nuevo género novelístico: la Novela de Ciencia Ficción. En el año de 1919, en una edición costeada de su propio peculio, vio la luz la novela “Eugenia”, marcando con ello un hito en la narrativa de América Latina.

La novela Eugenia está ubicada en la imaginaria ciudad de Villautopía, y ocurre en el año 2218. La genial imaginación de Urzaiz le lleva a concebir situaciones tales como que, sean los varones los encargados de la gestación de los hijos, que el Estado tenga un control absoluto sobre los nacimientos, como lo proponía la teoría llamada Eugenesia, que da nombre a la novela; y que, maravillosamente, la humanidad ha alcanzado al fin la paz universal y existe una total armonía en el mundo. El análisis de la obra nos lleva a encontrar que en ella hay notables influencias de La República, de Platón, en donde se plantea por primera vez el control del estado sobre la natalidad; también tiene raíces en La Utopía de Tomás Moro, y de las obras de ficción del S. XIX tiene rasgos notables. Los planteamientos del Dr. Urzaiz conllevan situaciones tan avanzadas como la identidad de género y otros tópicos más que, aún hoy, son tema de controversia, y que tanto más hace cien años.

Como es de suponerse, la sociedad yucateca tan conservadora como era y es, no acoge con beneplácito la publicación de esta obra tan avanzada aún hoy y, casi de inmediato, surgen una multitud de críticas, violentas las unas, y divertidas las otras. El teatro regional que toma al vuelo los temas de actualidad no podía dejar pasar la oportunidad de aportar al asunto, y así Alvaro Zavala Castillo, popularmente conocido como el Sastre Zavala, escribe un oportuno paso de comedia, en el que, en forma festiva, hace una divertida sátira de los asuntos tratados en la novela de Urzaiz, en la que el comportamiento disparatado del protagonista es consecuencia de la “nociva” novela Eugenia. El Sastre Zavala, era hijo de Don Francisco Zavala y Doña Adelaida Castillo y Cámara, propietarios del antiguo Teatro Peón Contreras, recinto que era, además, el hogar de la familia, de modo que Alvaro ha crecido en un teatro y en contacto permanente con este arte, por lo que es natural que de su pluma hayan surgido obras destinadas a los escenarios.

El Centro de Investigaciones “Gerónimo Baqueiro Fóster”, de la ESAY, ha llevado a cabo el I Coloquio sobre Patrimonio Artístico de Yucatán, y el material de este importante encuentro cultural ha sido las huellas de hace un siglo en la música y el teatro yucatecos, y en este marco, el Mtro. Juan Ramón Góngora ha repuesto “El Hombre Madre” de Alvaro Zavala Castillo, puesta que viene como anillo al dedo para conmemorar, colateralmente, el Centenario de Eugenia. El divertido paso de comedia, fue repuesto en forma de lectura dramatizada, pero con tan buen desempeño, que lo podemos calificar como una verdadera puesta en escena. La breve obra dramática de Zavala está plagada de citas graciosas que nos dan clara noticia del contexto histórico y los usos y costumbres de la segunda década del S. XX, así como de muchas de las creencias populares en materia de salud y otros importantes rasgos de la sociedad de ese entonces.

El reparto del paso de comedia de Zavala es el siguiente: Crisanto, el hombre perturbado por la lectura de Eugenia es el propio Juan Ramón Góngora; Panchita, su hija, cuyos planes de boda se ven truncados por la locura del padre, es Dony Can; Gabriel Arroyo es el médico que atiende al perturbado hombre; la comadre de Crisanto, chismosa y comunicativa, es Asunción Haas; por último, Matías es el novio de Panchita, con la que quiere casarse, pero el estado de alteración de Crisanto lo impide, es representado por Abel Pool. La obra es breve, sencilla y muy divertida. En las manos de Crisanto ha caído un ejemplar de la recién publicada novela Eugenia, hombre de escasas luces, Crisanto no acierta a digerir su lectura, y al influjo de ésta, cae en la creencia de estar esperando un niño, y dedica todos sus afanes a cuidar su supuesto embarazo. Esta situación trae consigo la alteración de la vida de todos los que le rodean, especialmente la de su hija Panchita, que está a punto de contraer matrimonio con Matías, su novio, pero dado el estado de su padre, sus planes se ven frustrados, con la consiguiente contrariedad del muchacho. Son inútiles todas las argumentaciones del médico, la hija, la comadre y Matías, Crisanto no cede en su afán de dar a luz a su criatura.

En el ínterin de todo esto, la hija, la comadre, el médico y Matías, se dedican a despotricar contra “ese tal doctor Urzaiz” y las cosas terribles que escribe, y que tan nocivas son para la sociedad; lamentan los efectos de la lectura de ese libro terrible, esa novela Eugenia, que tan caro ha costado a la paz de este hogar. Al fin, llega el parto de Crisanto y éste abraza a una muñeca envuelta en pañales, que él cree su hijo. Matías, en una incertidumbre total, ya no sabe si Crisanto es su suegro o su suegra. Al médico se le ocurre una genial idea, le da a Crisanto un libro muy semejante a Eugenia, que él mismo ha hecho, y en el que contradice todo lo esgrimido por Urzaiz en su novela; Crisanto reacciona y regresa a la normalidad. La divertida comedia termina con una feliz escena en la que todos juntos bailan una alegre jarana.

Ahora, en octubre de este año, en el centenario de su edición original, la Universidad Autónoma de Yucatán, ha hecho una nueva edición conmemorativa de Eugenia, de muy buena calidad y, además, muy semejante en su diseño a la edición príncipe. En la publicación original, el dibujo de la portada es del pintor y dibujante Leopoldo F. Quijano, y es una muestra muy precisa de Art Deco, la actual, no se queda atrás en calidad y respeta la portada original. Es muy encomiable que la casa de estudios fundada por Eduardo Urzaiz le rinda este justo homenaje en el centenario de esta obra, tan controvertida, desde hace cien años, y que lo sigue siendo en la actualidad. Las obras trascendentes de nuestros escritores, deben ser conocidas por las nuevas generaciones.

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