¡Aquí estamos para asesinar! | Ariel Avilés Marín

Agatha Christie, cuyo nombre completo y verdadero era Agatha Mary Clarissa Miller, cultivó la narrativa de suspenso, como nadie lo ha hecho en la historia de las letras universales. Alma cercana a Sir Arthur Conan Doyle, como él, supo crear un género novelístico que ha fascinado a muchas generaciones de lectores en el mundo entero. Conan Doyle es el antecedente, con algunas raíces en Edgar Allan Poe, pero con un desarrollo propio que pone las bases de un género nuevo en la narrativa, el suspenso, como novela de misterio, que tiene y mantiene una tensión permanente en el curso de la trama, cuyo desenlace es siempre el más inesperado. Conan Doyle y Christie saben conducir la acción de manera tal que, el poder de deducción y las muchas conclusiones del emocionado lector, terminan siempre en conclusiones fallidas y el descubrimiento de la verdad, es siempre un final sensacional.

A fines de la década de los 70’s, el grupo «Teatro de Repertorio» llevó a escena, bajo la dirección del propio autor, una obra consistente en un verdadero collage urdido con partes de narraciones de Agatha Christie, bajo el título de Gracias Agatha Christie, de Erick Renato Aguilar. La puesta en escena tuvo éxito y resonancia en su momento y fue muy alabada por la crítica de entonces. Figuras entrañables de nuestro teatro local formaron el elenco de esta puesta, como José Antonio López Lavalle, Basilio Yánez, Lupita Gallareta y otros más que escapan a la memoria.

Los montajes teatrales de este inolvidable grupo, dirigido por Erick Renato, dejaron una luminosa memoria y escribieron páginas brillantes en la historia del teatro yucateco. De este brillante repertorio recordamos gratamente, las puestas de Con T de Tragedia, Tres Ratones Ciegos y, sobre todo, La Casa de Bernarda Alba.

Ahora, dentro del marco de la serie de lecturas dramatizadas tituladas Con Sangre de Teatro Yucateco, en el Teatro Casa «Tanicho», se ha repuesto esta obra con gran acierto, bajo la dirección y la actuación de Juan Ramón Góngora, y con una papeleta de lujo en el reparto de la obra. Diez actores, de los grandes y consagrados de nuestra escena, y un joven y talentoso actor, dieron vida a los personajes de Gracias Agatha Christie, de Erick Renato Aguilar, y nos reglaron una brillante noche de teatro, de ésas que quedan grabadas en la memoria por varias razones, la primera y más importante, por la gran calidad de las actuaciones. Antes de iniciar la lectura dramatizada de la obra, se llevó a cabo un emotivo protocolo cuando Luis Nadal, compañero de vida de Erick Renato, subió a escena y dio la tercera llamada; nada más justo, pues Luis cuidó con singular afán a Erick, hasta el último instante de su vida. Entre el numeroso público reunido, se encontraba Leticia Yánez, una de las actrices de la puesta original, y fue invitada también a subir a escena para recibir un caluroso aplauso del respetable.

La fórmula de la puesta, es la que ha seguido Juan Ramón en cada una de las obras que han integrado este ciclo. El uso de un narrador que va relatando, describiendo los lugares de la acción, y haciendo acotaciones a las acciones de la trama; este personaje fue encarnado por el primerísimo actor Fernando de Regil. El resto del elenco asume a cada uno de los personajes de la obra.

Los personajes que integran la divertida e interesante trama de la historia son: Luisa, encarnada por Lupita López; Víctor, quien es el propio Juan Ramón Góngora; Nora, la primerísima actriz Bertha Merodio; David es el talentoso actor Gabriel Arroyo; Esteban Soler, encarnado por el gran actor Enrique Cascante; Pedro, el joven y talentoso Fabián Sosa; Ramón, el primer actor Miguel García; Elena, encarnada por una gran dama de los escenarios, Silvia Káter; Magnolia, otra brillante actriz, María Teresa Sosa; y Poirot, brillantemente encarnado por el destacado actor Fernando Amaya. Todos ellos son actores, que han tenido una brillante carrera en tiempos pasados, y se encuentran en una etapa ya de declive en sus vidas; con excepción de Pedro, que es el más reciente descubrimiento del director Esteban Soler, y cuya relación con el director despierta maliciosas suposiciones en todos los otros. Hay otro personaje, que no tiene presencia en escena, pero que es importante en el misterio que se ha de forjar a lo largo de la acción, Arnoldo, el esposo de Elena, y antiguo director y productor teatral. Todos ellos se conocen profundamente, y en todos existe algún motivo de rencor por cada uno de los demás. Su presencia en una quinta a las afueras de Londres, se debe a una misteriosa invitación por un mensaje escrito, en un sobre, y signado por un tal Mr. Otis.

Los primeros en llegar a la mansión, son Luisa y Víctor, a quienes se ha contratado para hacer el papel de servicio del evento, y que han recibido, y siguen recibiendo instrucciones de lo que han de hacer en la reunión. A cada paso que dan, van encontrando en sobres, potes o vasijas, algún papel con nuevas instrucciones del siguiente paso a seguir. Se les ha informado que se trata de una reunión pequeña, de diez o doce personas, no más. Que todos son viejos conocidos, y aficionados a las obras de suspenso. La vieja quinta ha sido en el pasado un centro nocturno, hoy desocupado, someramente amueblado y algo tétrico. Luisa y Víctor van disponiendo las cosas para recibir a los invitados. Llegan juntos Nora y Daniel, quienes se asombran de encontrar ahí a Luisa y Víctor, a quienes conocen de tiempo atrás. Poco a poco y por parejas, van llegando todos los demás, hasta completar diez personas reunidas en la vieja mansión, y que guardan relación entre ellas y, en algunos casos, no precisamente cordiales.

Como sucede en las novelas de Agatha, al reencontrarse los viejos conocidos, van aflorando los recuerdos buenos, y también los malos. Nora es la maestra del comentario zahiriente y todos lo son de la ironía y el doble sentido. Cada uno de ellos vive una realidad que está lejos de ser la que hubieran soñado un día. Después del duelo de zarpazos, surgen las interrogantes, ¿Por qué este grupo se ha reunido? ¿Qué hacemos aquí? ¿A ti, quién te invitó? Y caen en cuenta de que han sido reunidos por la misma persona y que nadie la conoce. La primera señal de alarma cunde entre ellos. Luisa les informa que hay un mensaje grabado para todos, va por una grabadora e introduce un casete y se oye la voz del misterioso convidante. Todos tiemblan al escuchar el contenido de la grabación. Un reproche general de lo malo que han hecho por el sublime arte del teatro y que tienen que pagar, y pagarán ahora, en esta reunión. Se les informa que la mansión ha sido cerrada por fuera y la reja que la rodea está electrizada. De manera que nadie puede salir de ella. Finalmente, la voz anuncia que uno a uno, irán muriendo ahí mismo. La desesperación cunde, sale a flote lo peor de cada uno y se dicen cosas horribles e hirientes, hasta que Esteban Soler llama a la cordura y propone organizarse para buscar cómo salir de ahí.

Se organizan en parejas y salen a recorrer los jardines de la mansión en busca de una salida. En el salón se quedan Elena y Magnolia, que se declara muy floja para emprender ninguna caminata. En su plática, Elena expone que dejó el teatro por casarse con Arnoldo, que era el empresario teatral que la ha llevado a la fama, que ahora está muy enfermo y su vida es un constante cuidar de la salud de él sin descanso. El grupo va regresando derrotado, ¡No hay salida posible! Algunos han sufrido algún daño; Luisa se ha torcido un tobillo en el patio, y Pedro ha sufrido un fuerte choque por tocar la cerca electrizada. La desesperación va ganando terreno en el ánimo de todos. Luisa y Víctor sirven copas de champan para todos, que viene agitados. Nora hace un brindis burlón y ofensivo y apura su copa, de inmediato se empieza a ahogar y cae como fulminada ante el horror y la desesperación de todos. ¡Cianuro! Es la terrible expresión que brota de todas las gargantas. El cadáver de Nora es retirado. Se quedan solos Magnolia y Esteban, de su plática se va desentrañando un misterio: Pedro es el fruto de los amores de Esteban con una chica de la antigua compañía teatral, pero el joven no lo sabe. De ahí el especial cariño y preocupación del antiguo director por el joven actor.

Regresan todos al salón para buscar soluciones a la situación. De pronto, Ramón exclama: ¡Me han robado la pistola! Y surge mayor desesperación entre los presentes. Ramón explica que, como ya no hay trabajo para él en el teatro, ahora es investigador privado y por ello porta arma. Nuevos reproches, echadas de culpa y ofensas hirientes. Todos van buscando culpables en uno u otro de los presentes; de pronto, Poirot saca el arma y les dice: “¡Aquí está la pistola! Y todos van a morir con ella, ustedes tienen que pagar las ofensas que han hecho al teatro. Gritos de horror y desesperación se desatan, y de pronto, Poirot lanza la pistola al piso y se arma una arrebatiña por ella, con peligro de que se dispare. Poirot grita: “¡A ver cómo van a explicar a la policía dos cadáveres!” y sin dar tiempo a nada, apura otra copa de champan con cianuro y cae ante los ojos de todos. Ante las dos muertes de sus antiguos compañeros, la reflexión se impone, y la obra termina con el grupo cantando alegremente: ¡Aquí estamos para asesinar!”

La obra de Erick Renato es una extraordinaria compilación de una serie de novelas de Agatha Christie; por momentos encontramos escenas de “Diez Negritos”, en otros momentos se asoma la trama de “Cianuro Espumoso”, tampoco está ausente “Tres Ratones Ciegos”, así como “Un Triste Ciprés” y algunas más. La puesta de Juan Ramón conservó la esencia de la de Erick Renato, e incluso la enriqueció, conservó su emoción y frescura. Usar el magnífico tema de la inmortal película “Cabaret”, de Bob Fosse, como tema central de esta puesta fue un gran acierto; Víctor, encarnado por Juan Ramón, emula maravillosamente al maestro de ceremonias de la película con su vestuario y maquillaje. Silvia Kater y Bertha Merodio, dos señoras de la escena, iluminan la obra con su actuación. Un poker de ases del teatro, Fernando de Regil, Enrique Cascante, Miguel García y Frenando Amaya, que son cuatro actores que saben lo que hacen, pusieron a la obra un nivel de excelencia al evento. Lupita López, María Teresa Sosa y Gabriel Arroyo fueron puntales para sostener la delicada estructura. Fabián Sosa puso lo suyo para aprovechar esta gran oportunidad de alternar con algo de lo más selecto de nuestro teatro, y quedó muy bien parado. Fernando de Regil, desde su discreto asiento de narrador, supo llevar el hilo con eficacia y puntualidad. ¡Una puesta redonda y para recordar por mucho tiempo!

Salimos de Casa Tanicho con los últimos acordes resonando en los oídos: ¡Oh Cabaret, oh Cabaret, oh Cabaret!

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