Hocabá de Pacheco | José Iván Borges Castillo

Impresiones de viajero

Dos torres mirábamos desde el camino, que se iban presentando como un punto en la mirada, pero mientras nos acercábamos para entrar a las goteras del pueblo, se difuminaron y se perdieron entre las copas de los árboles y las casas, había llagado por fin a Hocabá. Aquellas dos torres que mirábamos en el camino se trataban de las torres de la antigua parroquia, que funcionan como campanarios, ya que así fueron pensadas por su arquitecto secular.

Hocabá es un pueblo constituido en municipio, perteneciente desde luego a esta tierra de Yucatán, el Mayab antiguo. La historia y su memoria pasada están aún por revelarse. Calles limpias, rectas en su traza, casonas antiguas de rollizos, una plaza llana y pintoresca, los arcos del palacio municipal y su templo parroquial, forman parte de la fisonomía de la plaza principal de Hocabá, plaza que se convierte en el corazón de este singular punto de la geografía. ¿Cuál es el origen de este pueblo? La respuesta a esa pregunta se pierde en la densa bruma del tiempo pasado. Pero es por el nombre del lugar y por la memoria escrita que todo se remonta a la época maya, cuando probablemente en busca de buenas tierras de cultivo, o bien por abastecerse de agua, familias agrícolas y campesinas hayan dado con la fundación del lugar. Hocabá es una palabra en maya que quiere decir probablemente «Agua del árbol hokab», aunque en sí no hay mucho acuerdo entre los significados etimológicos expuestos por versados estudiosos del tema. Manuel Rejón García en su obra de Etimologías mayas, publicado en 1910, señala: «Composición: Hokab nombre de un árbol del país y ha agua, con lo que se significó el nombre de esta villa el agua de hokab». Semejante explicación dará el mayista Alfredo Barrera Vázquez al señalar agua del árbol xho´kab. En el mismo asunto, Domingo Martínez Paredes abona sobre el tema al escribir: «Hocabá de Hoc-Arrancar, y Aba, forma imperativa, Hocaba-arrancate, Lugar donde se arranca». Perteneció al cacicazgo que llevaba su nombre por tener su sede de «gobierno en el mimo pueblo de Hocabá», su halach huinic perteneció al linaje de la familia Iuit. Hasta varios pueblos cercanos se extendió el dominio del señor Iuit de Hocabá, quien profesaba una cierta amistad con sus cacicazgos vecinos, excepto con Sotuta, que siempre era la aguerrida. En el momento de la conquista, el cacicazgo de Hocabá pronto extendió alianza con los hispanos conquistadores, abriendo un nuevo capítulo de la historia de este pueblo. Fue dado en encomienda a dos veteranos soldados de la tropa conquistadora Melchor Álvarez y Gaspar Pacheco, y a lo larga de los primeros dos siglos de dominación española será la forma del gobierno hispano en este pueblo, aliado a la república de indios con su batab.

Entre los documentos valiosos sobre estas primeras décadas de la conquista española, debemos mencionar la Relación de Hocabá, escrita por Melchor Pacheco y fechada el 1 de enero de 1581, donde se da una informe descriptivo del pueblo de Hocabá, de sus pobladores y administración y algo de historia de sus pasado reciente se deja entre ver. Entre lo que menciona, hacemos eco de dos párrafos: «Está este pueblo de Hocabá en un asiento de muchos altos, donde tiene los indios sus casas, y lo mismo toda la provincia es pedregosa y sana». En otro párrafo señala: «En dicho pueblo de Hocabá no hay río ninguno, ni laguna, y beben pozos y cenotes, de dónde sacan el agua con unos cangilones que hacen de madera y de cortezas de árboles con sus cordeles de henequén; en la cabecera tienen norias que da agua bastante al pueblo».

Con la conquista española, llegó a este pueblo la evangelización, la aliada de la enorme empresa española de dominar las Américas y su justificación. A Hocabá llegaron los hijos del pobrecillo de Asís, de nuestro Padre San Francisco, ellos trazaron las calles y cuadras para darle nuevo rostro a la comunidad, ellos bautizaron a los hombres y mujeres del lugar, levantaron el altar al divino donde bendijeron el enlace de los abuelos, y la vida se tornó de nuevo. En el oriente de la plaza se levanta las airosas torres de la parroquia actual, en su lugar primeramente estuvo una casa de techumbres de paja que fue la primitiva capilla y unas celdas donde habitaban los religiosos franciscanos. Aun para el año de 1580, cuando lo visitó Fray Alonso Ponce, no encontró otra cosa que una pobre iglesia y un pueblo pequeño.

Pronto se dieron los cambios en la administración religiosa, en 1602 pasó a manos del clero de la antigua diócesis yucatanense, retirándose los franciscanos. Fray Diego López de Cogolludo en su historia de Yucatán, publicada en la segunda mitad del siglo XVII, dice: «El beneficio de Hocabá, fue también convento nuestro hasta el año de 1602, su último guardián el padre fray Francisco Piña. La iglesia de Hocabá tiene por titular a nuestro Padre San Francisco». Al ser elevado a parroquia, comenzó un nuevo plan constructivo y fue entonces cuando se amplió esa antigua capilla que señalaría fray Alonso por la actual, con sus dos torres y sus celdas y convento, actualmente en ruinas, su frente y su extensa huerta.

Como acusa fray Diego López de Cogolludo, ya desde la primera evangelización se colocó a San Francisco como titular de la iglesia y patrono del pueblo, y desde entonces su patrocinio se extiende por todo ese próspero municipio. Hocabá quiere y venera especialmente a San Francisco y nuestro patrono seráfico quiere y protege a todo su pueblo de Hocabá. Dos ocasiones al año lo venera con fiestas de todo el pueblo, en la segunda semana de vacaciones de la Semana Santa y en octubre. Estas arraigadas tradiciones del pueblo a veces se topan con los párrocos insensibles a su comunidad, que se oponen a bajarlo en la primera fiesta anual, por alegar que sólo en octubre es válido… ¡Más respeto a la tradición de los pueblos! ¡Se logra más evangelizando en ambas fiestas, que cancelando alguna de ellas!

Uno de los curas que tuvo esta parroquia fue el padre Juan de la Huerta, que al ser trasladado de su antiguo curato de Ichmul, trajo desde esa antigua iglesia al milagroso Señor de las Ampollas, que se expuso por varios años en la iglesia de San Francisco, quedando Hocabá como la segunda casa del milagroso Señor Ampollado en Yucatán.
En los bajos del palacio municipal, en esos amplios corredores, todo inaugurado en 1891, ahí se baila las alegres jaranas yucatecas al compasa de reconocidas Orquestas Jaraneras de renombre, que el H. Ayuntamiento, en su afán de rescate de las tradiciones, no repara en llevar hasta el lugar para las galas de la vaquería tradicional.
La fiesta de Hocabá es de las más afamadas en la región, se distingue por su trabajo artesanal de la pirotecnia, y de la algarabía y alborozo que reviste las fiestas de los pueblos yucatecos.

En la plaza principal se encuentra un monumento al maestro Serapio Heredia Pat, maestro rural que fue de la comunidad, y tío de la reconocida maestra Amada Heredia, mi muy querida tía abuela. En la historia contemporánea de este pueblo sobresale también la figura del maestro Alberto Echeverría Ferráez, muerto en 1930, fundador de la casa del obrero en Umán.

En la historia de Hocabá se registra algo de suma importancia, que es el asunto debido a su apellido «Pacheco», fue en honor del coronel Norberto Pacheco. Esto lo hemos encontrado en nuestras investigaciones históricas en el Archivo General del Estado, al dar con el acta original de tan feliz decreto. En el año de 1878, la legislatura del estado decretó que los ayuntamientos y juntas municipales unieran su nombre al de un célebre héroe nacional o del estado, haciendo que estos sirvieran de lustre o divisa. La Junta Municipal de Hocabá, obedeciendo al decreto, acordó en sesión extraordinario celebrada en ese mismo año, tomar el apellido de Pacheco en honra del mencionado coronel, según el acta muerto en la defensa de la ciudad de Mérida en 1867. Dicha acta está fechada en septiembre de ese mismo año de 1878, y se tornó por llamar oficialmente al pueblo como «Hocabá de Pacheco»; si bien, el uso del nombre declinó en breve, solamente unas cuantas poblaciones yucatecas conservaron su apellido, como el caso específico de mi pueblo Tekal de Venegas, o de Dzilam Bravo o González.

Aclaramos este importante asunto de la historia local, para que la memoria de Hocabá no se pierda y se revalore en el presente.

Con una superficie de 81.75 kilómetros cuadrados, en Hocabá se practica la ganadería, la apicultura y la agricultura principalmente. En la actualidad se ha desarrollado un buen ramo de artesanía de guano y sosquil de henequén. La población hacienda es de poco más de seis mil habitantes y más de la mitad es maya hablante, para bien de nuestra lengua materna.

La próspera villa d Hocabá es una de las más pintorescas y singulares que posee nuestro bello estado de Yucatán.

De algo estamos acierto, falta escribir la historia del pueblo de Hocabá.

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