La abominable guerra de los adultos contra los niños | Edgar Rodríguez Cimé

Ni en sueños, genios clarividentes imaginaron entre los posibles escenarios del «fin del mundo», estaría una, primero soterrada, y luego declarada, guerra a muerte contra la última generación de niños —nacidos en el siglo XXI— por parte de una élite de Adultos -Frankensteins —que pasaron del homo sapiens al homo demens— por la ambición capitalista, empeñados férreamente en la polución del ambiente y la desaparición del ser humano.

Afortunadamente, en el siglo XXI, cuando el cambio climático fue anunciado desde la década de los 70 del siglo XX, hace 50 años, y Estados Unidos lo sigue negando, engañando a su pueblo, los «niños» se están portando «a la altura de los adultos», mientras éstos se comportan como «chamacos irresponsables». Están llamando a la concientización del problema: la contaminación del aire por la quema de “energías sucias” está alcanzando el límite mortal de 2 grados.   

Debido al aumento de la temperatura, ya desapareció uno de los glaciares más grandes en el continente helado de la Antártida, aumentando peligrosamente el nivel del mar. Ya desaparecieron, por el aumento del océano, las primeras islas en un archipiélago del Pacífico: las conocidas como Islas Salomón. En el Ártico, por lo contrario, los incendios en sus bosques de troncos viejos resultan incontrolables.

Eso, lo están causando las ganancias irracionales de la élite de adultos que controlan el mundo. Contra ellos salieron a protestar 4, 000 000 (cuatro millones) de personas de todas las edades, profesiones y credos, pero, sobre todo, niños y adolescentes, dirigidos, ¡hágame usted el bendito favor!, por un consejo de niños-adolescentes, eso sí, apoyados por lo mejor de la ciencia, la cultura y el arte de los 150 países participantes, en los seis continentes.

«Los niveles del mar se elevan y nosotros también nos alzamos». «No hay Planeta B». «Queremos rescatar los Arcoíris»: demandas exigidas por mentes infantiles pero que han adquirido, por fuerza de la urgencia, conciencia por la defensa de la vida, empezando por la de la Madre Tierra —viva desde su núcleo hasta la tierra donde sembramos y obtenemos nuevamente vida en frutas y verduras— y continuando con los 7, 000, 000 000 (siete mil millones) de personas que integran la Humanidad.

Por parte del sector de los adultos conscientes que apoyan a los chicos en su afán por defender la vida en el planeta azul, un hombre cargaba una pancarta: «GRACIAS NIÑOS».      

Como en el libro Patas Arriba, de Eduardo Galeano, una crítica humanística acerca de que abajo está lo mejor de la humanidad y arriba lo peor, hablando de «ética», en el siglo XXI en vez de que los adultos llevaran a sus hijos a sus actividades políticas, fueron los de talla chica quienes llevaron a sus parientes mayores a su rebelión para «rescatar el futuro» (destruido por los adultos).

«Hoy no fuimos a la escuela… Y hemos visto que algunos adultos no fueron a sus trabajos. Y es porque esto es una emergencia: Nuestra casa (la Madre Tierra) está incendiada», declaró Greta Thunberg, estudiante adolescente sueca, más que cara, Voz de la inconformidad juvenil que integra este movimiento emergente para enfrentar el mortal cambio climático.

Miles de estudiantes abandonaron sus escuelas para sumarse a la huelga contra el cambio climático. Fueron acompañados por lo mejor de la sociedad mundial: científicos, artistas, sindicalistas, enfermeras, universitarios, médicos, trabajadores de servicios, músicos de tutti frutti, explosiva batucada femenina, activistas de otros movimientos, como Black Lives Matte, de defensa de migrantes, colectivos indígenas, religiosos de diversos credos y ambientalistas.

La pregunta central del movimiento: «¿Por qué deberíamos de estudiar por un futuro que nos han robado (una élite de) los adultos a cambio de (sucias) ganancias?».

Recordó Greta que el lunes se realizará la Cumbre sobre el Clima de la Organización de las Naciones Unidas en esta ciudad de Nueva York, advirtiéndoles a los adultos que los obligarán a escucharnos. Dijo que a muchos políticos les encanta tomarse selfies con los activistas jóvenes, y “decirnos cuánto nos admiran… pero nosotros queremos se pongan en acción… Y si nadie más tomará medidas, nosotros sí lo haremos”.

«No somos unos jóvenes que se fueron de pinta ni algunos adultos que faltaron al trabajo; somos una ola de cambio y, si nos unimos, somos imparables», afirmó Thunberg. Concluyó muy radical: «A los críticos y opositores de este movimiento les tengo una mala noticia: esto es sólo el inicio… el cambio vendrá, les guste o no».               

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