Microteatro (I) | Fernando Muñoz Castillo

En el siglo XIX se inventaron las tandas para que la gente pudiera pagar e ir al teatro; comenzando el siglo XX, en la Ciudad de México, los populares jacalones, antecedente de las carpas, comenzaron a dar funciones de media hora para que las mayorías pudieran gozar aunque fuese extractada, una obrita de teatro.

A principios de este siglo, de pronto irrumpió en el medio del teatro la modalidad de teatro breve, teatro en corto y microteatro, todo es la misma gata revolcada, solo que en diferente parte del cuerpo.

Parece ser que adquirió todos estos nombres para no pagar derechos de autor, pero cada uno que le cambió el nombre al producto, hizo lo mismo. Vaya variación monetaria y mercantilista, nadie que no pague puede hacer este tipo de teatro, ah, además hay que poner las obras que te venden en paquete.

Los actores y directores de teatro, siempre a la caza de innovaciones y experimentaciones, comenzaron a caer como abejas a la miel. Así pues, alguien trajo a Mérida esta modalidad y la ofertó como la panacea del teatro del siglo XXI.

La moda no causó el furor que se esperaba, pero por lo menos, los actores que han participado en este tipo de puestas breves han comenzado a tener un contacto demasiado cercano con el público.

Esto es bueno, porque si realmente son actores o les interesa serlo, podrán aprender a medir las reacciones del público y, por supuesto, aprender a manejar para su mejor desempeño esas reacciones y emociones causadas en el respetable, que respira sobre ellos y ellos sobre los que miran sentados, esperando algo que casi nunca se cumple.

Hay que hacer hincapié en que la obra se representa en un cuarto de hotel o de una casa.

Por segunda vez, asistí a ver tres obritas de esta modalidad, ahora parece ser que dentro de una especie de tema general, la pornografía verbal, verbal y más verbal… hace muchos años dije en una fiesta, muy «agresiva sexualmente”, que no hay mejor perversión que la lengua, después, claro, de haber mantenido a un grupo oyendo por más de una hora relatos y discusiones que propicié sobre sexo duro y sexo sucio… pornografía y sadomasoquismo.

La imaginación es más efectiva que lo visual. Y la lengua ha comprobado que la oralidad sigue siendo el mejor medio para despertarla; a la imaginación, por supuesto.

Esto lo saben los literatos que se han atrevido a contar cosas «sucias» y «cochinas» en algún cuento o novela «semiporno».

La sexualidad es un universo maravilloso, raramente investigado, buceado o explorado por el ser humano, a eso se debe el éxito de bodrios como las sombras de no sé quién o 9 semanas y media, u otras niñerías, muchas veces mal hechas y mal construidas, si es que las comparamos con las obras maestras de la pornografía universal como: 120 días de Sodoma, Los once mil falos, Historia de O, o La Elvirita, de Pichorra.

Por supuesto, existe otra pornografía, diferente a la que conoce la mayoría de la gente, como la cinta que —creo— todos conocen: Garganta profunda. Esta cinta, dio un paso adelante en el porno, porque cuenta una historia, chistosa y simpática para justificar el sexo oral, pero al menos ya comenzaba a tener el porno cinematográfico un guion leíble y disfrutable por más absurdo que este fuere.

El estudio del desarrollo de la pornografía es algo serio y trascendental, que no todo el mundo piensa que existe, y si lo piensa no le adjudica ningún valor.

Esta es la razón por la cual no sabemos diferenciar erotismo de porno y vivimos llenos de estos mensajes que propician conductas muy «nefastas» para nuestra sociedad, comenzando por el cuerpo humano que se considera desechable, sin ningún valor ni sustancia. En el porno el culo no huele, en la vida real la actividad sexual sí. Y puede tener diversos olores, que van desde lo agradable hasta lo vomitivo, claro está que todo depende de quien lo realice, esto es como todo, es según el color del cristal con que se mira y fornica.

Esto para empezar. Y después está el estado que se empeña en vernos como pequeños objetos que se miran a través de un microscopio y con los cuales se puede experimentar como si fuéramos convictos de un campo de concentración nazi o gringo, que para el caso da lo mismo.

Y después continuamos con la permisibilidad y lo consensual, alrededor de lo cual gira todo un discurso actualmente, por primera vez en la historia de la civilización contemporánea.

Continuará…

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