Escandaloso plagio de obra de ‘Guerra de castas’ en Valladolid | Gilberto Avilez Tax

 

Fue un día cualquiera en la Universidad de Oriente (UNO) de Valladolid, en ese verano de hace dos años estaba en puerta el evento del FIC Maya, el festival estrella de los priístas yucatecos con ínfulas de intelectualidad y dados a la cultura de barniz; era el año 2017, y los hombres y mujeres en el poder se sentían dispuestos a mendrugar otro sexenio, el Yucatán de Rolo y sus amigos no se diferenciaba mucho a una especie de dictablanda tropical: entre sus corifeos, plumas mercenarias y catecúmenos de la matraca, se ensalzaban, se daban premios y se reconocían su cultura simulada, la cultura de su partido: hoy te premio a tí con esta medallita de hojalata, y mañana me designas maestro del año en Valladolid, o me das la medalla Pánfilo Novelo, o hacemos algo para que me otorguen el premio a los derechos humanos.

El rector de la UNO, Gonzalo Escalante Alcocer, un político vallisoletano que toda su vida militó en el priísmo y que nunca había tenido experiencia al frente de una universidad, se mostraba efusivo, tenía la idea de demostrarles a los meridanos, que la remoción de un execrable cubano hace un año al frente de la UNO, era sin duda lo correcto: la UNO para los vallisoletanos, y que arda Mérida, pero lo que está en nuestros feudos es nuestro, de nuestra casta que nunca se bajó del caballo. Sin conocimiento del mundo académico de la Universidad de Oriente -o del ínfimo mundo académico que existe en la Universidad de Oriente, toda vez que sus “investigadores”, salvo dos que tres académicos realmente dignos de nombrarse investigadores-, el rector, con profesión ingeniero y más dado a las veleidades políticas, a los flashes que a las ponderaciones intelectuales, “señaló que había una propuesta de publicación de un libro por lo del FIC Maya, que quienes quisieran proponer presentaran sus libros”.

En aquel momento, ninguno de los “académicos” de la Universidad de Oriente presentó trabajo alguno: ni los que sí investigan, ni menos los que están ahí como rellenos (químicos sosos, tecnólogas sin imaginación, abogadillas ignaras, chefs insípidos, administradoras del carajo, “doctores” de probeta y pipeta), presentó una propuesta en forma de trabajo. El único que sí propuso para editar y publicar, no uno sino ¡5 libros!, fue un tal Rubén Ariel García Pacheco, un antropólogo sin grandes méritos intelectuales, profesor de asignatura de la Universidad de Oriente y adscrito a la Normal de Valladolid. Así, sin consejo editorial de por medio, sin trabajo previo de pares, por medio de un simple “quién quiere”, los recursos públicos de Yucatán en tiempos de los priístas se canalizaban sin más trámite alguno, el tramite único era tener un cuate bien pegado con los mandones. ¿Quién quiere?

Al final, quedó solo uno de los cinco manuscritos que puso en la mesa este personaje pintorezco, y que versaba sobre la historia de los mayas del centro de Quintana Roo, y que cuando fue dado a la estampa ese mismo 2017, se nombró como “Los Mayas Cruzoob”. Tenía el sello del desaparecido Instituto de Historia y Museos de Yucatán, un monumento a la lepra de la corrupción que presidió el pantagruélico despilfarrador Jorge Esma Bazán. También llevaba el sello del gobierno de Yucatán, de Secretaría de Cultura de Yucatán (Sedeculta) y de la Secretaría de Educación de Yucatán (SEGEY), así como el del VI Fic Maya.

Hace unos meses, para mayo de este año, platicando con el Dr. Jesús Lizama Quijano, reconocido antropólogo yucateco, de sólida carrera investigativa, formador de científicos sociales en Yucatán, Quintana Roo y a nivel nacional e internacional, y actual Director Regional del CIESAS Peninsular, me comentó de un caso de plagio que fue víctima. Resulta que en la charla, le dije que habría que publicar su tesis de licenciatura sobre el pueblo de Tusik, o hacer una visita 25 años después de su trabajo etnográfico a la comunidad y observar los cambios que de forma acelerada ha producido el turismo entre los pueblos del antiguo cacicazgo de Xcacal-Guardia. Fue cuando supe que esa tesis había sido plagiada de forma indignante, páginas sobre páginas, por un profesor mendaz y deshonesto intelectualmente, Rubén Ariel García Pacheco, con el libro Los Mayas Cruzoob.

El Dr. Lizama me facilitó tanto el libro falaz y su tesis para que yo compulse: efectivamente, el libro utiliza párrafos de la tesis del Dr. Lizama, y cambia algunas palabras, modifica la sintaxis, suprime algún vocablo, pero eso no llega ni a una paráfrasis, y en el entendido de que al parafrasear, el investigador tiene y está obligado a citar la fuente de la paráfrasis. Aquí no hubo eso, el autor simplemente engulló, regurgitó y no dio las gracias al cheff originario. Es plagio, y como tal, así se debe ver, como un acto condenable, deleznable intento de embauque, como un delito intelectual hecho por un estéril del pensamiento y de la escritura.  Ayer, el Dr. Lizama subió a su cuenta de Facebook personal unos Apuntes sobre el plagio, donde con fotografías del libro y la tesis, evidencia y nos da “unos ejemplos de todo lo expoliado”. Todavía está por ver qué otros libros plagió ese profesor para armar su Frankenstein, qué otros textos no aparecen plenamente citados en el cuerpo del libro ni en la bibliografía.

Las preguntas que me hago, a todo esto, son las siguientes: ¿qué postura tomarán los académicos de la Universidad de Oriente y las autoridades actuales de esa universidad ante este ejemplo diáfano de podredumbre intelectual?, ¿acaso no había en Sedeculta, en esos años del priísmo, un consejo editorial de peso que diera plena certeza de que todo lo que salía de sus prensas tenía un sello de responsabilidad investigativa y académica?, ¿qué harán con el libro del plagiador Rubén Ariel García Pacheco, que cuando fue dado a la estampa fue presentado con bombo y platillo en el FIC Maya 2017, en la FILEY de 2018; y en la Universidad de Oriente fue prodigada su erudición hasta por colmecas de la UADY?, ¿qué postura tomarán los que sí investigan en la Universidad de Oriente ante esta muestra palpable de idiotismo administrativo y ramplonería académica en tiempos de Gonzalo Escalante Alcocer?

Por lógica simple, la Universidad de Oriente y la Normal de Valladolid deben pedir unas disculpas públicas por el proceder cuasi-delictuoso de uno de sus profesores. Y las editoriales que fraguaron ese esperpento están obligadas, como mínimo, a quemar todos los libros que tengan en bodegas o en vitrinas y a borrar todo registro del plagio. Las universidades públicas del estado de Yucatán (de todas las universidades y de las Red Nacional de Bibliotecas Públicas), deben remover y sacar de su catálogo el título de ese libro. Pero el baldón y la ignominia quedará como lepra en todo lo que firme a posteriori el plagiador de la UNO.



Texto publicado con autorización de su autor y editado originalmente en el periódico digital NOTICARIBE.COM.MX



 

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