Magistral digitación y soberbio rasgueo de Cecilio Perera | Ariel Avilés Marín

Conciertos de Bolsillo es el membrete común que engloba a una serie de eventos musicales de cámara que tendrán por sede el Palacio de la Música. El primero de ellos nos brindó un arranque magistral, con el pie derecho podríamos decir, pues tuvimos el privilegio de paladear profundamente la calidad de excelencia que caracteriza ya las ejecuciones de nuestro coterráneo Cecilio Perera, quien iluminó la noche del miércoles 4 con su talento.

Cecilio es un destacado ejecutante de guitarra que está dando que hablar por el mundo. Inicia su formación familiarmente con su hermano Pedro, la continúa en el Centro de Enseñanza Musical «José Jacinto Cuevas» con los Mtros. Ricardo Vega y Alberto Álvarez; luego marcha a Xalapa, a la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana, donde es discípulo de Alfredo Sánchez Olmedo y Consuelo Bolio. Cruza a Europa e ingresa a la Universidad del Mozarteum en Salzburgo, Austria, donde recibe lecciones de Eliot Fisky y Ricardo Gallén; estudia música antigua con Hans Brüderl y contemporánea con Simone Fontanelli. Se gradúa con honores, tanto en licenciatura, como en maestría.

Ha recibido premios y reconocimientos de gran importancia como: El Premio Yolotl de Guitarra Clásica, en 2000; al año siguiente gana el primer lugar en el Concurso Internacional de Guitarra de Morelia, Michoacán; en Taxco, Guerrero, gana el primer lugar en el Concurso Internacional de Guitarra, en 2002; el segundo lugar en la Conferencia y Competición de Guitarra Clásica de la Fundación Internacional de Guitarra de América, en 2003; ese mismo año, el Ejecutivo de la Nación le otorga el Premio Nacional de la Juventud, en Artes; en La Habana, Cuba, gana el primer lugar del Concurso-Festival Internacional de Guitarra «Leo Brower», en 2004; en Cáceres, Extremadura, España, gana el segundo lugar en el Concurso Internacional de Guitarra «Norba Caesarina», en 2006; ese mismo año ocupa el segundo lugar del Concurso Internacional de Guitarra «Julián Arcas», en Almería, España; en la Universidad Musical de Salzburgo gana el primer lugar en el Concurso de Música de Cámara, en 2007; en el año 2008 gana, primero el primer lugar en el Concurso Internacional Juvenil de Guitarra en Petrer, España; y luego el primer lugar en el Concurso-Festival Internacional de Guitarra, en Boston, USA; consecutivamente, en 2011 y 2012, gana en Alesandría, Italia, primero el Concurso Internacional de Guitarra Clásica «Michelle Pittaluga» y luego la Guitarra de Oro; en Volos, Grecia, ocupa el primer lugar del Concurso Internacional de Guitarra, en 2015; en 2016 se le otorga la Medalla «Ricardo Palmerín» al mérito artístico, aquí en nuestra ciudad (Mérida).

Hace apenas una semana la periodista Cristina Pacheco le invitó a participar en su programa Conversando con Cristina Pacheco, en el canal 11 del IPN. Quién nos diría a quienes tuvimos la oportunidad de ver el programa que éste sería un avant premiere del concierto del Palacio de la Música, pues ahí nos dio una deliciosa probada de sus arreglos que elevan la trova yucateca a música para las salas de concierto, honrando así a nuestros autores y compositores vernáculos; así mismo, nos adelantó su brillante labor como compositor de obras para el repertorio de concierto de su instrumento.

La noche del miércoles, Cecilio nos presentó un programa variado y versátil que transitó de la trova tradicional yucateca, pasando por música de los Beatles, música clásica española, latinoamericana y rematando en el barroco y el rococó. Además de la actuación de Cecilio, tuvimos la presencia de la estupenda bailarina y crotalista Marina Razumovskaja y del destacado Cuarteto Yucatán, que integran nuestro excelente violín concertino de la OSY, Christopher Collins, como violín primero; Tim Myal, como violín segundo; Nikolai Dimitrov, viola; y Nadezda Golubeva, al chelo.

Abren programa tres verdaderas joyas de la trova yucateca; el inmortal bolero Quisiera con letra de Ricardo López Méndez y música de Guty Cárdenas; el bambuco Acuarela a Mérida de Miguel Ángel Gallardo y la popular habanera de fines del S. XIX, La Mestiza de Chan Cil. En esta tercia de obras maestras, pudimos apreciar la labor de Cecilio como arreglista. El contrapunto es llevado a niveles de excelencia, lo cual exige en el ejecutante una digitación ágil y precisa, los arpegios complicados se hacen presentes y algunos han de ser ejecutados en armónicos delicados y muy difíciles de lograr; el rasgueo ha de pasar de la caricia delicada a la ejecución enérgica, de la que da cuenta la tapa del instrumento de Cecilio, que nos habla de estas lides en huellas elocuentes. La calidad de las transcripciones y los arreglos elevan a calidad concertística nuestra trova tradicional.

Penosamente, nuestro público hizo gala nuevamente de su falta de respeto a la actuación de los artistas, muy molesto e incómodo verlos entrar a destiempo a la sala y ocupar lugares en las primeras filas, como premio a su impuntualidad. Es hora ya que los encargados de los recintos culturales vayan imponiendo el orden y el respeto; el que llegue iniciado el concierto, no entra hasta el intermedio y punto. ¡Así se hace en otras latitudes!

En seguida, Cecilio nos transportó a la época más bella de nuestras vidas, la adolescencia, pues evocó al inmortal Cuarteto de Liverpool, The Beatles, nuevamente el arreglista y transcriptor brilla en las versiones del álbum El Sargento Pimienta, del que nos ofrece: Sgt. Pepper’s lonely hearts club band, de Lenon y Mc Cartney; With a Little Help from my Friends, She’s leaving home, When I’m Sixty-four y A Day in the Life. La interpretación de sus arreglos pone de nuevo en juego la excelente técnica de ejecución del concertista, sus bajos marcan el ritmo con una precisión fidedigna y desarrolla una armonía de gran riqueza polifónica; pone en los mismos un sentimiento profundo y por momentos, hasta doloroso, momentos que son subrayados por delicados armónicos, como gotas de cristal, con una suavidad increíble; la emotividad de las canciones, exige por momentos que la ejecución se transforme en una verdadera avalancha sonora, que nos evoca la alegría rebelde de la juventud de los 60’s. El álbum termina con un sonoro final.

Viene ahora un par de obras del repertorio clásico español, y se une a Cecilio su compañera en la vida, Marina Razumovskaja, su esposa. Primero es El Vito de Fernando Obrador, y luego Asturias de Isaac Albéniz. Rico y brillante diálogo entablan guitarra y crótalos, Cecilio y Marina nos dan cátedra cada uno en lo suyo; en el Vito, gime la guitarra y vibran con pasión los crótalos, las muñecas de Marina, giran y transmiten sentimiento, los soleares se desparraman por la sala; apuntamos el delicado cuidado de Marina, al bailar descalza, para evitar la menor posibilidad de un ruido contra la duela. En Asturias, corre con gran velocidad el punteo del guitarrista, que sigue el marcado ritmo de las castañuelas, las cuales por momentos se vuelven verdaderas ráfagas sonoras; vienen arpegios lentos y delicados y la bailaora se hace silenciosa y ambos nos llevan a un delicado final.

Después de un breve intermedio, se une al guitarrista el Cuarteto Yucatán, con dos violines, viola y violonchelo. La obra a interpretar es Las Presencias. No. 6. Jeromita Linares del argentino Carlos Guastavino, obra en un solo movimiento y escrita precisamente para guitarra y cuarteto de cuerdas. Esta obra de profunda entraña popular fue escrita para evocar unas presencias imaginarias, ya que ninguno de los personajes evocados en cada una de las seis, Loduvina, Ortega, Federico Ignacio, Mariana, Horacio Lavalle y Jeromita Linares, era real, son puramente imaginativos. La composición integra la música clásica con el folclor, tiene un suave inicio disonante, en el que entra cantando la guitarra y responde el cuarteto, dialogan guitarra y cuerdas a lo largo de la obra, la guitarra puntea y entra el violín primero, canta el violín segundo y se une la viola, y luego juegan guitarra y chelo en pizzicato, se desarrolla el tema y se cambia, se retoma y nos llevan al delicado final con una suave escala de la guitarra.

Sigue en el programa, la Danza Oriental de Enrique Granados, en la que se unen de nuevo guitarra y bailaora. Marina no lleva crótalos en esta interpretación. La danzante canta con las manos y luego con el cuerpo, la fuerza de expresión de la obra es profunda y dolorosa. Cecilio nos presenta ahora su faceta como autor, y trae a la sala dos obras suyas: Mamá y Marina, ambas de fuerte y profunda carga emotiva y de gran intimidad, madre y esposa se hacen presentes y marcan la ruta emotiva en el estro del autor. Nos narran el gozo del autor al contacto con los sentimientos más profundos. Técnicamente, son obras salpicadas de figuras delicadas y recursos muy afortunados por los efectos que logran, sonoridad, delicadeza, y ambas tienen exquisitos finales. Hay que apuntar que Cecilio nos privilegió con un par de estrenos mundiales. Se descubre la presencia de la madre del autor, y el respetable la hace ponerse de pie y le tributa sonora ovación.

Cierra el programa Introducción y Fandango de Luigi Boccherini, compositor que marca la transición del barroco al galante rococó; italiano por nacimiento, su asentamiento prolongado en España se deja sentir en su obra. Para esta interpretación se unen de nuevo guitarrista y cuarteto de cuerdas. Este autor era violonchelista, así que incluye en la obra bellos e importantes pasajes para el instrumento, que Nadezda Golubeva remonta con agilidad y técnica depurada. La introducción es breve, alegre y armoniosa. En seguida arranca el fandango alegre y rápido, la guitarra asume el papel del bajo continuo, reminiscencia del barroco, el chelo canta alegre y se une al grupo Marina con las castañuelas, que vienen marcando el ritmo con fuerza, se desarrolla el tema y el chelo hace notas deslizadas por las cuerdas, que imprimen más alegría al pasaje, el chelo lleva el peso de la obra hasta esta parte, y entra la guitarra a tomar el protagónico de la obra, las castañuelas marcan y se desborda la alegría, el chelo marca el ritmo con golpes en la caja sonora, la alegría sube aún más para llevarnos al brillante final de la obra. Larga, cerrada, sonora ovación, con gritos de bravo, hace salir a los artistas varias veces al escenario.

Hay un encore, y es nada menos que Tierra Mestiza de Gerardo Tamez, integrante de los recordados y queridos, Los Folcloristas; tremendo, emotivo final de fiesta, digno broche de oro para la noche.

Salimos del Palacio de la Música, con las notas de la guitarra resonando en la mente.

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