Tierras de cristal o la obsesión por una vía férrea en la obra de Alessandro Baricco | Armando Pacheco

El escritor mexicano Agustín Monsreal señala que una historia logrará ser entrañable en la manera en que sus personajes lo sean. En Tierra de cristal del italiano Alessandro Baricco, este, por así decirlo, requisito, se cumple.

Situada en una época donde la construcción de vías férreas, la locomotora y los nuevos descubrimientos eran las  novedades en Europa, la historia inicia cuando en un pequeño pueblo llamado Quinnipak se extiende la noticia de la llegada del señor Rail y con él, de una nueva novedad que será la columna vertebral del relato.

Con gran ingenio, y cuando los teléfonos no existían, Baricco describe a un personaje sui géneris; su nombre: Pekisch quien está en busca de una manera de comunicarse a metros de distancia; asimismo, es él quien crea un humanófono (una clase de instrumento creado con las voces de los habitantes del pueblo) y cuya labor es ambientar cada evento importante. Su obsesión por los sonidos y la música se hace patente en sus últimos días, narrados magistralmente y llevando al lector a imaginarse a un hombre que explota, literalmente, debido a la orquestación de un sinfín de melodías.

Por si fuera poco, el talento literario del también autor de la afamada obra Seda convierte a un objeto como la locomotora en un personaje dándole el nombre de Elizabeth; será a causa de ésta que la economía del señor Rail se verá quebrantada tras la obsesión de crear las vías férreas para hacerla marchar; será ésta, de igual forma, la causa de quedarse sin su mujer Jun, sin su hijo (producto de una relación de África con otra mujer) y la intimidad que estos dos últimos entablan en determinado momento de la historia.

En Tierras de cristal, el autor no se limita y crea a otro personaje límite: Hector Horeau, un hombre obsesionado por la creación de un Palacio de Cristal; es, también, quien da un poco de esperanzas al señor Rail, mismas que se esfumaron cuando se rechaza su proyecto de cristales de gran dimensión, que no obstante se llega a realizar en otro momento de la historia pero con un fatal desenlace.

Por su parte, la señora Rail que posee un secreto de juventud y que es revelado casi al final de la historia culmina con su participación en la narración cuando se va, por fin, después de treinta y dos años de Quinnipak.

En mi opinión, esta novela, de ligera pero apasionante lectura, es, sin duda, un referente en la ya tan extensa bibliografía de Baricco que todo lector de buena literatura debe poseer en su biblioteca.

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