La canción chilena: Manuel García, un obrero de la música | Alejandra Villanueva

Frente al “despeñadero existencial” el humano “puede hallar en la canción, en la poesía, un nuevo paradigma filosófico que revolucione sus vínculos entre sí, con la naturaleza, con su propia historia”, dice el cantor Manuel García (Chile, 1970).

      “… también te amo tanto / que encuentro en el acto / la manera de nadar entre la luz que va creciendo de tus manos / la manera de sufrir en una cruz en los momentos en que te amo” (“Camino a casa”).

      Con humildad, aprendida en el barrio de pescadores y mineros de su infancia y juventud, Manuel García define su papel artístico como “un aprendiz comprometido de aquellos que marcaron la canción latinoamericana: Violeta Parra y Víctor Jara, entre muchos otros; estoy estudiando constantemente canciones de ese repertorio, las melodías, los textos…”

      Dice “conectarse” con esos consagrados creadores:

      Cuando sé que puedo respetar el hacer y el decir de aquellos trovadores, cuando me siento preparado para ser su intérprete y transportar sus cantos a las generaciones más jóvenes, entonces lo hago.

La palabra en el campo

De Violeta Parra destaca “el descubrimiento de la palabra castellana del campo”:

      Hay mucha sabiduría en sus cantos ?dice Manuel García?, un portal poderoso para entender el mundo. Tiene su canto conocimiento y reflexión; tiene sueño y risa. La conversación del campesino, en el fondo, es el mejor lugar que ha habitado la palabra castellana, por lo menos en Chile…

      A Víctor Jara lo describe como un mártir:

      Es un alma de una alta coherencia que da su vida defendiendo sus convicciones. Nos entrega nuestro derecho a la libertad profunda. Su cualidad es ser el amigo del barrio, no la estrella sino el hombre que va por la calle entregando el canto de una manera muy comprometida. Nos proporcionó la idea de una América Latina unida.

      ¿Es usted poeta que hace música o músico que hace poesía?

      Yo lo que soy es un mal dibujante ?responde con una casi carcajada?. La escritura completan la necesidad de representar en imágenes el mundo. Lo que viene a hace la música es suavizar lo que no me alcanza para ser poeta… y tal vez las palabras le dan un sentido a la melodía.

      “Yo suelo componer con la guitarra. Cantar para mí es como hablar. Por supuesto que hay en esto un ejercicio de borrar y corregir. Es posible que algunos de mis textos, separados de la música, puedan tener una buena rima o algo bien dicho, que incluso pueda funcionar como poema, pero son los momentos más casuales de mi trabajo. La música y el texto se necesitan entre sí”.

Versos como tatuajes

Han sido seis conciertos los que ha ofrecido Manuel García en México como parte de su gira Caminante, cuatro en la Ciudad de México, uno en Cholula y otro en Morelia.

      Al término del último recital capitalino recibe a Notimex en una mesa de la Biblioteca de México. Manuel García ronda los ritmos clásicos chilenos y las fusiona con el rock y el folclor latinoamericano. En las letras frecuenta las metáforas y los símbolos, las libélulas conviven con un potro que se encabrita, con los naipes de un rey o con un viejo comunista: “Lave Dios en su llanto tus camisas / y en tu risa tome forma el arrebol / en el gobierno de tus besos / de esta llama que se extingue a prisa / la vida. / Bebe la vida/ líbale a su flor / corazón, el candor se resiste a la erosión” (“Venga la vida”).

      Narra de su infancia y juventud lectoras en las tardes de Arica, su tierra natal, llenas también de música y el canto paterno con los amigos, mensajes que grabaría en la memoria y la sensibilidad para hacer, más tarde, su propio camino:

      No dejo de pensar en Violeta Parra y Víctor Jara como poetas. Creo que están en esa sintonía existencial. Pienso también en Eduardo Galeano, Vargas Llosa, García Márquez, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Federico García Lorca, que en ese entonces tenían búsquedas afines. Por supuesto, en la poesía chilena: Neruda, Gabriela Mistral, Pablo de Rokha, de quienes aprendimos a recitar sus versos y que quedaron como tatuajes.

      “Más contemporáneos, no puedo dejar de pensar en la poesía y el pensar de Atahualpa Yupanqui y, más tarde, Silvio Rodríguez, y las nuevas generaciones de la canción chilena política y social”.

Una nueva cultura

Fue inevitable hablar con Manuel García del compromiso del cantor popular, sobre todo tratándose de alguien que proviene de la eclosión del nuevo canto debido a la ascensión y caída del gobernó de Salvador Allende de 1970 a 1973:

      Me fui a Santiago, la capital, para poder entregar mi canto en las universidades y en actividades sociales, quise incorporarme a una escena política, a cantar en las asociaciones barriales antidictadura; una época difícil, había mucha confusión, recién había caído el Muro de Berlín [1989] y se ejercía un amplio debate acerca de hacia dónde iba la izquierda.

      En “El viejo comunista”, una canción de Manuel García, describe al militante que a la distancia mira su propia historia, la vida, su amor, el desvanecimiento de su propia esperanza. Sirve también al cantor para reflexionar acerca de la izquierda latinoamericana:

      Es una canción que me vino en sueños. Entre una nube de pensamientos se me apareció el viejo comunista como una forma de reivindicar aquella idea de lo que es ser de izquierda realmente, esa izquierda de barrio que busca el cambio desde lo popular, como era mi propia postura como obrero de la música.

      “La canción es un planteamiento acerca del desmoronamiento de los conceptos de la izquierda, de la relación entre la propia realidad gris de nuestros países y la izquierda, que se ha preocupado más por el poder que por organizar una nueva sociedad construida desde abajo”.

      ¿Hay esperanza para Chile, para América Latina?

      Claro, hay una posibilidad filosófica para el ser humano. A pesar de estar en el despeñadero existencial, producto de las malas decisiones que hemos tomado, hay que cambiar el paradigma, articular lo político desde lo nuevo, desde la organización de los pueblos con una nueva relación con su entorno.

      “Que se puedan tomar decisiones con una visión distinta, de una convivencia distinta y respetuosa no solamente entre el ser humano, sino con la naturaleza, con los otros seres; debemos retomar a la sabiduría de los antiguos.

      “A través de la educación y el arte se debe generar una cultura nueva para nuestros países, un nuevo equilibrio, no quedarnos con la cultura que nos han impuesto otros países. Romper con esa izquierda que se olvidó del ser humano y sólo buscó el poder.

      El cantor se levanta de la mesa ya entrada la noche. Se va cantando con la suavidad con que danzan las libélulas: “Quisiera tener un laúd donde poner toda la virtud”.

FUENTE: NOTIMEX

av/may/ntx/10-08-2019

 

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