Usanza teatral a la yucateca | Víctor Salas

La historia de esa costumbre ha de ser muy joven porque el teatro en Yucatán no tiene más de ciento cincuenta años. O sea, del Peón Contreras a la fecha. ¿Quiénes fueron los directores y cuáles las costumbres administrativas, de ese coso? No he leído algo parecido acerca de ello. ¿Eran jóvenes, viejos, adinerados, artistas o dueños de ese espacio, sus encargados? No lo sé.

Del teatro Colonial hay más información en ese sentido, pero una cosa es cierta, tampoco se sabe algo de las costumbres de los administradores de ese famosísimo edificio teatral.

¿A qué voy? Pues a que en Mérida hay la costumbre de que los directores de esos edificios se parapeten a la puerta de acceso a la sala principal, esperando, vaya usted a saber qué. El caso es que se la pasan dando las buenas noches y saludando de mano a todas o algunas personas que pueden. Eso, me parece un provincianismo o costumbre de personas poch fama. Usted, que ha viajado tanto a Europa o Estados Unidos, al Cono Sur o al archipiélago Malasio, ¿se ha topado con el director de algún teatro esperando que usted entre a ver la función? ¿Verdad que no?
Viví en Ciudad México, muchas veces trabajé en el Palacio de Bellas Artes, acudía a los teatros Orientación, del Granero, del Bosque, al Jiménez Rueda o los del Seguro Social y jamás me encontré con un director esperando u observando al público ingresar a la sala.

En Cuba, Chicago, Nueva York, Los Ángeles he ido a ver ballet, teatro o una sinfónica y jamás me tocó ver a un director como gendarme parado a la puerta de la sala teatral. Es más, en Campeche, Villahermosa, Chetumal, Cancún, Guadalajara, Guanajuato o Monterrey se repite la misma historia: no hay presencia del director de los teatros en la puerta de la sala, como si fuera jefe de edecanes dando indicaciones.

En Yucatán, desde la remodelación del Peón Contreras surgió ese hábito que perdura hasta la fecha. Pero viene de antes. Eric Renato Aguilar lo hacía para dar la bienvenida a los asistentes a sus obras y al final, hacía lo mismo para recibir apretones de mano y felicitaciones por el trabajo. Es probable que a Eric Renato (muy afecto a leer las revistas de alta sociedad), le haya venido la idea del besamanos para ingresar a una cena a palacio, donde la familia real, de pie, saluda uno por uno a sus invitados, con la diferencia de que no lo hace a la despedida.

O sea, esa costumbre tiene un resabio de un sector de la pequeña burguesía yucateca que aspiraba a la cultura de la clase noble europea.

Es horrible, porque uno no va al teatro a saludar a un administrador. Ni a recibir un besito cachetito. Uno va al evento. Punto.

Es curioso, porque en el Daniel Ayala y el Manzanero, tampoco se ven a los directores en tales faenas. Es exclusiva del Peón Contreras.

Eufemísticamente se diría ahora que es una yucatecada, pero con el rigor del pasado lo calificarían como una chayada. ¿O será que sientan que es su casa y su fiesta, y el público sus invitados? ¡Estaría de Dios!

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