Pola Negri, la primera vamp de Hollywood (primera parte) | Fernando Muñoz Castillo

Rodolfo Valentino y Pola Negri

Durante el cine silente de Hollywood, aparecieron y desaparecieron muchas caras y cuerpos, algunas actrices perduraron convirtiéndose en símbolos y guías de tics sentimentales de las muchedumbres que devoraban las revistas dedicadas a esta nueva industria, que luego se convertiría en el séptimo arte.

Las diosas del cine mudo fueron por excelencia: Greta Garbo, Mary Pickford, Teda Bara, Gloria Swanson y Pola Negri. Sus vestuarios, sus poses y sus maquillajes se copiaron como máquinas Xerox en todo el mundo. Y, por qué no decirlo, éstas diosas fueron copias de las diosas italianas, hoy casi olvidadas.

Cuando se decidieron a filmar Sunset Boulevard, pensaron en varias actrices para interpretar a la gran diva Norma Desmond: Greta Garbo, Mary Pickford, Mae West, Gloria Swanson y Pola Negri.

De esta última no hay testimonios de que fuera cierto que la visitaran para proponerle el libreto, de hecho en su autobiografía “Memorias de una estrella”, Pola no menciona nada, y sí cuenta de las películas sonoras que realizó en la Alemania de Hitler, sus apariciones en teatro y televisión. Y su última aparición en cine, en una película de Disney con la rubiecita Hayley Mills e Irene Papas, en 1964.

En su libro El crepúsculo de los dioses, Sam Staggs dice pretenciosamente de Pola:
“La decadencia de Pola Negri comenzó al poco tiempo de morir Valentino. Quizá el público encontrara su intenso histrionismo demasiado desmelenado. O puede que su extravagancia quedara pasada, además de carecer de un sólido talento interpretativo que la mantuviera incólume. El sonoro hubiera acabado con ella, si no lo hubiera hecho antes la afectación, ya que su acento se mantuvo tan exagerado como sus exhibiciones emocionales”[1].

Staggs es pretencioso y peca de ignorante; Pola fue alumna y primera actriz del gran director de teatro Max Reinhardt.

“El método de Reinhardt era distinto al de los demás directores con quienes había trabajado. Nunca se dejaba llevar por los nervios o levantaba la voz. En vez de permitirse explicaciones elaboradas, dejaba que los actores desarrollaran ellos mismos sus caracterizaciones. Sólo cuando dos actores tenían puntos de vista totalmente opuestos, entonces intervenía y hablaba con ambos por separado para explicarles dónde estaba el error. Era como una revelación. Su método para evitar resentimientos y conflictos entre los miembros de la compañía, también era brillante y eficaz.

”El único teatro del mundo que se podía comparar al Deutsches era el Teatro de Moscú. A pesar de que sus medios diferían, Reinhardt y Stanislavski buscaban lo mismo. Ambos esperaban con paciencia hasta que la compañía tomaba conciencia de la obra y luego orquestaban la producción en una identidad integrada y orgánica”[2].

La vida de esta diva del cine y el teatro, contada por sí misma, es toda una saga de aventuras donde podemos conocer toda una serie de grandes personajes del mundo de la cultura universal tanto del siglo XIX como del XX, su andar por el mundo como zíngara le dio una experiencia y un conocimiento que pocas actrices de su tiempo pudieron tener en realidad, y además, jugó con romances y chismes como todas ellas y mantuvo su belleza hasta el final de sus días.



Notas

[1] Sam Ataggs. El crepúsculo de los dioses, T&B Editores, Madrid, España, 2002, p. 25

[2] Pola Negri. Memorias de una estrella. Editorial Lumen, Barcelona, España, 1973, p. 86
Continuará



fmc/acr/26-07-2019

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s