La música clásica, a quince años de distancia | Víctor Salas

Ha quedado atrás aquella época cuando del panorama musical yucateco, habían desaparecido los fagotistas, arpistas, tubistas y violonchelistas. La recuperación de ejecutantes en esos instrumentos ha sido amplia y, en gran medida, se debe a Don Adolfo Patrón Lujan, quien al integrar la OSY y contratar músicos extranjeros bien asalariados, pidió que además de ser ejecutantes, se convirtieran en maestros de sus propios instrumentos. Así se hizo y los resultados comenzaron a verse a su debido tiempo.

Cada cierto tiempo aparecían niños con cualidades profesionales y eran enviados a estudiar a Xalapa o al extranjero. María Eli Sosa, José Luis Chan, Daniel Ángulo, Manuel Escalante, Julia Campos y Roberto Abraham son algunos de los que vienen a mi memoria en este momento.

En el piano había maestros muy famosos, como Charito Morcillo, Layda Alpuche o Rafael Villa y Castlla, entre otros.
La música clásica se ha convertido en el único arte que ha mantenido altura y proliferado adeptos y ampliado sus bases estudiantiles con notoria calidad. No debemos pasar por alto señalar que ello se debió al decidido apoyo económico que recibió del gobierno de Ivonne Ortega Pacheco, quien tuvo sensibilidad para escuchar y dejarse convencer por el señor Patrón Luján.

Para la enseñanza de instrumentos sinfónicos abrió sus puertas, por una época, la Juan Sebastián Bach, de Miguel Pérez Concha, labor que de alguna manera se emparenta con los esfuerzos educativos que de distintos modos realiza José Luis Chan Sabido. Y Musicalia de José Juan Pastor, cornista de la OSY.

Paralelo a todas estas formas de educación musical, existen músicos que dan clases particulares en sus domicilios, cerrándose el círculo con la ESAY.

Esta proliferación musical es debida a que de alguna manera, los estudiantes saben que tienen algún lugar adonde ir a desempeñar sus conocimientos: la Orquesta del Ayuntamiento de Mérida, la de Cámara de la Universidad o la Sinfónica de Yucatán. Aunque de por sí, nunca ningún padre de familia se ha asustado cuando algún hijo suyo le dice que quiere ser músico. Al incrementar el número de ejecutantes, se posibilita la formación de nuevas orquestas que lo único que hacen es enriquecer el panorama musical.

A mí, me parece sencilla la fórmula para crear de manera permanente agrupaciones artísticas. Lo hecho con la OSY debería repetirse en el ballet, el teatro y las artes plásticas: presupuesto oficial, para salarios dignos.

Después de conocer, gracias a López Obrador, el nivel de dinero que se embolsaban los poderosos políticos, me pregunto: “¿Por qué fueron tan ciegos que nunca dieron dinero para las artes y sí decir, no hay presupuesto?”. No me vayan a hablar de Fonca y el Conaculta de ayer, porque en ambas instituciones privó la corrupción escandalosa. Tanta que se parecía a Pemex.

vsg/acr/26-07-2019

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