Carlos Pellicer, luz a la cultura

El trópico es pleno de luz, exuberante en su naturaleza, rico en su fauna. En el caso de México, también es pródigo en culturas milenarias, fundacionales. A todo ello festejó con su vida y obra el poeta tabasqueño Carlos Pellicer Cámara (1897-1977), a quien se conoció como “El poeta de América” por su compromiso hacia las causas populares y sociales de México y el resto de los países latinoamericanos.

Se trata de un hombre íntegro que dedicó su vida a la poesía, educación, promoción cultural, resguardo de la memoria histórica, el coleccionismo, la apertura de museos, cercanía a la cultura popular y hasta pionero en el respeto y cuidado de la ecología. En su obra literaria se puede descubrir su profundo valor religioso, místico, pero apegado a las bases franciscanas del amor al prójimo y la igualdad de todos los seres humanos, lo que algunos han dado en llamar catolicismo socialista.

Nace en la hoy ciudad de Villahermosa, Tabasco, que entonces se llamaba San Juan Bautista, y cuando estudiaba la Escuela Nacional Preparatoria su nombre llama la atención por su discurso en contra de la dictadura en Venezuela de Juan Vicente Gómez. José Vasconcelos, entonces rector de la Universidad Nacional, lo manda a llamar y lo toma bajo su cuidado político e intelectual, decisión que es fundamental en el futuro del también defensor de los pueblos indígenas de su natal Tabasco, en particular de los chontales.

El poeta y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, Adolfo Castañón, refiere que en la trayectoria de Pellicer hay diferentes momentos, pero sobresale un signo en particular: al Pellicer joven se le volvería a ver en el Pellicer viejo, como lo demuestra una de sus grandes piezas poéticas: “Esquema para una oda tropical”, escrito en una primera intención 30 o 40 años antes de la segunda y, aparentemente, definitiva.

La esencia de quien también fue profesor de Literatura e Historia en el nivel secundaria se encuentra ahí y hace ver que Carlos Pellicer es una sola pieza en términos poéticos, subraya Castañón, profundo conocedor de las letras mexicanas.

Al respecto, el propio Pellicer da testimonio de ello en un breve texto: “La publicación de estos dos poemas es el testimonio de una frustración: no pude escribir la ´Oda Tropical´ de acuerdo con el proyecto de hace muchos años. El primer poema no es inédito. Un sentido de secuencia me obliga a publicarlo, considerando esto necesario. En el primer poema, aludo a Quetzalcóatl, sin nombrarlo, en la anécdota de Chichén Itzá. Es a la mitad de este trabajo donde hago recuento de dos héroes culturales fruto del Trópico: Buda, universal, Quetzalcóatl de nuestra América. Los dos poemas son una sola imagen con diferentes luces: juventud y madurez”.

Castañón puntualiza que el poeta posee una obra muy cosmopolita, en parte porque fue un gran viajero, conoció muchos lugares y países, lo que fue otro de sus placeres, y su obra se constituye en una de las raíces que tiene la poesía mexicana, que también se nutre de las de José Gorostiza, Ramón López Velarde, Gilberto Owen, Xavier Villaurrutia u Octavio Paz, por mencionar algunas. A nivel internacional su trabajo poético es comparado con el del venezolano Vicente Gerbasi o el del cubano José Lezama Lima.

En cualquiera de los géneros que abarcó, se caracterizó por una enorme precisión en la escritura, tanto en el sentido grafológico como en el textual. Un ejemplo de ello es el texto que dedicó al poeta español radicado en México, León Felipe.

Su poesía contiene rastros de autores del Mediterráneo español, lo mismo que de Italia y Francia, aunque en menor grado, y una de sus características es que aborda de una nueva forma el significado del ser humano, y ese es uno de sus varios legados, de los que abrevaron posteriormente bardos relevantes como Gabriel Zaid o José Carlos Becerra, quienes también han mostrado alegría por la palabra, por la experiencia de los sentidos.

Luego de recordar la simpatía que profesaba por el sueño bolivariano de una Latinoamérica unida y la fundación del Parque-Museo La Venta, proyecto del que nadie creyó en su momento y en el que hoy se ve como su aportación al nacimiento de la cultura mexicana moderna, Castañón destaca que Pellicer se aseguró que toda su obra publicable quedara impresa, sin embargo vale la pena que se haga una gran recapitulación de su trabajo en prosa, poesía y de su labor como museógrafo, ya sea en una versión total o antológica. Igualmente, su trabajo epistolar todavía está por organizarse.

FUENTE: NOTIMEX

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