El universo Caleriano | Carlos Martín Briceño*

Yo entré al universo de Manuel Calero hace más de 20 años, cuando me dio por incursionar en el mundo de las letras y me acerqué al taller del Centro Yucateco de Escritores. Entonces Calero ya era un narrador hecho y derecho, tenía tres cuentarios publicados por Universidad de Yucatán y uno por la Editorial La Hoja Murmurante, de Toluca, y estaba a punto de editar un libro que reunía todos estos textos que, a la postre, titularía Memoria del viento.

Fue este volumen, que Manuel me invitó a presentar en 1999 en la Casa de la Cultura, junto con Roberto Azcorra, el que me hizo pensar en que Calero, más allá de un escritor costumbrista, era un adelantado, una especie de William Faulker de la península yucateca. Las historias de pueblo chico, la voz sincera y envolvente plagada de mayismos, los personajes memorables y nostálgicos, las circunstancias que los atrapaban pero que no se decían revelaban, antes que nada, a un hombre que conocía bien las veleidades de la naturaleza humana. Calero, descubrí en aquellos días, era uno de esos narradores que jugaban con nuestras emociones porque así como de repente me arrancaba una carcajada con su Memoria del viento, de cuando en cuando me hacía enjugarme alguna lágrima.

Y es, precisamente, esta misma sensación de gozo y admiración, la que volví a sentir al leer los textos que integran esta antología personal que Manuel, irónico como suele ser, ha tenido a bien titular Narraciones Ordinarias ( EG Editorial, Mérida, 2019)

Dividido en tres apartados donde cada uno conserva su propia unidad temática, el libro se lee como una especie de historia personal donde el narrador, acaso sin habérselo propuesto, va creciendo en edad y en experiencia literaria. Así, los nueve primeros relatos incluidos en Baúl de recuerdos, son, antes que cuentos, vívidas evocaciones de la infancia que el autor nos regala para «abrir boca», para comenzar a adentrarnos en ese mundo personal de su Izamal que aún estaba muy lejos de recibir los camiones de turistas ávidos de recorrerlo como parte de ese exitoso proyecto mercadológico denominado «Pueblos Mágicos».

Don Pedro Verde, María la Loca, Toño el que nunca duerme, el entrañable perro Lobi, el doctor Bolio, la sempiterna nana Anselma y la eternal tía Conchita, le sirven de pretexto al autor para urdir su universo de recuerdos y contarnos, como el mejor de los cronistas, de qué manera se vivía entonces en los poblados distantes de la capital yucateca.

Compro y vendo robo. Esto se lee en la pizarra de la pared del bar…Cantina fresca, silenciosa, de amplios ventanales y puertas de zaguán, en donde nadie, ni sus amigos de antaño comerán nunca botana, pues a la cantina va uno a mamarse según afirma el propietario, el hombre de la barra.

El sol había teñido de amarillo los muros y puertas de la ciudad, incitando al letargo de la tarde. Las torres del convento hundían las cruces del campanario en el cielo resplandeciente conforme avanzábamos por la estrecha calle de la estación. Sólo el sonido metálico de los pasos del caballo estremecía el silencio de los adoquines.     

En Bordeando ficciones, el segundo apartado, pareciera que desde el título el propio autor ha caído en la cuenta de que su narrativa se encamina ya hacia otros ámbitos. Aquí, Calero nos entrega ocho relatos breves bien armados, precisos y concisos, muy rulfianos, plagados de reminiscencias a la muerte. Fantasmas, pueblos semi abandonados, restos de haciendas señoriales donde pululan almas no redimidas, tiradores de venado, hombres a caballo y hasta un asesino confeso conviven en esta entrega donde destaca, sobre manera, Detrás del cerco de alambre, magistral historia que indaga en ese orgullo mal entendido de los vaqueros de pueblo que son  capaces de ensañarse rabiosamente con su cabalgadura para vengar la afrenta de alguna caída.

 Sin poderlo evitar, uno de sus brazos, de sus forzudos brazos de vaquero, continúa tirando de las riendas mientras el otro restalla el látigo con destreza. El hocico del caballo avienta espumarajos sobre su cuerpo, y él sabe que los violentos jalones del freno de metal irán volviendo escarlata la espuma que manchará por siempre el bronce de su piel.

Aventuras del paisaje, tercera y última parte de estas Narraciones ordinarias es, quizá, la más ambiciosa. Se trata de veintidós cuentos que agrupan lo mejor de la narrativa Caleriana. Las playas de Progreso, Mérida y la Ciudad de México juegan aquí un papel importante. Ya no se trata solo del pueblo de la niñez. A través de la voz de los narradores, descubrimos un pasado que difícilmente regresará a la provincia porque en este nuevo siglo, ya nadie viaja en tren a la capital del país, las familias «bien» de ahora serían incapaces de hacer temporada hacinados en una casa de madera y paja frente al mar,  la zona roja de Mérida no existe más, las supercarreteras han acabado con la venta directa de mercancía pueblerina a los viajeros, las putas ya no ligan en la Plaza Grande de la Ciudad Blanca, tampoco va ningún meridano a recibir a sus parientes a la azotea del campo de aviación y son pocos los dentistas de los pueblos capaces de aceptar un pavo o un triciclo de paletas a cambio de una extracción de molar.

Huele a México, dice uno de los niños protagonistas del muy nostálgico y descriptivo relato Trazos de la niñez lejana. Y en ese instante confieso, tan solo con haber leído esta frase, volví a mi infancia, porque mis hermano Enrique y yo, a principios de los años setenta, alguna vez viajamos a la capital en ADO y descubrimos, al igual que Calero y sus hermanos, que la capital tenía un olor característico.

 Aquella heladez que olía a bosque, madera y leña, nos recordaría siempre a México. Y todo cuanto oliese a nuevo, -así fuera ropa o un juguete cualquiera – nos recordaba aquel olor tan especial.

Alguna vez la escritora Carmen Simón, camarada de viejos talleres literarios, me dijo que un buen cuento tendría que sentirse a través de los cinco sentidos. Se debía de escuchar, paladear, oler, tocar y ver. Calero, narrador de altos vuelos, parece coincidir con esta máxima. Sus relatos reunidos en esta colección son pequeños bocados que se anolan gozosamente en la boca, textos cuyos sabores y efluvios nos envían directamente a un mundo nostálgico y pretérito donde, al parecer, siempre será mejor que el presente.


Calero, Manuel; Narraciones ordinarias. Antología personal; primera edición, 2019; EG Editorial


Carlor Martín Briceño: Mérida, Yucatán, 1966. Narrador. Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares 2018 por De la vasta piel. Antología personal. Premio Internacional de cuentos Max Aub 2012 por Montezuma´s Revenge. Mención de honor en el Premio Nacional de cuento San Luis Potosí en el 2008 por Caída Libre. Premio Nacional de cuento Beatriz Espejo 2003 por Los fines de semana. Premio Nacional de cuento de la Universidad Autónoma de Yucatán 2004 por Póker de Reinas, cinco versiones del deseo. Mención de honor en el Concurso Nacional de relatos Carmen Báez en 1999. Actualmente imparte talleres de narrativa en su ciudad natal. Al final de la vigilia, uno de sus primeros libros de cuentos, fue seleccionado en el 2006 por la Secretaría de Educación Pública para formar parte de las bibliotecas de aula del programa oficial Libros del Rincón en los cursos de tercer año de educación secundaria en la península de Yucatán. Dos de sus libros, Caída Libre y Montezuma´s Revenge, fueron elegidos como los mejores libros editados en México en su año de publicación. Cuentos suyos están incluidos en más de una docena de antologías nacionales y extranjeras. Es colaborador habitual del Diario de Yucatán (Mérida, Yucatán) y del suplemento cultural La Jornada Semanal (Ciudad de México). Ha participado en varias ferias nacionales e internacionales de libro entre ellas la FIL Guadalajara, la Feria del libro de Tijuana, la FILEY de Yucatán y el Festival de Visiones de México en Colombia. También fue invitado por la Asociación General de autores del Uruguay en Mayo del 2019 a impartir el taller de cuento Sin tanto cuento y a presentar la novela La muerte del Ruiseñor. Ha sido invitado a participar en la décima tercer edición del Encuentro Internacional de Cuentistas que organiza la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2019. Según el crítico literario Sergio González Rodríguez, Carlos Martín Briceño, uno de los más importantes narradores del sureste mexicano, “ha logrado un equilibrio entre la potencia vital y la potencia intelectual. Cada pieza suya reconstruye vivencias de sus personajes, que conforme entran en zonas extremas de violencia, sexualidad o extrañamiento de lo cotidiano superan en su mente lo acontecido a través de pensamientos, percepciones, vislumbres de lucidez o incertidumbre”.

OBRA PUBLICADA:

Cuento: De la vasta piel. Antología personal, Ficticia Editorial/Secretaría de Cultura, Ciudad de México 2017 || Montezuma´s Revenge y otros deleites, Ficticia Editorial, Ciudad de México 2014 || Montezuma´s Revenge, Fundación Max Aub, Segorbe, España, 2012 || Caída libre, Ficticia Editorial, Ciudad de México 2010. || Los mártires del Freeway y otras historias, Ficticia Editorial, Ciudad de México 2006 y 2008 || Al final de la vigilia, Editorial Dante, Mérida 2003-SEP Libros del Rincón, México DF 2006 || Después del aguacero, La Tinta de Alcatraz, Toluca 2000.

Novela: La muerte del Ruiseñor, Ediciones B, Ciudad de México, 2017

Ensayo: Viaje al centro de las letras, Ficticia Editorial, Ciudad de México 2018

Compilación: Sureste. Antología de cuento contemporáneo de la península, Ficticia Editorial, Ciudad de México 2017 || Mérida. Palabras y Miradas II, Capital Americana de la Cultura-Ayuntamiento de Mérida, Mérida 2017.

Antologías: Solo cuento Vol VIII, UNAM 2016 || El vuelo del colibrí. Antología de la prosa breve mexicana. Editorial INK, Ciudad de México 2016 || Los 43, Editorial Los bastardos de la uva, Ciudad de México, 2015 || Cuentos para leer en Navidad Editorial Lectorum , Ciudad de México 2016 || Un nudo en la garganta, Quince cuentos canallas Trama Editorial, Madrid 2009 || Estación Central BIS, Ficticia Editorial, México DF 2009 || Prohibido fumar, Editorial Lectorum, Ciudad de México 2008 || El espejo de Beatriz, Ficticia Editorial, Ciudad de México 2008 || Litoral del Relámpago, CYE, Mérida, 2003 || La otredad, ICY, Mérida, 2006.


 

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