«Perversiones» o la riqueza subjetiva del grupo Atorrantes | Jorge Manzanilla

La pasión de recopilar por recopilar muchas veces es tan perversa como dañina, prueba de ello es cuando creamos libros temáticos con una finalidad «atractiva» al lector, misma que termina siendo muy subjetiva. En ese sentido, lo que el autor considera transgresor o perverso, para un lector pervertido es un rebuscamiento. Con esto no digo que todo libro con estos ejes sea malo, más bien que en este caso es lineal y, por ende, limita a muchos autores por no cumplir con el requisito necesario para participar. Por ello, nos quedamos con una posible curaduría: 1) eliminarlo de la selección o 2) buscar un eje que pueda acoplarse al tono de sus compañeros.
A lo largo de esta reunión de voces es notable el crecimiento y el esfuerzo de los escritores que semana con semana ejercen su trabajo, muchos de ellos escapan de sus labores o a sus problemas cotidianos para ir a los talleres a corregir y editar sus textos. Atorrantes es un grupo comprometido y su valor creativo toma tonos serios en algunos pasajes del libro; no obstante, tiene que empezar a romper moldes temáticos que pueda ayudarlos a mirar otros lares. Mi intención no es la de ser un verdugo o magullar sus talentos. Mi crítica está en las intenciones de crear libros temáticos y acotados en un lugar común como lo es la «perversión». Refiero el ensayo «La perversión del lenguaje» de José Luis Pardo publicado en Letras Libres:
«…hemos de emitir juicios, y emitir un juicio es formalmente someter nuestro criterio a las tercas cosas que, más tarde o más temprano, acabarán por desbaratar las falsedades que contra ellas hayamos erigido. Para evitar este efecto correctivo sólo hay un método: la violencia dirigida hacia las cosas mismas, la tergiversación y el intento de sustituir la realidad que nos desmiente por una fantasía que nos resulta más cómoda y propicia.»[1]
Hoy en día tenemos páginas repletas de pornografía, podemos ver mutilados y decapitados en el blog del narco, tenemos documentales sobre perversiones humanas que realmente nos generan un repudio por toda la humanidad. Sé que estos autores han buscado y están buscando lidiar con toda la información realmente perversa, pero no podemos estancarnos. En el prólogo, Patricia Garma apunta:
«la realidad nos horroriza con sus perversiones burda […] Ser perverso no consiste en ser simplemente malo, sino que se requiere causar daño intencionalmente y disfrutarlo; estamos hablando, por lo tanto, de la maldad en su máximo grado de expresión inherente no exclusivamente a las personas, sino también a objetos, ideas lugares, situaciones y todo aquello que denote perversidad” (5).
Dicho lo anterior, la perversión no es ajena a nadie, el problema es centrarlo más en lo temático que en la perversión del lenguaje; me refiero a perversiones como las de Alejandra Rodríguez Arango, Iris García Cuevas, Nadia Villafuerte o, en autores extranjeros, como Fredric Brown y Maurice Maeterlinck cuyo trabajo consistió en la perversión del lenguaje y no de lo temático, con ello quiero decir que es necesario replantear el significado de perversión y darle una consideración no moral. En este plano, no está demás repetir la frase filosófica que bien puede hacer un resumen de lo discutido: «No existen fenómenos morales, sólo la interpretación moral de lo fenómeno». (Nietzsche, 99)
La perversión del lenguaje no debe ligarse con lo políticamente correcto o con las intenciones de escandalizar al lector con temas sexuales o escatológicos —recordemos que El Decamerón del siglo XIV, dio cátedras de perversiones religiosas, sexuales y políticas—, lo que realmente impacta a los lectores es el uso de los recursos narrativos que engañan y seducen en impactantes historias que difícilmente podemos predecir; la perversión del lenguaje dicta al autor su malicia y perspicacia sin importar el tema. Prueba de ello es la burla a la trivialidad y al excelso manejo para narrar de Gabriel Zaid y su libro Cómo leer en bicicleta, así como gran parte de la obra de Julio Cortázar. Haciendo un repaso a las intenciones de la curaduría y del índice, entremos en materia con los autores y sus cuentos seleccionados:

Secreto a voces
El hecho de iniciar con la hoy finada y multi-homenajeada Carolina Luna es un acierto del libro, porque presenta la mejor carta. Lo más valorable y trascendental de su cuento es la voz narrativa que está en el plano onírico y pasa por lo fantástico en un cambio de velocidades con su protagonista Gabriela. Luna usa el recurso de lo psiconarrativo desde la tercera persona y esto nos permite ver la consciencia del protagonista y, a su vez, la escenografía de casa, así que recorremos el yo narrativo con fluidez y no nos detenemos en escandalizarnos con la temática. Más bien, congeniamos y nos volvemos parte de la historia. Secreto a voces favorece el hilo conductor de los escenarios que inician en un comedor y terminan a la orilla de una cama. La autora pervierte tanto como una escena de Hitchcock.

Mala Cosecha/ Onda Machines
En el caso de Verónica Rodríguez hay un referencial consciente o inconsciente a la autora holandesa Xaviera Hollander, cuyo trabajo es centrado en lo sexual y la deformidad. En la subjetividad de lo pervertido, el cuento se cae cuando el fetiche es un enano que se focaliza como un objeto de perversión que realmente es reinterpretado desde la moral, no obstante la voz narrativa, confiesa su ingenuidad y desconocimiento desde el inicio: «…no carga joroba como en la mayoría de los enanos que he visto en documentales de tele». En 1932, Tod Browning llevó a la pantalla grande el film Freaks, cuyo trabajo se centró en las anomalías humanas y el romance de un enano con la estrella del circo; en ese caso, la narrativa tenía varios ejes y varios puntos de vista de los personajes, pero en Verónica Rodríguez no es así, ya que solo contamos con una colección descriptiva y comparativa, mas no llegamos a la tesis de lo que realmente quiere mostrar, más allá de los fetiches que además caen en el lugar común.
En el siguiente cuento, Verónica Rodríguez sí tiene una voz narrativa y no cae en los errores del anterior. Todo indica que tal vez lo escribió en una etapa más madura. Onda Machines atrapa desde el título y su corte narrativo es por medio de postales que nos permiten ver una especie de lotería de machines; la autora llega a su momento máximo cuando alcanzamos a vislumbrar la tesis dentro y fuera de la realidad, su tono es muy semejante a Perra brava de Orfa Alarcón.

Simetría
En el caso de Cristina Leirana hay una voz narrativa que no despega la secuencia y esto favorece al lector porque los diálogos nos trasladan a los escenarios; sin embargo, más allá de la otredad Eloísa queda estancada, pareciera que tendremos un desenlace impactante, pero no sucede a pesar de que logra brincar el discurso victimario inicial. Como referente, el filme Las amigas del cineasta Claude Chabrol, en el cual observamos el uso bifocal de los personajes y no sólo nos quedamos en el diálogo.

La meridamorfosis
Iván Espadas no quiere dejar sus referentes y por ello recrea en un diálogo directo con la obra de Kafka y con recursos pop como Amazon o Mercado Libre. El protagonista pasa igual que el personaje de Carolina Luna. El uso de lo fantástico sostiene al cuento y el antihéroe Demetrio le da personalidad, esto pesa más si sólo nos quedamos en el discurso de la perversión que poco importa realmente.

Déjame pasar
En el caso de María Elena González va tan rápido su narrativa que no permite saborear las situaciones presentadas, porque hay una obviedad en la reivindicación en el sentido de la perversión que quiere mostrar. No obstante, muestra genialidad al momento de escribir frases como: «Recoger aquel tiradero de vida […] cuerpos desprendiendo testosterona y bromas pesadas» pues son las que le dan un peso significativo al cuento y lo mantienen hasta el final.

Maniquí
Respecto a Cecilia Silveira y Mario Angulo, escriben a dos manos uno de los cuentos más interesantes y con mayor trabajo; el problema de las co-autorías es no poder identificar la mano narrativa de cada uno de los autores. Haciendo a un lado esto, la historia se focaliza más en la denuncia que en la perversión y no por capricho, sino porque el texto así lo exige, siendo una reiteración de lo innecesario de la curaduría temática. Tanto Silveira como Angulo cumplen, aunque sería interesante leerlos por separado para conocer su identidad narrativa.

Dopplgänger
En el caso de Carlos Gómez hay poco que rescatar, ya que su cuento se resume en un tipo que se queda atorado en unos barrotes y que prefiere defecarse y gritar que llamar por teléfono. Gómez no solamente se queda en el terreno de lo anecdótico, sino que el título refiere a un doble fantasmagórico que no coincide con lo narrado.

Porno mata videojuego
El texto de Noé Castillo también es parte de los cuentos forzados para acoplarse a la buena o a la mala a la antología de «Perversiones»; esto es notable porque el personaje Carlos Lugo tiene más potencial para explorar capas de su personalidad, pero el autor prefiere hablar solo de sus fetiches y de su gusto por el porno.

Entre Xtab y la Petite Mort
En cuanto a Fer de la Cruz su recurso se basa en entrelazar conceptos culturales como Xtab, la Petite Mort y el juego estructural del falso documental con la nota policiaca que inicia el cuento. El cuento como unidad cumple en función de empatizar con el lector. Su personaje Teo mezcla contextos históricos que van del muro de Berlín a la visita del Papa, de la tablet al Uber. Fer de la Cruz usa los objetos para llevarnos a la cronología de los hechos con una consciencia estética y socioeconómica. Su único defecto está en los diálogos que no son tan trascendentales, ya que no logran compenetrarse con la narrativa expuesta.

Quebrados por hábitos
Martha Rosario genera intimidad en su cuento y penetra en lo sensitivo de la narrativa, ya que podemos oler la comida, lamer las heridas y escuchar voces que llevan a las partes más inhóspitas de nuestro inconsciente. La autora sí genera momentos intensos, aunque en términos generales el cuento es plano por el hecho de acelerar las reacciones emocionales: «Una tarde llegó a la conclusión que era tanta la maldad que habitaba en su interior que merecía recibir todos esos golpes y menosprecios, por no mantener en orden la casa, la ropa, los alimentos…» (57). La autora no evoca los significados, sólo los fotografía.

Priversiones
El cuento de Adolfo Calderón tiene claroscuros: por una parte «Afuera de la casa de nuevo los perros» es un hipérbaton fallido ya que no comunica con claridad el mensaje. El cuento es efectista y el campo semántico de lo canino y lo sexual son un lugar común. Sin embargo, hay una intención escénica por generar crítica, el texto no cae completamente en lo panfletario porque hay juegos retóricos e irónicos que funcionan fuera de la selección de Perversiones. Calderón necesita despojarse del capricho temático porque sus textos tienen una huella narrativa que va funcionando, lo que augura que muy pronto puede volverse un buen narrador.

Bon Apetite
Zindy Abreu es una de las voces más ignoradas en Yucatán y leerla realmente vale la pena. A pesar de que abusa de lo descriptivo, no molesta al lector porque su trama funciona. Su formato cronológico ascendente nos permite caminar con el personaje, aunque por momentos sintamos el valor común con el resto de la antología y el recurso de la asfixia o la sangre como unívoco campo semántico. Abreu da las secuencias necesarias para no soltar la trama hospitalaria.

Andanzas
Mauricio Sánchez de Mier en su cuento usa el desierto como territorio de una búsqueda intrínseca por medio de su pasado y retorna a la escena del calor. El desierto por sí solo tiene un peso bíblico y filosófico como en el caso de Herman Hesse en Siddharta o en Nietzsche con Así habló Zaratustra. Sánchez de Mier tiene que lidiar con este peso para dar una propuesta sólida y desarrolla bien la primera parte, ya que en la segunda excede el límite de la repetición y culmina con un diálogo pobre que no aporta nada a la trama.

Modigliani
Respecto a Milagros Rentería tengo que decir que es uno de los textos más inmaduros e ingenuos, pues el principio básico de un cuento es el conflicto y este es el que desencadena una trama. Un tipo pajero que le cae por azares del destino una revista de moda lo lleva a conocer a la modelo que desea, pero no cautiva porque lo vemos todo el tiempo, es un facilismo y más aún, que al personaje todo le favorezca para que sucedan las acciones, no hay nada que atore su objetivo y por tanto se vuelve limitado.

Ensalada en tiempo de guerra
Alba Vales escribió uno de los títulos más logrados de esta antología y el cuento no queda a deber, ya que es uno de los más completos porque sabe lo que quiere escribir. El lector es partícipe en responder las preguntas que la autora propone: «¿Cómo terminó nuestro personaje residiendo en semejante lugar?» (85). Los huecos narrativos se van contestando a lo largo de la trama y con los referentes históricos que nos ofrece. El personaje del anciano se conecta con los aldeanos para resolver pistas y así darnos un buen cierre.

Meche
Gabriel Briceño queda en la misma línea que Milagros Rentería. Las circunstancias, las descripciones y los diálogos están creados para que todo le favorezca sin la necesidad de un conflicto, lo cual lo vuelve lineal y limitado. Es necesario replantear los caracteres que realmente se están buscando en el cuento y cómo le encuentra funcionalidad para que el lector pueda continuar con la historia.

Reflexiones finales
La reunión de voces en Perversiones muestra un proceso acelerado por publicar. Quizás el título alude más a las intenciones que a la narrativa y esto me parece peligroso. Es necesario no sólo escribir y publicar, falta fomentar más la paciencia y la crítica. Salirse de los moldes de «Reunión de poesía erótica», «Cuentos sobre los sueños» o Perversiones. La literatura abre horizontes, no los cierra. Escribir es un ejercicio crítico porque la propuesta literaria habla de nuestra ideología y de nuestros intereses como escritores.
Nuestros textos hablan realmente sobre quiénes somos y esto va más allá de la crítica de los formalistas rusos o estructuralistas. Los talleres o grupos deben fomentar la formación literaria y esta debe incluir reescritura, lecturas, análisis crítico y, sobre todo, paciencia. Ya lo decía el escritor puertorriqueño Carlos Fonseca: «La escritura es un juego de paciencia y tensión». Esto es muy contrario a toda la selección porque muchos de los textos se escribieron ex profeso para participar en este libro, olvidándose del cuidado editorial. ¿Cuál realmente fue el parámetro para ser parte de esta antología? Pareciera que el hecho de participar en un taller o colaborar con un grupo se enlaza con esta publicación sin ojo crítico.
Sin embargo, es de entender que muchos de los autores desconocen estos procesos porque están iniciando. Las Perversiones de los que ya saben se vuelven un afán por llenar páginas y publicar sin una mirada editorial seria. Es necesario no buscar imprentas que cumplan con nuestro ego y en su lugar subirnos al barco de las editoriales nacionales. Dejar atrás el discurso victimario de ser provinciano, no estar en el centro, no ser del norte, que todos los grupos son mafias -excepto mis amigos, claro está- y figurar en el resto del país.
Estas ediciones caducan muy rápido por el simple hecho que no logran un impacto ni local. Hay muchos autores que valen la pena: casos como Zindy Abreu, Verónica Rodríguez o Adolfo Calderón, por mencionar algunos que son persistentes en su quehacer literario y que no dejan la pluma -posiblemente nunca la dejen-. Los equívocos son el mayor impulso de la escritura. El resto de los autores seleccionados deben de continuar escribiendo y evitar pensar en plataformas editoriales hasta que estén listos. Entiéndase lo anterior como el hecho de que hayan pasado procesos de maduración del texto y múltiples ediciones sin prisa. Por el contrario, este libro es un ejemplo de cómo entender los procesos editoriales sin una apropiada curaduría.


[1] En línea: José Luis Pardo Letras Libres. 30 de junio del 2004. Letras Libres. 24 de febrero del 2019 https://www.letraslibres.com/mexico-espana/la-perversion-del-lenguaje.



Texto publicado en el número IV del periódico Arte y Cultura en Rebeldía del día jueves 14 de marzo del 2019



Te puede interesar la edición donde se publica este ensayo: 

TODAS NUESTRAS EDICIONES EN: https://issuu.com/armandopacheco2


 

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